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¿Qué pasa en Yemen? 13 soldados muertos en combates con los hutíes

Los choques en el oeste de Yemen dejan 13 soldados muertos y elevan la tensión en Taiz, Mokha y las proximidades del estrecho de Bab al-Mandab.

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Por Al Jazeera English - Soldiers, CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Trece soldados yemeníes han muerto en combates con los hutíes cerca de Taiz
  • Los choques se concentran en al-Barah, entre Taiz y la costa del mar Rojo
  • Bab al-Mandab vuelve al centro por su peso en el comercio marítimo mundial

Trece soldados yemeníes pertenecientes a fuerzas alineadas con el Gobierno reconocido internacionalmente han muerto este 3 de septiembre en nuevos combates contra los hutíes en el oeste de Yemen. Entre los fallecidos hay dos oficiales y buena parte de las bajas se produjo en el frente de al-Barah, al oeste de Taiz, dentro de una franja estratégica que conecta el interior del país con la costa del mar Rojo.

Los enfrentamientos vuelven a elevar la temperatura de una guerra que llevaba años instalada en una especie de equilibrio armado, lejos de una paz real pero también de las grandes ofensivas de la primera etapa del conflicto. El punto inquietante está en el mapa: los choques se producen entre Taiz, Mokha y las proximidades de Bab al-Mandab, uno de los estrechos marítimos más importantes del planeta.

La jornada tampoco se limita a intercambios de fuego sobre el terreno. Las fuerzas gubernamentales han denunciado ataques hutíes con misiles balísticos y drones contra posiciones de Taiz y Hodeida, mientras el frente occidental vuelve a concentrar movimientos militares. El alcance preciso de la operación todavía no permite hablar de una ofensiva general, pero el escenario se ha vuelto bastante menos tranquilo. Y Yemen sabe bien lo rápido que puede cambiar esa palabra.

Los combates de al-Barah y las 13 bajas yemeníes

El principal escenario de los enfrentamientos ha sido al-Barah, una zona situada al oeste de Taiz y próxima al corredor terrestre que conduce hacia Mokha. Las fuerzas contrarias a los hutíes mantienen posiciones defensivas en este sector desde hace años porque perder terreno allí podría comprometer comunicaciones y rutas logísticas hacia la costa occidental.

La mayoría de los 13 militares fallecidos combatía precisamente en las líneas entre Mokha y Taiz. Otros soldados murieron en choques registrados más cerca del litoral del mar Rojo. No existe por el momento un balance independiente y suficientemente consolidado sobre las bajas sufridas por los hutíes, una ausencia habitual en un conflicto donde cada parte administra la información militar con cuentagotas.

Entre las fuerzas gubernamentales circula la interpretación de que Ansar Allah, nombre oficial del movimiento hutí, pretende mejorar posiciones en dirección a áreas próximas a Bab al-Mandab. Esa hipótesis es relevante, aunque conviene separar lo comprobado de lo que pertenece todavía a la lectura militar del adversario: una batalla intensa en al-Barah no equivale por sí sola a una ofensiva para conquistar el estrecho.

Por qué Taiz vuelve a ser un frente decisivo

Taiz no es una ciudad cualquiera dentro del rompecabezas yemení. Situada entre las tierras altas y la costa occidental, lleva más de una década soportando enfrentamientos, bloqueos y líneas de frente que atraviesan su provincia. Controlar los accesos occidentales significa disponer de mejores conexiones con Mokha y con las carreteras que descienden hacia el mar Rojo.

La geografía explica buena parte de la violencia. Desde al-Barah se abre una ruta hacia Mokha, puerto histórico y actual enclave logístico de fuerzas opuestas a los hutíes. Más al sur aparece Bab al-Mandab. Sobre el papel son apenas unos nombres separados por kilómetros; militarmente forman un corredor donde cada altura, carretera y posición avanzada puede tener un valor muy superior al que sugiere el mapa.

Mokha, puerto comercial y pieza militar

La presión sobre Mokha tampoco comenzó este jueves. Durante las últimas semanas, la zona portuaria y sus alrededores han sufrido distintos episodios de violencia atribuidos a los hutíes, incluidos ataques con drones y misiles. El puerto cumple una doble función: mueve mercancías, pero también sostiene parte de la logística de las fuerzas desplegadas en la costa occidental.

Golpear esta infraestructura afecta al mismo tiempo al abastecimiento, las comunicaciones y la capacidad de despliegue. De ahí que la combinación de ataques contra Mokha y combates terrestres en dirección a Taiz despierte más atención que un episodio aislado. El frente occidental de Yemen empieza a mostrar señales de actividad simultánea en varios puntos.

Bab al-Mandab, la razón por la que el mundo mira a Yemen

El estrecho de Bab al-Mandab, cuyo nombre suele traducirse como “Puerta de las Lágrimas”, conecta el mar Rojo con el golfo de Adén. Su ubicación convierte una pequeña franja de agua entre Yemen y el Cuerno de África en una arteria decisiva para las rutas que enlazan Asia y Oriente Próximo con el Mediterráneo a través del canal de Suez.

