Tecnología
¿Cuánto costará el iPhone Ultra plegable de Apple y cuándo llegará?
El iPhone plegable de Apple apunta a más de 2.000 dólares y a septiembre, con enorme pantalla, Touch ID y un diseño tipo libro muy ambicioso.

Apple está a punto de hacer algo que durante años pareció observar desde la barrera: lanzar un iPhone que se dobla. Los últimos detalles conocidos apuntan a que el primer iPhone plegable de la compañía será presentado alrededor del 9 de septiembre de 2026, junto a los nuevos modelos de gama alta de la familia iPhone 18. Su precio tampoco tendría demasiado interés en mezclarse con la multitud: superaría los 2.000 dólares en Estados Unidos y las versiones con mayor almacenamiento podrían ir bastante más allá.
El nombre que más fuerza ha ganado es iPhone Ultra, aunque conviene colocar un asterisco grande junto a esas dos palabras. Apple no ha confirmado públicamente ni esa denominación ni la fecha exacta de presentación. A 24 de agosto, la compañía tampoco ha anunciado oficialmente el nuevo plegable. El calendario y las características proceden de informaciones sobre el desarrollo del producto y la cadena de producción. Es decir: estamos bastante más cerca de un dispositivo terminado que del viejo rumor de internet dibujado sobre una servilleta, pero sigue siendo un producto no presentado.
Lo interesante es que Apple parece haber escogido una entrada poco discreta. Nada de un experimento barato para comprobar si el público muerde el anzuelo. El proyecto se plantea como el iPhone situado por encima de los modelos Pro, un teléfono-tableta de bolsillo con una pantalla exterior convencional y otra interior mucho mayor. También con algunos sacrificios inesperados para un aparato que, previsiblemente, será el móvil más caro de Apple.
Un iPhone que se abre como un pequeño libro
El diseño seguiría el concepto que Samsung, Google, Huawei y otros fabricantes llevan años puliendo: un dispositivo plegable de tipo libro. Cerrado, funcionaría como un teléfono relativamente compacto; abierto, aparecería una superficie próxima a la de una tableta pequeña.
Las cifras que se repiten en las informaciones más recientes hablan de una pantalla exterior de unas 5,5 pulgadas y una interior cercana a las 7,8 pulgadas. No sería, por tanto, simplemente un iPhone enorme partido por la mitad. Apple habría trabajado sobre una proporción más ancha, pensada para que las aplicaciones puedan reorganizarse cuando se despliega el terminal. Las primeras referencias al dispositivo destacan precisamente nuevos diseños de aplicaciones, similares a los utilizados en el iPad.
Ahí puede estar la diferencia entre un plegable atractivo durante diez minutos en una tienda y uno que tenga sentido después de seis meses en el bolsillo. Correo y calendario abiertos con más espacio, documentos menos encajonados, fotografías grandes, navegación, vídeo, juegos o varias aplicaciones distribuidas sobre la misma superficie. La pantalla interior tiene que aportar algo, no limitarse a hacer más grande lo que ya había.
Las primeras impresiones conocidas también señalan dos asuntos bastante menos vistosos en una presentación, pero decisivos en la vida real: el dispositivo cabría bien en el bolsillo y la bisagra transmitiría sensación de solidez. Puede parecer poca cosa hasta recordar que el plegable vive condenado a repetir el mismo movimiento cientos de veces por semana. Una bisagra mediocre convierte rápidamente la sofisticación tecnológica en un crujido de armario viejo.
La arruga de la pantalla, el viejo enemigo de los plegables
Apple llega tarde a este mercado, pero precisamente por eso dispone de una ventaja incómoda para sus competidores: ha podido contemplar durante años qué molestaba a los usuarios. Grosor, peso, bisagras, autonomía y, sobre todo, el pliegue visible en el centro de la pantalla.
Las informaciones de la industria apuntan a que el nuevo modelo utilizará soluciones destinadas a reducir al mínimo esa marca central. El proyecto habría puesto especial atención en conseguir una pantalla prácticamente libre de pliegue visible, uno de los problemas que todavía frenan a potenciales compradores de este tipo de teléfonos. No significa que podamos dar por desaparecida la arruga antes de tocar el producto definitivo; sí que la calidad del panel y de la bisagra parece ocupar un lugar central en el proyecto.
