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Historia

¿Qué hizo Ratko Mladic y por qué su nombre quedó ligado a Srebrenica?

Ratko Mladic muere en prisión tras una vida marcada por Srebrenica, Sarajevo y su condena firme por genocidio y crímenes de guerra en Bosnia.

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La muerte de Ratko Mladic

Ratko Mladic, antiguo jefe militar serbobosnio y uno de los principales responsables juzgados por las atrocidades de la guerra de Bosnia, ha muerto bajo custodia internacional en La Haya mientras cumplía cadena perpetua. Fue condenado por genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, con la matanza de Srebrenica y la campaña de terror sobre Sarajevo en el centro de una sentencia que quedó definitivamente confirmada en 2021.

Mladic fue comandante del Ejército de la República Srpska, las fuerzas serbobosnias, durante buena parte de la guerra desarrollada entre 1992 y 1995. Bajo su mando se produjo en Srebrenica la matanza de más de 8.000 hombres y adolescentes bosníacos en julio de 1995, reconocida jurídicamente como genocidio. También dirigió la campaña militar contra Sarajevo y participó en una política de expulsión violenta de musulmanes y croatas de territorios reclamados por los serbobosnios.

El sobrenombre de «carnicero de Bosnia» terminó acompañándole durante décadas, aunque la dimensión de su figura no depende de un apodo especialmente crudo. Depende de hechos probados ante un tribunal internacional y de una cadena perpetua: asesinatos, persecuciones, deportaciones, terror contra civiles y toma de rehenes forman parte de la resolución judicial que definió su responsabilidad.

Las primeras informaciones sobre su fallecimiento lo sitúan en el hospital penitenciario de Naciones Unidas en La Haya. Existe, además, una curiosa discrepancia sobre su edad. Los registros utilizados durante décadas fijaban su nacimiento el 12 de marzo de 1942, lo que supondría que murió con 84 años. Su hijo sostenía, sin embargo, que la fecha real era el 8 de marzo de 1943; de ahí que algunos medios estén informando de su muerte a los 83.

Quién fue Ratko Mladic y cómo llegó a dirigir las fuerzas serbobosnias

Ratko Mladic era un militar formado dentro del Ejército Popular Yugoslavo, la gran fuerza armada de la Yugoslavia comunista. Cuando el país comenzó a desintegrarse a principios de los años noventa, aquel ejército también se fracturó siguiendo las nuevas fronteras y lealtades nacionales. Mladic pasó de oficial yugoslavo a convertirse en una de las figuras decisivas del aparato militar serbio en Bosnia.

El 12 de mayo de 1992 fue nombrado comandante del Estado Mayor principal del Ejército de la República Srpska, conocido por las siglas VRS, y conservó una posición central durante prácticamente toda la guerra. Bosnia acababa de sumergirse en un conflicto devastador después de declarar su independencia, en un territorio donde convivían bosníacos musulmanes, serbios y croatas.

Las fuerzas serbobosnias conquistaron grandes extensiones aprovechando, sobre todo durante los primeros compases del conflicto, una clara superioridad en armamento pesado. Pero aquello pronto dejó de parecer una guerra convencional entre ejércitos. Los tribunales reconstruyeron posteriormente una campaña destinada a eliminar de determinadas áreas a población musulmana y croata mediante asesinatos, persecuciones, deportaciones y traslados forzosos.

Pueblos vaciados. Viviendas incendiadas. Familias empujadas hacia carreteras sin saber dónde terminarían. Centros de detención. Fusilamientos. La expresión «limpieza étnica» entró entonces con brutal normalidad en el vocabulario de una Europa que apenas había celebrado el final de la Guerra Fría y descubría, casi de golpe, que sus fantasmas no estaban precisamente jubilados.

La guerra de Bosnia dejó más de 100.000 muertos y alrededor de dos millones de desplazados. Se cometieron atrocidades desde distintos bandos, pero esa constatación no borra responsabilidades individuales. La justicia internacional no condenó pueblos ni identidades colectivas: juzgó personas por delitos concretos. Y el expediente de Mladic fue uno de los más graves.

Srebrenica, el genocidio que marcó para siempre a Mladic

El nombre de Ratko Mladic quedó unido de forma inseparable a Srebrenica. En julio de 1995, esta localidad del este de Bosnia era una zona declarada segura por Naciones Unidas y albergaba a decenas de miles de bosníacos que habían buscado refugio frente al avance de las fuerzas serbobosnias.

