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Economía

¿Cuándo repostar en septiembre? El diésel baja y la gasolina cambia

El diésel entra en septiembre con una rebaja fiscal de 20 céntimos por litro, mientras la gasolina reduce su ayuda hasta cinco céntimos por litro.

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repostando con euros

Septiembre empieza con una pequeña rareza en las gasolineras españolas: no dará igual conducir un coche diésel que uno de gasolina. Desde el martes 1 de septiembre, el gasóleo contará con una rebaja fiscal de 20 céntimos por litro, mientras que la gasolina se quedará en solo cinco céntimos. Para muchos conductores, elegir cuándo llenar el depósito puede suponer varios euros de diferencia.

En términos prácticos, quien tenga un vehículo diésel y pueda esperar encontrará desde septiembre una fiscalidad más favorable que en agosto. Con la gasolina sucede justo lo contrario: su rebaja se reduce de los diez céntimos aplicados durante agosto a cinco céntimos por litro en septiembre. Dicho de otro modo, desde el punto de vista estrictamente fiscal, tiene más sentido esperar al 1 de septiembre para repostar diésel y menos hacerlo si el coche funciona con gasolina.

Hay, eso sí, una precisión importante. Que el diésel tenga una rebaja fiscal de 20 céntimos no significa que el precio marcado en el surtidor vaya a desplomarse automáticamente 20 céntimos durante la madrugada del lunes al martes. El combustible ya disfrutaba de una reducción durante agosto y el precio final incorpora muchas más piezas: petróleo, refino, transporte, márgenes comerciales, impuestos y movimientos del mercado. El surtidor, para desgracia del automovilista, nunca ha sido una calculadora tan obediente.

Septiembre cambia las reglas para gasolina y diésel

El calendario aprobado por el Gobierno preveía retirar paulatinamente las medidas extraordinarias adoptadas para amortiguar el encarecimiento energético provocado por la crisis en Oriente Medio. La reducción fiscal general debía ir perdiendo peso: 15 céntimos en julio, diez en agosto y cinco en septiembre, antes de desaparecer.

Pero aquel calendario incluía un cortafuegos. Si durante julio el precio de alguno de los carburantes aumentaba más de un 15% respecto al mismo mes del año anterior, la reducción fiscal correspondiente volvería a intensificarse durante septiembre.

Y eso es exactamente lo que ha ocurrido con el gasóleo.

El diésel supera el umbral del 15%

El IPC de julio mostró que el gasóleo se había encarecido un 15,7% interanual. Bastaron esas siete décimas por encima del límite para activar automáticamente la cláusula de salvaguarda prevista en la normativa.

Por ello, durante septiembre el diésel recuperará una rebaja fiscal de 20 céntimos por litro, en lugar de los cinco céntimos que le habrían correspondido siguiendo el calendario original. No se trata, por tanto, de una nueva subvención improvisada a última hora, sino de un mecanismo que ya estaba escrito en las medidas anticrisis.

La gasolina siguió otra trayectoria. Su aumento interanual en julio fue del 7,3%, claramente por debajo del umbral del 15%. No activa el mecanismo extraordinario y continúa, por tanto, con la retirada progresiva de la ayuda: cinco céntimos durante septiembre.

Cuándo conviene repostar según el combustible

Para un conductor de diésel, esperar al martes 1 de septiembre tiene sentido siempre que no necesite combustible antes. Durante agosto la rebaja era de diez céntimos por litro y en septiembre será de 20. El salto fiscal favorable es, por tanto, de diez céntimos por litro respecto al mes anterior, aunque la variación efectiva del precio de venta dependerá de cómo evolucionen el resto de costes.

En un depósito de 50 litros, esa diferencia fiscal equivale a unos cinco euros respecto al esquema de agosto, suponiendo que las demás variables permanecieran constantes. En uno de 60 litros serían unos seis euros. No paga las vacaciones, desde luego, pero tampoco es calderilla para quien llena el depósito varias veces al mes.

Con un coche de gasolina, el calendario juega al revés. Durante agosto la rebaja era de diez céntimos y en septiembre será de cinco. Si únicamente se observa el componente fiscal y el resto del precio permaneciese igual, repostar antes del 1 de septiembre resulta más favorable.

El depósito no bajará necesariamente lo mismo que el impuesto

Aquí conviene separar dos conceptos que a menudo se mezclan. Una cosa es la rebaja del Impuesto sobre Hidrocarburos y otra, bastante más caprichosa, el precio que aparece en el panel luminoso de la estación de servicio.