Antes de la gran crisis de seguridad del mar Rojo, alrededor del 15% del comercio marítimo mundial transitaba por la ruta formada por Bab al-Mandab, el mar Rojo y Suez. Un bloqueo, una amenaza sostenida o simplemente un aumento del riesgo puede empujar a las navieras a rodear África por el cabo de Buena Esperanza. El resultado se mide en miles de kilómetros adicionales, más combustible, seguros caros y entregas que tardan bastante más.

También es una vía relevante para el transporte de petróleo y productos energéticos. Por eso los combates próximos al estrecho tienen una dimensión que rebasa la guerra civil yemení. Una posición perdida en una montaña de Taiz parece un asunto remoto hasta que el riesgo marítimo modifica la ruta de un petrolero o de un portacontenedores con destino a Europa.

Misiles y drones cambian el tamaño del campo de batalla

Los hutíes han demostrado durante los últimos años una capacidad creciente para operar mucho más allá de sus posiciones terrestres. El empleo de misiles balísticos, drones y sistemas de ataque marítimo permite al movimiento ejercer presión sobre puertos, barcos y objetivos situados a gran distancia sin necesidad de conquistar físicamente todo el territorio intermedio.

Ese factor es fundamental para entender la preocupación alrededor de Bab al-Mandab. El control completo del estrecho no es imprescindible para alterar el tráfico marítimo; basta con generar una amenaza creíble y persistente sobre los buques que lo atraviesan. El mar Rojo ya ha demostrado cuánto puede costar esa inseguridad a las grandes rutas comerciales.

Una guerra congelada que empieza a moverse otra vez

La guerra de Yemen redujo notablemente su intensidad después de la tregua de abril de 2022 auspiciada por Naciones Unidas. Aunque el acuerdo terminó formalmente meses después y nunca desembocó en una paz definitiva, las grandes ofensivas terrestres disminuyeron y buena parte de las líneas de frente quedó prácticamente congelada.

Congelada no significaba resuelta. Los hutíes conservaron el control de Saná y amplias zonas del norte y oeste, mientras distintas fuerzas contrarias al movimiento mantuvieron territorios en el sur, el este y parte de la costa occidental. Bajo esa superficie continuaron los choques esporádicos, la acumulación de armamento y una negociación política que avanzaba a trompicones.

Durante 2026, sin embargo, han aparecido síntomas más claros de deterioro. La actividad militar en Taiz, Marib y la costa occidental, acompañada de ataques con drones y misiles, ha reducido el margen entre una guerra contenida y una nueva escalada. Los 13 muertos de al-Barah no bastan para afirmar que Yemen haya regresado a una ofensiva nacional, pero tampoco encajan ya cómodamente en la idea de un frente dormido.

Quiénes son los hutíes y qué persiguen en el oeste

Los hutíes, o Ansar Allah, surgieron en el norte de Yemen y conquistaron Saná en 2014, desencadenando la fase de la guerra que posteriormente involucró a una coalición liderada por Arabia Saudí. Desde entonces han consolidado una estructura política y militar propia sobre buena parte de las áreas más pobladas del país.

Su fuerza ya no depende únicamente de combatientes y artillería convencional. La incorporación de misiles de largo alcance y drones transformó al movimiento en un actor capaz de intervenir sobre las rutas del mar Rojo y de insertarse en las crisis regionales de Oriente Próximo. Esto explica por qué un avance relativamente pequeño en el oeste de Yemen puede provocar una lectura geopolítica mucho mayor.

El objetivo concreto de los actuales movimientos militares sigue abierto. Ganar posiciones, desgastar al adversario, mejorar la capacidad de negociación o preparar operaciones posteriores son posibilidades que no se excluyen entre sí. Lo comprobable es que la presión militar sobre el eje Taiz-Mokha ha aumentado y que las fuerzas gubernamentales consideran ese movimiento una amenaza para la seguridad de la costa occidental.

El frente que puede volver a alterar el mar Rojo

El dato más sólido de la jornada son los 13 soldados muertos, incluidos dos oficiales, en los combates contra los hutíes. También resulta evidente el aumento de la actividad alrededor de al-Barah, Taiz y Mokha. Lo que aún necesita tiempo y hechos sobre el terreno es determinar si se trata de una escalada limitada o del comienzo de algo bastante mayor.

La diferencia no es menor. Una ofensiva sostenida hacia posiciones próximas a Bab al-Mandab exigiría avances territoriales, rutas de suministro y capacidad para conservar el terreno frente a fuerzas que llevan años preparándose precisamente para impedirlo. Los hutíes, sin embargo, poseen otra vía de presión: amenazar el espacio marítimo sin ocupar necesariamente toda la costa.

Y ahí está el verdadero alcance de lo ocurrido. La guerra de Yemen sigue siendo, ante todo, una tragedia yemení, pero el lugar donde vuelve a crujir el frente coincide con una de las grandes bisagras del comercio mundial. Taiz, Mokha y Bab al-Mandab vuelven a aparecer en la misma frase. En este conflicto, cuando eso sucede, las consecuencias rara vez se quedan dentro de Yemen.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.