Síguenos

Tecnología

¿Por qué China retira Windows del Estado y acelera su salto a Linux?

China acelera la salida de Windows de determinados organismos estatales mientras refuerza Kylin, UOS y otras alternativas tecnológicas nacionales.

Foto del avatar

Publicado

el

chico chino usando windos

Resumen

  • China acelera la retirada de Windows en parte de su aparato estatal
  • El relevo apunta a Kylin, UOS y otros sistemas ligados al ecosistema Linux
  • La medida busca reducir la dependencia tecnológica de proveedores extranjeros

China ha decidido acelerar la retirada de Windows en parte de su entramado estatal. La medida afecta, según la información conocida hasta el momento, a determinadas entidades vinculadas al Estado que todavía emplean Windows 10 China Government Edition, una versión especial desarrollada para las autoridades del país. No se trata de una orden para borrar Windows de cada ordenador público chino de un plumazo. El movimiento es más acotado. Y precisamente por eso conviene medir su alcance.

El Ministerio de Seguridad del Estado habría comunicado a algunas organizaciones estatales que deben desinstalar esa edición personalizada antes de lo previsto. El calendario apuntaba originalmente a febrero de 2027; Pekín ha decidido adelantar la salida. Detrás aparece una preocupación recurrente en la política tecnológica china: reducir la dependencia de proveedores extranjeros y mantener bajo control nacional sistemas, actualizaciones, datos e infraestructura crítica. Microsoft, por su parte, ha señalado que no tiene constancia de un incidente de seguridad concreto relacionado con este producto.

China no está simplemente cambiando Windows por otro escritorio

La imagen fácil sería la de miles de funcionarios encendiendo el ordenador una mañana y encontrándose Linux donde ayer estaba Windows. La realidad es bastante menos cinematográfica y, a la vez, más importante. China lleva años construyendo una política de soberanía tecnológica que abarca procesadores, sistemas operativos, bases de datos, servicios en la nube y programas utilizados en administraciones y empresas públicas. Windows es solo una pieza —enorme, eso sí— dentro de un tablero mucho más amplio.

Las compras recientes del Gobierno central dejan una pista bastante elocuente. En contratos públicos adjudicados en agosto de 2026 para ordenadores de sobremesa aparecen como sistemas operativos Kylin, UnionTech UOS y Zhongke Fangde, además de otras plataformas que cumplan los requisitos oficiales de seguridad y fiabilidad. Windows no figura expresamente entre las opciones enumeradas. Lo mismo ocurre en adjudicaciones de ordenadores portátiles.

Y ahí está el matiz. Pekín no parece estar buscando simplemente Linux como quien descarga una distribución para rescatar un portátil viejo. Quiere un ecosistema informático bajo mayor control doméstico, compatible con hardware chino y sujeto a sus propios criterios de seguridad.

Kylin y UOS, los nombres que ganan terreno

Entre las alternativas que se están asentando aparecen Kylin y UnionTech UOS, junto con otros desarrollos nacionales. Buena parte de estas plataformas utilizan tecnologías procedentes del ecosistema Linux, cuya naturaleza abierta permite adaptar el sistema, auditar componentes y modificarlo para determinados equipos o exigencias institucionales.

La diferencia respecto a Windows es esencial. Microsoft controla el desarrollo de su sistema operativo propietario; con una distribución basada en Linux, las autoridades y compañías chinas disponen de mucho más margen para intervenir en el código, configurar actualizaciones y acomodar el software al hardware nacional.

No deja de tener cierta ironía tecnológica: para reducir la dependencia de una empresa estadounidense, China se apoya en buena medida en software de código abierto construido durante décadas por una comunidad internacional. La soberanía digital, al final, rara vez cabe dentro de una bandera.

Windows 10 China Government Edition nació para evitar este desenlace

Microsoft había intentado adaptarse al peculiar mercado institucional chino. En 2017 presentó Windows 10 China Government Edition, desarrollado por C&M Information Technologies, una empresa conjunta de Microsoft y el grupo estatal China Electronics Technology Group.

No era el Windows 10 doméstico instalado en millones de ordenadores. Partía de Windows 10 Enterprise, pero eliminaba determinados componentes considerados innecesarios por las autoridades chinas, como OneDrive, y permitía gestionar localmente aspectos como la telemetría, las actualizaciones y los algoritmos criptográficos. Aduanas de China, Shanghái y la compañía estatal Westone estuvieron entre sus primeros usuarios piloto.

Sobre el papel era una especie de traje a medida: Windows, sí, pero recortado, controlado y adaptado para satisfacer los requisitos de Pekín. No terminó de resolver el problema de fondo.

La evolución de las contrataciones tecnológicas gubernamentales durante los últimos años apunta a una presencia cada vez menor de Microsoft entre las soluciones recomendadas. Windows 10 China Government Edition sobrevivió en determinados ámbitos, aunque sometido a requisitos adicionales de gestión. La presión sobre la compañía estadounidense, por tanto, venía de bastante antes de esta última orden.

