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¿Qué se sabe del cura de Fuentesaúco investigado por abusos a menores?
Dos jóvenes denuncian presuntos abusos del párroco de Fuentesaúco en 2023. Fiscalía, Guardia Civil y la Iglesia investigan el caso en Zamora.

El párroco de Fuentesaúco, en Zamora, permanece apartado de sus funciones mientras se investigan acusaciones de presuntos abusos sexuales a menores que habrían ocurrido en 2023 durante unos campamentos de verano en el Lago de Sanabria. Dos jóvenes, que tenían 17 años cuando supuestamente sucedieron los hechos, han denunciado haber sufrido tocamientos de carácter sexual. El caso está siendo examinado tanto por las autoridades civiles como por la Iglesia católica.
El sacerdote, de 45 años y con más de dos décadas de ministerio, ha sido suspendido temporalmente del ejercicio público de sus funciones y tiene prohibida cualquier actividad que implique contacto con menores. La investigación afecta, por tanto, a dos planos distintos: la Fiscalía y la Guardia Civil trabajan en la vía civil, mientras el Vaticano ha autorizado la apertura de un procedimiento canónico después de recibir el expediente elaborado por la Diócesis de Zamora.
Los hechos denunciados se remontan a un campamento celebrado en 2023 en el Lago de Sanabria, en unas instalaciones de Cáritas próximas a la playa de Los Enanos. Según las declaraciones conocidas hasta el momento, los dos jóvenes aseguran que el sacerdote habría realizado tocamientos genitales que presentaba como una especie de “castigo espiritual”. Es una acusación especialmente grave, aunque sigue siendo eso, una acusación sometida a investigación y no unos hechos probados judicialmente.
Hay, además, otro elemento que ha ensanchado el caso. Al menos una tercera persona habría relatado episodios similares, aunque finalmente no se incorporó a la denuncia formal. La posibilidad de que aparezcan nuevos testimonios tampoco se considera cerrada. Por ahora, sin embargo, cualquier ampliación debe tratarse con prudencia: no existe una sentencia ni una resolución definitiva que establezca la responsabilidad del sacerdote.
Qué ocurrió en los campamentos del Lago de Sanabria
Los episodios investigados se sitúan en los campamentos de verano de 2023, cuando los dos denunciantes tenían 17 años. Según la información conocida, el sacerdote participaba en estas actividades organizadas en Sanabria y mantenía una relación pastoral con los jóvenes que acudían a ellas.
La acusación no describe simplemente gestos ambiguos o una conducta interpretada retrospectivamente como inapropiada. Los testimonios hablan de presuntos tocamientos en zonas genitales, lo que explica la gravedad con la que el asunto está siendo tratado por las autoridades y por la propia diócesis. Los denunciantes sostienen además que aquellas conductas se habrían presentado bajo una justificación de carácter religioso, como supuestos castigos espirituales.
Ese detalle resulta particularmente relevante porque introduce una posible relación de autoridad y confianza. Un sacerdote, y más aún dentro de una actividad dirigida a adolescentes, no ocupa la posición de cualquier adulto. Existe una autoridad moral, institucional y espiritual que puede multiplicar la vulnerabilidad del menor. Precisamente por eso los protocolos de protección han endurecido durante los últimos años las obligaciones de prevención y denuncia dentro de las instituciones religiosas.
El sacerdote ya no participó en los campamentos de verano de 2025. Posteriormente fue apartado de la parroquia y del ejercicio público de su ministerio. No puede celebrar públicamente misa ni desempeñar las funciones ordinarias vinculadas a su condición de párroco mientras continúen las medidas cautelares adoptadas contra él.
Quién es el sacerdote apartado en Fuentesaúco
La Diócesis de Zamora no ha difundido públicamente su nombre en el comunicado oficial sobre el procedimiento. Sí se ha conocido que se trata del hasta ahora párroco de Fuentesaúco, de 45 años, sacerdote desde hace más de veinte y anteriormente destinado en la comarca de Aliste.
Antes de llegar a Fuentesaúco ejerció en Alcañices. Su traslado a la parroquia saucana se produjo en 2023, precisamente el año en el que se sitúan los hechos que ahora se investigan.
No es un detalle menor. En localidades pequeñas, un párroco suele ser bastante más que el hombre que abre la iglesia el domingo. Participa en celebraciones, funerales, fiestas, actividades juveniles y en esa trama cotidiana en la que casi todo el mundo termina conociéndose. De ahí que un caso de esta naturaleza tenga inevitablemente un impacto social particular en el municipio. Pero la notoriedad local tampoco modifica las garantías jurídicas: la presunción de inocencia continúa plenamente vigente.
La investigación comenzó antes de que el caso fuera público
El asunto no nació esta semana, aunque haya sido ahora cuando ha saltado a los medios. Los primeros testimonios llegaron a conocimiento del obispo de Zamora, Fernando Valera, tiempo atrás y dieron lugar a una investigación previa dentro de la diócesis.
Durante esa fase se recopilaron declaraciones y documentación. Según la información conocida, las primeras acusaciones fueron comunicadas al entorno diocesano aproximadamente dos años antes de que el caso trascendiera públicamente. La actuación eclesiástica siguió después su cauce interno y el expediente terminó remitido a Roma.
