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Messi descarta entrenar y apunta a otro papel en el fútbol

Su futuro estaría lejos de la pizarra, aunque Messi no ha cerrado todas las puertas del fútbol.

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Messi no será entrenador

Foto: Wikipedia

Lionel Messi no se imagina, por ahora, sentado en el banquillo como entrenador cuando termine su carrera. En una conversación con el canal argentino Luzu TV, explicó que le atrae más la posibilidad de ser propietario de un club y que también le interesa la dirección deportiva. No presentó ninguna decisión cerrada ni un plan con fechas: describió preferencias personales para una etapa que todavía pertenece al futuro.

La respuesta encaja con algo que ya había dicho años antes, aunque con un matiz importante. En 2022, Messi aseguró que no se veía como técnico y mencionó su interés por la dirección deportiva y por participar en la construcción de un grupo. La diferencia es que ahora destacó especialmente la idea de ser propietario. Su rechazo al banquillo expresa una inclinación actual, no una renuncia irrevocable a cualquier función futbolística.

Una preferencia, no un anuncio de retiro

Las declaraciones de Luzu TV llegaron en una charla amplia sobre su vida y su carrera, no en la presentación de un proyecto profesional. Messi habló de posibilidades y de lo que le gusta más, pero no anunció que vaya a comprar un equipo, ocupar un cargo directivo o retirarse en una fecha determinada. Leer la frase como el lanzamiento de una nueva etapa convertiría una opinión personal en una decisión que él no comunicó.

También conviene separar dos asuntos que suelen mezclarse cuando se habla del final de una carrera deportiva: dejar de jugar y decidir a qué dedicarse después. Una cosa no obliga a la otra. El futbolista puede seguir activo sin tener definido su siguiente paso, y sus palabras no permiten deducir cuándo colgará las botas. La información firme es más acotada: hoy no se proyecta como entrenador y contempla otras maneras de seguir vinculado al fútbol.

Ese matiz importa porque una frase tajante sobre el futuro puede sonar definitiva, sobre todo cuando viene de una figura cuya trayectoria se analiza al detalle. Sin embargo, Messi no expuso un compromiso público que le impida cambiar de opinión. Habló desde su percepción presente, con la cautela de quien no necesita convertir una preferencia en un calendario. El futuro profesional de un jugador, además, depende de circunstancias personales y de oportunidades que todavía no existen.

Qué dijo sobre el banquillo y la dirección deportiva

En la entrevista, Messi dejó claro que no se ve dirigiendo un equipo desde el área técnica. En cambio, señaló que le resulta atractiva la gestión deportiva y, entre las opciones planteadas, se inclinó por ser propietario. Esa distinción ayuda a entender la noticia: no dijo que quisiera apartarse por completo del deporte, sino que las tareas de entrenador no parecen encajar con la imagen que tiene de su vida después del fútbol.

La dirección deportiva y el trabajo de entrenador se relacionan, pero no son equivalentes. El técnico prepara al equipo para competir, decide cómo jugar y conduce el trabajo cotidiano sobre el campo. Una persona responsable de la gestión deportiva puede intervenir en la composición de la plantilla, la planificación y la coordinación de distintas áreas, según cómo esté organizado cada club. Cuando Messi habla de armar un grupo y acompañar al técnico, alude a una labor distinta de dirigir los entrenamientos y tomar decisiones durante los partidos.

Ser propietario supone otra clase de vínculo. En términos generales, implica tener participación en la titularidad o el control de una entidad, aunque las funciones concretas dependen de cada estructura. No significa necesariamente ocuparse de las alineaciones ni llevar la gestión diaria del vestuario. Messi no detalló qué modelo imagina, qué club podría interesarle ni si piensa ejercer tareas ejecutivas; por eso, atribuirle un proyecto específico iría más allá de lo que contó.

La preferencia por la propiedad también puede entenderse como una forma de permanecer cerca del fútbol sin asumir el desgaste propio de la competición desde el banquillo. Pero esa lectura debe quedarse en el terreno de la interpretación: el jugador no explicó por qué le seduce más esa opción ni describió un plan empresarial. Lo comprobable es que, al comparar los papeles, situó la propiedad por encima de la dirección técnica y dijo que la gestión deportiva también le atrae.

Lo que había dicho antes sobre ser técnico

La postura actual no apareció de la nada. En una entrevista de 2022 con el periodista argentino Sebastián Vignolo, Messi afirmó que no pensaba ser entrenador, aunque recordó que Zinedine Zidane había expresado una idea parecida antes de convertirse en técnico y ganar la Liga de Campeones. La referencia no era un anuncio de que él seguiría el mismo camino; servía para reconocer que las decisiones pueden cambiar con el tiempo.

En aquella conversación también habló de su interés por la dirección deportiva, por construir un grupo y por acompañar al entrenador. Añadió que no tenía completamente claro cuál sería su futuro. La coincidencia con lo que comentó después es significativa: en ambos momentos la pizarra no aparece como su opción preferida, mientras que el trabajo alrededor de la estructura de un equipo sí despierta su interés. La continuidad está en la reserva ante el cargo de técnico; el matiz nuevo es el peso que ahora concede a ser propietario.

