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¿Cuántas manos derechas acumula el PSOE de Sánchez?
El recuento inmediato, con nombres y apellidos, suma cuatro piezas clave en la órbita del PSOE de Pedro Sánchez en los últimos años: José Luis Ábalos, Santos Cerdán, Leire Díez (que se presenta en una grabación como “mano derecha” de Cerdán) y Koldo García (reconocido durante años como la mano derecha.

Radiografía del poder en el PSOE de Sánchez – Ábalos, Cerdán, Leire Díez y Koldo, audios, fechas y claves judiciales que explican la crisis.
En la última fotografía del poder socialista no aparece una, sino varias “manos derechas”. El recuento inmediato, con nombres y apellidos, suma cuatro piezas clave en la órbita del PSOE de Pedro Sánchez en los últimos años: José Luis Ábalos, Santos Cerdán, Leire Díez (que se presenta en una grabación como “mano derecha” de Cerdán) y Koldo García (reconocido durante años como la mano derecha de Ábalos). Cada uno ocupó un peldaño distinto —ministerio, organización del partido, operador oficioso— y todos han terminado en el foco por distintos motivos: desde una propuesta de juicio por contratos de mascarillas, hasta prisión provisional por riesgo de destrucción de pruebas, pasando por audios que los sitúan como intermediarios con acceso privilegiado.
Dicho sin rodeos: hoy no existe una única sombra del presidente. Conviven varias, en capas. Ábalos fue la primera gran “mano” política del sanchismo y encara el paso por el banquillo junto a Koldo García; Santos Cerdán, vértice orgánico de Ferraz, dimitió y está en prisión provisional; Leire Díez irrumpe como la “fontanera” que se presenta ante un fiscal como enviada del PSOE y “mano derecha de Cerdán”. Este mosaico, con fechas, sumarios y protagonistas concretos, explica por qué se habla de “acumulación” más que de un relevo ordenado.
Los audios que agitan la mesa
Leire Díez y la puerta que conduce a Ferraz
La pieza que enciende la mecha son más de tres horas de grabación que el fiscal Ignacio Stampa realizó el 7 de mayo de 2025 durante una reunión a cuatro bandas: Leire Díez, Stampa, el empresario Javier Pérez-Dolset y el ex presidente de Sacyr Luis del Rivero. En ese encuentro, según el audio entregado al juzgado, Díez se presenta como “la persona que ha puesto el PSOE para ver qué hay detrás de esto” y, ante una pregunta directa, se define como “mano derecha” de Santos Cerdán. Asegura que “luego traslado” lo hablado a quien corresponde. El contexto no es menor: la causa abierta contra ella —con imputación por cohecho y tráfico de influencias— indaga si existió un plan para obtener información sensible sobre investigaciones judiciales y presuntas irregularidades en informes policiales.
En los intercambios posteriores, Del Rivero actúa como intermediario y comparte mensajes con Stampa en los que desliza que “el 1 es quien decide”. Pérez-Dolset insiste en que había una voluntad política de “limpiar” espacios institucionales contaminados. Díez sostiene que no actúa por encargo formal del partido y ha negado de forma pública actuar a las órdenes de Ferraz, pero la literalidad de los audios la sitúa en un rol oficioso de enlace que ella misma reivindica. Es justo ahí donde cristaliza la figura de la “mano derecha que nunca aparece en ningún lado”, expresión que utiliza en la conversación. La escena dibuja la zona gris donde se tocan política, justicia y operadores con llegada a los despachos.
Santos Cerdán: del timón orgánico a la prisión provisional
En la arquitectura interna del PSOE, la Secretaría de Organización es un cargo que controla el músculo del partido: cuadros territoriales, listas, campañas, caja y engranaje diario. Ese fue el puesto de Santos Cerdán hasta el 12–13 de junio de 2025, cuando presentó su dimisión tras conocerse un informe de la UCO que le atribuye la “gestión” de 620.000 euros en supuestas mordidas vinculadas a adjudicaciones de obra pública durante la etapa de Ábalos en Transportes. El Tribunal Supremo, con el magistrado Leopoldo Puente al frente, le tomó declaración y decretó prisión provisional, comunicada y sin fianza al apreciar riesgo de destrucción de pruebas. La Sala ha mantenido esa situación meses después, desestimando recursos de la defensa.
