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Economía

El 85% de las empresas de la zona cero sigue activo tras la dana

La actividad resiste en la mayoría de los polígonos, pero la recuperación aún no ha llegado por igual.

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empresas abiertas zona cero Dana

Diseñado por Freepik

Un año después de las inundaciones del 29 de octubre de 2024, el 85% de las empresas de los polígonos industriales de los 14 municipios valencianos más afectados continúa activo. El balance elaborado por la Cámara de Comercio de Valencia registra también que el 5,8% cerró como consecuencia de la dana y que otro 9,2% dejó de funcionar por otros motivos. La mayoría ha mantenido o recuperado la actividad, pero el dato no significa que todos los negocios hayan vuelto a su situación anterior.

La recuperación se aprecia asimismo en el consumo eléctrico, las contrataciones, las afiliaciones a la Seguridad Social y las matriculaciones de vehículos industriales, indicadores que apuntan a una reactivación empresarial. Aun así, cuatro de cada diez empresas seguían pendientes de recibir alguna de las ayudas que habían solicitado, según el informe. El contraste entre actividad y pagos pendientes resume una reconstrucción desigual: los negocios pueden volver a abrir mientras todavía afrontan daños, gastos y trámites sin resolver.

Qué significa que el 85% siga activo

El porcentaje describe la continuidad de las empresas incluidas en el análisis de los polígonos industriales de 14 municipios, no el estado de cada local, nave o trabajador. Tampoco indica que todas hayan recuperado la producción, las ventas o la plantilla previas a la riada. Estar activo es una medida de supervivencia empresarial; no equivale necesariamente a haber reparado todos los daños ni a operar con normalidad.

La distinción importa porque una empresa puede reanudar parte de su actividad con instalaciones provisionales, maquinaria repuesta o una organización distinta. Otra puede seguir abierta, pero trabajar por debajo de su capacidad mientras completa reparaciones o espera recursos. El informe ofrece una fotografía de continuidad en el tejido empresarial afectado, pero el dato agregado no permite saber qué recorrido ha seguido cada compañía ni cuánto le falta para recuperar su ritmo.

Las dos cifras de cierre completan esa fotografía. El 5,8% atribuye su cese a los efectos de la dana, mientras que el 9,2% corresponde a empresas que cerraron por otras causas. Juntas representan un 15% de negocios que ya no estaban activos en el ámbito analizado. No sería correcto atribuir todos esos cierres a la riada: el propio balance separa expresamente el impacto del desastre de otros motivos de desaparición.

Una recuperación que se ve en varios indicadores

El consumo de electricidad ayuda a seguir la vuelta de la actividad porque las instalaciones productivas necesitan energía para funcionar. En los municipios analizados, su evolución figura entre las señales que respaldan la reactivación. Sin embargo, el consumo por sí solo no permite calcular cuánto produce cada empresa ni demostrar que todas hayan vuelto a sus niveles anteriores: puede reflejar una mejora general sin borrar las diferencias entre sectores y establecimientos.

El informe también señala que las contrataciones ya habían superado las de 2024 y que las afiliaciones a la Seguridad Social estaban por encima de las registradas un año antes. Son señales complementarias: contratar mide nuevas relaciones laborales en un periodo, mientras que las afiliaciones muestran personas dadas de alta. Que ambas series mejoren refuerza la imagen de recuperación del empleo, aunque no informa por sí mismo sobre la estabilidad de cada puesto ni sobre la situación de todos los trabajadores afectados.

Las matriculaciones de vehículos industriales aportan otra pista, vinculada a la movilidad de mercancías y a la actividad de las empresas. Su evolución también apuntaba a una reactivación. Ninguno de estos indicadores debe leerse de forma aislada: juntos describen un movimiento de vuelta a la actividad, pero no tienen la misma escala ni miden exactamente lo mismo. La electricidad habla de consumo, las afiliaciones de empleo y los vehículos de inversión o renovación del parque industrial.

El empleo mejora, aunque las cifras no cuentan toda la historia

Un dato anterior permite observar el cambio durante los primeros meses posteriores al temporal. En febrero de 2025, los municipios más afectados registraron 9.004 contratos, frente a los 7.866 del mismo mes de 2024. La diferencia fue de 1.138 contrataciones, un aumento interanual del 14,5%. Ese repunte refleja un mercado laboral más activo en ese mes, pero no significa que 1.138 personas distintas encontraran empleo: los contratos cuentan relaciones laborales y una misma persona puede firmar más de uno.

La subida se concentró especialmente en servicios e industria, y municipios como Aldaia, Torrent y Ribarroja reunieron cerca del 45% de los nuevos contratos contabilizados en febrero. Aldaia pasó de 1.133 contratos en febrero de 2024 a 1.939 en febrero de 2025, un crecimiento del 71%. En Torrent, la cifra aumentó de 922 a 1.067, mientras que en Ribarroja pasó de 1.093 a 1.239. El repunte no fue uniforme entre localidades, y esa diferencia territorial es esencial para interpretar el promedio.