El 11 de julio, las tropas de Mladic entraron en el enclave. Lo que ocurrió después fue reconstruido durante años mediante testimonios, documentación militar, pruebas forenses, interceptaciones y exhumaciones. Miles de hombres y adolescentes fueron separados de mujeres, niños y ancianos, trasladados a centros de detención o lugares de ejecución y asesinados.

Los cadáveres fueron enterrados en fosas comunes. En numerosos casos, los cuerpos terminaron siendo desenterrados posteriormente con maquinaria y trasladados a fosas secundarias, una operación destinada a dificultar la localización e identificación de las víctimas. Décadas después, la identificación mediante ADN ha permitido devolver restos a numerosas familias, aunque todavía permanece abierta una herida difícil de medir solamente con cifras.

Más de 8.000 bosníacos fueron asesinados. Al mismo tiempo, decenas de miles de mujeres, niños y personas mayores fueron expulsados del enclave. El tribunal consideró demostrado que existía la intención de destruir una parte sustancial de la comunidad musulmana bosnia de Srebrenica y calificó los hechos jurídicamente como genocidio.

Las imágenes de Mladic durante la caída de Srebrenica

Hay escenas de aquellos días que sobrevivieron a la guerra porque fueron grabadas. En ellas aparece Mladic caminando entre militares y civiles, hablando ante las cámaras y adoptando por momentos una aparente actitud tranquilizadora mientras sus tropas controlaban la zona.

Ese contraste terminó siendo especialmente perturbador. Mientras se proyectaba una imagen de control y normalidad, estaba comenzando la separación sistemática de hombres y adolescentes que acabaría conduciendo a las ejecuciones masivas. La cámara que servía también como propaganda terminó convertida, con el tiempo, en incómodo documento histórico.

Srebrenica se convirtió después en el episodio fundamental para la condena por genocidio de Mladic. No fue, sin embargo, el único escenario de violencia por el que respondió ante la justicia internacional.

Sarajevo: francotiradores, artillería y terror contra civiles

Mladic también fue condenado por su responsabilidad en la campaña destinada a aterrorizar a la población de Sarajevo durante el prolongado asedio de la capital bosnia. La ciudad quedó cercada durante más de tres años y sus habitantes vivieron bajo ataques de artillería y disparos de francotiradores desde posiciones controladas por las fuerzas serbobosnias.

Cruzar una avenida podía convertirse en una carrera contra una bala. Buscar agua, subir a un tranvía, acudir a un mercado o simplemente acercarse a una ventana eran actividades cotidianas atravesadas por un riesgo extraordinario. Miles de civiles murieron durante el asedio.

Sarajevo dejó algunas de las imágenes más reconocibles de la guerra europea de finales del siglo XX: fachadas agujereadas, edificios abiertos como cajas de muñecas, calles desiertas en pleno día, ventanas protegidas con plásticos y cementerios improvisados donde antes había parques o campos deportivos.

Europa observaba buena parte de aquello por televisión. Una capital situada a pocas horas de vuelo de París, Roma o Madrid estaba siendo sometida a una campaña prolongada de bombardeos y francotiradores. La distancia geográfica era pequeña; la sensación política, durante demasiado tiempo, pareció bastante mayor.

Los cascos azules de la ONU convertidos en rehenes

Otro episodio incluido en la condena fue la toma de rehenes de Naciones Unidas. Después de que la OTAN atacara posiciones serbobosnias en 1995, miembros de las fuerzas bajo el mando de Mladic capturaron a personal internacional.

Algunos de aquellos cascos azules fueron retenidos cerca de objetivos militares con la intención de dificultar nuevos bombardeos. Las imágenes de miembros de Naciones Unidas utilizados como protección humana mostraron hasta qué punto se había degradado el conflicto.

La justicia internacional responsabilizó también a Mladic de estos hechos. La toma de rehenes, junto con los ataques contra civiles de Sarajevo y los crímenes cometidos en otras partes de Bosnia, integró el amplio conjunto de delitos que acabaría llevando al antiguo general a prisión de por vida.

Qué hizo Ratko Mladic y por qué fue condenado a cadena perpetua

El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia declaró culpable a Ratko Mladic en noviembre de 2017 y le impuso cadena perpetua. La sentencia fue posteriormente recurrida, pero el fallo esencial quedó confirmado definitivamente el 8 de junio de 2021.

Mladic fue declarado culpable de diez cargos relacionados con el genocidio de Srebrenica, persecución, exterminio, asesinato, deportación, traslado forzoso, terror contra civiles, ataques ilícitos y toma de rehenes. Se trataba de delitos cometidos en distintos escenarios y momentos de la guerra, no de una condena sustentada únicamente sobre un episodio.

