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¿Cuándo arranca la Stanley Cup y dónde verla en España?

La Stanley Cup 2026 arranca con horarios para España, favoritos claros y cruces con tensión: el mapa ideal para seguir los playoffs en abril.
La Stanley Cup 2026 ya tiene encendido el piloto rojo. La primera ronda arranca el sábado 18 de abril y, visto desde España, la puerta de entrada clara es NHL.TV dentro de DAZN, que es la vía habilitada para seguir los playoffs en el mercado español. El primer tramo confirmado del calendario abre con tres partidos el sábado, sigue con cuatro Game 1 el domingo 19 y reserva otro estreno para el lunes 20, aunque varias horas seguían pendientes de confirmación oficial cuando la liga anunció el programa inicial.
Traducido a hora peninsular española, la madrugada manda, como casi siempre en el hockey norteamericano. El Ottawa Senators-Carolina Hurricanes del sábado está fijado para las 21.00 en España, el Minnesota Wild-Dallas Stars para las 23.30 y el Philadelphia Flyers-Pittsburgh Penguins para las 02.00, ya en la madrugada del domingo. El domingo 19 quedan anunciados, pero todavía sin hora cerrada en ese primer bloque oficial, Colorado contra el segundo comodín del Oeste, Tampa Bay contra Montreal, Buffalo contra Boston y Vegas contra Utah. Y el lunes 20 se jugará el Game 1 del cruce entre el segundo y el tercero del Pacífico, todavía abierto cuando se publicó el anuncio. Esa diferencia horaria de seis horas entre España y el Este de Estados Unidos deja el menú perfecto para el aficionado noctámbulo: sofá, pantalla, hielo y esa vieja costumbre de mirar el reloj a las tres de la mañana como si no pasara nada.
El programa ya está anunciado, pero no del todo cerrado
Aquí conviene bajar el ruido y quedarse con lo verificable. Lo que se hizo oficial no fue todavía el calendario completo de toda la primera ronda, sino el mapa inicial de los partidos inaugurales entre el 18 y el 20 de abril. La matización importa, porque quien busca el programa completo quiere el cuadro entero y, de momento, lo entero solo existe en una parte del tablero. Los Game 1 confirmados y el cuadro del Este sí están definidos. En el Oeste, en cambio, aún quedaban por decidir algunos emparejamientos y el orden final en la División Pacífico. En otras palabras: una mitad del decorado ya estaba iluminada y la otra seguía con obreros por dentro.
Eso altera también la lectura de favoritos. No es lo mismo para Colorado encontrarse a un rival áspero y acostumbrado al cuerpo a cuerpo que a otro más joven y menos cuajado. Tampoco es igual para Edmonton arrancar una serie relativamente limpia que verse atrapado en una eliminatoria mucho más física desde la primera noche. En el Este, en cambio, el cuadro ya venía con nombres cerrados y una geometría mucho más clara: Carolina contra Ottawa, Pittsburgh contra Philadelphia, Buffalo contra Boston y Tampa Bay contra Montreal. Ahí se podía hablar de series concretas sin tanta letra pequeña. En el Oeste, todavía no. Y eso también es noticia: los playoffs empiezan mientras una parte del rompecabezas sigue encajándose a golpes suaves.
Dónde verlo en España sin perderse en el laberinto
Para el aficionado español, la respuesta es bastante más sencilla de lo habitual. La vía para seguir la competición en España pasa por NHL.TV en DAZN. No es un matiz menor. Significa que el acceso a la postemporada no depende de andar saltando entre ventanas, sublicencias, señales difusas ni fórmulas casi detectivescas. En una época en la que ver deporte a veces se parece a montar un mueble sin instrucciones, aquí el camino está bastante despejado.
Eso no evita la liturgia del desvelo. En España, la Stanley Cup se ve con café, con una manta a destiempo y con esa luz rara del salón cuando todo el edificio duerme. Los partidos del sábado, al menos, dejan un pequeño regalo europeo: uno cae a las 21.00 y otro a las 23.30, dos franjas razonables para seguir el arranque sin tener que firmar un pacto con el insomnio. El tercero ya se marcha a las 02.00, y ahí empieza el territorio clásico del playoff NHL: hielo, tensión, golpes contra la tabla y la posibilidad siempre latente de una prórroga que te robe la noche entera.
El Este llega más ordenado y quizá más salvaje
Carolina abre la primera ronda como uno de los grandes nombres de la postemporada y también como uno de los equipos que más preguntas finas deja sobre la mesa. Terminó arriba en el Este, tendrá ventaja de pista y se mide a un Ottawa que llega con energía de regreso serio, no de invitado simpático. En la temporada regular, los Hurricanes dominaron el cara a cara, pero el detalle incómodo aparece bajo palos. La portería no llega con una sensación totalmente blindada, y cuando un favorito entra en playoffs con una mínima vibración en esa zona, el hielo deja de ser un lugar del todo cómodo. Carolina sigue siendo mejor, más profunda, más armada, sí, pero esta serie no huele a barrido. Huele a trabajo.
