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¿Por qué estalla Delhi contra Modi tras el escándalo del examen NEET?
Una filtración en el examen NEET lleva a miles de jóvenes a las calles de Nueva Delhi y aumenta la presión política sobre Modi y el Gobierno.

Miles de personas han desbordado el centro de Nueva Delhi para exigir la dimisión del ministro de Educación indio, Dharmendra Pradhan, por el escándalo de la presunta filtración del examen nacional de acceso a Medicina. La concentración comenzó en Jantar Mantar, el espacio tradicionalmente reservado a las protestas, aunque una parte de los manifestantes trató de avanzar hacia el Parlamento, protegido con barricadas y un amplio despliegue policial.
La movilización reunió sobre todo a estudiantes y jóvenes, pero también acudieron profesionales, docentes y familias. La Policía de Delhi estimó que durante la mañana había más de 10.000 personas. Muchos portaban la bandera nacional y reclamaban responsabilidades políticas por una prueba que afectó a unos 2,3 millones de aspirantes, fue anulada y tuvo que repetirse semanas después. No es una disputa académica menor: una plaza universitaria, años de estudio y mucho dinero familiar quedaron suspendidos por la sospecha de que las preguntas habían circulado antes de tiempo.
Más de 10.000 manifestantes y una marcha hacia el Parlamento
La jornada fue convocada como una marcha desde Jantar Mantar hasta el Parlamento, coincidiendo con el inicio del periodo de sesiones parlamentarias. Las autoridades aseguraron que el recorrido no había sido autorizado y desplegaron policías, unidades antidisturbios y fuerzas paramilitares en las calles del distrito gubernamental. Varias vías quedaron bloqueadas, se registraron importantes atascos y algunos edificios oficiales fueron cerrados para impedir la entrada de manifestantes.
La tensión aumentó cuando grupos de jóvenes intentaron atravesar las barreras. Durante los incidentes se documentó el uso de gases lacrimógenos y porras para hacer retroceder a la multitud, aunque la Policía de Delhi negó haber empleado una fuerza desproporcionada y sostuvo que la concentración estaba siendo gestionada de manera profesional. Dos versiones difícilmente compatibles, salvo en ese veterano dialecto burocrático donde una carga policial puede acabar convertida en mera gestión del espacio público.
Los asistentes corearon consignas contra Pradhan y contra el primer ministro, Narendra Modi. La exigencia inmediata es la salida del responsable de Educación, pero el malestar ha crecido alrededor de una cuestión más profunda: la repetición de filtraciones, errores de corrección y fallos administrativos en exámenes que deciden el acceso a universidades y empleos públicos.
El examen NEET, repetido tras el escándalo
El origen directo de la protesta se encuentra en el NEET-UG, la prueba nacional que permite acceder a los estudios universitarios de Medicina en India. El primer examen se celebró en mayo, pero la aparición de indicios sobre una posible filtración provocó su anulación y la convocatoria de una nueva prueba para todos los candidatos.
La Agencia Nacional de Exámenes, conocida por sus siglas NTA, permitió a los aspirantes modificar la ciudad donde realizarían la repetición, aseguró que no tendrían que pagar una segunda tasa y mantuvo los idiomas seleccionados en la solicitud original. Medidas administrativas razonables, aunque llegaban después del daño: millones de jóvenes tuvieron que volver a preparar una prueba extraordinariamente competitiva sin saber durante días qué ocurriría con su futuro.
Dos millones de aspirantes atrapados en una prueba decisiva
El NEET no es un examen universitario cualquiera. Su resultado ordena a los candidatos para acceder a las facultades de Medicina del país, incluidas instituciones públicas donde las tasas son mucho más asequibles. Una diferencia mínima en la nota puede separar una plaza pública de una alternativa privada económicamente inalcanzable para muchas familias.
Por eso una filtración no constituye simplemente un error técnico. Altera la igualdad entre candidatos y convierte el esfuerzo académico en una ruleta. Cuando el mérito depende de que el cuestionario no haya viajado antes por un canal de mensajería, la palabra meritocracia empieza a parecer parte del atrezo.
Antes de la primera prueba, la NTA había anunciado controles biométricos, cámaras de vigilancia, transporte protegido de los exámenes y seguimiento de las redes sociales. También comunicó el bloqueo de decenas de canales de Telegram acusados de distribuir cuestionarios falsos o rumores destinados a engañar a los candidatos. El despliegue revela hasta qué punto las autoridades conocían el riesgo; también explica la indignación cuando, pese a tantas capas de seguridad, el sistema examinador volvió a quedar bajo sospecha.