Ese historial permite responder con más precisión a la pregunta que deja la noticia: ¿ha descartado entrenar para siempre? No hay elementos para afirmarlo. Messi ha dicho que no se ve como entrenador, pero la propia comparación con Zidane muestra que conoce la posibilidad de que alguien revise su posición. No afirmó que vaya a hacerlo ni prometió que nunca lo hará; sencillamente, no es el camino que hoy identifica como propio.

En el fútbol abundan los antiguos jugadores que pasan al cuerpo técnico, pero esa trayectoria habitual no convierte el banquillo en un destino obligatorio. Haber sido uno de los mejores futbolistas de su generación no revela, por sí solo, si alguien disfruta enseñando, gestionando un vestuario o tomando decisiones tácticas. La experiencia como jugador y la vocación de entrenador son cosas distintas. En el caso de Messi, sus declaraciones describen una preferencia personal, no un juicio sobre la dificultad o el valor de ese oficio.

Por qué su futuro no tiene una fecha definida

Hablar de lo que hará después exige tener presente que Messi no anunció su retirada en esa entrevista. El material disponible no fija una temporada, una edad ni un acontecimiento que vaya a marcar el final de su carrera. La referencia a colgar las botas aparece como una hipótesis sobre una etapa futura, no como una noticia sobre una despedida inminente. Cualquier calendario preciso, por tanto, sería especulativo.

Además, las transiciones profesionales suelen tomar forma cuando la vida fuera del campo empieza a ocupar otro espacio. Para un futbolista, dejar de competir supone perder una rutina construida alrededor de entrenamientos, partidos y temporadas. No hace falta atribuirle a Messi un sentimiento concreto para reconocer que ese cambio puede abrir preguntas distintas a las que se plantea un jugador en activo. Sus palabras reflejan una exploración de opciones, no una decisión tomada desde la urgencia.

La conversación también muestra que no todos los caminos posteriores implican alejarse del juego. La gestión deportiva, la propiedad y el trabajo técnico mantienen distintos grados de contacto con un club, pero exigen responsabilidades diferentes. Messi no explicó cuánto querría implicarse en el día a día ni si preferiría una función visible o una posición más institucional. Mantener esa incertidumbre es más fiel a sus declaraciones que completar los huecos con una biografía profesional imaginada.

Por eso, la respuesta más rigurosa no es que jamás vaya a entrenar, ni que ya haya decidido convertirse en propietario. Es que hoy no se ve en el primer papel y encuentra mayor atractivo en otros. La distancia entre una preferencia expresada y un proyecto confirmado es esencial para interpretar correctamente sus planes. Hasta que anuncie algo más concreto, las opciones siguen siendo posibilidades, no compromisos.

Una carrera marcada por cambios de rumbo

La historia de Messi ayuda a entender por qué sus declaraciones sobre el futuro no deben convertirse en una sentencia. En la entrevista con Luzu TV recordó que, cuando era niño, probó en River Plate. Según contó, el club quiso que se quedara y se ofreció a hacerse cargo del tratamiento, pero el pase dependía de que pudiera obtenerlo de Newell’s. Al no recibirlo, aquella oportunidad se interrumpió y, más tarde, apareció el Barcelona, una opción que entonces no estaba en los planes de nadie.

Ese episodio no demuestra que cualquier giro sea inevitable ni permite predecir lo que hará después de jugar. Sí recuerda que las trayectorias deportivas no siempre siguen una línea recta: una posibilidad se abre, otra se cierra y el contexto altera los planes. El propio Messi contó una historia en la que el destino profesional cambió por decisiones y circunstancias que no controlaba por completo. Su pasado aconseja prudencia ante cualquier pronóstico demasiado seguro sobre su próximo cargo.

También habló de la etapa en que dejó la selección argentina después de perder tres finales consecutivas entre 2014 y 2016. Dijo que se arrepintió al ver jugar al equipo y que se alegró de haber regresado. Aquella retirada fue temporal, mientras que el retiro del fútbol profesional sería una decisión distinta; no conviene confundir los dos episodios. Lo relevante para esta conversación es que Messi reconoció haber cambiado de opinión ante una experiencia que, en un primer momento, creyó definitiva.

El recuerdo aporta un matiz, no una predicción. Que haya regresado a la selección después de anunciar que se marchaba no significa que vaya a desdecirse ahora sobre el banquillo. Tampoco convierte su comentario actual en una promesa. La experiencia enseña que sus decisiones pueden evolucionar, pero solo permite hablar de lo que ocurrió, no asegurar lo que ocurrirá.

