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¿Qué se juega Huawei en Nueva York por fraude y secretos comerciales?

Huawei afronta en Nueva York un juicio por fraude, crimen organizado y secretos comerciales, con Irán y la guerra tecnológica como telón de fondo.

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Foto: Raysonho @ Open Grid Scheduler / Grid Engine — trabajo propio, CC0 — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Huawei afronta en Nueva York 14 cargos y se declara no culpable
  • El caso reúne fraude bancario, secretos comerciales y negocios con Irán
  • Una condena podría costarle miles de millones y agravar el pulso con EE. UU.

Huawei afronta en un tribunal federal de Brooklyn uno de los procesos penales corporativos más delicados de su historia. La tecnológica china se ha declarado no culpable de 14 cargos que incluyen crimen organizado, fraude bancario y electrónico y apropiación de secretos comerciales estadounidenses. La selección del jurado comenzó el martes 8 de septiembre de 2026 en Nueva York.

Lo que se juzga no es una disputa comercial más entre Washington y Pekín, aunque el ruido geopolítico resulte imposible de apagar. La Fiscalía estadounidense sostiene que Huawei desarrolló durante años una estrategia para obtener tecnología de competidores, engañar a instituciones financieras sobre sus negocios en Irán y mantener operaciones relacionadas también con Corea del Norte. Huawei rechaza esa versión y asegura que la acusación construye un relato falso sobre el origen de su éxito tecnológico.

El procedimiento llega al jurado después de casi ocho años de batalla judicial y con una acusación algo más estrecha que la inicialmente planteada. Los fiscales retiraron justo antes del juicio dos imputaciones, mientras dejaron fuera uno de los episodios de supuesto robo de secretos que figuraba entre los hechos utilizados para sostener la acusación de crimen organizado. Aun así, el expediente continúa siendo enorme y sus posibles consecuencias para Huawei van mucho más allá de una multa.

De qué acusa Estados Unidos a Huawei

La pieza central es una acusación bajo la legislación estadounidense contra el crimen organizado, conocida por sus siglas RICO. La presencia de esa norma no significa que el Gobierno esté describiendo a Huawei como una organización mafiosa en el sentido coloquial de la palabra. La Fiscalía intenta demostrar algo jurídicamente más preciso: que diferentes conductas presuntamente delictivas formaban parte de una actividad coordinada destinada a favorecer el crecimiento internacional de la compañía.

La investigación sitúa parte de esas supuestas prácticas desde finales de los años noventa. Entre ellas aparecen la obtención indebida de propiedad intelectual de empresas estadounidenses, el fraude a bancos, operaciones relacionadas con países sometidos a sanciones y presuntas falsedades ante las autoridades. Los investigadores describieron métodos que abarcarían desde el incumplimiento de acuerdos de confidencialidad hasta la captación de empleados de otras compañías para conseguir información reservada.

Uno de los capítulos más llamativos afecta directamente a la tecnología. La acusación ha señalado información relacionada con routers, antenas, código fuente y sistemas robóticos de prueba. Los fiscales consideran que Huawei buscó acortar distancias frente a sus competidores obteniendo conocimientos desarrollados y protegidos por otras empresas como secretos comerciales.

Huawei mantiene una interpretación radicalmente distinta. La empresa sostiene que varios de aquellos conflictos comerciales fueron resueltos hace años y acusa a Washington de haber reunido disputas empresariales heterogéneas para convertirlas en una causa penal mucho más ambiciosa. Ese contraste será esencial: el jurado deberá decidir si existía un patrón coordinado o una colección de incidentes separados que la acusación ha unido bajo un mismo paraguas.

Skycom, Irán y el fraude bancario que persigue a Huawei

El otro gran bloque del juicio conduce directamente a Irán. Estados Unidos acusa a Huawei de haber utilizado Skycom, una sociedad con sede en Hong Kong y actividad en territorio iraní, para conseguir bienes y tecnología estadounidenses sujetos a restricciones y canalizar pagos mediante el sistema financiero internacional.

