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Qué pasó en LaLiga: la jornada 36 deja el descenso al rojo
La jornada 36 deja LaLiga con el descenso encendido, Europa abierta y cinco equipos caminando sobre el alambre.

LaLiga ha llegado al final de la jornada 36 con el campeón decidido, la zona Champions prácticamente embalada y el sótano convertido en un pasillo estrecho, de esos donde se oye respirar al vecino. El Barcelona, ya campeón, manda con 91 puntos; detrás aparecen Real Madrid, Villarreal, Atlético de Madrid y Betis, mientras el ruido fuerte está abajo: Elche, Mallorca y Levante comparten los 39 puntos, pero solo el Elche está por encima de la línea roja. Girona y Alavés tienen 40. Osasuna y Espanyol, 42. Valencia y Sevilla, 43. Y el Real Oviedo, con 29, ya no calcula nada: está descendido.
La noche del 14 de mayo de 2026 cerró la jornada con tres partidos que dejaron más temblor que certezas: el Valencia empató 1-1 con el Rayo en Mestalla, el Girona rescató otro 1-1 ante la Real Sociedad en Montilivi y el Real Madrid venció 2-0 al Oviedo en el Bernabéu. Antes habían llegado golpes de mucho peso: el Levante ganó 2-3 en Balaídos, el Betis frenó al Elche, el Atlético venció en Pamplona, el Espanyol se agarró a Primera ante el Athletic, el Sevilla remontó al Villarreal, el Getafe hundió al Mallorca y el Alavés tumbó al campeón Barça. Todo muy de mayo: piernas cargadas, cuentas cruzadas y entrenadores mirando la tabla como quien mira una factura de la luz.
Una jornada 36 que dejó la Liga sin título, pero con vértigo
El título ya no está en discusión. El Barcelona cerró la pelea por la Liga en la jornada anterior, con el golpe emocional del Clásico, y aunque cayó después ante el Alavés, su colchón es de otra estación. El Real Madrid, segundo con 80 puntos tras ganar al Oviedo, vive en una zona más administrativa que épica: asegurar prestigio, cerrar heridas, evitar que la temporada termine con sonido de portazo. Villarreal, Atlético y Betis completan ese bloque de élite que ya no mira hacia abajo. La aristocracia, en fin, ya ha reservado mesa.
La verdadera Liga, la que aún huele a barro, está del sexto puesto hacia abajo. El Celta conserva la sexta plaza con 50 puntos pese a su derrota ante el Levante. El Getafe, séptimo con 48, ha pasado en pocos días de parecer un equipo atrancado a vivir una primavera europea muy de Bordalás: dura, áspera, sin purpurina, pero eficaz. La Real Sociedad, octava con 45, tiene una situación particular porque ya se ganó el billete europeo con la Copa del Rey. Athletic y Rayo, ambos con 44, están en ese territorio ambiguo donde uno puede soñar con Europa por la mañana y mirar el descenso de reojo por la noche.
La clasificación completa tiene una lectura brutal en la zona baja: Girona y Alavés están un punto por encima del Elche, Mallorca y Levante. Parece poco porque lo es. No hay metáfora ahí. Un córner mal defendido, un penalti lanzado con la ansiedad en el empeine, una expulsión tonta, y el mapa cambia. La jornada 36 no resolvió el descenso; lo comprimió. Lo metió todo en una caja más pequeña.
El descenso: el 39 es una trampa y el 40 no abriga
El Elche duerme fuera del descenso con 39 puntos, pero esa frase tiene truco: está igualado con Mallorca y Levante, que sí ocupan plaza de Segunda junto al Oviedo. La diferencia está en los desempates, en los goles particulares, en esa letra pequeña del fútbol que durante septiembre parece una rareza y en mayo se convierte en martillo. El Elche perdió 2-1 ante el Betis y dejó escapar una ocasión enorme de romper el grupo. Sigue vivo, claro. Pero vivo no significa tranquilo.
El Mallorca es quizá el equipo que salió más tocado de la jornada. Perder 3-1 en Getafe no solo le dejó en zona de descenso; también le quitó la posibilidad de mirar el tramo final con el simple oficio de puntuar y esperar. Tiene 39 puntos, una diferencia de goles mejor que la del Levante, pero una clasificación que le coloca por debajo de la raya. Y encima aparece el calendario con un Levante-Mallorca en la jornada 37. Partido de sobremesa amarga. De transistores antiguos. De esos que se juegan con el estómago.
El Levante, por su parte, ganó donde casi nadie le habría regalado nada: 2-3 al Celta en Balaídos. Esa victoria no le sacó del descenso, pero sí le dio aire, orgullo y una escena nueva. Llegar al duelo directo contra el Mallorca con 39 puntos no es llegar salvado, ni mucho menos; es llegar con una cuerda en la mano. Si gana, puede sacar medio cuerpo del agua. Si pierde, se le puede hacer de noche antes de tiempo. Si empata, todos seguirán contando, que es una forma sofisticada de sufrir.