Los pasajes más ásperos del informe policial —audios, cronologías de adjudicaciones, referencias a proyectos como el puente del Centenario en Sevilla o la ronda sur de Logroño, y el papel de Acciona— se han convertido en munición política y en un problema serio de reputación para el partido. Pedro Sánchez, que había defendido la presunción de inocencia de su número tres, pidió perdón públicamente por “haber confiado” en Cerdán y anunció una auditoría externa de las cuentas del PSOE, además de una reordenación de responsabilidades en la Ejecutiva. Escena poco frecuente: el secretario general compareciendo en Ferraz para asumir un error de confianza en su “mano derecha” orgánica.
La caída de Cerdán no fue un rayo aislado. Su prisión provisional convirtió el caso en el epicentro de la crisis actual del socialismo: tocó la nervadura de la organización, dejó huérfanas áreas clave del aparato y expuso la doble fragilidad del modelo —cuando falla el partido, se resiente la gestión gubernamental; cuando se judicializa el entorno, se contamina el relato político—. La etiqueta de “mano derecha” quedó unida a su nombre con una consecuencia obvia: si el número dos orgánico cae, todo lo que se autodefinía como su “mano” queda bajo lupa.
Ábalos, la primera gran sombra: de sostén del proyecto a la antesala del banquillo
Si la historia reciente del sanchismo tuviera un primer capítulo, llevaría el sello de José Luis Ábalos. Mano derecha política durante la resurrección de Sánchez en 2017 y figura clave en la negociación parlamentaria de 2018–2019, terminó saliendo del Gobierno y hoy encara la propuesta de juicio en la pieza de mascarillas del “caso Koldo”. El instructor del Supremo ha propuesto sentar en el banquillo al exministro junto a Koldo García y al empresario Víctor de Aldama, con un elenco de delitos que incluye organización criminal, cohecho, tráfico de influencias y malversación. El auto habla de indicios muy consistentes: contratos, movimientos de fondos, pagos en metálico y gastos personales cubiertos por colaboradores.
Formalmente, Ábalos niega los hechos y mantiene su defensa. Políticamente, su nombre se convirtió en sinécdoque de una trama que estalló por la vertiente de material sanitario y se extendió hacia obras públicas. El puente entre ambas orillas son grabaciones y conversaciones en las que se desgranan cifras, adjudicaciones y supuestos “pendientes de abono”. De fondo, la trayectoria de un dirigente que pasó de “mano derecha” del presidente a protagonista de la mayor sacudida judicial del ciclo. Ese tránsito —y la herencia que deja en su entorno— ayuda a entender por qué la expresión “manos derechas en desgracia” se ha instalado en tertulias y columnas.
Koldo García, el operador que encaja las piezas
Koldo García Izaguirre acompañó a Ábalos como asesor y se convirtió en su “mano derecha” operativa. Su perfil de intermediario —con llegada a directivos, contratistas y cargos intermedios— aparece como nudo del “caso Koldo”. Las diligencias han acreditado pagos mensuales y una suerte de “nómina en negro” destinada a mantener su capacidad de influencia, además de relaciones con empresarios beneficiados por adjudicaciones bajo sospecha. Koldo fue detenido al inicio de la investigación y hoy permanece en libertad con medidas cautelares, a la espera de la evolución de las piezas.
Su nombre es relevante por doble motivo. Uno: explica cómo se articulaba la cadena de mando en determinados expedientes; Koldo funcionaba como palanca entre el nivel político y el empresarial. Dos: conecta la etapa ministerial de Ábalos con la crisis orgánica que atrapa a Cerdán. En varios audios —que la UCO considera auténticos— se le escucha desglosar cantidades y atar conversaciones con adjudicaciones concretas en Murcia, Sevilla o La Rioja. En jerga de sumario: “convergencia de indicios”. En jerga política: otra “mano derecha” que cae.
¿Cuántas “manos derechas” hay que contar, entonces?
A la hora de numerar —con criterio y sin inflar—, la lista contrastable queda así:
- Primero, José Luis Ábalos, mano derecha política en el arranque del ciclo, hoy a un paso de juicio por la pieza principal del caso Koldo.
- Segundo, Santos Cerdán, mano derecha orgánica de Ferraz, dimitido y en prisión provisional por una trama de mordidas que la UCO cifra en 620.000 euros gestionados por él.