Según la acusación, Huawei presentó durante años a Skycom como un socio comercial independiente cuando las autoridades estadounidenses consideran que, en realidad, estaba bajo su control. La diferencia no era precisamente decorativa. Los bancos internacionales necesitaban conocer la verdadera naturaleza de aquellas operaciones para decidir si podían procesarlas sin exponerse a infringir las sanciones contra Irán.

Una de las entidades financieras implicadas procesó más de 100 millones de dólares en transacciones vinculadas con Skycom. La Fiscalía sostiene que las explicaciones facilitadas por Huawei redujeron artificialmente la percepción del riesgo asumido por el banco. Ahí se encuentra el corazón del cargo de fraude bancario: no simplemente haber mantenido actividad comercial en Irán, sino presuntamente engañar a instituciones financieras para permitir que determinadas operaciones continuasen circulando.

Meng Wanzhou vuelve al centro del caso aunque no esté acusada

Resulta difícil entender el juicio sin regresar a diciembre de 2018. Meng Wanzhou, directora financiera de Huawei e hija de su fundador, Ren Zhengfei, fue detenida en Vancouver a petición de Estados Unidos. Su arresto convirtió rápidamente una investigación penal contra una multinacional en una crisis diplomática entre China, Canadá y Estados Unidos.

Meng alcanzó en septiembre de 2021 un acuerdo de procesamiento diferido con la Justicia estadounidense que permitió posteriormente retirar los cargos en su contra y regresar a China. Aquella solución resolvió su situación personal, pero no enterró el procedimiento contra Huawei. Quedó sobre la mesa un elemento especialmente incómodo para la compañía.

Dentro del acuerdo, Meng reconoció haber realizado declaraciones falsas a una entidad financiera acerca de los negocios de Huawei en Irán. Una jueza federal decidió en junio de 2026 que esas admisiones pueden utilizarse como prueba contra la propia empresa durante el juicio. Huawei intentó impedirlo alegando que no debía quedar vinculada por declaraciones realizadas por Meng para resolver su situación judicial, pero el tribunal rechazó ese argumento.

Es uno de los elementos potencialmente más sensibles ante el jurado. La Fiscalía dispone de un relato de hechos aceptado dentro de un acuerdo judicial por quien era, y continúa siendo, una de las principales ejecutivas de Huawei. La defensa tendrá que convencer a los miembros del jurado de que aquellas admisiones no prueban la responsabilidad penal de la empresa en el conjunto de las acusaciones.

Secretos comerciales, sanciones y varios frentes unidos

El expediente reúne episodios muy diferentes entre sí y esa variedad será precisamente uno de los campos de batalla del proceso. La Fiscalía pretende que el jurado los contemple como partes de un mismo patrón de conducta. Huawei tratará de separar las piezas y demostrar que Washington ha cosido asuntos distintos para construir una gran conspiración empresarial.

También aparecen acusaciones relacionadas con Corea del Norte y con Irán. Los fiscales sostienen que Huawei ocultó determinados negocios en países afectados por sanciones estadounidenses y que suministró en Irán equipos de vigilancia que habrían sido utilizados para seguir a manifestantes durante las protestas antigubernamentales de 2009. Huawei niega haber cometido delitos y ha cuestionado durante años tanto los hechos como el alcance que Estados Unidos pretende otorgar a sus leyes fuera de sus fronteras.

La cuestión jurídica no es pequeña. Huawei es una empresa china, buena parte de las conductas investigadas ocurrieron fuera de Estados Unidos y muchas operaciones involucraron sociedades extranjeras. La acusación argumenta, sin embargo, que el uso del sistema financiero estadounidense, las transacciones en dólares, las empresas perjudicadas y otras conexiones con el país permiten perseguir penalmente esos hechos.

Qué puede ocurrir si Huawei es declarada culpable

Aquí no hay un acusado individual expuesto a una condena de prisión, sino varias entidades corporativas. El principal riesgo para Huawei es económico: multas, decomisos y pérdida de beneficios que la Justicia considere obtenidos mediante actividades ilegales.

La factura podría alcanzar una dimensión considerable. Una condena amplia puede abrir la puerta a sanciones de cientos de millones e incluso varios miles de millones de dólares, porque en su cálculo tendría relevancia el supuesto beneficio obtenido mediante las conductas declaradas delictivas. Y ahí aparecería otro combate judicial nada sencillo: determinar cuánto dinero puede atribuirse realmente a esos hechos.