El Girona también juega con fuego. El empate ante la Real Sociedad, con Stuani otra vez como salvavidas, le permitió subir a 40 puntos y colocarse decimoquinto, pero su margen real es mínimo. Tiene por delante una visita al Atlético de Madrid y luego un Girona-Elche que, según cómo llegue la tabla, puede parecer menos un partido que una declaración judicial. Un punto esta noche en Montilivi vale oro; el problema del oro, ya se sabe, es que no alimenta si luego no se administra bien.
El Alavés hizo algo más que ganar al Barcelona: se dio permiso para creer. El 1-0 en Mendizorroza, con gol de Ibrahim Diabate, cambió el aire de un equipo que estaba demasiado cerca del precipicio. Tiene 40 puntos, como el Girona, y su calendario inmediato ofrece una trampa psicológica: visita al Oviedo, ya descendido, antes de recibir al Rayo. En teoría, jugar contra un descendido parece amable. En mayo, muchas veces es veneno. El equipo que ya no teme perder puede jugar con una libertad que al necesitado le parece obscena.
Mallorca-Levante, Osasuna-Espanyol y los duelos que parten la tabla
La jornada 37 llega con nueve partidos a la vez el domingo 17 de mayo a las 19:00, salvo el Barcelona-Betis, que se jugará a las 21:15 porque ambos tienen los deberes hechos. Ese horario simultáneo no es decoración televisiva: es higiene competitiva. Todos mirando de reojo, todos con el móvil prohibido en el banquillo pero con el rumor atravesando el estadio como corriente de aire.
El partido más feroz será el Levante-Mallorca. No por cartel, sino por consecuencias. Levante, penúltimo con 39; Mallorca, antepenúltimo con 39. El empate puede no servir a ninguno si el Elche puntúa ante el Getafe o si Girona y Alavés rascan algo. La victoria, en cambio, puede sacar al ganador de la línea roja y dejar al perdedor con la última jornada convertida en un pasillo lleno de puertas cerradas. Ahí no se juega bonito. Se despeja. Se muerde. Se finge calma. Y a veces se gana con una jugada fea, que también tiene su literatura.
También pesa mucho el Osasuna-Espanyol. Los dos tienen 42 puntos y una sensación compartida: no están hundidos, pero tampoco están a salvo del todo. Osasuna viene de perder ante el Atlético en El Sadar; el Espanyol, en cambio, se dio un chute de oxígeno con el 2-0 al Athletic, una victoria que rompe una sequía larga y mejora el humor de una afición demasiado acostumbrada al alambre. Quien gane en Pamplona respirará como se respira después de quitarse una piedra del zapato. Quien pierda volverá a mirar la clasificación con cara de funcionario revisando un expediente malo.
El Elche-Getafe tiene doble fondo. Para el Elche es permanencia pura; para el Getafe, Europa. Y esa mezcla suele generar partidos raros, porque un equipo juega por no caer y el otro por subir al escaparate continental. El Getafe llega séptimo, con 48 puntos, reforzado por el 3-1 al Mallorca. El Elche, con 39, no puede permitirse otra tarde blanda. El Martínez Valero va a oler a nervio, a protector solar de mayo y a miedo honesto. Nada más humano que un estadio intentando empujar una tabla.
Europa: Celta y Getafe mandan, la Real Sociedad lo desordena todo
Por arriba, el reparto europeo no se entiende sin la Real Sociedad. El equipo donostiarra ya tiene asegurada plaza de Europa League por su título de Copa del Rey, y eso altera el valor de cada posición de Liga. La Real está octava con 45 puntos, pero no compite exactamente con la misma ansiedad que Celta, Getafe, Athletic o Rayo. Tiene billete; ahora queda saber cómo recoloca el resto de asientos. El fútbol español, tan dado a convertir una clasificación en sudoku, aquí ha encontrado un buen juguete.
El Celta sigue sexto con 50 puntos, aunque la derrota ante el Levante le ha dejado una advertencia pegada en la espalda. Tiene margen, sí, pero no infinito. Visita San Mamés en la jornada 37, ante un Athletic que ya no debería jugar con miedo al descenso, pero que conserva una opción europea matemática, aunque difícil. Para el Celta, el partido no va de estética: va de cerrar una temporada que puede acabar con premio continental o con la amarga sensación de haber dejado abierta una ventana por donde entró el frío.
El Getafe es el otro gran actor de esa pelea. Séptimo con 48 puntos, tiene una ventaja pequeña pero preciosa. La victoria contra el Mallorca le metió de lleno en zona de premio y le permitió depender de sí mismo. Su problema es que su siguiente visita es al Elche, que no juega por una medalla sino por seguir en Primera. Hay partidos que se explican por táctica y otros por biología: tensión muscular, latidos, sudor frío. Este será de los segundos, aunque luego los entrenadores hablen de bloques medios y vigilancias tras pérdida, como manda el catecismo moderno.
