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¿Qué fragmento de la Williams de Ayrton Senna estuvo oculto 24 años?
Una pieza original de la Williams FW16 de Ayrton Senna reaparece tras 24 años guardada y conserva las marcas del accidente de Imola de 1994.

Imagen: Instituto Ayrton Senna / Wikimedia Commons, CC BY 2.0
Resumen
- Un fragmento del FW16 de Senna estuvo guardado durante 24 años
- Procede del pontón lateral derecho del coche accidentado en Imola en 1994
- Su historia salió a la luz tras ser entregado a un periodista italiano
Un fragmento auténtico de la Williams FW16 de Ayrton Senna, procedente del monoplaza con el que el brasileño sufrió el accidente mortal de Imola en 1994, ha salido a la luz después de permanecer prácticamente oculto durante 24 años. Se trata de una pieza de fibra de carbono del pontón lateral derecho, todavía marcada por el impacto contra el muro de la curva Tamburello y con parte de las letras del patrocinador Rothmans visibles sobre la superficie.
La pieza quedó en manos de Stefano Stefanini, antiguo subcomisario de la Policía de Tráfico italiana que participó en las diligencias de la investigación judicial. La recibió en 2002, cuando los restos del coche fueron liberados después de casi ocho años bajo custodia y devueltos a Williams. Stefanini la guardó desde entonces sin exhibirla públicamente y, más de dos décadas después, decidió entregársela al periodista especializado Franco Nugnes. El fragmento acaba de ser mostrado por primera vez ante aficionados en Imola.
El fragmento salió de los restos del FW16 en 2002
La historia del objeto no comienza inmediatamente después del accidente del 1 de mayo de 1994, sino ocho años más tarde. Esa precisión importa. Durante ese tiempo, el Williams número 2 permaneció ligado a la investigación abierta en Italia para esclarecer el siniestro que acabó con la vida del tricampeón brasileño.
Los restos del monoplaza fueron liberados el 14 de marzo de 2002. Cuando llegó el momento de devolver el FW16, un representante de Williams abrió una de las bolsas donde se habían depositado piezas desprendidas del coche y permitió a Stefanini quedarse con una como recuerdo por su trabajo durante la investigación. El policía introdujo la mano y extrajo, casi al azar, aquel pedazo de carbono. No era una reproducción ni una pieza retirada de otro coche de exposición: procedía de los restos del FW16 accidentado en Tamburello.
Stefanini se llevó el fragmento y lo conservó. Sin vitrina, sin subasta, sin esa inevitable ceremonia comercial que suele acompañar a cualquier objeto relacionado con un mito del deporte. Quedó dentro de una caja, lejos del público. De ahí salen los 24 años que acompañan ahora a la noticia: desde 2002 hasta 2026.
Por qué estuvo guardado durante 24 años
Durante todo ese tiempo, Stefanini prácticamente no enseñó la pieza. Había trabajado sobre el terreno en una investigación enormemente sensible y aquel pequeño resto del coche tenía, para él, un significado que difícilmente cabe en el catálogo de un coleccionista.
La situación cambió por su relación con Franco Nugnes, periodista especializado que siguió durante años el caso Senna y terminó desarrollando una amistad con el antiguo policía. Meses antes de hacerse pública la historia, Stefanini apareció en uno de sus encuentros habituales llevando una caja cuidadosamente envuelta. Dentro había más embalajes, poliestireno, papel de periódico… y, finalmente, el pedazo azul y blanco de la Williams.
El propio Stefanini explicó que había conservado el fragmento durante 24 años y que había decidido desprenderse de él como gesto de gratitud hacia Nugnes por el trabajo realizado alrededor de la investigación. Más que una transmisión de propiedad, fue una entrega cargada de memoria personal. Nada especialmente sofisticado: una caja de cartón y un trozo de carbono. Pero hay objetos que pesan bastante más de lo que marca una báscula.
Las letras de Rothmans y las cicatrices de Tamburello
El fragmento permite identificar todavía parte de la decoración de la Williams-Renault FW16. Sobre la superficie permanecen visibles las letras “h” y “m”, correspondientes al nombre Rothmans que recorría el lateral del monoplaza durante aquella temporada.
Más reveladoras son las marcas físicas. El carbono está deteriorado y presenta arañazos y deformaciones atribuibles al roce del lateral del coche contra el muro de Tamburello durante el accidente. No es una pieza limpia separada antes de la carrera ni una carrocería de repuesto: conserva huellas del impacto de Imola.