Una absolución tendría un efecto igualmente importante. Durante años, Washington ha utilizado las acusaciones contra Huawei como una de las piezas que sostienen sus restricciones comerciales y de seguridad sobre la empresa. Un veredicto favorable permitiría a la compañía cuestionar con mayor fuerza la narrativa estadounidense que ha acompañado buena parte de su aislamiento tecnológico en Occidente.

Eso sí, el proceso penal y las restricciones comerciales pertenecen a terrenos distintos. Una absolución no levantaría automáticamente la lista negra tecnológica estadounidense ni obligaría a otros países a modificar sus políticas sobre las redes y los equipos de Huawei. El tribunal puede decidir sobre los delitos imputados; no borrar de un plumazo casi una década de guerra tecnológica.

Un juicio atravesado por el pulso tecnológico entre China y EE. UU.

Huawei llega al tribunal siendo una empresa muy distinta de la que recibió los primeros grandes golpes de Washington en 2019. Las restricciones estadounidenses dificultaron su acceso a procesadores avanzados y otras tecnologías, dañaron especialmente su negocio internacional de teléfonos móviles y obligaron a la compañía a buscar alternativas propias.

Lejos de desaparecer, reconstruyó buena parte de su ecosistema tecnológico. Ha reforzado su presencia en semiconductores, inteligencia artificial y automoción conectada, además de mantener su negocio de dispositivos de consumo. También conserva un peso enorme en las infraestructuras de telecomunicaciones, el terreno donde comenzó buena parte de la preocupación occidental sobre su influencia.

Ese renacimiento explica parte de la relevancia política del proceso. Estados Unidos intenta limitar el acceso chino a determinadas tecnologías consideradas estratégicas mientras Pekín acelera el desarrollo de alternativas nacionales. En medio está Huawei, quizá el símbolo más visible de una curiosa paradoja: una compañía golpeada para frenar su capacidad tecnológica que terminó invirtiendo todavía más en fabricar por su cuenta aquello que dejó de poder comprar.

El juicio se celebra, además, bajo una relación bilateral cargada de disputas comerciales, controles de exportación y competencia industrial. La magistrada encargada del caso ha insistido durante la selección del jurado en separar el procedimiento de cualquier valoración sobre China y su sistema político. Parece una obviedad. En un proceso de este calibre, decir las obviedades en voz alta tampoco sobra.

El tribunal deberá separar los delitos de la geopolítica

El jurado tendrá que decidir sobre hechos concretos, documentos, comunicaciones empresariales y movimientos financieros, no sobre quién gana la carrera tecnológica entre China y Estados Unidos. Esa frontera será uno de los grandes retos de un proceso inevitablemente impregnado de política exterior y rivalidad económica.

Para Huawei, el juicio supone la oportunidad de desmontar ante un tribunal una acusación que lleva casi ocho años acompañando a su nombre. Para Estados Unidos, representa el momento de demostrar que detrás de uno de los casos tecnológicos más relevantes de las últimas décadas había delitos demostrables y no únicamente una batalla estratégica contra un competidor chino.

Un veredicto con consecuencias mucho más allá de Brooklyn

El desenlace no decidirá por sí solo el futuro de Huawei, pero puede modificar profundamente la manera en que la compañía es percibida fuera de China. Una condena reforzaría las acusaciones estadounidenses sobre sus prácticas empresariales y podría añadir una factura multimillonaria a años de restricciones. Una absolución, por el contrario, daría a Pekín y a Huawei un argumento poderoso frente a quienes sostienen que el caso fue esencialmente una operación de seguridad económica.

Hasta que llegue el veredicto, esa diferencia importa. Huawei está acusada de fraude, crimen organizado y apropiación de secretos comerciales, pero no ha sido declarada culpable. Después de años de sanciones, detenciones, titulares y diplomacia áspera, será el jurado de Brooklyn quien tenga que separar las sospechas, la rivalidad entre potencias y las pruebas capaces de sostener una condena penal.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.