Microsoft lleva años perdiendo terreno dentro del aparato público chino

El deterioro tampoco empezó ayer. China impulsa desde 2017 el uso de programas y tecnologías nacionales bajo criterios oficiales de seguridad y fiabilidad, una política que ha ido estrechando el espacio disponible para compañías extranjeras.

Microsoft continúa operando en el país, pero su posición ha cambiado. Durante los últimos años se han cerrado distintas oficinas y empresas conjuntas relacionadas con la compañía, mientras el grupo estadounidense reducía progresivamente parte de su exposición al mercado chino. El peso de China sobre los ingresos globales de Microsoft es, además, limitado en comparación con la importancia política que tiene el país.

Eso no significa que Microsoft vaya a abandonar China. Su negocio allí se ha desplazado hacia otras áreas, especialmente servicios destinados a empresas chinas que operan internacionalmente. Una cosa es perder el escritorio de un funcionario y otra, bastante distinta, desaparecer de la segunda economía del mundo.

Por qué Pekín quiere controlar también el sistema operativo

Un sistema operativo no es una aplicación cualquiera. Se encuentra entre el usuario, el hardware, los documentos, las comunicaciones y prácticamente cualquier programa ejecutado en el ordenador. Para una administración pública, esa posición convierte al sistema en una pieza de infraestructura estratégica.

China lleva años argumentando que las tecnologías utilizadas en entornos sensibles deben cumplir criterios propios de seguridad. Estados Unidos sostiene una lógica parecida cuando limita productos chinos en determinadas infraestructuras o restringe la exportación de tecnología avanzada. Las grandes potencias han descubierto que un procesador, una nube o un sistema operativo también forman parte de la geopolítica tecnológica.

En el caso chino, la desconfianza hacia el software extranjero se intensificó tras las revelaciones sobre programas occidentales de vigilancia y después con el deterioro de las relaciones entre Washington y Pekín. A partir de ahí, seguridad nacional, política industrial y competencia económica empezaron a caminar bastante juntas.

El resultado es una estrategia que suele describirse mediante la idea de sustitución tecnológica: retirar gradualmente componentes extranjeros de sectores considerados estratégicos y reemplazarlos por alternativas nacionales. No ocurre de una semana para otra. Pero la dirección resulta difícil de confundir.

Cambiar Windows es mucho más difícil que instalar Linux

El verdadero desafío empieza después de pulsar el botón de instalar. Durante décadas, administraciones, empresas y trabajadores han construido sus rutinas alrededor de Windows. Existen aplicaciones internas diseñadas exclusivamente para ese sistema, documentos creados con herramientas de Microsoft, periféricos con controladores específicos y programas antiguos que nadie quiere tocar porque —milagros de la informática administrativa— siguen funcionando.

Migrar significa comprobar compatibilidades, adaptar programas, trasladar documentos, formar a los empleados y garantizar que impresoras, escáneres, sistemas de identificación y aplicaciones críticas continúan respondiendo. El escritorio es lo de menos; el ecosistema es lo complicado.

Ese problema explica por qué China lleva años preparando alternativas nacionales antes de acelerar la retirada del software estadounidense. Las contrataciones públicas de 2026 muestran precisamente ese esfuerzo: no aparece una única plataforma destinada a ocupar el trono de Windows, sino varias opciones domésticas compitiendo dentro de los estándares fijados por el Estado.

También explica por qué sería exagerado interpretar la noticia como la desaparición inmediata de Windows de China. Fuera de los organismos afectados y de determinados entornos públicos, Windows continúa teniendo una presencia relevante en ordenadores particulares y empresariales. La batalla se libra primero donde Pekín tiene capacidad directa para decidir qué máquinas compra y qué software instala.

Una retirada limitada que señala un cambio mucho mayor

La decisión conocida en 2026 tiene un alcance más preciso de lo que sugieren algunos titulares: el Ministerio de Seguridad del Estado ha pedido a determinadas entidades vinculadas al aparato estatal que adelanten la retirada de Windows 10 China Government Edition. No existe evidencia pública de una orden instantánea para eliminar todas las versiones de Windows de todos los equipos gubernamentales del país.

Pero reducir la noticia a ese matiz también sería quedarse corto. Las últimas adjudicaciones públicas, los requisitos de seguridad y la expansión de sistemas como Kylin o UOS dibujan una dirección bastante clara. China quiere depender menos de Microsoft en su infraestructura pública y disponer de una cadena tecnológica sobre la que pueda ejercer mayor control.

Windows consiguió durante décadas algo extraordinariamente difícil: convertirse casi en sinónimo de ordenador personal. En los despachos públicos chinos, esa equivalencia empieza a romperse. No porque Linux haya ganado de repente una vieja guerra entre sistemas operativos, sino porque el software se ha convertido en otra frontera de la rivalidad entre Estados Unidos y China. Y allí donde antes mandaba la comodidad, empieza a mandar la geopolítica.

Newsletter

Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.