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Historia

¿Qué ha pasado en el Palacio de los Hurtado de Mendoza de Almazán?

Dos plantas del Palacio de los Hurtado de Mendoza de Almazán se vienen abajo, dañan la galería gótica y obligan a cortar la carretera cercana.

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Palacio Hurtado de Mendoza de Almazán

El Palacio de los Hurtado de Mendoza de Almazán, uno de los edificios históricos más reconocibles de la localidad soriana, ha sufrido un grave derrumbe que ha destruido parte de sus dos plantas centrales y de su valiosa galería. El desplome se produjo alrededor de las 07:50 horas de este martes 1 de septiembre y abrió un enorme boquete en el inmueble, dejando a la vista forjados, muros y espacios interiores que hasta unas horas antes permanecían ocultos tras una fachada con siglos de historia.

No constan daños personales, pero la caída de piedra, madera y otros materiales por la ladera alcanzó la ronda del río Duero y obligó a cortar un tramo de la CL-116A. El peligro no terminó con el primer estruendo: los técnicos evalúan la estabilidad de las partes que continúan en pie ante la posibilidad de nuevos desprendimientos, mientras el derrumbe empieza también a alterar las fiestas de la Bajada de Jesús.

Dos plantas derrumbadas y una parte de la galería perdida

El colapso ha afectado a una de las zonas más delicadas del conjunto. Cedieron forjados y cerramientos de las plantas centrales y la caída arrastró elementos arquitectónicos de notable valor, entre ellos arcos, fustes y piezas del artesonado. Parte de ese material cayó sobre la galería inferior, multiplicando los daños.

La pérdida resulta especialmente dolorosa porque no se ha venido abajo un muro cualquiera. La zona orientada hacia el Duero pertenece a la parte más antigua del palacio y conservaba una de sus señas de identidad: la galería de tradición gótica, ligada a las primeras fases del edificio. Las primeras evaluaciones apuntan a la pérdida de cinco arcos de la planta superior. Otros sectores, incluida la torre y parte de las galerías, permanecen en pie.

Los escombros recorrieron además la pronunciada ladera situada bajo el monumento hasta llegar a la carretera. Piedra sobre el asfalto, vigas quebradas y polvo. Una estampa bastante menos romántica que cualquier folleto de patrimonio.

La Junta de Castilla y León mantiene cortados aproximadamente 500 metros de la CL-116A, desde el puente sobre el Duero hasta las inmediaciones del antiguo matadero. La reapertura dependerá de que desaparezca el riesgo de nuevas caídas y de que puedan retirarse los restos con garantías.

El alcalde asegura que el deterioro llevaba años denunciándose

El alcalde de Almazán, Jesús Cedazo, ha sostenido que el desplome era previsible y que desde el Ayuntamiento se venía alertando desde hacía años sobre el mal estado de conservación del inmueble. Su preocupación inmediata es sencilla de entender: una parte ha caído, pero nadie puede asegurar todavía que el resto haya encontrado un equilibrio estable.

El Ayuntamiento comunicó el suceso a la propiedad del palacio y a la Junta. Técnicos de Patrimonio y Movilidad se desplazaron a la zona para inspeccionar los daños y estudiar las medidas necesarias para asegurar el entorno.

Aquí aparece la parte incómoda de la historia, la que suele llegar después de las fotografías del desastre. El edificio llevaba tiempo mostrando problemas de conservación y había sido objeto de actuaciones parciales, pero la zona afectada continuaba en una situación delicada. Tras un derrumbe de esta magnitud habrá que establecer qué podía haberse evitado, qué actuaciones se realizaron realmente y qué intervención necesita lo que todavía resiste. Eso requerirá informes técnicos, no una competición de reproches a pie de escombro.

Un Bien de Interés Cultural levantado entre los siglos XV y XVI

El Palacio de los Hurtado de Mendoza no era simplemente una construcción antigua situada en un lugar privilegiado. Está declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, desde 1991 y forma parte del núcleo monumental de Almazán.

Su historia arquitectónica se fue escribiendo por capas. La familia Hurtado de Mendoza levantó y transformó el enorme complejo fundamentalmente durante los siglos XV y XVI. La parte septentrional, precisamente una de las áreas que miran hacia el Duero, conservaba la impronta tardogótica y una característica galería abierta sobre el paisaje.

En el siglo XVI llegó otra piel. Francisco Hurtado de Mendoza promovió desde 1565 una ampliación con lenguaje renacentista: una fachada principal más ordenada, portada monumental y un aire italiano poco habitual en una villa castellana. La obra ha sido relacionada con Bartolomé Carlone, arquitecto documentado también como contratista en trabajos de El Escorial.