El Rayo empató en Mestalla y se quedó con 44 puntos, igualado con el Athletic. La Conference aún puede aparecer en el horizonte, pero necesita una combinación amable y una reacción inmediata. Su duelo ante el Villarreal no parece el mejor lugar para pedir delicadeza. El Valencia, con 43, sacó un punto que no enamora pero ayuda. En mayo hay puntos feos que valen como cuadros caros: nadie los quiere mirar demasiado, pero todos saben lo que cuestan.
Quién está salvado, quién casi y quién todavía tiembla
La parte fácil del mapa es breve. Barcelona, Real Madrid, Villarreal, Atlético y Betis estarán en la Liga de Campeones; el Barça ya es campeón y el Betis, quinto con 57 puntos, no puede ser alcanzado por el Celta. La Real Sociedad irá a la Europa League por la Copa del Rey. El Oviedo, último con 29, está descendido. Hasta ahí, tinta seca.
Luego empieza el gris. El Athletic, con 44 puntos, ya tiene la permanencia matemática tras el empate del Girona ante la Real Sociedad, aunque su temporada liguera ha sido pobre para lo que acostumbra San Mamés. El Rayo, también con 44, está mucho más cerca de cerrar la salvación que de vivir una tragedia, pero su empate en Valencia le dejó en un limbo de ambición rota: Europa más lejos, permanencia casi en el bolsillo, ese “casi” que en fútbol se pronuncia siempre con un hilo de prudencia.
Valencia y Sevilla, ambos con 43 puntos, han dado un paso importante, aunque no definitivo. El Sevilla sí salió fortalecido: remontar en La Cerámica ante el Villarreal, después de verse 2-0 abajo, tiene valor clasificatorio y también moral. El Valencia, en cambio, sumó de uno en Mestalla ante el Rayo y perdió una oportunidad de cerrar la puerta con llave. Aun así, su colchón sobre el descenso es de cuatro puntos cuando solo quedan seis por disputarse. No es una cama mullida. Es una manta corta, pero manta al fin.
Osasuna y Espanyol, con 42, están en esa franja donde el peligro ya no parece una amenaza diaria, pero sigue sentado en la mesa. Girona y Alavés, con 40, viven un poco peor: un solo punto sobre el Elche, Mallorca y Levante. El Elche, pese a estar fuera del descenso, no tiene margen emocional. Mallorca y Levante, directamente, están dentro. La tabla no opina; señala. Y ahora mismo señala a esos dos, con el Oviedo ya caído.
La última recta: fútbol con calculadora, pero también con pulso
La jornada 37 puede dejar media permanencia resuelta o puede incendiar la última fecha. El calendario coloca focos muy claros: Levante-Mallorca, Elche-Getafe, Atlético-Girona, Oviedo-Alavés y Osasuna-Espanyol. La última jornada, el 23 de mayo, añade más metralla: Girona-Elche, Betis-Levante, Mallorca-Oviedo, Alavés-Rayo y Getafe-Osasuna. No hace falta adornarlo. Ahí están las minas.
El que más arriesga, por pura posición, es el Mallorca, porque está en descenso, viene de perder con claridad y juega una final directa fuera de casa. El Levante también vive al borde, aunque llega reforzado por una victoria de enorme valor en Balaídos. El Elche tiene el peligro más silencioso: está salvado de momento, pero con los mismos puntos que los dos que caen. Girona y Alavés han comprado un poco de aire, no una garantía. Y Osasuna, Espanyol, Valencia y Sevilla solo podrán sentirse plenamente tranquilos cuando las matemáticas dejen de tener uñas.
La zona europea, mientras tanto, mantiene otro tipo de tensión, menos dramática pero muy cara. El Celta tiene la sexta plaza, el Getafe la séptima, la Real Sociedad su billete copero y Athletic, Rayo e incluso algún perseguidor aún miran la puerta entreabierta. La diferencia es que en Europa se pelea por prestigio, ingresos, noches grandes y relatos bonitos. Abajo se pelea por no perder categoría, presupuesto, jugadores y calma institucional. Una cosa es soñar con viajar. Otra, mucho más áspera, es evitar la mudanza.
El título ya tiene dueño; el miedo, todavía no
La jornada 36 deja una Liga con campeón, con Champions decidida y con una zona baja que parece escrita por un dramaturgo cruel: tres equipos en 39 puntos, dos más en 40, varios alrededor sin permiso para dormirse y un descendido que ya funciona como espejo de lo que nadie quiere ser. El Barcelona celebrará, el Madrid cerrará expediente, Betis y compañía mirarán a Europa. Pero el corazón del campeonato, durante los próximos días, estará en el otro extremo de la tabla.
Ahí, donde el balón pesa más, el 0-0 puede parecer una bendición o una condena, y un saque de esquina en el minuto 89 tiene el tamaño de una temporada entera. Mallorca, Levante y Elche viven la pelea más cruda; Girona y Alavés aún no han salido del túnel; Osasuna, Espanyol, Valencia y Sevilla caminan cerca de la salida. LaLiga se queda sin misterio por arriba, sí. Pero por abajo todavía se escucha el ruido de las llaves. Y nadie sabe exactamente qué puerta abrirán.

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