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¿Por qué Elon Musk quería una “legión de hijos” antes de la guerra?

El documental Musk retrata la vida privada de Elon Musk, sus 14 hijos conocidos, su obsesión con la natalidad y el poder político que ha acumulado.

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Publicado

el

musk en 2026

Créditos: Gage Skidmore, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • El documental atribuye a Musk un mensaje sobre una “legión de hijos”
  • Ashley St. Clair dice que rechazó un acuerdo de hasta 40 millones
  • Alex Gibney retrata el poder político, tecnológico y familiar de Musk

Elon Musk quería tener una “legión de hijos” antes de una guerra civil. No es una interpretación sobre su conocida obsesión con la natalidad ni una frase reconstruida a partir de discursos públicos: es el contenido de un mensaje que Ashley St. Clair, antigua pareja del magnate y madre de uno de sus hijos, asegura haber recibido de él y que aparece en Musk, el nuevo documental de Alex Gibney presentado en el Festival de Cine de Venecia.

La revelación coloca bajo una luz bastante más inquietante algo que Musk lleva años defendiendo abiertamente: su temor a un colapso demográfico y su insistencia en que las sociedades necesitan más nacimientos. Según el relato de St. Clair, aquella preocupación habría ido más lejos. Musk vinculaba directamente su deseo de tener numerosos descendientes con la posibilidad de un futuro conflicto civil. El empresario tiene 14 hijos conocidos públicamente, aunque el documental plantea que podrían existir más.

Ashley St. Clair revela el mensaje de Elon Musk

Ashley St. Clair no fue esposa de Elon Musk, sino una de sus antiguas parejas. La precisión importa porque algunas informaciones alrededor del estreno han mezclado su figura con la de Justine Musk, primera esposa del empresario y también participante en la película.

St. Clair, antigua influencer conservadora vinculada durante años al movimiento MAGA, cuenta en el documental que su relación con Musk comenzó después de que él le sugiriese que debía tener más hijos. Según su testimonio, el empresario terminó enviándole un mensaje en el que defendía la necesidad de tener una “legión de hijos antes de la guerra civil”.

La frase no aparece aislada dentro de la película. Gibney la coloca dentro de una visión mucho más amplia de Musk sobre el futuro: descenso de la natalidad, decadencia occidental, conflictos políticos y riesgo de descomposición social. Una especie de imaginario apocalíptico en el que tener descendencia deja de ser únicamente una cuestión privada y adquiere, al menos en el discurso atribuido al magnate, una dimensión casi civilizatoria.

St. Clair y Musk tuvieron un hijo en 2024. Su relación terminó posteriormente y la antigua comentarista conservadora se ha convertido desde entonces en una de las voces que han expuesto con mayor detalle aspectos de la vida privada del propietario de X.

El acuerdo de 40 millones que St. Clair asegura haber rechazado

La otra revelación fuerte del documental tiene muchos ceros. St. Clair sostiene que se le propuso un acuerdo de confidencialidad cuyo valor total podía alcanzar aproximadamente los 40 millones de dólares.

Según su versión, la propuesta incluía un pago inicial de 15 millones y entregas posteriores de 100.000 dólares mensuales durante 21 años a cambio de mantener determinadas cuestiones en privado. Ella rechazó firmarlo. Conviene mantener el dato exactamente en ese terreno: se trata de una afirmación de St. Clair, no de un acuerdo aceptado ni de una versión reconocida públicamente por Musk.

Precisamente esa negativa habría permitido que participase libremente en Musk. En Venecia explicó que prefirió hablar y asumir las consecuencias antes que aceptar el silencio a cambio de seguridad económica.

Aquí la película abandona por momentos el paisaje habitual de cohetes, coches eléctricos y cotizaciones bursátiles. Entra en habitaciones privadas, conversaciones de pareja, abogados y cláusulas. Y la imagen del gran empresario tecnológico cambia de escala: detrás de los lanzamientos de SpaceX y los discursos sobre Marte aparecen relaciones personales atravesadas por dinero y confidencialidad.

Una obsesión con la natalidad que Musk nunca ha ocultado

El interés de Elon Musk por tener muchos hijos no constituye precisamente un secreto desenterrado en Venecia. Durante años ha advertido públicamente de que el desplome de la natalidad supone, en su opinión, uno de los grandes peligros para la humanidad.

Ha resumido incluso su posición con una idea recurrente: tener hijos equivale a votar por el futuro. La demografía ocupa desde hace tiempo un espacio peculiar dentro de su discurso, a medio camino entre la economía, la cultura y una visión bastante sombría de las sociedades occidentales.

Lo novedoso del testimonio de St. Clair es otra cosa. Añade a esa preocupación demográfica un escenario de guerra civil. Es decir, transforma una tesis que podía discutirse en términos de pensiones, envejecimiento o crecimiento económico en una interpretación mucho más oscura del porvenir.

El documental apunta también a la infancia de Musk en Sudáfrica como uno de los posibles orígenes de esa percepción permanentemente amenazada del mundo. Gibney considera que el empresario tuvo una niñez difícil y violenta y sugiere —como interpretación del director, no como diagnóstico— que algunos de aquellos miedos pueden haber sobrevivido bajo la armadura del multimillonario tecnológico.

