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¿Por qué Marruecos refuerza el Gurugú frente a Melilla y el Estrecho?

Marruecos refuerza el Gurugú frente a Melilla con radares y nuevas capacidades militares, mientras estrecha su alianza estratégica con EEUU.

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F16 de marruecos en vuelo sobre ceuta

Marruecos está reforzando su dispositivo militar en el norte del país mientras avanzan las obras vinculadas a una instalación en el monte Gurugú, el macizo que domina visualmente buena parte del entorno de Melilla. El movimiento incluye nuevas posiciones de vigilancia, radares, sistemas antiaéreos y el desplazamiento de unidades hacia una franja geográfica especialmente sensible para España.

El dato importante no es que Rabat vaya a hacerse mañana con el Estrecho de Gibraltar —esa lectura sería bastante más aparatosa que precisa—, sino que Marruecos está construyendo una capacidad militar mucho mayor en su fachada mediterránea y lo hace mientras profundiza una relación estratégica con Estados Unidos renovada hasta 2036. Washington y Rabat han firmado una nueva hoja de ruta de defensa para la próxima década, aunque los documentos públicos estadounidenses hablan de interoperabilidad, modernización y seguridad regional, no de entregar a Marruecos el control del Estrecho. Conviene distinguir una cosa de la otra.

El Gurugú añade, además, un ingrediente difícil de ignorar. No es una montaña perdida entre pliegues del Rif. Se levanta junto a Melilla, supera los 800 metros de altitud y domina una parte extraordinaria del territorio circundante. Desde allí, cualquier mejora de vigilancia, comunicaciones o capacidad aérea tiene una evidente relevancia militar sobre el entorno de la ciudad española y sobre el mar de Alborán.

Una base militar sobre el balcón natural de Melilla

Las obras del Gurugú no han aparecido de la noche a la mañana. Ya en 2024 se conocieron movimientos de tierras destinados a trasladar parte de las capacidades del antiguo acuartelamiento de Tauima hacia el macizo y hacia la costa de Bouyafar. El proyecto se vinculaba al despliegue de drones, sistemas de vigilancia y misiles con capacidad de actuar contra objetivos marítimos y terrestres.

La geografía explica casi todo. El Gurugú forma parte de la península de Tres Forcas y se encuentra inmediatamente al sur del territorio melillense. Desde sus alturas se observan Melilla, Nador y la laguna de Mar Chica; en días despejados, el campo visual alcanza una porción considerable del Mediterráneo occidental. Un radar colocado allí no necesita mucha imaginación cartográfica para resultar útil.

Ahora bien, el Gurugú no está situado en el propio Estrecho de Gibraltar. Está bastante más al este, frente al mar de Alborán. De ahí que hablar de una base que por sí sola permita controlar el Estrecho simplifique demasiado el tablero. Su importancia aparece cuando se integra con radares, fuerzas navales, aviación, drones y otras posiciones distribuidas por el norte marroquí. Ahí cambia la fotografía: deja de ser un punto aislado y se convierte en una pieza de una red.

Y una red militar funciona precisamente así. Un radar mira, otro confirma; un dron sigue, una patrullera identifica; una batería antiaérea complica el acceso a un espacio determinado. Nada espectacular por separado. Junto, bastante más serio.

Radares, defensa aérea y unidades desplazadas al norte

Las informaciones conocidas apuntan a que Rabat está instalando o reforzando estaciones de radar, posiciones de artillería y sistemas antiaéreos en distintas áreas septentrionales. Parte del material anteriormente concentrado en otras zonas estaría siendo desplazado hacia la periferia norte del país, aumentando la densidad de medios militares en una franja próxima a territorio español.

También se ha observado una mayor presencia de unidades marroquíes cerca de Ceuta. Una patrullera navegó durante el pasado fin de semana por las inmediaciones marítimas de Ben Younes, junto al perímetro fronterizo ceutí, dentro de un escenario en el que las fuerzas marroquíes han reforzado igualmente el control sobre las rutas utilizadas por grupos de migrantes.

