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¿Qué ocurre en la Alianza del Sahel tras el golpe fallido de Níger?

El golpe fallido en Níger sacude a la Alianza del Sahel, refuerza el papel de Rusia y deja al descubierto una presión yihadista más intensa.

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la Alianza del Sahel

La Alianza de Estados del Sahel (AES) es el bloque político, militar y económico formado por Malí, Burkina Faso y Níger, tres países gobernados por militares que rompieron buena parte de sus vínculos de seguridad con Francia y otros socios occidentales y se acercaron a Rusia. Moscú no pertenece a la organización ni existe una alianza equivalente a la OTAN entre Rusia y la AES, pero se ha convertido en su principal socio militar exterior, con cooperación armamentística, asesores y presencia del Africa Corps ruso.

El intento de golpe ocurrido en Níger este sábado 29 de agosto de 2026 toca precisamente el nervio más sensible de ese proyecto. Militares amotinados atacaron instalaciones estratégicas de Niamey, incluida la Base Aérea 101, junto al aeropuerto Diori Hamani, dispararon contra áreas próximas al Palacio Presidencial e intentaron hacerse con otros centros de poder. El Gobierno del general Abdourahamane Tiani sostiene que ha recuperado progresivamente el control, aunque durante la tarde persistían focos de resistencia en instalaciones militares y la situación seguía siendo delicada. No existe por el momento un balance oficial fiable de víctimas.

La paradoja es bastante áspera. Los militares que llegaron al poder prometiendo acabar con la inseguridad se enfrentan a una rebelión surgida, al menos en parte, del malestar dentro de las propias fuerzas armadas por el deterioro de la seguridad. Y detrás, esperando que sus adversarios se desgasten entre ellos, permanecen los grupos vinculados a Al Qaeda y Estado Islámico, que no han dejado de crecer en capacidad de ataque.

Un intento de golpe en el corazón del régimen de Tiani

Los enfrentamientos comenzaron durante la madrugada en Niamey. Se escucharon disparos de armas automáticas y explosiones cerca del aeropuerto internacional, de la Base Aérea 101 y de la zona institucional donde se encuentra el Palacio Presidencial. La televisión y la radio estatales dejaron temporalmente de emitir, otro detalle nada menor en un continente donde controlar la radiotelevisión pública ha sido durante décadas casi parte del manual clásico del golpe de Estado.

Según la versión oficial, un grupo de soldados rompió la disciplina militar, retuvo a varios compañeros en la Base 101 y abrió fuego contra distintos puntos sensibles. La Guardia Presidencial permaneció leal a Tiani y habría impedido que los rebeldes se hicieran con el palacio. También fracasó el intento de tomar de forma efectiva la sede de la radiotelevisión estatal.

Durante las horas siguientes, las autoridades aseguraron estar recuperando los lugares atacados. Sin embargo, fuentes de seguridad y diplomáticas señalaban todavía durante la tarde que grupos de amotinados continuaban atrincherados en al menos dos instalaciones militares, incluida la base próxima al aeropuerto. Es decir, hablar de golpe consumado sería incorrecto; presentarlo como un incidente irrelevante, también.

Hay otro elemento que explica la inquietud. Entre los participantes habría militares procedentes o vinculados a Ouallam, Téra y Dosso, zonas castigadas por la guerra contra los grupos yihadistas. Algunas unidades desplegadas allí han sufrido pérdidas severas y entre parte de la tropa crece la sensación de que las promesas hechas después del golpe de 2023 no se están cumpliendo.

Solo unos días antes, al menos 18 gendarmes murieron en Tessa, en la región de Dosso, durante un ataque de hombres armados que asaltaron y saquearon su posición. No se ha demostrado que ese episodio esté directamente relacionado con el motín de Niamey, pero sirve para entender el clima dentro de unas fuerzas armadas obligadas a combatir, perder hombres y volver a combatir en un territorio enorme.

Qué es realmente la Alianza de Estados del Sahel

La AES nació el 16 de septiembre de 2023, cuando Malí, Burkina Faso y Níger firmaron la Carta de Liptako-Gourma. El origen era esencialmente militar: si uno de los tres Estados era atacado, los demás debían prestarle asistencia. Era una respuesta tanto al yihadismo como al aislamiento regional que habían provocado los sucesivos golpes militares.

Los tres países tienen algo más que arena, fronteras porosas y ejércitos sobrecargados en común. Malí está dirigido por Assimi Goïta, Burkina Faso por Ibrahim Traoré y Níger por Abdourahamane Tiani. Los tres sistemas surgieron de golpes de Estado ocurridos entre 2020 y 2023 y los tres construyeron buena parte de su legitimidad sobre una idea muy poderosa en la región: recuperar una soberanía nacional que consideraban erosionada por décadas de dependencia francesa y occidental.