Senna había partido desde la pole aquel 1 de mayo de 1994 con un tiempo de 1:21.548. En carrera, su Williams abandonó violentamente la trayectoria en Tamburello y golpeó el muro. El brasileño murió como consecuencia de las lesiones sufridas. Un día antes, el austríaco Roland Ratzenberger había fallecido durante la clasificación, dentro de uno de los fines de semana más trágicos que recuerda la Fórmula 1 moderna.
La pieza reaparece precisamente en Imola
El lugar elegido para enseñar el fragmento no podía ser más simbólico. Nugnes lo llevó a la décima edición del Historic Minardi Day, celebrada los días 19 y 20 de septiembre de 2026 en el Autódromo Enzo e Dino Ferrari de Imola. La organización reunió durante el fin de semana a más de 20.000 aficionados y decenas de monoplazas históricos de Fórmula 1.
El domingo, durante un encuentro organizado en el espacio dedicado a Senna junto a miembros de la Tifoseria Ayrton Senna Italia, la caja volvió a abrirse. Lo que inicialmente debía ser una reunión de alrededor de una hora terminó prolongándose durante más de dos. Fue entonces cuando el público pudo contemplar el fragmento, hasta ese momento mantenido fuera de la vista durante casi toda su existencia.
Hay algo casi circular en la escena. La pieza salió de Imola, quedó durante años vinculada a quienes habían investigado el accidente y regresó 32 años después de la muerte de Senna al mismo circuito, esta vez no como prueba ni como resto judicial, sino como vestigio histórico.
No es el único fragmento conocido que sobrevivió
El descubrimiento tiene además un matiz importante: no se trata del único resto conocido del Williams número 2. Existe al menos otro fragmento, una pieza de la placa lateral del alerón trasero que fue encontrada en las inmediaciones de Tamburello pocos días después del accidente por Bruno Gotti, antiguo comisario de pista de Imola.
Gotti la conservó durante 32 años y su existencia se hizo pública el 1 de mayo de 2026, cuando decidió donarla a la Fundación Don Sergio Mantovani, vinculada al proyecto de un museo en Módena. La aparición casi simultánea de ambos objetos desmonta, de paso, cualquier idea demasiado novelesca sobre una única “última pieza” de la Williams de Senna: al menos dos fragmentos han sobrevivido y tienen historias documentadas distintas.
Qué ocurrió con el Williams FW16 después de la investigación
El destino del resto del coche ha estado rodeado durante años de versiones aparentemente contradictorias. Cuando las autoridades italianas lo devolvieron en 2002, Williams declaró inicialmente que el monoplaza todavía no había sido destruido y que su futuro sería un asunto privado del equipo. Apenas unos días después, sin embargo, Frank Williams afirmó que el coche había sido finalmente destruido.
Ese contexto explica por qué los fragmentos conocidos tienen hoy un valor histórico tan singular. No estamos ante uno de los numerosos Williams clásicos restaurados que aparecen en festivales de automovilismo, sino ante material perteneciente al FW16 número 2 involucrado directamente en el accidente.
Conviene, eso sí, separar el objeto de cualquier nueva teoría sobre el siniestro. La aparición del fragmento no aporta por sí misma una revelación técnica inédita sobre lo que ocurrió antes de que el monoplaza abandonara la pista. Las marcas visibles corresponden al choque y al roce contra el muro; su importancia actual es sobre todo histórica, documental y humana. Convertir cada pedazo de carbono en la promesa de un misterio resuelto sería conceder al sensacionalismo una vuelta rápida que los hechos no han dado.
Un pequeño resto de una tragedia que cambió la Fórmula 1
La muerte de Ayrton Senna convirtió aquel Gran Premio de San Marino de 1994 en una frontera dentro de la historia del automovilismo. El fin de semana de Imola, con las muertes de Senna y Ratzenberger y el grave accidente sufrido previamente por Rubens Barrichello, aceleró una revisión de la seguridad que ya estaba en marcha y condicionó profundamente la evolución posterior de la Fórmula 1.
Treinta y dos años después, la memoria de aquello reaparece en algo mucho menos monumental que una estatua o un museo: un pedazo irregular de fibra de carbono, azul y blanco, arañado, con dos letras incompletas de un patrocinador. Estuvo escondido durante 24 años porque su propietario no quiso convertirlo en trofeo. Y quizá ahí reside precisamente la fuerza de la historia.
La Williams completa ya no está disponible para contar aquel 1 de mayo. Este fragmento sí. No explica por sí solo por qué ocurrió el accidente ni cambia lo que sabemos sobre la muerte de Senna, pero conserva algo que ninguna reconstrucción puede fabricar: las marcas reales del FW16 contra Tamburello. Un resto mínimo de carbono que sobrevivió al coche, a una larguísima investigación y al paso de tres décadas.

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