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Elecciones Real Madrid 2026: ¿quién vota, cuándo y qué se decide?
El Real Madrid vota entre Florentino y Riquelme con socios, urnas, promesas de fichajes y un debate de fondo sobre el modelo del club blanco

El Real Madrid celebra este 7 de junio de 2026 elecciones a presidente y Junta Directiva con dos candidaturas proclamadas: la de Florentino Pérez Rodríguez, socio número 1.484, y la de Enrique José Riquelme Vives, socio número 41.736. La votación está abierta de 9:00 a 20:00 horas, de forma ininterrumpida, en el Pabellón de Baloncesto de la Ciudad Real Madrid, en Valdebebas. No vota “el madridismo” en abstracto, esa nube sentimental que cabe en cualquier tertulia, sino los socios incluidos en el censo electoral y con derecho a participar. La papeleta decide quién preside el club y, más al fondo, qué tipo de Real Madrid quieren sus propietarios reales: los socios.
La jornada tiene una rareza evidente: son las primeras elecciones competidas del club en 20 años. Desde 2006 no había una carrera presidencial con más de una candidatura en la entidad blanca, y eso convierte el día en algo más que una liturgia de urnas, DNI y mesas. Florentino llega como presidente en ejercicio y favorito natural por peso institucional, por obra construida y por control del relato madridista durante dos décadas. Riquelme llega como aspirante disruptivo, joven, empresario energético y decidido a convertir la votación en un plebiscito sobre el futuro societario del club. Pocas cosas hay más Real Madrid que discutir el poder mientras se promete un delantero imposible y un estadio más rentable que una refinería pequeña.
Cuándo se vota, dónde están las urnas y quién puede votar
Las urnas están instaladas en el Pabellón de Baloncesto de la Ciudad Real Madrid, en la avenida Alejandro de la Sota, sin número, en Madrid. El horario oficial va de las 9:00 a las 20:00 horas, sin interrupción. El club ha pedido a los socios que planifiquen el desplazamiento porque la jornada coincide con afecciones importantes de movilidad en Madrid, incluidos cortes y alteraciones del transporte público por la visita del papa León XIV. Traducido al idioma de la calle: no conviene salir justo de tiempo, porque Valdebebas puede ser una ratonera con corbata blanca.
El derecho al voto corresponde a los socios mayores de edad, con al menos un año de antigüedad y que figuren en el censo electoral. No basta con ser aficionado, abonado televisivo, madridista premium, peñista o heredero emocional de Di Stéfano. La condición relevante es estatutaria: socio con derecho a voto. Según la información publicada durante la jornada, alrededor de 70.000 socios están llamados a participar, y el último número de carné con derecho a voto sería el 99.989. Esa cifra importa porque mide el tamaño real del cuerpo electoral: una ciudad mediana decidiendo el futuro de uno de los clubes más influyentes del planeta.
Para facilitar el acceso, el Real Madrid ha habilitado autobuses lanzadera gratuitos desde tres puntos: avenida del Partenón, 14, junto a Campo de las Naciones; calle Mateo Inurria, 11, cerca de Plaza de Castilla; y avenida de América, 14. El servicio funciona de 8:30 a 19:30 horas. También se puede llegar en Cercanías hasta Valdebebas, con parada de la línea C-1, y mediante varias líneas de autobús próximas a la Ciudad Real Madrid. Quien acuda en vehículo privado dispone de zonas de aparcamiento con acceso por Camino de Sintra y traslado interno hasta el pabellón. Democracia deportiva, sí; pero con logística de aeropuerto y paciencia de domingo.
Una votación con más carga que una simple papeleta
Florentino Pérez se presenta para prolongar un ciclo que ya forma parte de la arquitectura contemporánea del club. Su candidatura juega con una idea sencilla: el Real Madrid que domina ingresos, marca global, estadio y Champions no debe experimentar demasiado con el volante. La palabra que flota es continuidad, aunque no una continuidad tranquila, de siesta y brasero, sino una continuidad con golpes de efecto deportivos: José Mourinho como reclamo para el banquillo, fichajes ya colocados en el escaparate mediático y una gran operación de mercado como símbolo de músculo.
Riquelme, en cambio, propone una ruptura de tono. Su campaña se ha construido sobre la denuncia de un riesgo: la posible entrada de capital externo y el miedo a que el club abra una puerta que luego no pueda cerrar. El aspirante ha insistido en que la votación funciona como un referéndum sobre la venta o no venta del Real Madrid, una fórmula eficaz porque convierte una elección de nombres en una elección de identidad. La camiseta, en esa lectura, no sería solo una camiseta: sería una escritura de propiedad emocional, económica y política.
