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Cuántas Copas del Rey tiene el Real Madrid y qué puesto ocupa

El Real Madrid suma 20 Copas del Rey y sigue tercero en un palmarés que no domina pese a todo su peso histórico.

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El Real Madrid tiene 20 Copas del Rey. Es la cifra actualizada a 16 de mayo de 2026 y sitúa al club blanco en el tercer puesto histórico del torneo, por detrás del FC Barcelona y del Athletic Club. La última Copa conquistada por el Madrid fue la de la temporada 2022-23, cuando derrotó a Osasuna en la final de Sevilla. No ha sumado ninguna más desde entonces.

La respuesta rápida parece sencilla, casi de marcador luminoso: 20 títulos coperos. Pero debajo del número hay una historia más áspera. Porque el Madrid, emperador europeo hasta aburrir a media aristocracia futbolística, no manda en la Copa del Rey. En este torneo, tan antiguo, tan español, tan de barro, césped incómodo y noches donde el favorito sale con la corbata torcida, el club blanco mira hacia arriba: el Barça aparece con 32 Copas, el Athletic con 24 y el Madrid se queda en esas veinte que pesan mucho, sí, pero no gobiernan el palmarés.

El dato exacto y el sitio que ocupa en el palmarés

El palmarés copero del Real Madrid arranca en 1905 y llega hasta 2023. La colección blanca incluye los títulos de 1905, 1906, 1907, 1908, 1917, 1933-34, 1935-36, 1945-46, 1946-47, 1961-62, 1969-70, 1973-74, 1974-75, 1979-80, 1981-82, 1988-89, 1992-93, 2010-11, 2013-14 y 2022-23. Es una lista larga, con aroma a museo y a calendario amarillento, pero también irregular. No hay una línea recta. Hay fogonazos. Décadas de abundancia, silencios largos, regresos solemnes y algún título ganado casi contra el ruido ambiente.

Ese tercer lugar histórico define bastante bien la relación del Madrid con la Copa. No es un fracaso, claro; veinte títulos no son una nota al pie. Pero tampoco es la competición donde el club ha construido su mitología más poderosa. La identidad blanca se ha escrito sobre todo en Europa, en las Ligas, en noches donde el Bernabéu parece una central eléctrica a punto de saltar. La Copa del Rey, en cambio, ha tenido otra temperatura. Más doméstica, más caprichosa, más dada a la emboscada. A veces el Madrid la ha tratado como una obligación; otras, como una oportunidad; y no pocas, como un problema que llega en mitad del calendario con cara de resaca.

La comparación lo deja todavía más claro. El FC Barcelona es el club con más Copas del Rey, con 32. El Athletic Club conserva una autoridad histórica enorme en la competición, con 24. El Real Madrid, con 20, completa el podio. La fotografía es curiosa: el club más laureado de Europa no es el rey del torneo del Rey. Una ironía elegante, de esas que al fútbol español le gustan mucho porque obligan a discutir en la barra, en la radio y en cualquier sobremesa con mantel de papel.

La última Copa blanca: 2023, Rodrygo y una noche de oficio

La última Copa del Rey del Madrid llegó en 2023, en La Cartuja de Sevilla, ante Osasuna. Fue un título de oficio, de esos que no nacen de una exhibición imperial sino de saber morder el momento. El equipo blanco ganó 2-1 y levantó su vigésimo trofeo copero nueve años después del anterior. Aquella final tuvo un protagonista evidente: Rodrygo Goes, autor de los dos goles madridistas. Osasuna compitió con una dignidad casi feroz, como quien sabe que una final no se juega todos los días, pero el Madrid hizo lo que tantas veces ha hecho: sobrevivir al temblor y firmar el acta.

Ese triunfo de 2023 corrigió una anomalía que ya empezaba a pesar. El Madrid no ganaba la Copa desde 2014, cuando derrotó al Barcelona en Mestalla con aquella carrera de Gareth Bale por la banda, una escena tan repetida que ya parece pertenecer al folclore audiovisual del club. Entre una y otra Copa hubo casi una década. Para una entidad acostumbrada a vivir con el escaparate siempre iluminado, nueve años sin levantar el torneo copero eran demasiados. No una tragedia, que en Chamartín las tragedias deportivas suelen durar hasta la siguiente Champions, pero sí una grieta estadística.

La Copa de 2023 tuvo además un valor simbólico: devolvió al Madrid a un territorio que había visitado poco en el siglo XXI. Desde 2000, el club blanco solo ha ganado la competición en 2011, 2014 y 2023. Tres Copas en más de dos décadas. El dato contrasta con su producción en Liga de Campeones y con su propia imagen de máquina competitiva. Ahí está parte del interés: la Copa, para el Madrid, no siempre ha sido un jardín ordenado. Más bien un patio con piedras, niños corriendo, barro seco y alguna ventana rota.