El resultado era un edificio extraño en el buen sentido. Gótico y Renacimiento compartiendo muros; piedra castellana con una cierta ambición cortesana. Esa mezcla explica por qué el daño sufrido no puede medirse simplemente en metros cuadrados.

Reyes Católicos, príncipe Juan y memoria de una villa poderosa

El palacio está además unido a una etapa especialmente relevante de la historia de Almazán. Los Reyes Católicos pasaron por la villa en distintas ocasiones y en 1496 decidieron establecer allí la corte de su hijo, el príncipe Juan, heredero de las coronas de Castilla y Aragón.

Durante aquellos años Almazán ocupaba una posición económica y política muy distinta de la actual. Era lugar de paso entre grandes rutas castellanas y aragonesas, villa comercial y cabeza de un importante estado señorial de los Mendoza. El palacio no era decoración. Era una representación de poder.

Los siglos fueron reduciendo aquel mundo a piedra, artesonados, escudos y archivos. Precisamente por eso el patrimonio histórico tiene un valor difícil de sustituir: cuando cae una estructura original no existe una tecla de deshacer. Puede restaurarse, reconstruirse o consolidarse; recuperar exactamente lo perdido es otra cosa.

El derrumbe también golpea las fiestas de Almazán

El accidente se ha producido en un momento especialmente sensible para la localidad, a las puertas de las fiestas de la Bajada de Jesús, previstas entre el 2 y el 7 de septiembre. La proximidad del edificio afectado a la Plaza Mayor y el riesgo de desprendimientos obligan a revisar parte de la programación.

La tradicional traca no podrá desarrollarse en la Plaza Mayor en las condiciones habituales mientras persista el peligro. La intensidad acústica y, sobre todo, las vibraciones provocadas por determinados componentes pirotécnicos resultan difíciles de conciliar con un inmueble cuya estabilidad está siendo analizada después de perder parte de su estructura.

También las orquestas y otros actos próximos al palacio quedan condicionados por los informes técnicos y por las decisiones de seguridad. La prioridad, bastante poco discutible, es impedir que una celebración multitudinaria sitúe a vecinos y visitantes junto a una construcción dañada que todavía puede desprender materiales.

La Junta Local de Seguridad ha tenido así que incorporar de golpe un problema que no estaba en el programa de fiestas: controlar accesos, adaptar actividades y mantener despejada el área afectada. La Plaza Mayor cambia de escenario precisamente cuando debía estar preparándose para recibir a miles de personas.

La urgencia está en lo que todavía permanece en pie

Las próximas actuaciones determinarán hasta dónde llega realmente el daño. No basta con retirar cascotes. Antes habrá que conocer el estado de muros, forjados, galerías y apoyos que han quedado expuestos, decidir qué zonas necesitan apuntalamiento y establecer cómo puede trabajarse sin desencadenar nuevos movimientos.

Ese diagnóstico será decisivo también para saber cuánto patrimonio original puede conservarse. Una intervención apresurada en un monumento de estas características puede resultar casi tan problemática como llegar tarde. Consolidar antes de reconstruir será, previsiblemente, la primera batalla.

Mientras tanto, la carretera permanece condicionada por la seguridad del edificio y la zona debe mantenerse alejada de curiosos. La imagen del gran hueco abierto hacia el Duero impresiona, pero el verdadero peligro está en aquello que una fotografía no enseña: cargas desplazadas, apoyos debilitados y piezas que pueden haber perdido su estabilidad después del primer colapso.

Almazán pierde en segundos una parte de cinco siglos de historia

El derrumbe del Palacio de los Hurtado de Mendoza deja una herida visible en el perfil monumental de Almazán y otra menos fotogénica, quizá más profunda: la sensación de que el deterioro era conocido y de que la reacción definitiva llegó después del desplome.

El monumento sigue en pie, al menos en buena parte. También sigue pendiente determinar el alcance exacto de los daños y las responsabilidades de conservación que correspondan. Los informes técnicos marcarán qué puede salvarse y cómo afrontar una recuperación que ya no consiste únicamente en rehabilitar un edificio envejecido, sino en intervenir sobre uno parcialmente colapsado.

Cinco siglos pueden resistir guerras, cambios de dinastía, inviernos sorianos y toneladas de vida alrededor. A veces, sin embargo, basta una mañana de septiembre para que una parte desaparezca ladera abajo. Almazán conserva su palacio, pero desde este 1 de septiembre ya no conserva el mismo palacio.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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