Los datos de ese mes también mostraron un avance entre los menores de 25 años: firmaron 2.082 contratos, frente a 1.794 un año antes, un 16% más. Entre los hombres de 25 a 44 años, la cifra pasó de 2.157 a 2.504, también un aumento del 16%. Son resultados que ayudan a describir el movimiento del empleo, pero no permiten concluir que todos los grupos o sectores se beneficiaran por igual. Una cifra de contratación no equivale a una recuperación completa del trabajo perdido.

La agricultura, de hecho, registró en febrero una caída del 26% respecto al año anterior, según el análisis de ese periodo. El contraste con el avance de los servicios y la industria muestra que la vuelta del empleo depende del sector y del municipio. Además, el dato de febrero corresponde a una comparación mensual concreta; no debe confundirse con el balance empresarial elaborado cerca del primer aniversario de la dana, que incorpora otros indicadores y un ámbito definido por los polígonos de 14 localidades.

Ayudas y recursos privados sostuvieron la primera respuesta

En las semanas posteriores a las inundaciones, los fondos propios de las empresas y las donaciones privadas tuvieron un papel clave para afrontar la emergencia y sostener la continuidad. El informe también describe una movilización de ayudas públicas de una rapidez sin precedentes en España y Europa. Las dos afirmaciones pueden convivir: que se habiliten recursos con celeridad no implica que cada empresa los haya recibido de inmediato ni que el importe cubra todos los daños.

La diferencia entre ayudas dispuestas y ayudas efectivamente cobradas es central para entender por qué una parte de los negocios seguía pendiente de alguna solicitud. Cuatro de cada diez empresas aún esperaban recibir una ayuda solicitada cuando se elaboró el balance. El dato no aclara qué programas estaban pendientes, qué cantidades correspondían a cada firma ni si todas las solicitudes acabarían aprobándose; por eso no permite atribuir una causa única a cada demora.

Para una empresa afectada, el tiempo tiene un coste práctico: reparar instalaciones, reponer equipos y mantener la actividad exige recursos antes de que el negocio pueda producir o vender con normalidad. El apoyo de fondos propios o de donaciones puede cubrir parte de esa primera etapa, pero no demuestra por sí mismo que la recuperación sea sostenible. La continuidad puede depender de cómo se encadenan los recursos disponibles: primero para resistir el golpe y después para recomponer la capacidad de trabajo.

Por qué algunos negocios no consiguen volver

El 5,8% de cierres vinculados a la dana muestra que la vuelta no fue posible para todos. Las empresas pequeñas pueden tener menos margen para absorber daños en maquinaria, existencias o locales, y la interrupción puede afectar también a sus clientes y proveedores. Es una explicación de las dificultades que afrontan algunos negocios, no una conclusión estadística del informe sobre las causas individuales de cada cierre.

La situación de sectores tradicionales aporta contexto sobre esa fragilidad. En la industria del mueble, representantes empresariales describieron cierres de compañías pequeñas que carecían de relevo generacional o de capacidad para asumir el coste de reparar o sustituir equipos. También señalaron que la maquinaria fabricada a medida puede tardar meses en estar disponible. Cuando el negocio necesita una inversión elevada antes de volver a producir, el retraso puede inclinar la decisión hacia el cierre, sobre todo si la empresa ya tenía dificultades previas.

Ese testimonio sectorial no debe confundirse con el porcentaje general de empresas cerradas por la dana: se refiere a un ámbito concreto y a experiencias particulares. También recuerda que los cierres no siempre responden a un único factor. El daño físico puede coincidir con falta de relevo, pérdida de clientes o una capacidad financiera limitada. En otros negocios, la actividad comercial o la disponibilidad de recursos pudo facilitar una reapertura más rápida. La misma inundación no produce el mismo resultado en todas las empresas.

La distancia entre abrir y recuperar la normalidad

El balance del primer año ofrece dos señales a la vez. Por un lado, la mayoría de las empresas analizadas seguía activa y varios indicadores económicos apuntaban hacia arriba. Por otro, una parte había cerrado por los efectos de la riada y cuatro de cada diez firmas aún esperaban alguna ayuda solicitada. La recuperación no es una línea recta ni una cifra única: puede avanzar en empleo y actividad mientras los daños financieros o materiales siguen presentes.

También conviene distinguir entre la zona industrial observada y el conjunto de la economía local. El 85% corresponde a empresas situadas en polígonos de 14 municipios valencianos considerados entre los más afectados; no es una tasa aplicable automáticamente a cada comercio, autónomo o empresa de toda la provincia. Del mismo modo, los datos de contratación de febrero describen un periodo y una comparación determinados, no el estado actual de cada puesto de trabajo.

La señal más sólida del informe no es que el desastre haya quedado atrás, sino que el tejido empresarial mostró capacidad para reanudar actividad pese a la magnitud del golpe. Que ocho de cada diez empresas sigan activas habla de resistencia, no de daños ya reparados. La distancia entre ambas cosas es la que permite entender por qué los indicadores pueden mejorar mientras persisten cierres, solicitudes pendientes y negocios que todavía trabajan lejos de su situación previa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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