La Junta Electoral proclamó oficialmente ambas candidaturas el 26 de mayo. La lista de Florentino incluye, entre otros, a Eduardo Fernández de Blas, Pedro López Jiménez, Enrique Sánchez González y José Ángel Sánchez Periáñez. La de Riquelme incorpora nombres como Antonio Medina Cuadros, Rosauro Varo Rodríguez, Raúl Rodríguez González y Francisco Gaspar Riquelme Rubira. Es decir, no se elige solo a un presidente, aunque el foco se coma todo lo demás como un delantero centro hambriento. Se vota una Junta Directiva completa, con su forma de gobernar, negociar, comunicar y resistir crisis.
Las promesas: Mourinho, Haaland, Rodri, Klopp y el teatro del mercado
La campaña se ha jugado, como casi todo en el Real Madrid, entre la institución y el fichaje. Florentino ha vinculado su proyecto a la vuelta de José Mourinho, a nombres como Konaté y Dumfries y a una posible oferta de 150 millones de euros por un jugador de primer nivel. La lógica es conocida: experiencia, autoridad, mercado y un mensaje de fuerza hacia dentro y hacia fuera. Mourinho, además, no es un entrenador cualquiera en el imaginario blanco; es un viejo huracán. Puede gustar más o menos, pero no pasa de puntillas ni por una rueda de prensa de pretemporada.
Riquelme ha respondido con artillería todavía más llamativa: Haaland, Rodri y Jürgen Klopp como ejes de un proyecto deportivo de ruptura. También ha situado a figuras como Raúl y Fernando Hierro en el relato de una dirección más profesionalizada y menos presidencialista. El problema, claro, es que una promesa electoral en fútbol no equivale a un traspaso firmado. Hay clubes propietarios, contratos, agentes, cláusulas, voluntades privadas y egos tamaño Bernabéu. En el caso de Klopp, su agente rechazó públicamente la posibilidad de que el técnico alemán volviera a entrenar a un club, recordando que está satisfecho en su cargo dentro de Red Bull.
La diferencia entre ambos programas no está solo en los nombres. Florentino apela a la gestión probada y al gran golpe controlado; Riquelme vende una refundación sentimental y ejecutiva. Uno dice, en esencia: esto funciona, no lo rompan. El otro replica: precisamente porque funciona, no lo entreguen. Ahí está la fibra. Porque el Real Madrid no es una sociedad anónima deportiva cualquiera ni una franquicia americana con mascota de peluche. Es un club de socios con un capital simbólico enorme, y cada discusión sobre dinero acaba oliendo a algo más profundo: pertenencia, orgullo, miedo a perder el mando.
El modelo de club: el asunto que realmente mueve la elección
La frase más importante de estas elecciones no está en un nombre de delantero, sino en una cifra: 5 %. Florentino ha defendido la posibilidad de estudiar la entrada de un inversor minoritario con una participación limitada, presentada como una vía para valorar el club y reforzar su posición sin perder el control de los socios. Según esa idea, cualquier paso relevante tendría que pasar por una Asamblea Extraordinaria y un referéndum entre los socios. Es el tipo de fórmula que suena técnica, incluso aséptica, hasta que se pronuncia en voz alta en un club donde la propiedad sentimental pesa casi tanto como la contabilidad.
Riquelme ha convertido ese punto en el corazón de su candidatura. Su mensaje es directo: vender una parte, aunque sea pequeña, supone abrir una puerta peligrosa. Y cuando una puerta se abre en el fútbol moderno, lo normal es que detrás aparezcan fondos, derechos, paquetes, asesores y un vocabulario financiero tan limpio que uno no ve la pérdida hasta que ya tiene el recibo en la mano. Su propuesta consiste en blindar el Real Madrid como club 100 % de los socios, sin participaciones externas. La campaña del aspirante ha buscado movilizar al socio que no discute solo quién ficha mejor, sino quién conserva mejor la casa.
El debate tiene una trampa interesante. Florentino sostiene que vender una pequeña participación no equivale a vender el club. Riquelme sostiene que iniciar ese camino ya cambia la naturaleza del club. Ambos hablan de proteger al socio, pero desde lugares opuestos. Uno desde la ingeniería financiera y la escala global; otro desde la alarma patrimonial y la promesa de pureza institucional. Entre medias está el socio, que hoy tiene una papeleta pequeña y una responsabilidad grande. Así de incómodo. Así de democrático también, aunque en el fútbol la democracia siempre llegue escoltada por bufandas, sospechas y un mercado de verano al acecho.
Voto por correo, participación y recuento: dónde puede estar la noche
El voto presencial se emite durante la jornada en Valdebebas, pero el voto por correo también forma parte del proceso. La convocatoria electoral ya contemplaba que los socios incluidos en el censo pudieran votar por correo según las normas electorales, y la Junta Electoral comunicó a las candidaturas el procedimiento de retirada, documentación, precintado, traslado y custodia de esos votos depositados en el apartado postal habilitado. El dispositivo incluye notario, recipientes precintados y posibilidad de presencia de interventores de las candidaturas.