Un torneo que el Madrid ha ganado por oleadas, no por costumbre

La historia copera blanca empezó con una autoridad casi fundacional. El Madrid encadenó cuatro títulos entre 1905 y 1908, cuando el fútbol español aún estaba más cerca de la aventura de pioneros que del negocio global que hoy mueve estadios, fondos, televisiones y camisetas con tipografías de laboratorio. Aquellas primeras Copas forman parte del origen del club y de la propia competición. Eran tiempos de viajes incómodos, equipos que aún estaban definiendo su identidad y un torneo que servía como gran referencia nacional antes de que la Liga naciera en 1929.

Después llegaron etapas muy distintas. La Copa de 1917 abrió otra muesca en el palmarés. Más tarde, en los años treinta, el Madrid sumó los títulos de 1933-34 y 1935-36, justo antes de que España entrara en su noche más negra. En la posguerra llegaron las Copas de 1945-46 y 1946-47, con un fútbol ya cargado de otra densidad social, más gris, más áspero. La Copa no era solo un torneo; era también una forma de representación, una ceremonia pública en un país que se reconstruía mal y respiraba peor.

La siguiente gran sacudida llegó en los sesenta y setenta. El Madrid ganó en 1961-62, 1969-70, 1973-74, 1974-75 y 1979-80. Ese tramo muestra una versión del club mucho más frecuente en las finales coperas. También se coló una rareza deliciosa: la final de 1980 ante el Real Madrid Castilla, el filial blanco. Ganó el primer equipo, pero la imagen del club enfrentándose a su propio espejo sigue siendo una de las estampas más singulares del torneo. El fútbol español tiene estas cosas: de pronto se pone barroco y no avisa.

Por qué el Madrid no domina la Copa como domina Europa

La explicación no cabe en una sola causa. Sería cómodo decir que el Madrid ha despreciado la Copa, pero sería una caricatura. El club la ha ganado veinte veces, ha jugado numerosas finales y su historia en el torneo es demasiado amplia como para reducirla a desinterés. Lo que sí ha ocurrido, durante muchas etapas, es que la Copa ha ocupado un espacio distinto en la jerarquía emocional y competitiva del madridismo. La Liga y Europa han sido el gran termómetro de la temporada. La Copa, muchas veces, ha quedado en ese terreno intermedio donde un tropiezo escuece muchísimo y una victoria se celebra… pero menos que otras.

El formato ayuda a entenderlo. La Copa del Rey es una competición incómoda para los gigantes porque castiga la distracción. Un mal día puede arruinar meses. Un campo pequeño, una eliminatoria a partido único, un rival que corre como si hubiera dejado la vida en la taquilla, un portero inspirado, un balón colgado en el minuto 89. La Copa tiene algo de callejón. Y los clubes enormes, tan acostumbrados a imponer su peso en torneos largos, no siempre se sienten cómodos cuando el margen se estrecha hasta caber en una jugada.

Al Madrid le ha pasado más de una vez. Ha vivido eliminaciones sonoras, noches de rotación mal digerida y partidos donde el rival entendió mejor el tono de la competición. La Copa exige una humildad práctica: no basta con ser mejor, hay que parecerlo esa noche, en ese campo, con ese árbitro, con ese césped y con ese once. El torneo no pregunta por vitrinas europeas. Pregunta por el rebote, por la segunda jugada, por la pierna que llega medio segundo antes. Ahí, el fútbol se vuelve menos solemne. Y a veces más cruel.

El peso de Barcelona y Athletic en la competición

El dominio histórico del Barcelona y del Athletic en la Copa no es casual. El Barça ha construido una relación muy fuerte con el torneo, especialmente en etapas recientes, y su título de 2025 elevó su cuenta a 32 Copas. El Athletic, por su parte, conserva una identidad copera casi sentimental: para Bilbao, la Copa ha sido durante décadas una extensión de su orgullo futbolístico, una liturgia rojiblanca. El Madrid compite contra dos tradiciones muy arraigadas, no solo contra dos cifras.

El caso del Athletic Club merece una pausa. Sus 24 Copas explican una forma de entender el fútbol español anterior al actual mapa de poder financiero. San Mamés, la cantera, la pertenencia, la memoria. Todo eso pesa en la Copa. El torneo ha sido muchas veces el refugio de historias que la Liga, más larga y más sometida al músculo económico, no siempre permite. Por eso el palmarés copero tiene una textura distinta al de otras competiciones. Hay aristocracia, sí, pero también romanticismo, accidentes, rebeliones y tardes en las que el favorito aprende que el escudo no remata de cabeza.