Del partido de las cucarachas a la protesta nacional
La principal organización detrás de las movilizaciones se llama Cockroach Janta Party, traducible como Partido Popular de las Cucarachas. El nombre nació después de que el presidente del Tribunal Supremo indio comparara con cucarachas a determinados jóvenes desempleados durante una vista judicial. El magistrado aclaró después que se refería a personas con títulos falsos, no al conjunto de la juventud. La rectificación llegó tarde: internet ya había encontrado símbolo, nombre y mascota.
El movimiento fue creado a mediados de mayo por Abhijeet Dipke, un estratega digital de 30 años, y creció a una velocidad poco habitual incluso para los estándares de las redes sociales. Superó los 22 millones de seguidores en Instagram y transformó una sátira digital en una plataforma donde confluyen el desempleo juvenil, la inflación, las filtraciones de exámenes y el desencanto con el Gobierno de Modi.
No se presenta como un partido tradicional ni utiliza las banderas de las organizaciones políticas establecidas. Para la marcha de Nueva Delhi, sus responsables pidieron a los asistentes que llevaran únicamente el tricolor indio y mantuvieran una conducta pacífica. Esa estética cívica —banderas nacionales, mochilas, botellas de agua, carteles hechos a mano— ha permitido al movimiento escapar, al menos en parte, de la habitual acusación de ser una protesta fabricada por la oposición.
Sonam Wangchuk y el ayuno que multiplicó la movilización
El salto definitivo desde las pantallas hasta las calles llegó con Sonam Wangchuk, ingeniero, educador y activista medioambiental de Ladakh. Conocido por sus proyectos para combatir la escasez de agua mediante glaciares artificiales, Wangchuk se sumó a la acampada de Jantar Mantar e inició una huelga de hambre para exigir responsabilidades por los fallos del sistema educativo.
Después de unos 20 días sin comer y con un notable deterioro físico, la policía lo trasladó por la fuerza a un hospital. Las autoridades defendieron la intervención por motivos médicos; su familia y el movimiento denunciaron que había sido apartado contra su voluntad. Su hospitalización, lejos de enfriar la protesta, actuó como gasolina sobre una brasa. El mensaje “Gracias, Sonam Sir” comenzó a aparecer en las pancartas y numerosos simpatizantes viajaron durante la noche hacia Delhi.
Desde el hospital, Wangchuk ofreció poner fin al ayuno si el Gobierno asumía responsabilidades por las filtraciones y los fallos educativos, o si representantes parlamentarios se comprometían a trasladar las demandas a ambas cámaras. La figura del activista ha dado al movimiento un rostro respetado más allá de Instagram y TikTok: veterano, pacifista y difícil de reducir al cliché del agitador profesional.
Barricadas en la calle y diálogo en los despachos
Mientras los manifestantes chocaban con las barreras policiales, el Gobierno abrió un primer canal de contacto. Portavoces del Cockroach Janta Party anunciaron una reunión con J.P. Nadda, ministro de Sanidad y veterano dirigente del gobernante Bharatiya Janata Party. El acercamiento supuso una variación respecto al tono empleado durante las semanas anteriores.
Pradhan había acusado al movimiento de actuar contra los intereses nacionales, mientras otros responsables gubernamentales reconocían las inquietudes de los estudiantes sin aceptar una negociación directa. Esa respuesta tiene un problema elemental: los jóvenes que protestan no están discutiendo una abstracción ideológica, sino la limpieza de un examen concreto. Pedir que las preguntas permanezcan secretas hasta que empiece la prueba no parece una exigencia revolucionaria.
Los manifestantes reclaman también una reforma de los organismos examinadores, mecanismos independientes de supervisión y apoyo para las familias de estudiantes que murieron por suicidio tras distintos escándalos académicos. La dimisión del ministro funciona como demanda visible, casi como una prueba de que la responsabilidad política todavía existe y no ha sido sustituida por comunicados, comisiones y promesas de seguridad informática.
Una generación cansada de jugarse el futuro a una filtración
La protesta de Nueva Delhi ha convertido un fallo educativo en un desafío político para el Gobierno de Modi. El Ejecutivo puede contener una marcha con vallas y policías, pero resulta más complicado desactivar la sensación de que las instituciones exigen sacrificios enormes a los estudiantes mientras ofrecen explicaciones pequeñas cuando el sistema falla.
El escándalo del NEET concentra varias frustraciones de la juventud india: desempleo, competencia feroz, costes familiares, desigualdad y desconfianza hacia las administraciones. El examen se repitió; las notas acabarán publicándose y las facultades abrirán sus puertas. Queda algo más incómodo sobre la mesa: quién responde cuando millones de personas cumplen las reglas y es el propio sistema el que llega tarde, mal y con el cuestionario bajo sospecha.