En julio de 2024 dieron otro salto y transformaron la alianza defensiva en la Confederación de Estados del Sahel. Ya no se trataba únicamente de perseguir columnas yihadistas por el desierto. El proyecto incorporó política exterior, comercio, infraestructuras, energía, minería, comunicaciones y coordinación económica.

La ruptura con la CEDEAO cambió el mapa de África occidental

En enero de 2025, Malí, Burkina Faso y Níger consumaron su salida de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), la histórica organización regional que había intentado presionar a las juntas para restaurar gobiernos civiles.

Aquello confirmó que la AES quería ser algo más que un acuerdo provisional entre tres regímenes militares. Creó estructuras propias, impulsó mecanismos comunes y empezó a presentarse como una alternativa política africana basada en la soberanía y la autonomía estratégica. Desde diciembre de 2025, la presidencia rotatoria de la confederación corresponde al burkinés Ibrahim Traoré.

También nació una fuerza militar unificada. Níger anunció inicialmente alrededor de 5.000 efectivos, con medios aéreos, inteligencia y capacidad para operar en los tres países. Sobre el papel, la fórmula tiene lógica: los yihadistas cruzan fronteras con una facilidad casi insultante, así que combatirlos con ejércitos encerrados dentro de líneas dibujadas en mapas coloniales tenía poco sentido.

El problema llega cuando el mapa toca el terreno. Y el terreno, como suele ocurrir, es bastante menos obediente.

Rusia es el gran socio de la AES, pero no su cuarto miembro

La relación entre la AES y Rusia se ha estrechado considerablemente, aunque conviene evitar una simplificación frecuente: Rusia no pertenece a la Alianza de Estados del Sahel. Es un socio estratégico, diplomático y militar de sus tres gobiernos.

Malí abrió el camino después de romper su cooperación con Francia. La presencia de Wagner fue sustituida progresivamente por el Africa Corps, estructura más directamente vinculada al Ministerio de Defensa ruso. Burkina Faso y Níger siguieron desarrollando sus propios vínculos militares con Moscú.

El pasado julio, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, se reunió en Niamey con los responsables diplomáticos de los tres Estados. Rusia y la AES acordaron profundizar la cooperación militar y técnico-militar, incluido el respaldo ruso a los ejércitos nacionales y a la fuerza conjunta de la confederación.

Eso supone armas, entrenamiento, asesoramiento, inteligencia y apoyo operativo. Para Moscú, también significa ganar influencia en una franja estratégica de África donde Francia ha perdido buena parte de su antigua posición.

Níger añade a la ecuación algo especialmente sensible: uranio, petróleo y oro. El Gobierno de Tiani ha reducido drásticamente el peso de compañías francesas como Orano y reforzado el control estatal sobre recursos considerados estratégicos. Eso no significa que las minas nigerinas hayan pasado automáticamente a manos rusas, una interpretación que no respaldan los hechos, pero sí que la reorganización geopolítica tiene también un evidente trasfondo económico.

Durante los enfrentamientos de este sábado había presencia extranjera en la zona aeroportuaria de Niamey, incluidos efectivos rusos e italianos. Las informaciones disponibles indican que los contingentes extranjeros se mantuvieron al margen del choque entre las distintas facciones nigerinas.

La yihad sigue creciendo pese al giro militar del Sahel

Aquí aparece el gran problema de la AES. Las juntas llegaron al poder acusando a sus predecesores civiles y a sus aliados occidentales de fracasar contra el terrorismo. Expulsaron o redujeron la presencia militar francesa, rompieron antiguos mecanismos de cooperación, buscaron nuevos socios y prometieron resultados. Tres años después del golpe nigerino, la insurgencia no ha desaparecido.

El Sahel sigue siendo el principal foco africano de muertes asociadas a grupos islamistas armados. Los datos publicados en agosto de 2026 por el Africa Center for Strategic Studies calculaban 23.872 muertes vinculadas a este tipo de violencia en África durante los doce meses anteriores; aproximadamente el 42% correspondía al Sahel.

No existe una única organización yihadista. Hay varias, compiten entre ellas y, dependiendo del lugar, aprovechan conflictos locales, disputas étnicas, ausencia de servicios públicos, contrabando y resentimiento contra unas autoridades que a menudo están presentes únicamente cuando llega una patrulla militar.

Al Qaeda y Estado Islámico se disputan el Sahel

En el oeste de Níger actúan principalmente Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), la coalición vinculada a Al Qaeda, y Estado Islámico en la Provincia del Sahel (ISSP). El área fronteriza entre Níger, Malí y Burkina Faso —el llamado Liptako-Gourma— continúa siendo uno de sus principales campos de batalla.

La amenaza ya no permanece confinada en aldeas remotas. El propio aeropuerto de Niamey sufrió dos ataques yihadistas durante 2026 antes del motín de este sábado.

Estado Islámico atacó el complejo aeroportuario en enero. El 18 de junio, JNIM lanzó otra operación contra el aeropuerto y la base militar; las autoridades comunicaron la muerte de 11 miembros de las fuerzas de seguridad, mientras que el balance total, incluidos civiles, llegó al menos a 13 fallecidos.