La delgadez añade otra complicación. Las informaciones más consistentes sitúan el grosor del teléfono abierto alrededor de los 4,5 milímetros. Fabricar dos mitades extremadamente finas, unirlas mediante una bisagra resistente y encontrar después espacio para batería, cámaras, antenas y refrigeración es una pequeña pelea de ingeniería en cada milímetro. Y algunos compromisos empiezan a verse.
Más de 2.000 dólares y una cámara con una ausencia llamativa
El precio estimado parte por encima de los 2.000 dólares. Algunas previsiones sitúan las configuraciones superiores cerca de los 2.500 dólares. Todavía no existe una tarifa oficial, mucho menos un precio confirmado para España, de modo que convertir ahora esa cifra directamente a euros induciría a error: Apple aplica precios regionales, impuestos y su propia política comercial.
Una cosa parece difícil de discutir. Será un producto de lujo tecnológico, no la puerta económica al ecosistema Apple.
Por eso sorprende una de las decisiones atribuidas al diseño definitivo. El iPhone Ultra plegable tendría dos cámaras traseras, con un sensor principal de 48 megapíxeles acompañado de un ultra gran angular, pero prescindiría del teleobjetivo. Un recorte peculiar en un teléfono de más de 2.000 dólares, especialmente cuando el zoom óptico se ha convertido en uno de los principales argumentos de los móviles premium.
Podrá tener una gran pantalla que funcione como magnífico visor fotográfico, pero eso no sustituye una lente. Apple parece haber decidido que el espacio interior vale más que completar el sistema fotográfico habitual de sus iPhone más avanzados. En ingeniería hay poesía, sí; también hay centímetros cúbicos, y estos suelen ganar las discusiones.
Touch ID vuelve donde se esperaba Face ID
El otro compromiso tiene cierto aroma a regreso al pasado. El plegable utilizaría Touch ID integrado en el botón lateral en lugar de Face ID. La explicación volvería a ser física: acomodar el sistema necesario para el reconocimiento facial ocuparía demasiado espacio en un cuerpo tan delgado.
No sería una tecnología extraña dentro del catálogo de Apple. El lector de huellas continúa formando parte de algunos de sus dispositivos y durante años fue el sistema biométrico característico del iPhone. Aquí, sin embargo, llama la atención porque hablamos del supuesto nuevo buque insignia de la compañía.
Puede que no resulte siquiera un inconveniente para todos. En un plegable que se usa cerrado, abierto, apoyado sobre una mesa o sostenido como un pequeño libro, colocar el dedo en el botón lateral puede acabar siendo más natural que buscar deliberadamente el ángulo necesario para que una cámara reconozca el rostro. Vieja tecnología, nuevo contexto.
Apple llega tarde a un mercado que sigue siendo pequeño
El plegable de Apple aterriza en una categoría que lleva años anunciando su próxima explosión sin terminar de conquistar el mercado de masas. Las estimaciones de la industria sitúan las ventas mundiales de smartphones plegables de 2025 alrededor de los 20 millones de unidades, una fracción pequeña del gigantesco mercado mundial de teléfonos inteligentes. Sigue siendo un nicho. Caro, sofisticado y muy visible, pero nicho.
2026, sin embargo, puede alterar bastante esa fotografía. Los modelos plegables de tipo libro están ganando peso dentro de la categoría y la entrada de Apple puede acelerar ese desplazamiento. La llegada del iPhone a un segmento suele arrastrar fabricantes de accesorios, desarrolladores, operadores y, naturalmente, bastante atención comercial.
No es una casualidad. Apple suele evitar ser la primera en una categoría y prefiere entrar cuando considera que puede convertir una tecnología existente en un producto comprensible para millones de personas. Lo hizo con reproductores de música, teléfonos inteligentes y relojes conectados, aunque aquella vieja fórmula tampoco garantiza milagros. Los rivales han aprendido mucho.
