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¿Quiénes son los «cucarachas» que ponen contra las cuerdas a Modi?

India afronta una rebelión juvenil por el fraude en los exámenes: los «cucarachas» cercan a Modi y exigen responsabilidades políticas reales.

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Qué es el Partido de las Cucarachas

El primer ministro de India, Narendra Modi, ha prometido crear tribunales de tramitación rápida para juzgar las filtraciones de exámenes públicos, después de que una movilización juvenil con un nombre tan incómodo como eficaz —el movimiento de los «cucarachas»— pusiera a su Gobierno contra las cuerdas. La respuesta no ha calmado la calle: los manifestantes exigen la dimisión del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, y cambios profundos en un sistema del que dependen los estudios y el empleo de millones de jóvenes.

La crisis estalló por la filtración del examen nacional de acceso a Medicina, el NEET-UG 2026, que afectó a unos dos millones de aspirantes. Desde entonces, las protestas han crecido, el Parlamento ha quedado parcialmente bloqueado por la oposición y la policía ha vuelto a emplear gases lacrimógenos y porras en Nueva Delhi. Ya no se discute únicamente sobre unas preguntas robadas antes de tiempo. Se discute sobre igualdad de oportunidades, responsabilidad política y una generación que sospecha —con motivos— que el ascensor social tiene el botón averiado.

Modi promete tribunales rápidos, pero la protesta exige una dimisión

Modi anunció que se crearán tribunales especiales para acelerar los procesos y garantizar castigos rápidos y severos contra quienes participen en filtraciones de exámenes. Fue su primera intervención pública directa tras varios días de movilizaciones y choques en la capital. El primer ministro aseguró que nadie que ponga en peligro el futuro de los jóvenes quedará impune.

La propuesta intenta responder a un problema evidente: la justicia india arrastra una carga gigantesca de asuntos y muchos procesos tardan años en resolverse. Los tribunales de vía rápida concentran determinados delitos en órganos dedicados, una fórmula que India ya ha empleado en casos de violencia sexual, terrorismo, blanqueo de capitales y delitos cometidos por representantes públicos.

Pero el anuncio deja abiertas cuestiones esenciales. No se ha precisado cuántos tribunales habrá, cuándo comenzarán a trabajar ni qué causas asumirán primero. Y, sobre todo, la medida actúa cuando el fraude ya se ha producido. Los manifestantes reclaman evitar las filtraciones, depurar responsabilidades dentro de las instituciones y sustituir al ministro. Castigar después está bien; impedir que dos millones de estudiantes tengan que repetir su examen tampoco parece una extravagancia revolucionaria.

Qué cambia realmente con los tribunales rápidos

La promesa puede acortar los tiempos judiciales y evitar que los procedimientos se pudran entre expedientes, aplazamientos y montañas de papel. Eso importa. Una condena dictada seis o siete años después de una filtración sirve para cerrar el proceso penal, pero difícilmente repara la vida de quien perdió una convocatoria, gastó sus ahorros en una academia o tuvo que volver a empezar. La lentitud judicial, en estos casos, también tiene víctimas.

El portavoz del Cockroach Janta Party, Ashutosh Ranka, resumió el rechazo del movimiento: la actuación de los tribunales es solo una parte del problema. La reclamación central apunta al origen de las filtraciones y a la responsabilidad del Gobierno por no haber protegido unas pruebas decisivas para el acceso a la universidad y al empleo público.

India ya tenía una ley contra el fraude en exámenes

India dispone desde junio de 2024 de una norma federal específica, la Ley de Exámenes Públicos para la Prevención de Medios Desleales, que contempla delitos relacionados con filtraciones, conspiraciones, alteración de pruebas, actuación de proveedores y redes organizadas. La ley permite investigar y perseguir penalmente estas prácticas; la crisis de 2026 ha mostrado que tener una norma escrita no equivale a disponer de un sistema blindado. La distancia entre el boletín oficial y el aula de examen puede ser muy larga.

La investigación del caso NEET-UG se abrió precisamente por presunta conspiración, fraude, abuso de confianza, destrucción de pruebas, corrupción y vulneraciones de esa legislación. El marco penal existía. Lo que falló fue la custodia de las preguntas y, con ella, la credibilidad del proceso.

La filtración del NEET-UG 2026 que desató la crisis

El NEET-UG es la gran prueba nacional para acceder a los estudios de Medicina en India. Se celebró el 3 de mayo de 2026 y movilizó a cerca de dos millones de candidatos. Para muchas familias no es un examen más, sino una apuesta de años: matrículas en academias, desplazamientos, alquileres en ciudades educativas y jornadas de estudio que comienzan cuando aún no ha amanecido.

La Oficina Central de Investigación, la CBI, sostiene que un profesor de Química con acceso al material reunió a estudiantes en clases especiales antes del examen y les dictó preguntas, opciones y respuestas correctas. Según la investigación oficial, las anotaciones realizadas por los alumnos coincidían con el cuestionario que se utilizó posteriormente. Las pesquisas también detectaron la circulación previa de contenidos de Química, Biología y Física.

Hasta finales de mayo, la CBI había detenido a 13 personas y registrado 49 localizaciones en distintas ciudades. Entre los arrestados figuraban docentes, responsables de academias y personas acusadas de captar alumnos dispuestos a pagar grandes cantidades por conocer las preguntas. El papel, literalmente, se había filtrado; la confianza también.

El Gobierno anuló la prueba y organizó un nuevo examen el 21 de junio, desplegado en más de 5.400 centros de 550 ciudades. La repetición permitió reconstruir formalmente el proceso, pero obligó a millones de jóvenes a vivir otra vez la presión, los gastos y la incertidumbre. Una solución administrativa limpia sobre el calendario puede dejar, por debajo, una cicatriz bastante sucia.