Ottawa, además, entra con la clase de perfil que se vuelve irritante en abril: equipo en crecimiento, menos obligado por la historia inmediata y con hambre. Hay clubes que cargan con traje y corbata cuando arranca el playoff. Otros salen con mono de faena. Los Senators parecen más de lo segundo. Aun así, la lógica sigue colocando por delante a Carolina, que tiene más estructura, mejor fondo de armario y más herramientas para sobrevivir a una eliminatoria larga. El pronóstico razonable apunta a Hurricanes en seis partidos, con más barro del previsto.
En la otra esquina del Este aparece una de las historias más potentes de este arranque. Buffalo vuelve a playoffs por primera vez desde 2011. Solo esa frase ya pesa. La ciudad llevaba demasiado tiempo mirando la primavera desde fuera, como quien escucha una fiesta desde el rellano. Los Sabres llegan, además, como campeones de división y con una racha que alimenta la idea de que no están aquí para firmar una foto y salir por la puerta de atrás. Boston, sin embargo, no es un rival amable ni mucho menos. Tiene oficio, tiene costumbre de este escenario y ya le hizo daño a Buffalo en la fase regular. Si alguien busca una serie larga, densa, con olor a hielo viejo y marcador corto, probablemente esté aquí.
La lógica reciente invita a pensar que Buffalo tiene una oportunidad real de imponer su momento, su pista y esa corriente emocional que recorre la ciudad entera. El playoff no premia el sentimentalismo, cierto, pero tampoco es inmune a una plaza que vuelve a respirar hockey de verdad después de tantos años. Sabres en siete parece una lectura plausible, de esas que dejan a medio mundo mirando el reloj y a la otra mitad mordiendo el mando.
Tampa Bay-Montreal es otro de esos cruces que parecen fáciles desde lejos y mucho menos simples cuando uno se acerca. Tampa tiene experiencia, jerarquía y costumbre de sobrevivir a abril y mayo sin despeinar demasiado el escudo. Montreal, en cambio, llega disparado por sus jóvenes figuras, con una mezcla de descaro y talento ofensivo que no conviene tomar a broma. Si además los Canadiens llegan con confianza y velocidad, la serie se vuelve bastante más viva de lo que podría sugerir el nombre del favorito. Tampa parte por delante, sí, pero no pisa un pasillo alfombrado. Pisa un suelo resbaladizo.
Y luego está Pittsburgh-Philadelphia, que es otra cosa. Ahí no manda tanto la lógica como la memoria. La Battle of Pennsylvania vuelve a escena y lo hace con un fondo sonoro que ya se intuye desde lejos. Crosby regresa a una noche de playoffs tras varios años sin ellas. Philadelphia aparece con hambre y con el descaro del que no se siente obligado a pedir permiso. Son series que a veces dejan de parecer hockey y se convierten en una discusión antigua con patines. Pittsburgh parece llegar un poco mejor colocado para salir vivo del cuerpo a cuerpo, y el pronóstico más razonable lo coloca ganando en siete partidos, pero con la mandíbula apretada.
El Oeste mezcla favoritos robustos y trampas desagradables
Si uno mira la foto amplia, Colorado entra como una de las referencias más sólidas de estos playoffs. No solo por lo hecho durante la temporada, también por el tono de su tramo final y por el peso específico de sus grandes nombres. Cuando un aspirante llega con sensación de equipo entero, y además recupera piezas cruciales para su columna vertebral, el resto empieza a mirarlo de reojo. En el papel, Avalanche parece el equipo que menos dudas genera. El problema del papel es que en la NHL dura poquísimo. A veces no llega ni a la primera carga contra la valla.
Dallas, mientras tanto, sigue instalado en el grupo de candidatos serios, aunque con una advertencia importante. Alguna ausencia sensible y algún interrogante físico en jugadores de primer rango le recortan el brillo justo cuando nadie quiere perder una décima de velocidad. Aun así, sigue siendo un bloque largo, bien armado, con portería fiable y un oficio competitivo que no se improvisa. Minnesota tiene capacidad para incomodar y para arrastrar el partido a un tipo de hielo más áspero, menos vistoso, más de bota pesada. Pero el favoritismo sigue siendo de Dallas, seguramente en una serie de seis partidos si todo discurre dentro de cierta normalidad. Aunque en el playoff, claro, la palabra normalidad suele durar un suspiro.