- Tercero, Leire Díez, operadora que se define ante un fiscal como “mano derecha de Cerdán” y “persona puesta por el PSOE”, imputada por cohecho y tráfico de influencias.
- Cuarto, Koldo García, mano derecha de Ábalos, pivote del caso y supuesto nexo con adjudicatarios.
Cuatro nombres, cuatro manos que no son equivalentes, pero sí complementarias en la red de poder: partido, ministerio, gabinete informal, intermediación. Es esa superposición —más que la suma— lo que explica la percepción pública de acumulación. Donde antes había un único centro de gravedad, el sanchismo operó con varios anillos. Y cuando se rompió uno, quedaron a la vista los demás.
El frente judicial que amplía el encuadre
Begoña Gómez, el Senado y el ‘Mediador’
Hay causas paralelas que, sin definir “manos derechas”, engordan el clima general. La investigación sobre Begoña Gómez —con el juez Juan Carlos Peinado manteniendo la causa viva, la solicitud a la UCO de analizar años de correos de su cuenta oficial en Moncloa y la imputación de la secretaria general de Presidencia Judit Alexandra González— se ha convertido en frente político de primer orden. La Fiscalía ha pedido archivar partes del procedimiento; el juzgado ha reabierto carriles con diligencias de calado y cambios de agenda en citaciones que mantienen el tema en la cresta informativa. ¿Afecta esto a la ecuación de “manos derechas”? No directamente. Pero ensucia el ambiente y refuerza la idea de que el entorno presidencial vive en estado de alerta jurídica.
En paralelo, la comisión del Senado sobre el caso Koldo —donde Sánchez calificó la sesión de “circo” durante su comparecencia de finales de octubre— ha servido de amplificador de la crisis, con los grupos de oposición tensando la cuerda y centrando el foco en el entramado de operadores. Y el ‘caso Mediador’ (el llamado ‘Tito Berni’, que salpicó al exdiputado socialista Juan Bernardo Fuentes Curbelo) sigue produciendo noticias y diligencias: cambios en mandos policiales, nuevas piezas, declaraciones que vuelven a rozar al PSOE por vías indirectas. No suman “manos derechas” al conteo principal, pero sí suman presión.
Cronología útil para no perderse
El 7 de mayo de 2025 se registra la reunión que protagoniza Leire Díez con Stampa, Pérez-Dolset y Del Rivero. Semanas después, 12–13 de junio, el informe de la UCO precipita la dimisión de Santos Cerdán, su citación ante el Supremo y la prisión provisional. A partir de ahí, la instrucción acumula material: audios completos, extractos de conversaciones, relaciones con adjudicaciones de obra concreta, whatsapps que celebran concesiones. En septiembre, la Sala ratifica la cárcel provisional al apreciar riesgo de destrucción de pruebas; en octubre, de nuevo rechazo a la excarcelación. En noviembre, el instructor del Supremo propone juzgar a Ábalos, Koldo y Aldama por la pieza inicial de mascarillas. Díez, por su parte, sigue imputada en el juzgado de Madrid que indaga la trama de cohecho y tráfico de influencias y cuyos audios se han ido conociendo en distintos medios.
En paralelo, el 5 de noviembre el juez Peinado rechaza archivar la causa contra Begoña Gómez y pide a la UCO el análisis histórico de correos; días después imputa a Judit Alexandra González y reorganiza el calendario de declaraciones. El 30 de octubre, Sánchez comparece en el Senado y estalla el choque dialéctico. El tablero queda marcado por tres vectores: Ferraz reestructurándose, Moncloa blindándose y las salas de la Audiencia Nacional y del Supremo ganando protagonismo.
El impacto real en el PSOE: organización, relato y alianzas
Más allá del ruido, hay efectos concretos. La salida de Cerdán deja un hueco en la organización difícil de cubrir a mitad de legislatura. Ferraz ha tenido que redistribuir funciones, recolocar equipos y pedir aire a federaciones que, aunque respaldan al secretario general, reclaman control de daños en sus territorios. En comunicación, el partido ha pasado a un modo defensivo, con mensajes de “tolerancia cero” y “auditoría externa” que buscan desactivar el marco de “manos derechas en desgracia”. Pedro Sánchez, tras pedir perdón, intenta separar lo penal de lo político y encapsular la crisis en los individuos —Cerdán, Ábalos, Koldo—, no en el proyecto.