Una reducción tributaria puede empujar el precio hacia abajo, pero no congela el coste del petróleo ni las cotizaciones internacionales de los productos refinados. Tampoco obliga a que todas las estaciones modifiquen sus precios exactamente en la misma proporción y al mismo tiempo.

Por eso sería engañoso afirmar que todos los conductores de diésel encontrarán el martes un litro exactamente veinte céntimos más barato que el lunes. Lo correcto es que el gasóleo tendrá una rebaja fiscal de 20 céntimos en septiembre y una protección fiscal superior a la de agosto.

El combustible llega a septiembre en máximos del verano

El cambio tributario aparece, además, después de varias semanas particularmente incómodas para el bolsillo. La gasolina se mueve alrededor de 1,72 euros por litro de media, mientras el diésel ronda los 1,86 euros, después de una sucesión de subidas durante el verano.

Desde finales de junio, el encarecimiento acumulado ronda el 20% en la gasolina y el 24% en el gasóleo. El contraste es llamativo: precisamente el combustible diésel, tradicionalmente asociado durante años a un menor coste por kilómetro, llega a septiembre claramente por encima de la gasolina en muchas estaciones.

La subida también se ha colado en los datos generales de precios. La inflación adelantada de agosto alcanzó el 4,3%, su nivel más alto en más de tres años, empujada en buena medida por la energía y los carburantes. Un recordatorio bastante tangible de que los decimales macroeconómicos terminan entrando por la manguera del surtidor.

Por qué están subiendo tanto gasolina y diésel

El origen del problema está lejos de cualquier gasolinera española. La crisis en Oriente Medio y la incertidumbre sobre el suministro energético han vuelto a colocar el petróleo y sus derivados en el centro del tablero económico.

Especialmente sensible sigue siendo el estrecho de Ormuz, una de las arterias fundamentales del comercio energético mundial. Cada episodio de tensión alrededor de esa ruta introduce una prima de riesgo en los mercados y termina trasladándose, con mayor o menor velocidad, a los productos refinados.

El precio español tampoco replica automáticamente la cotización diaria de un barril de petróleo. Entre el crudo y el depósito hay refinerías, contratos, costes logísticos, tipos de cambio y márgenes. De ahí esas situaciones aparentemente absurdas para el consumidor: el petróleo baja un día y el surtidor parece no haberse enterado; sube, en cambio, y uno tiene la impresión de que la noticia viajó en moto.

Buscar la estación más barata sigue importando

Incluso con la nueva fiscalidad, las diferencias entre gasolineras pueden superar con facilidad el ahorro derivado de unos céntimos de impuesto. Una diferencia de 10 céntimos por litro entre dos estaciones supone cinco euros en un depósito de 50 litros, exactamente el mismo orden de magnitud que el cambio fiscal del diésel respecto a agosto.

Por eso el precio medio nacional sirve para comprender la tendencia, pero dice poco sobre lo que terminará pagando un conductor concreto. Las estaciones de bajo coste, las promociones vinculadas a supermercados o tarjetas y la competencia local pueden alterar bastante la fotografía.

También influye la ubicación. Una gasolinera junto a una autopista, sin apenas competencia alrededor, no juega el mismo partido que cinco estaciones concentradas en un polígono industrial. El combustible es prácticamente el mismo; el cartel de precios, a veces, parece de otro país.

Una rebaja que alivia al diésel, pero no devuelve los precios de junio

Septiembre ofrece así dos escenarios diferentes. El diésel gana protección fiscal porque su subida interanual superó el límite establecido por el Gobierno y tendrá una rebaja de 20 céntimos por litro durante todo el mes. La gasolina, que no alcanzó ese umbral, seguirá con la retirada prevista de ayudas y conservará únicamente cinco céntimos de reducción.

Para quien esté decidiendo cuándo llenar el depósito, la lectura es bastante limpia: desde el punto de vista fiscal, el 1 de septiembre favorece al conductor de diésel, mientras que el de gasolina no obtiene ninguna ventaja esperando al cambio de mes.

Después mandará el mercado. El petróleo puede subir, bajar o quedarse clavado; las estaciones ajustarán sus tarifas y las diferencias locales seguirán haciendo de las suyas. La rebaja fiscal amortigua el golpe, especialmente para el gasóleo, pero no devuelve por sí sola los precios de principios del verano. En septiembre habrá algo de oxígeno. El combustible barato, de momento, sigue siendo otra historia.

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Director editorial de Don Porqué y analista de iGaming con más de 15 años cubriendo el sector del juego online en España. Especializado en regulación, bonos y seguridad de los casinos online.

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