La serie de Vegas contra Utah es una de las más sugerentes por contraste. De un lado, un club ya curtido en la élite del Oeste, acostumbrado a este tipo de viajes, a este tipo de semanas, a este tipo de tensión. Del otro, una franquicia que vive sus primeros playoffs y que ha llegado antes de lo que muchos imaginaban. Utah tiene velocidad, frescura y esa inconsciencia simpática del que todavía no ha sido golpeado demasiadas veces por la historia. El problema es que enfrente está Vegas, un equipo que entiende muy bien cómo defender, cómo castigar un error y cómo convertir una serie en una escalera incómoda. La sensación dominante es Vegas en seis, aunque Utah tiene todo para dejar una impresión seria y volver a colarse pronto en la conversación grande.
La gran intriga del Oeste, en cualquier caso, estaba en el Pacífico. Edmonton, Anaheim y Los Angeles seguían moviendo posiciones y de ahí salían dos cruces distintos. Eso afecta al cuadro y afecta al estado de ánimo de varios aspirantes. También asoma otro detalle importante: Leon Draisaitl no llegaba en el mejor contexto físico posible al cierre de la fase regular, y cualquier matiz sobre su estado cambia el ecosistema de Edmonton. Con Draisaitl pleno, los Oilers son una amenaza muy seria. Si ese filo se dulcifica un poco, el dibujo entero se vuelve más humano, más vulnerable, más terrenal. Y en playoffs, qué cosas, basta una pequeña grieta para que entre todo el invierno.
Las últimas noticias ya están dando pistas
Hay detalles que no siempre llenan titulares, pero una primera ronda suele decidirse precisamente ahí, en la letra pequeña. El estado de las porterías, el ritmo con el que vuelven ciertos jugadores tocados, la gestión de las rotaciones, la salud del power play, el pulso mental en una ciudad que vuelve a ver playoffs tras muchos años. Todo eso forma una corriente subterránea que luego aparece en momentos concretos: una superioridad perdida, un despeje malo, un rebote que cae donde no debe. El playoff no es solo talento; también es resistencia, costumbre y nervio.
Buffalo llega con impulso y con una plaza volcada. Carolina ofrece la impresión de equipo armado, aunque con esa leve nube en la portería. Montreal entra con una generación joven que no parece intimidada por el escenario. Dallas vigila su enfermería. Edmonton depende mucho del estado real de sus figuras. Pittsburgh recupera el latido de las noches grandes. Utah pisa terreno virgen. Dicho así parece un parte médico mezclado con una novela coral. En realidad, es la esencia de la NHL en abril: nadie llega limpio del todo y nadie quiere admitirlo demasiado alto.
Hay otra pista interesante en el tono de los equipos que regresan tras años difíciles. Buffalo no pisa este territorio desde 2011. Pittsburgh vuelve después de tres ausencias seguidas. Utah se estrena. Philadelphia reaparece en una rivalidad que nunca necesita demasiada presentación. Eso deja una primera ronda menos aristocrática, menos cómoda para los favoritos, más abierta al sobresalto. El orden existe, claro. Pero este año parece bastante más deshilachado de lo habitual. Y eso, para el espectador neutral, suele ser una buena noticia.
Una primera ronda con ruido, sueño y bastante veneno
La noticia, en el fondo, no es solo que los playoffs de la NHL 2026 ya tengan fecha de arranque. La noticia de verdad es cómo arrancan: con favoritos claros, sí, pero también con cruces tramposos, cuadros todavía pendientes de rematar del todo, varias franquicias que regresan del desierto y unas primeras noches que en España se pueden seguir sin demasiada peregrinación tecnológica gracias a NHL.TV en DAZN. El sábado 18 deja tres partidos con horario definido para el público español. El domingo 19 y el lunes 20 completan el inicio con varios detalles todavía por fijar en ese primer anuncio oficial. Debajo de todo eso late una idea bastante simple: esta primera ronda promete menos ceremonia y más pelea de la buena.
Si hay que quedarse con una imagen, quizá sea esta. Colorado y Carolina parten como referencias sólidas. Dallas sigue en el grupo noble, aunque algo más golpeado. Buffalo y Tampa tienen argumentos serios para hacerse respetar. Vegas no siempre deslumbra en la pizarra, pero en el hielo sigue siendo un problema. Montreal tiene pinta de incordio serio. Pittsburgh-Philadelphia huele a vieja herida reabierta. Y el Pacífico, todavía sin cerrar del todo en ese primer momento del anuncio, mantenía la primera ronda colgando de un último hilo de fase regular. La Stanley Cup suele empezar con ruido. Esta vez, además, empieza con suspense.

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