Un documental de casi cuatro horas sobre el poder de Musk

Musk dura 225 minutos, con un descanso previsto de diez minutos, y se presentó fuera de competición en la Mostra de Venecia. Alex Gibney llevaba años trabajando en el proyecto y terminó construyendo algo bastante más grande que una biografía convencional.

El director estadounidense, ganador del Óscar y responsable de investigaciones documentales sobre Enron, la Cienciología o Vladimir Putin, comenzó a seguir la trayectoria de Musk cuando su dimensión política todavía era menor. El proyecto creció conforme el dueño de Tesla y SpaceX entraba cada vez más en la política estadounidense y convertía X, la antigua Twitter, en una pieza central de su influencia pública.

La película reconstruye su camino desde las primeras empresas de internet hasta Tesla, SpaceX, X y la inteligencia artificial, pero también presta especial atención a la cantidad de poder concentrada alrededor de una sola persona.

No es un detalle menor. Musk no controla únicamente compañías privadas. Sus negocios intervienen en ámbitos especialmente sensibles: comunicaciones mediante satélites, lanzamientos espaciales, transporte, inteligencia artificial y una de las principales plataformas mundiales de conversación política. Ahí está, en realidad, uno de los asuntos que más interesan a Gibney: qué ocurre cuando tecnología, riqueza e influencia política se concentran en unas mismas manos.

Musk no quiso participar y aparece convertido en un avatar

Elon Musk rechazó participar directamente en la película. El documental resuelve esa ausencia de una forma bastante peculiar: crea un avatar digital de Musk mediante inteligencia artificial que reproduce declaraciones reales realizadas por el empresario en entrevistas y apariciones públicas.

La decisión tiene algo de ironía cinematográfica. Uno de los grandes promotores contemporáneos de la inteligencia artificial acaba siendo interrogado, en cierto modo, por una versión artificial de sí mismo.

Gibney utiliza el recurso para enfrentar el relato que Musk ha construido sobre su propia figura con los hechos y testimonios reunidos durante la producción. Entre quienes aparecen se encuentran Justine Musk, Ashley St. Clair, Kara Swisher, Martin Eberhard, Zoë Schiffer y Geoffrey Hinton.

Musk no ha escondido su rechazo al proyecto. Cuando el documental todavía estaba en producción ya lo calificó de hit piece, una expresión utilizada para describir un trabajo concebido para atacar o destruir la reputación de alguien. El choque entre protagonista y director, por tanto, estaba servido bastante antes de que se apagaran las luces de la sala en Venecia.

De la vida privada al poder político de Elon Musk

St. Clair aprovechó su aparición en Venecia para formular una acusación que va bastante más allá de su relación sentimental. Considera que Musk utiliza X para alimentar deliberadamente la división política y que las consecuencias pueden terminar trasladándose de la pantalla a la calle.

La antigua activista conservadora, que ha renegado de parte de su pasado político, sostiene que el contenido y las dinámicas impulsadas desde la plataforma pueden amplificar tensiones que después adquieren efectos reales. Es su valoración. La película adopta igualmente una posición muy crítica sobre la influencia política de Musk.

Gibney describe al empresario como una figura “extremadamente peligrosa” por la combinación de riqueza, control tecnológico y capacidad política que ha acumulado. La tesis del documental no consiste tanto en negar los éxitos empresariales del magnate —SpaceX y Tesla han transformado sectores enteros— como en plantear qué sucede cuando semejante poder depende de decisiones individuales y encuentra pocos contrapesos.

Es la parte menos pintoresca de toda esta historia y probablemente la más importante. Porque una frase sobre una “legión de hijos” resulta irresistible como titular, pero alrededor de ella aparece algo bastante mayor: la particular manera en que uno de los hombres más poderosos del mundo parece imaginar el futuro, entre crisis demográfica, inteligencia artificial, polarización y escenarios de colapso.

La “legión de hijos” deja ver algo más que una excentricidad

El estreno de Musk en Venecia convierte la extensa familia de Elon Musk en algo distinto de una curiosidad de multimillonario. Según el testimonio recogido por Gibney, su decisión de tener numerosos hijos estaría conectada con una concepción concreta —y sombría— de hacia dónde se dirige la sociedad.

No se conoce qué grado de literalidad concedía Musk a aquella supuesta guerra civil cuando escribió el mensaje. Tampoco ha ofrecido públicamente su versión sobre esta revelación concreta. Esa frontera importa: la existencia y el contexto del mensaje proceden del testimonio de Ashley St. Clair y de su aparición en el documental.

Lo comprobable es el cuadro que lo rodea. Musk lleva años hablando del hundimiento de la natalidad, ha formado una familia extraordinariamente numerosa y ha convertido cuestiones demográficas y culturales en una parte habitual de su discurso público.

Gibney junta esas piezas y dibuja un retrato incómodo. El empresario que promete llevar seres humanos a Marte aparece también preocupado por una hipotética fractura de la civilización en la Tierra. Mucho futuro, sí. Pero un futuro que, visto desde esta película, parece tener permanentemente una sirena de alarma sonando al fondo.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.