Este punto no es menor. En unas elecciones con dos décadas de sequía competitiva, cualquier sombra sobre el voto por correo adquiere volumen de tormenta. La Junta Electoral ha defendido la seguridad del procedimiento y ha replicado dudas planteadas durante la campaña sobre el censo y la transparencia. Riquelme ha insistido en la necesidad de máxima vigilancia; el club ha respondido con normas, actas y custodia. Y así aparece una escena muy española, muy futbolera y muy institucional: todos dicen defender al socio mientras miran de reojo la urna que no tienen delante.
El recuento debe comenzar tras el cierre de las mesas, a partir de las 20:00 horas, incluyendo los sufragios presenciales y los emitidos por correo conforme al procedimiento establecido. Hasta entonces, cualquier ganador proclamado por intuición, tertulia o barómetro de barra es literatura. Florentino parte como favorito por estructura, memoria de gestión y control del espacio institucional; Riquelme aspira a que la participación convierta el malestar latente en voto efectivo. La política del fútbol tiene esas cosas: una cosa es hacer ruido y otra llenar urnas. La primera sale barata. La segunda exige levantarse, desplazarse y firmar una decisión.
Pronósticos y escenarios posibles tras las urnas
El escenario más probable es una victoria de Florentino Pérez, quizá cómoda si el socio interpreta la elección como una ratificación de gestión y no como un juicio sobre el modelo de propiedad. En ese caso, el presidente saldría reforzado para activar su agenda: entrenador, mercado, Bernabéu, explotación comercial y eventual debate sobre el inversor minoritario. Sería una continuidad con mandato renovado, no una simple prórroga administrativa. El mensaje sería claro: el socio escucha el ruido, pero prefiere el mando conocido. Y en el Real Madrid, el mando conocido de Florentino pesa como una estatua de bronce en mitad del salón.
Un triunfo de Riquelme sería un terremoto. No solo por desalojar a Florentino, sino por lo que implicaría: freno político inmediato a cualquier operación de capital externo, revisión de estructuras internas, otro enfoque deportivo y una sacudida generacional. También abriría una fase muy exigente, porque prometer Haaland, Rodri o Klopp en campaña es más fácil que sentarse con Manchester City, Red Bull, agentes y abogados. La épica cabe en un mitin; la gestión cabe en un Excel, y a veces muerde. Riquelme necesitaría convertir su candidatura de impacto en una administración viable desde el primer lunes.
Hay un tercer escenario, más incómodo: una victoria de Florentino con una participación baja o con un resultado menos amplio de lo previsto. No cambiaría el poder, pero sí el clima. Daría argumentos a quienes sostienen que existe una bolsa de socios inquieta con el rumbo institucional. También obligaría al presidente a cuidar más el modo de explicar cualquier modificación del modelo societario. Porque no es lo mismo ganar que cerrar una discusión. El Real Madrid ha vivido muchas noches de marcador claro que dejaron heridas abiertas. También eso forma parte de su historia.
Y queda el escenario de una elección disputada, con el voto por correo bajo lupa y la noche estirándose entre interventores, actas y prudencia. No parece el pronóstico central, pero tampoco puede descartarse antes del recuento. En un club acostumbrado a los finales europeos imposibles, conviene no declarar nada terminado hasta que se cuente la última papeleta. El fútbol ha enseñado una modestia básica: el minuto 90 existe, pero el añadido también.
El socio vuelve al centro, aunque sea por un día
La gran noticia no es solo que el Real Madrid elija entre Florentino Pérez y Enrique Riquelme. La noticia es que el socio vuelve a ejercer un poder que llevaba demasiado tiempo convertido en una abstracción elegante. Durante años, la presidencia blanca pareció una habitación sin pomo por fuera: se entraba si no había rival, se renovaba si no había alternativa y se gobernaba con la legitimidad de los títulos, el dinero y el Bernabéu. Hoy hay urna. Y una urna, incluso cuando confirma al poderoso, siempre introduce una corriente de aire.
El resultado dirá quién manda. La participación dirá algo más fino: cuánto quiere el socio intervenir en el futuro del club. Esa es la lectura que quedará cuando se apaguen las cámaras de Valdebebas y el mercado vuelva a devorarlo todo. Florentino ofrece continuidad, músculo económico y experiencia. Riquelme ofrece ruptura, blindaje societario y una promesa de devolución del club al socio. Entre ambos hay fichajes, entrenadores, cuotas, recelos, notarios y una palabra que en el Real Madrid pesa más que en casi cualquier sitio: propiedad.

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