Es un cambio importante. Atacar un puesto perdido cerca de la frontera demuestra capacidad guerrillera; golpear repetidamente la infraestructura militar de la capital de un Estado transmite otro mensaje. Los insurgentes quieren demostrar que pueden penetrar el corazón del dispositivo que debía derrotarlos.

En el este aparece otro frente

Níger tampoco puede concentrar toda su fuerza en la frontera con Malí y Burkina Faso. En el sureste, alrededor de Diffa y del lago Chad, operan Boko Haram y Estado Islámico en África Occidental. El país queda así atrapado entre distintos teatros de insurgencia, cada uno con dinámicas propias.

Malí atraviesa dificultades parecidas. JNIM ha conseguido organizar operaciones cada vez más ambiciosas contra posiciones militares y rutas estratégicas, mientras que las fuerzas malienses y sus socios rusos también combaten a organizaciones separatistas del norte. Burkina Faso, por su parte, sigue soportando una violencia especialmente intensa en amplias zonas rurales.

La AES ha ganado coordinación política. Ha conseguido realizar operaciones conjuntas. También dispone de nuevos apoyos militares. Pero todavía no puede sostener que haya invertido de forma decisiva la guerra.

La contradicción que amenaza a las juntas militares

El intento de golpe en Níger tiene una importancia mayor que la supervivencia personal de Tiani. Ataca el argumento fundacional del nuevo orden político del Sahel.

Los golpes de Malí, Burkina Faso y Níger no se justificaron únicamente mediante discursos sobre soberanía nacional. Los militares afirmaron que los gobiernos anteriores habían sido incapaces de proteger a la población y que ellos, precisamente por ser militares, podrían hacerlo mejor.

Ahí está la trampa. Cuanto más se prolonga la inseguridad, más difícil resulta mantener esa legitimidad.

Un soldado desplegado repetidamente en zonas donde Estado Islámico o JNIM pueden concentrar decenas de motocicletas, atacar posiciones aisladas, matar compañeros y desaparecer antes de la llegada de refuerzos escucha después al Gobierno hablar de victorias estratégicas. La distancia entre el comunicado y el polvo del camino puede terminar siendo enorme.

Eso no significa que el yihadismo haya provocado directamente el intento de golpe de este sábado. Hasta el momento no existen pruebas que permitan afirmarlo. Sí existe, en cambio, una conexión indirecta evidente: las pérdidas militares y el deterioro de la seguridad están alimentando tensiones dentro de las fuerzas armadas.

Y cuando un ejército obligado a combatir una insurgencia comienza a vigilar también sus propios cuarteles, sus recursos se dividen. Los yihadistas ni siquiera necesitan intervenir: observan cómo parte de la maquinaria diseñada para perseguirlos empieza a consumirse en conflictos internos.

Níger se convierte en la prueba más incómoda para la AES

La supervivencia inmediata del Gobierno de Tiani no resuelve el problema. Aunque el intento de golpe quede definitivamente sofocado, la noche del 29 de agosto ha demostrado que la fractura existe dentro del aparato militar nigerino, precisamente el instrumento sobre el que descansa el régimen.

También pone a prueba a sus dos socios. Un cambio violento de poder en Níger modificaría el equilibrio interno de la confederación y obligaría a Malí y Burkina Faso a decidir hasta qué punto funciona en la práctica la promesa de asistencia mutua cuando la amenaza no procede de otro Estado ni de un grupo yihadista, sino del propio ejército de un miembro.

Rusia observa el mismo dilema. Moscú ha apostado por los gobiernos militares del Sahel porque le ofrecen acceso político y estratégico a una región de la que Occidente se ha retirado parcialmente. La estabilidad de esos regímenes forma parte del valor de esa apuesta. Si las juntas empiezan a sufrir motines alimentados por el fracaso de la guerra que justificó su ascenso, el modelo se vuelve bastante más frágil.

La AES, por tanto, no está al borde de desaparecer por lo ocurrido en Niamey. Sigue contando con tres gobiernos estrechamente coordinados, estructuras confederales, una fuerza militar común y un socio ruso dispuesto a ampliar su cooperación. Pero el golpe fallido —o motín con ambición de golpe, mientras sigan apareciendo detalles— deja una fotografía incómoda.

Tres Estados se unieron para recuperar soberanía y derrotar al yihadismo. Han conseguido reducir la influencia francesa, abandonar la CEDEAO y construir un nuevo eje político en África occidental. Lo que todavía no han conseguido es lo más difícil: que el ciudadano y el soldado que viven en las zonas de guerra puedan comprobar, mirando alrededor, que están realmente más seguros.

Y en el Sahel, al final, ese sigue siendo el examen que cuenta.

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Director editorial de Don Porqué y analista de iGaming con más de 15 años cubriendo el sector del juego online en España. Especializado en regulación, bonos y seguridad de los casinos online.