La personalidad detrás de sus declaraciones

En la misma charla, Messi describió una parte menos solemne de su relación con el fútbol: cuando juega mal o falla una ocasión clara, puede reprocharse a sí mismo lo ocurrido. No se presentó como alguien indiferente a sus errores, sino como un competidor que los procesa con dureza por dentro. Ese rasgo no explica directamente por qué evita imaginarse como técnico, pero ayuda a situar el tono de una entrevista en la que habló tanto de su carácter como de sus planes.

También compartió una idea sobre la perseverancia: recomendó no abandonar lo que uno siente y desea, seguir intentándolo y levantarse después de los tropiezos. Lo vinculó con su propia experiencia, aunque no planteó su recorrido como una receta que garantice el éxito. Su mensaje fue sobre persistir y hacer el esfuerzo posible, no sobre seguir una carrera concreta ni sobre convertir a todo exjugador en entrenador.

La conversación incluyó comentarios personales sobre su falta de entusiasmo por bailar y sobre el vino, detalles que muestran el tono distendido de la entrevista, pero que no aportan información sobre su futuro laboral. Separar esas anécdotas de la declaración central evita que la charla se transforme en un inventario de curiosidades. Para entender sus planes, lo sustancial es la comparación que hizo entre entrenar, gestionar y ser propietario.

El contexto explica por qué una entrevista así puede generar titulares muy rotundos: una figura mundial habla de su retiro y menciona una opción que no contempla. Pero la precisión periodística exige conservar las proporciones. Messi no presentó una renuncia formal al banquillo, porque no estaba comunicando un nombramiento ni una retirada; expresó que no se ve en ese papel. El titular más fiel es una preferencia clara, acompañada de un futuro todavía abierto.

El vínculo con el fútbol puede adoptar otras formas

Dejar de jugar no equivale necesariamente a desaparecer del deporte. Hay antiguos futbolistas que siguen cerca de los clubes desde la dirección, la propiedad, el análisis o la formación, aunque cada trayectoria depende de la persona y de la institución. En la conversación, Messi mencionó dos de esas vías: la gestión deportiva y la posibilidad de ser propietario. No concretó cuál sería su nivel de intervención ni cómo organizaría ese trabajo.

La diferencia entre esos papeles también cambia la relación con los resultados. Un entrenador vive cada partido desde la responsabilidad inmediata por el rendimiento del equipo; un directivo puede trabajar con decisiones que se desarrollan durante una temporada o más; un propietario participa desde otra posición, cuya influencia depende de la estructura del club. Son descripciones generales, no funciones que Messi haya aceptado. Que una opción le interese no significa que ya haya elegido el modo de ejercerla.

La dirección deportiva, además, parece conectar con una parte concreta de lo que Messi ha mencionado en distintas ocasiones: formar un grupo y acompañar al técnico. Aun así, no detalló si querría participar en fichajes, en la planificación deportiva o en otros aspectos de la gestión. La expresión puede abarcar responsabilidades distintas según el club, por lo que sería prematuro asignarle un cargo exacto a partir de una frase.

Algo parecido ocurre con la idea de ser dueño. Puede sonar más definida que una preferencia por la gestión, pero Messi no habló de inversiones, equipos ni plazos. Tampoco afirmó que la propiedad fuese una decisión tomada. En sus palabras, es la alternativa que más le gusta al comparar varios papeles posibles, no un anuncio empresarial. Esa diferencia evita convertir una conversación personal en noticia sobre un club que no ha sido identificado.

Una respuesta que puede cambiar, pero no debe adelantarse

Por ahora, la imagen de Messi como entrenador pertenece más a la especulación que a sus propios planes expresados. En dos momentos separados por varios años ha dicho que no se ve dirigiendo desde el banquillo y ha mostrado interés por labores de gestión. En la entrevista más reciente puso la propiedad en primer lugar. Esa continuidad y ese cambio de énfasis permiten comprender mejor el mensaje que una lectura aislada de una frase.

La posibilidad de que cambie de parecer existe, como existe para cualquier persona que habla de una etapa que todavía no ha comenzado. Pero una posibilidad no es una noticia confirmada. El antecedente de Zidane que recordó en 2022 demuestra que Messi conoce los giros de carrera; no constituye un indicio de que vaya a seguir ese ejemplo. Lo que puede afirmarse hoy es que el banquillo no figura entre sus opciones preferidas.

Su siguiente capítulo, cuando llegue, podría mantenerlo cerca del fútbol desde una función distinta a la de jugador. La gestión de un club o la propiedad son caminos que él mismo señaló, aunque todavía sin detalles. La distancia entre esa preferencia y una decisión formal sigue intacta: no hay un cargo anunciado, una entidad nombrada ni una fecha de retirada en la información disponible.

La respuesta, por tanto, es menos tajante de lo que sugiere un titular definitivo. Messi no se proyecta como técnico y parece inclinarse por otras formas de relación con el deporte, especialmente la propiedad. Si esa impresión se convertirá en su futuro profesional solo podrá saberse cuando termine su carrera y concrete sus planes. Hasta entonces, su declaración describe una inclinación presente, no el desenlace de una historia que aún no ha escrito.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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