Samsung lleva varias generaciones afinando sus Galaxy Z Fold; Huawei ha convertido el plegable en uno de los escaparates de su ingeniería y Google también compite en este terreno. Apple no está inventando el móvil plegable. En 2026, de hecho, llega con bastante retraso. La cuestión relevante será otra: si consigue convertirlo en algo que deje de parecer experimental.
La verdadera batalla estará en el software
Una pantalla flexible impresiona rápidamente. Se abre, crece, se cierra. Ya está. Después llega el lunes por la mañana y el propietario necesita responder correos, consultar documentos, escribir mensajes o saltar de una aplicación a otra. Ahí comienza la parte menos fotogénica y quizá más importante: el software.
Por eso tienen especial importancia las referencias a las nuevas distribuciones de aplicaciones inspiradas en el iPad. El valor de una pantalla interior de casi ocho pulgadas depende de que iOS entienda que ya no está trabajando sobre un rectángulo convencional. Si las aplicaciones simplemente se estiran, parte de la gracia desaparece.
Apple posee aquí una ventaja evidente: controla simultáneamente el hardware, el sistema operativo y buena parte de las herramientas que utilizan los desarrolladores. Puede adaptar las interfaces a ambos tamaños y hacer que el cambio entre la pantalla exterior y la interior resulte continuo. También dispone de años de experiencia con las interfaces del iPad.
Pero existe un reverso menos amable. Los desarrolladores tendrán que aprovechar ese espacio. Sin aplicaciones bien adaptadas, 2.000 dólares compran una pantalla grande, no necesariamente una nueva manera de utilizar el teléfono.
Septiembre será la prueba de realidad
Las informaciones actuales colocan la presentación del primer iPhone plegable alrededor del 9 de septiembre de 2026, previsiblemente junto a los iPhone 18 Pro y Pro Max. La disponibilidad comercial es algo menos clara: durante los últimos meses han aparecido informaciones contradictorias sobre posibles retrasos derivados de la complejidad de producción, por lo que presentación y llegada a las tiendas no tienen por qué coincidir exactamente.
Tampoco está garantizado que llegue desde el primer día a todos los mercados. Y el nombre final continúa abierto. “iPhone Ultra” se utilizaría internamente para referirse al proyecto, pero el nombre comercial no ha sido anunciado. Hasta que aparezca escrito sobre una pantalla en una presentación oficial, sigue siendo eso: el nombre más probable.
La reacción financiera inicial ha sido moderada, con pequeños movimientos en la cotización de Apple después de conocerse nuevos detalles. Más relevante que esas oscilaciones diarias es lo que el dispositivo representa para la compañía: una oportunidad de crear una categoría de iPhone situada por encima de los Pro y elevar todavía más el precio medio de venta de su producto fundamental.
El iPhone más arriesgado de Apple en muchos años
El atractivo del futuro iPhone Ultra se entiende sin demasiado esfuerzo: un teléfono compacto que se convierte en una pequeña tableta, con una bisagra que aparentemente ha dejado buenas impresiones, una pantalla interior cercana a ocho pulgadas y un software concebido específicamente para aprovecharla.
También se entienden las dudas. Más de 2.000 dólares, Touch ID en lugar de Face ID, ausencia de teleobjetivo y las inevitables preguntas sobre resistencia, batería y envejecimiento de una pantalla que se dobla todos los días. A ese precio, el comprador no paga por participar en una prueba de laboratorio. Espera que la prueba haya terminado antes de abrir la caja.
Ahí está el desafío para Apple. No necesita demostrar que puede fabricar un teléfono plegable; Samsung, Huawei y otros llevan años demostrando que fabricar uno es posible. Necesita justificar por qué un iPhone debe plegarse y por qué hacerlo merece semejante desembolso.
Durante casi dos décadas, el iPhone fue esencialmente un rectángulo de cristal cada vez más refinado. Septiembre puede romper esa monotonía. Se abrirá por la mitad, literalmente. Falta comprobar si detrás del gesto hay una nueva etapa para el iPhone o simplemente el rectángulo más caro y sofisticado que Apple ha construido hasta ahora.

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