En el ámbito civil, los hechos llegaron a la Fiscalía de la Audiencia Provincial de Zamora en abril de 2026. La Guardia Civil también participa en las pesquisas. Será esa investigación la que determine si existen indicios suficientes para avanzar hacia una eventual causa penal y, llegado el caso, qué calificación jurídica correspondería a las conductas denunciadas.
Aquí conviene separar los relojes. El reloj de la Iglesia y el de la Justicia ordinaria no marcan necesariamente la misma hora. Un expediente canónico puede establecer responsabilidades religiosas, mientras que una investigación penal determina si existió un delito conforme a la legislación española. Son vías independientes, aunque puedan trabajar sobre testimonios y hechos coincidentes.
El expediente ya está en manos del Vaticano
La investigación previa canónica realizada en Zamora fue remitida al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el organismo de la Santa Sede competente para tratar, entre otros asuntos especialmente graves, las acusaciones de abusos sexuales a menores cometidos por clérigos.
Tras examinar el expediente enviado desde Zamora, el Dicasterio determinó la apertura del correspondiente procedimiento canónico. Ese proceso deberá aclarar los hechos y, si se acreditan responsabilidades, establecer las consecuencias dentro de la Iglesia.
No equivale a una condena. Tampoco significa que Roma haya considerado probados los abusos denunciados. Significa que existen elementos suficientes para abrir formalmente el procedimiento y examinarlos.
Qué medidas ha tomado la Diócesis de Zamora
La respuesta cautelar adoptada contra el sacerdote es amplia. Ha sido cesado temporalmente como párroco, suspendido del ejercicio público de su ministerio y excluido de cualquier actividad en la que participen menores de edad.
En la práctica, eso supone mantenerlo fuera de la actividad pastoral pública mientras continúan las investigaciones. La Diócesis subraya que estas decisiones tienen carácter preventivo y que no anticipan el resultado ni del procedimiento eclesiástico ni de las actuaciones de las autoridades civiles.
El Obispado también ha afirmado su disposición a colaborar con la Justicia y ha señalado su compromiso con la protección de menores y personas vulnerables, así como con la escucha y el acompañamiento de las personas implicadas.
La cautela lingüística aquí no es decoración jurídica. Importa. Hablar de “presuntos abusos” no rebaja la gravedad de los testimonios; evita transformar una investigación abierta en una condena anticipada. Del mismo modo, recordar la presunción de inocencia no invalida ni desacredita a quienes denuncian. Ambas garantías pueden —y deben— convivir.
La tercera posible víctima y la posibilidad de nuevos testimonios
El caso podría no limitarse a los dos jóvenes que han formalizado las acusaciones. Según la información conocida hasta ahora, existe al menos una tercera persona que habría relatado una experiencia semejante, aunque finalmente decidió no incorporarse a la denuncia.
Ese dato abre una incógnita, pero no permite convertir automáticamente una tercera referencia en un tercer caso judicial. Solo las diligencias de investigación podrán precisar qué ocurrió, qué testimonios existen y cuál es su posible relevancia.
El Obispado tampoco descarta que puedan aparecer otras personas que aporten información. En investigaciones sobre abusos cometidos años atrás ocurre con frecuencia que la publicidad de una primera denuncia anime a otros afectados a hablar. Pero, a 29 de agosto, no se ha confirmado públicamente una ampliación formal de la denuncia más allá de los dos jóvenes cuyo testimonio ha originado las actuaciones conocidas.
Otra cuestión pendiente es por qué transcurrió tanto tiempo entre el conocimiento inicial de las acusaciones dentro del ámbito eclesiástico y su llegada a las autoridades civiles. La investigación canónica llevaba tiempo abierta antes de que los hechos fueran trasladados a la Fiscalía en abril de 2026. Esa cronología forma parte de los aspectos que rodean el caso y que todavía pueden requerir aclaraciones.
Dos investigaciones abiertas y ninguna sentencia
El caso del párroco de Fuentesaúco se encuentra ahora en una fase delicada. Hay dos jóvenes denunciantes, unos hechos situados en 2023, un tercer testimonio que no se incorporó formalmente a la denuncia, medidas cautelares contra el sacerdote y dos procedimientos que avanzan por caminos diferentes.
La Justicia civil deberá establecer si los hechos denunciados ocurrieron y si constituyen delito. La Iglesia tendrá que resolver, por su parte, la responsabilidad canónica del sacerdote. Hasta entonces no existe una condena y cualquier afirmación categórica sobre su culpabilidad iría más allá de lo que permiten los datos disponibles.
Lo que sí está confirmado es que el sacerdote de Fuentesaúco permanece apartado de sus funciones y de toda actividad con menores, que el expediente eclesiástico ha llegado al Vaticano y que Fiscalía y Guardia Civil investigan unas acusaciones referidas a adolescentes de 17 años en el momento de los supuestos hechos.
Un pueblo pequeño, unos campamentos junto al Lago de Sanabria y una investigación que tardó años en abandonar los despachos internos para hacerse pública. Ahora el escenario es otro. Hay testimonios formalizados, autoridades civiles interviniendo y un procedimiento abierto en Roma. Lo demás —responsabilidades, alcance real de los hechos y posibles nuevos casos— aún tiene que demostrarse.