Ese último detalle importa porque la frontera norte no tiene una sola lectura. Allí se superponen defensa, inmigración irregular, vigilancia policial, contrabando y diplomacia, junto a rivalidades regionales que desbordan ampliamente la relación con España. Mezclarlo todo produce titulares de película; separarlo ayuda algo más.

Estados Unidos y Marruecos elevan su cooperación hasta 2036

La gran novedad estratégica de 2026 está en Washington. Marruecos y Estados Unidos firmaron en abril una hoja de ruta de cooperación militar 2026-2036 que prolonga y amplía el marco pactado inicialmente para la década 2020-2030. El acuerdo contempla una colaboración más estrecha entre las Fuerzas Armadas de ambos países, modernización, entrenamiento, industria de defensa, ciberseguridad e interoperabilidad.

La relación no es precisamente ornamental. Marruecos tiene desde hace décadas el estatus estadounidense de aliado principal no perteneciente a la OTAN, y Washington considera al reino un socio importante para sus intereses de seguridad en África. La cooperación incluye ejercicios conjuntos, entrenamiento y adquisiciones de material estadounidense.

African Lion 2026 dio una buena medida de esa cercanía. El mayor ejercicio anual del mando estadounidense para África movilizó más de 5.600 participantes de más de 40 países, con buena parte de las actividades desarrolladas en territorio marroquí. Hubo operaciones terrestres, aéreas, marítimas, espaciales y cibernéticas, además de entrenamiento con drones y nuevas tecnologías.

La colaboración ha avanzado incluso hacia un centro multidominio de entrenamiento y experimentación impulsado por Marruecos y Estados Unidos. Es decir, la alianza ya no consiste solamente en comprar aviones o celebrar unas maniobras anuales para la fotografía institucional; se está creando infraestructura permanente de cooperación operativa y tecnológica.

El supuesto aval estadounidense necesita una precisión

Aquí aparece una frontera bastante más delicada que la de Ceuta. Una cosa es afirmar que Estados Unidos respalda la modernización militar marroquí y otra, diferente, sostener que Washington ha autorizado expresamente a Rabat a controlar el Estrecho de Gibraltar.

Lo primero está ampliamente documentado. Lo segundo, no.

La cooperación estadounidense facilitará a Marruecos el acceso a barcos, radares, drones y otros medios capaces de incrementar su vigilancia marítima. Ese proceso modifica paulatinamente el reparto de capacidades alrededor del Mediterráneo occidental y alimenta las interpretaciones sobre el creciente peso marroquí en una zona por la que circula una parte esencial del tráfico marítimo internacional.

Sin embargo, los documentos públicos sobre la cooperación bilateral utilizan otro lenguaje: seguridad regional, preparación militar, interoperabilidad y amenazas comunes. No existe en ellos una declaración pública equivalente a conceder a Marruecos la tutela del Estrecho.

Parece una sutileza semántica. No lo es. En geopolítica, una palabra puede mover más ruido que una fragata.

Melilla queda en una posición especialmente sensible

Para España, la cuestión más inmediata probablemente no esté a 13 kilómetros entre Tarifa y la costa africana, sino bastante más cerca de Melilla.

El Gurugú domina físicamente su entorno. La posibilidad de emplazar allí medios de observación, drones o sistemas de defensa proporciona a Marruecos una posición privilegiada de vigilancia sobre movimientos terrestres y marítimos alrededor de la ciudad autónoma. Los sistemas modernos amplían todavía más ese radio mediante sensores conectados y plataformas no tripuladas.

Eso no significa que exista una preparación demostrada para una acción militar contra Melilla. De hecho, diversos análisis militares sostienen justamente lo contrario: el diseño de las Fuerzas Armadas marroquíes continúa respondiendo principalmente a sus necesidades frente a Argelia, el Sáhara Occidental y la inestabilidad del Sahel.

Entre los argumentos utilizados para rebajar la lectura más alarmista figura la propia estructura de las capacidades marroquíes, más adaptadas a la disuasión regional y los escenarios desérticos que a una hipotética guerra convencional contra España. La ausencia de una fuerza submarina comparable a la que exigiría una confrontación naval de alto nivel es uno de los elementos que obliga a poner el rearme en perspectiva.