El Congreso amplifica los costes. En una legislatura de geometría variable, cualquier debilidad interna encarece la negociación con socios y reduce la iniciativa. Se ralentizan leyes, se guardan decretos, se cuidan votaciones. Y, entre tanto, cada nuevo detalle de los audios o autos devuelve a portada la misma idea: no hay una sola “mano derecha”; hay varias, y demasiadas bajo sospecha. La oposición lo ha entendido y repite el marco; los aliados toman nota y ajustan su precio.
Qué significa “mano derecha” en el sanchismo, de verdad
El término se usa con ligereza, pero en este caso ayuda a ordenar el mapa. Ábalos encarnó la mano derecha política: pactos, disciplina de voto, equilibrios en el grupo parlamentario y el Consejo de Ministros. Cerdán fue la mano derecha orgánica: estructura, listas, enlaces federales, campañas, finanzas. Koldo ejerció como mano derecha operativa de Ábalos: alguien que abre puertas, baja al detalle y mantiene la presión sobre expedientes. Díez irrumpe como mano derecha oficiosa de Cerdán: intermediación con capacidad de trasladar mensajes a “quien decide”, según su propia presentación.
A esa constelación se suman figuras institucionales (jefatura de gabinete, portavocías, secretarías de Estado) que hoy evitan quedar asociadas a la etiqueta. Un apunte útil: el modelo Redondo —cuando Iván Redondo concentró la estrategia comunicativa y política en la primera etapa de Moncloa— dejó lecciones que el presidente parece haber asimilado con un reparto coral de funciones. Pero esa dispersión, que reduce dependencias, también dificulta sellar responsabilidades cuando estalla una crisis.
Últimos movimientos y próximos hitos
Leire Díez seguirá en el foco mientras avancen las diligencias de su juzgado y emergen nuevos fragmentos de la grabación de mayo y de los mensajes posteriores. La defensa de Cerdán insiste en recurrir su situación y en desmontar la narrativa de la UCO sobre la “gestión” de pagos; mientras, el Supremo mantiene el anclaje por riesgo de obstrucción. La pieza de mascarillas del caso Koldo entra en fase decisiva tras la propuesta de enjuiciamiento a Ábalos, Koldo y Aldama. Y el caso de Begoña Gómez seguirá marcando agenda con peritajes de la UCO, citaciones y resoluciones sobre archivos parciales o nuevas imputaciones.
En el plano político, Ferraz prepara una recolocación interna para sustituir a Cerdán en la maquinaria —a partes iguales organización y control territorial— y Moncloa blinda su calendario: menos exposición, mensajes de transparencia, auditoría y “caiga quien caiga”. El PSOE sabe que el tiempo es factor: cada semana con portadas de audios y autos erosiona algo más la marca.
Poder en anillos y cuentas pendientes
El balance, a día de hoy, es nítido. El PSOE de Sánchez ha acumulado, al menos, cuatro “manos derechas” reconocibles en su círculo de poder reciente: Ábalos, Cerdán, Díez y Koldo. Unas con cargo, otras sin placa en la puerta; unas públicas, otras en la penumbra. Dos están ya atrapadas en los autos más duros (Cerdán y Ábalos), una —Díez— imputada tras audios que la señalan como enlace oficioso, y otra —Koldo— como operador en el centro mismo de la trama. La conclusión operativa es simple y, a la vez, incómoda: el poder del sanchismo se ejerció por anillos —partido, ministerio, operadores— y cuando uno se rompió, descubrió a los demás.
Quedan cuentas por saldar en los tribunales y tareas en Ferraz. Las primeras dirán si los indicios se convierten en condenas o si se desvanecen al paso de la prueba. Las segundas pasan por limpiar circuitos, ordenar responsabilidades y profesionalizar lo que hoy parece oficio en la sombra. El número final de “manos derechas” no depende de un organigrama, sino de cómo se gestione este cierre de filas. De momento, la respuesta honesta a la pregunta del titular es esta: son varias, coexistieron, y demasiadas están en apuros.
Nota: Personas y cargos mencionados conservan su presunción de inocencia. Las causas citadas se encuentran en instrucción o pendientes de juicio y pueden dar lugar a resoluciones futuras que modifiquen su situación.

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