De una burla en internet a un movimiento de millones

El Cockroach Janta Party, que podría traducirse como Partido Popular de las Cucarachas, nació de una sátira digital. Su nombre se apropia de un insulto pronunciado durante una vista judicial, cuando el presidente del Tribunal Supremo indio, Surya Kant, comparó con cucarachas a algunos jóvenes desempleados. El comentario provocó una reacción inmediata y el estudiante Abhijeet Dipke convirtió la ofensa en símbolo político.

La cucaracha fue elegida como emblema de resistencia: pequeña, molesta para el poder, difícil de eliminar. La campaña sumó más de 21 millones de seguidores en Instagram en pocos días y empezó a mezclar memes, carteles electorales falsos y mensajes contra el desempleo, la precariedad y las deficiencias del sistema educativo. Lo que parecía otra tormenta pasajera en las redes saltó a universidades y calles.

En junio, Dipke regresó de Estados Unidos y comenzó a organizar concentraciones. El campamento de Jantar Mantar, uno de los espacios tradicionales de protesta de Nueva Delhi, pasó de reunir a unos cientos de personas a congregar a miles. Sus demandas incluyen la dimisión de Pradhan, una reforma del sistema de exámenes y compensaciones para las familias de estudiantes fallecidos por suicidio tras escándalos relacionados con las pruebas.

La movilización se sostiene con pequeñas donaciones, atención médica voluntaria y pedidos de comida enviados desde distintos puntos de India e incluso desde el extranjero. Repartidores llegan con agua, fruta, galletas y kachoris —una masa frita muy popular— que los voluntarios hacen pasar por encima de las barricadas policiales. Una logística improvisada, casi doméstica, mantiene vivo uno de los mayores desafíos públicos a Modi desde que llegó al poder en 2014.

La calle desborda el conflicto educativo

La protesta alcanzó su punto más tenso cuando decenas de miles de personas intentaron marchar hacia el Parlamento. La policía bloqueó el recorrido, cargó con porras y utilizó gases lacrimógenos. Según el balance policial, cerca de 180 personas resultaron heridas, entre ellas 118 agentes y miembros de las fuerzas de seguridad y 60 manifestantes. Los organizadores ofrecieron cifras superiores de jóvenes hospitalizados, aunque no han podido verificarse de manera independiente.

Unas 50.000 personas habrían participado en la principal movilización. Días después, más de un millar continuaban acampadas pese al calor y la humedad, mientras las protestas se extendían a Mumbai, Bengaluru, Calcuta, Goa, Guwahati, Thiruvananthapuram, Jammu, Ahmedabad y otras ciudades. La compañía del metro de Delhi llegó a cerrar 16 estaciones del centro por motivos de seguridad.

El activista Sonam Wangchuk reforzó la movilización con una huelga de hambre prolongada. La policía lo trasladó por la fuerza a un hospital cuando su estado se deterioró, una intervención que añadió combustible político al conflicto y convirtió el campamento en algo más amplio que una protesta estudiantil.

El Parlamento entra en la batalla contra Modi

El Congreso Nacional Indio y otras formaciones opositoras han asumido las principales demandas del movimiento. Diputados vestidos de negro interrumpieron las sesiones de ambas cámaras, obligaron a suspender repetidamente los debates y reclamaron la dimisión del ministro. La crisis educativa se ha instalado así en el corazón del Parlamento indio, justo durante su sesión del monzón.

Rahul Gandhi pidió que Modi se disculpe por la actuación policial y denunció que India ha sufrido 152 filtraciones de exámenes en una década sin una sola condena, una cifra utilizada por el líder opositor para retratar el problema como un fracaso estructural, no como un accidente aislado. Gandhi y su hermana Priyanka fueron detenidos brevemente durante una sentada cerca de la residencia del primer ministro y liberados más tarde.

El Gobierno sostiene que reaccionó con rapidez, ordenó repetir el examen y detuvo a los presuntos responsables. Pradhan ha prometido reformas y ha dicho que atenderá las preocupaciones legítimas de los jóvenes, pero no ha dado señales de que vaya a dimitir. Ahí está el atasco. Modi ofrece mecanismos judiciales; los manifestantes piden una responsabilidad política visible, con nombre y despacho.

Una generación que ya no acepta repetir el examen

Los tribunales rápidos pueden mejorar la respuesta penal y evitar que los casos se pierdan en la lentitud del sistema judicial. No son una medida irrelevante. Pero tampoco resuelven por sí solos la seguridad de los exámenes, la vigilancia de las agencias públicas, la opacidad de las academias privadas ni la sensación de que algunos estudiantes compiten con una ventaja comprada.

El movimiento de los «cucarachas» ha prosperado porque convirtió un agravio concreto en una metáfora reconocible. Los jóvenes estudian durante años para obtener una plaza escasa y descubren que alguien pudo adquirir las respuestas en una habitación de Pune. Después se repite el examen, se publican comunicados, se anuncia una investigación. Todo vuelve a empezar, salvo el tiempo perdido.

Modi intenta encauzar la indignación por la vía judicial sin sacrificar a su ministro. La protesta, en cambio, reclama prevención, transparencia y una dimisión que simbolice que el poder también responde cuando falla. Entre ambas posiciones se juega bastante más que el futuro de Dharmendra Pradhan: está en disputa la confianza de una generación enorme, conectada y cada vez menos dispuesta a aceptar que el examen de su vida pueda corregirse con otro examen.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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