Otra cosa es la presión política. Ceuta y Melilla llevan años dentro de una relación bilateral en la que aparecen periódicamente las fronteras, las aduanas, los flujos migratorios, las aguas territoriales y la cuestión de la soberanía. Y ahí el aumento de capacidad militar pesa aunque nunca llegue a utilizarse. La disuasión también consiste en eso: tener herramientas encima de la mesa sin necesidad de tocarlas.

El rearme marroquí y el mapa regional que lo explica

La base debe entenderse dentro de un proceso bastante mayor. Marruecos lleva años modernizando sus Fuerzas Armadas mediante adquisiciones estadounidenses, israelíes, francesas, turcas y chinas, con especial atención a aviación, defensa aérea, drones, artillería de precisión y vigilancia.

Los últimos datos comparables sitúan el gasto militar marroquí de 2025 alrededor de 5.400 millones de euros, aproximadamente un 3,54% de su producto interior bruto, frente a unos 34.400 millones de España. La diferencia absoluta sigue siendo enorme a favor de Madrid, pero Rabat realiza proporcionalmente un esfuerzo presupuestario mucho mayor sobre el tamaño de su economía.

Comparar ambas fuerzas únicamente contando millones conduce, de todas formas, a un callejón algo torpe. España forma parte de la OTAN, dispone de una Armada oceánica, submarinos, fragatas Aegis y aviación de combate integrada en estructuras aliadas, además de una industria militar propia considerable. Marruecos, por su parte, está acelerando la adquisición de capacidades de precisión y defensa aérea que reducen algunas de las ventajas tradicionales españolas.

No estamos ante una inversión súbita del equilibrio militar. Sí ante un estrechamiento parcial de determinadas distancias tecnológicas.

Y eso es lo que merece atención.

Mirar cada misil marroquí exclusivamente en dirección a España conduce a perder la mitad del paisaje. Quizá más. Marruecos mantiene cerrada desde 1994 su frontera terrestre con Argelia y las relaciones diplomáticas entre ambos países permanecen rotas desde 2021. Argel respalda al Frente Polisario; Rabat considera el Sáhara Occidental parte integral de su territorio. Son dos Estados que compiten por influencia regional y que durante años han gastado cantidades importantes en modernizar sus ejércitos.

La prioridad estratégica marroquí sigue estando muy vinculada al Sáhara Occidental y a la capacidad de contener a Argelia. A eso se suma el deterioro de la seguridad en el Sahel, donde grupos yihadistas han extendido su presencia por diferentes Estados y donde las potencias occidentales han perdido parte de su antigua influencia.

Estados Unidos ve precisamente en Marruecos un aliado estable dentro de ese arco de incertidumbre. Los grandes ejercicios conjuntos desarrollados en suelo marroquí buscan mejorar la capacidad de ambos ejércitos para operar coordinadamente frente a amenazas militares, terroristas y escenarios de inestabilidad regional.

Así que el mismo radar puede contemplarse desde dos ventanas. Desde Madrid, vigila el Mediterráneo frente a territorio español. Desde Rabat, forma parte de un escudo frente a Argelia y de una red de seguridad regional. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez. La geografía tiene esa mala costumbre.

El Gurugú cambia el paisaje estratégico, no el mapa

La nueva capacidad militar marroquí en el norte merece atención porque Melilla queda directamente expuesta al radio de vigilancia del Gurugú y porque Rabat dispone cada vez de mejores sensores, drones y sistemas defensivos. La cooperación con Estados Unidos hasta 2036 refuerza esa modernización y coloca a Marruecos en una posición especialmente relevante dentro de la estrategia estadounidense para África.

Pero de ahí a concluir que Washington ha entregado a Marruecos el Estrecho hay un trecho tan ancho como para meter unas cuantas fragatas.

Lo comprobado es menos cinematográfico y, precisamente por eso, más interesante: Marruecos está levantando una arquitectura militar más sofisticada en su frontera septentrional, Estados Unidos está profundizando su alianza defensiva con Rabat y España observa cómo el equilibrio tecnológico al otro lado del mar cambia poco a poco.

El Gurugú es una pieza. Melilla está justo debajo. El Estrecho queda más lejos, aunque la partida estratégica que rodea sus aguas sea cada vez más concurrida.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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