Para el Madrid, esa diferencia es incómoda y atractiva a la vez. Incómoda porque le recuerda que no todos los reinos le pertenecen. Atractiva porque cada Copa ganada añade un matiz a una historia demasiado acostumbrada al brillo continental. Cuando el Madrid levanta la Copa del Rey, no parece conquistar su territorio natural; parece entrar en una casa antigua, con muebles de madera oscura, donde otros han vivido más tiempo. Y aun así, cuando gana, la copa también encaja en Cibeles. Faltaría más.

2025 y 2026: el contador blanco se quedó quieto

Después de la Copa de 2023, el Real Madrid no ha vuelto a ampliar su casillero. En 2025, el Barcelona ganó la final ante el Madrid en La Cartuja y elevó su cuenta a 32 títulos. Aquella derrota blanca tuvo un efecto doble: dejó al club sin la posibilidad de alcanzar la Copa número 21 y agrandó la distancia con el gran rival en el palmarés del torneo. En términos emocionales, perder una final copera ante el Barça siempre deja más ruido que perderla contra cualquier otro equipo. El fútbol español funciona así, con sus viejas obsesiones bien planchadas.

La edición 2025-26 tampoco modificó la cifra del Madrid. La final la disputaron Atlético de Madrid y Real Sociedad el 18 de abril de 2026 en Sevilla, y la Real ganó en la tanda de penaltis tras un 2-2. Ese resultado dejó al equipo blanco exactamente donde estaba: 20 Copas del Rey, tercero en la clasificación histórica. La Copa siguió su curso, cambió de manos, alimentó otra fiesta y dejó al Madrid mirando desde fuera, algo que en esta competición no resulta tan extraño como podría parecer.

La Real Sociedad añadió así otro capítulo reciente a un torneo que vive muy bien sin pedir permiso a los dos gigantes. Esa es parte de su encanto. La Copa del Rey conserva una capacidad de desorden que el fútbol moderno intenta domesticar con presupuestos, plantillas largas y algoritmos de rendimiento. Pero llega abril, o enero, o una noche fría de eliminatoria, y de pronto el decorado se mueve. La Copa no siempre respeta el guion. Al Madrid le ha dado veinte alegrías y bastantes disgustos. Una relación larga, sí, pero no dócil.

La cifra dentro de la historia blanca

Las 20 Copas del Rey del Real Madrid deben leerse dentro de un palmarés monumental. El club blanco ha construido su relato global alrededor de la Copa de Europa, de la Liga y de una idea casi imperial de la victoria. Esa grandeza, paradójicamente, hace que su cifra copera parezca menor de lo que es. Veinte títulos nacionales de copa serían la gloria absoluta para la inmensa mayoría de clubes. En el Madrid, en cambio, se examinan con ceja levantada, como si el dato tuviera que pedir perdón por no ser el primero.

Ahí está la trampa de medir al Madrid con la escala del propio Madrid. La Copa del Rey número 20, lograda en 2023, fue importante porque rompió una espera y porque recordó que el club todavía puede ganar en registros menos épicos. No todo va a ser remontada europea, foco mundial y música de Champions. También hay títulos que se ganan con tensión, con un rival incómodo, con un partido que no termina de abrirse y con la sensación de que la noche se puede torcer si alguien pestañea. Esa Copa fue así. Menos mármol, más oficio.

El dato también sirve para separar percepción y realidad. Muchos aficionados asocian automáticamente al Madrid con el liderazgo en cualquier competición española, pero la Copa del Rey desmiente esa intuición. El club blanco es tercero. Muy arriba, desde luego, pero tercero. Y esa posición no rebaja su historia; la hace más interesante. Porque revela que el fútbol no es una hoja de cálculo obediente. Tiene zonas de sombra, preferencias antiguas, torneos que favorecen unas culturas competitivas más que otras. El Madrid domina muchos mapas. Este no lo domina.

Veinte Copas y una relación todavía abierta

El Real Madrid tiene 20 Copas del Rey, ni una más, ni una menos. La cifra está limpia y el contexto también: es el tercer club con más títulos en la competición, por detrás del Barcelona y del Athletic. Su última alegría copera fue en 2023, ante Osasuna, y desde entonces el torneo ha seguido girando sin aumentar el museo blanco. No hay misterio contable, pero sí hay una historia rica detrás del número. Una historia de arranques fulgurantes, sequías largas, finales incómodas, títulos memorables y alguna paradoja sabrosa.

La Copa del Rey ocupa en el madridismo un lugar peculiar: no es el altar mayor, pero tampoco una habitación secundaria. Es un espejo que devuelve una imagen menos perfecta, quizá por eso más humana, del club más acostumbrado a vivir entre coronas. Veinte Copas son muchas. No bastan para reinar en el torneo. Y ahí, justo ahí, aparece la gracia del dato: el Madrid puede ser gigante sin ser el primero en todo. Incluso los imperios tienen habitaciones donde entra corriente.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.