Conviene mantener un matiz jurídico que suele desaparecer cuando la historia se comprime en tres líneas. Mladic fue condenado por genocidio en Srebrenica, pero no resultó culpable de un segundo cargo de genocidio referido a determinados crímenes cometidos en otros municipios bosnios durante 1992.

Aquella absolución sobre un cargo específico no significó que los hechos de esas zonas fueran considerados inexistentes o irrelevantes. El tribunal mantuvo condenas por persecución, asesinato, deportación y otros crímenes contra la humanidad vinculados a la campaña desarrollada en distintos municipios de Bosnia.

Su defensa discutió durante años el procedimiento y el propio Mladic rechazó reiteradamente la legitimidad del tribunal. La apelación, pese a ello, no cambió el núcleo de la sentencia: culpabilidad confirmada y prisión perpetua.

De uno de los fugitivos más buscados de Europa a La Haya

Mladic llevaba acusado internacionalmente desde 1995, cuando la guerra de Bosnia todavía no había terminado. Sin embargo, pasaron casi 16 años antes de que compareciera ante la justicia. Durante una parte considerable de ese periodo pudo permanecer en Serbia y posteriormente desapareció de la vida pública.

Acabó convertido en uno de los fugitivos más buscados de Europa. Su prolongada desaparición también generó tensiones entre Serbia y las instituciones europeas, que durante años reclamaron una cooperación más eficaz para localizar a los responsables de crímenes de guerra pendientes de detención.

La policía serbia lo encontró finalmente el 26 de mayo de 2011 en Lazarevo, una pequeña localidad del norte del país, en una vivienda vinculada a familiares. Su aspecto había cambiado mucho respecto al general corpulento de las imágenes de los años noventa. Estaba envejecido y padecía importantes problemas de salud.

Pocos días después fue trasladado a La Haya, donde comenzó el proceso que terminaría con su condena. Años de testimonios y pruebas recorrieron en la sala buena parte de la guerra de Bosnia: Srebrenica, Sarajevo, expulsiones, asesinatos, centros de detención, rehenes. Una geografía del horror transformada, esta vez, en expediente judicial.

Los problemas de salud durante sus últimos años

El estado físico de Mladic se fue deteriorando durante el encarcelamiento. Había sufrido problemas neurológicos y cardiovasculares y, en la última etapa de su vida, su defensa reclamó repetidamente una liberación por razones humanitarias.

Sus abogados y familiares argumentaron que su salud había empeorado hasta un punto crítico. Las autoridades judiciales internacionales, sin embargo, mantuvieron la pena y rechazaron que pudiera abandonar la custodia bajo las condiciones solicitadas.

Su muerte se produce así mientras seguía cumpliendo cadena perpetua bajo custodia internacional. En las primeras informaciones sobre el fallecimiento no se había concretado públicamente una causa médica única y definitiva.

Una muerte que no borra las heridas abiertas de Bosnia

La muerte de Ratko Mladic elimina al hombre, pero no termina con el debate histórico y político que rodea su figura. Para numerosos supervivientes y familiares de las víctimas, su nombre continúa asociado a Srebrenica, Sarajevo, las fosas comunes y las expulsiones. Para sectores del nacionalismo serbio, en cambio, su figura ha seguido siendo reivindicada como la de un jefe militar que defendió a su pueblo.

Ahí permanece una de las fracturas más incómodas de los Balcanes. Los hechos establecidos judicialmente siguen conviviendo con discursos de negación, relativización o glorificación. Tres décadas después de la guerra, Srebrenica todavía provoca choques políticos y diplomáticos y continúa siendo una cuestión extraordinariamente sensible en Bosnia y en buena parte de la antigua Yugoslavia.

La memoria allí no es una fotografía envejecida en un cajón. Todavía aparece en elecciones, monumentos, escuelas, ceremonias, discursos y calles. Todavía hay familias enterrando restos identificados muchos años después. El tiempo ha pasado, sí; las consecuencias de aquella guerra permanecen.

Ratko Mladic muere cumpliendo una condena de por vida después de que la justicia internacional confirmara su responsabilidad penal. Su carrera militar ayuda a entender cómo acumuló el poder que tuvo, pero no modifica lo que hizo con él. Srebrenica, el asedio de Sarajevo, las deportaciones y la toma de rehenes forman parte de una sentencia firme y, mucho más allá del lenguaje de los tribunales, de la memoria de miles de víctimas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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