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¿Qué hace Spider-Man en la polémica campaña de ICE de la Casa Blanca?

La Casa Blanca usa a Spider-Man para promocionar a ICE y desata críticas de fans, mientras Disney, Marvel y Sony quedan bajo presión pública.

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tráiler de Spider-Man Brand New Day

La Casa Blanca ha utilizado a Spider-Man para promocionar las actuaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, ICE, y la ocurrencia, concebida para viajar rápido por las redes sociales, ha terminado provocando una reacción bastante menos amable que la del célebre vecino de Queens. La publicación oficial transforma al superhéroe de Marvel en una especie de aliado de los agentes migratorios y remata el mensaje vinculando su telaraña con la detención y deportación de inmigrantes que cometan delitos.

No se trata de una interpretación escondida entre píxeles. El montaje difundido por la cuenta oficial de la Casa Blanca consta de cuatro imágenes y juega deliberadamente con la expresión asociada desde hace décadas al personaje: “Vuestros amigables agentes de ICE del barrio”. Spider-Man lanza una telaraña y, al final de la secuencia, varios hombres aparecen atrapados en ella. La última imagen introduce el mensaje político sobre arrestos y deportaciones. El resultado ha encendido a numerosos aficionados de Marvel, que reclaman una reacción de los propietarios de la franquicia.

La Casa Blanca convierte a Spider-Man en agente de ICE

La maniobra mezcla dos mundos que normalmente comparten poco más que las siglas de una agencia y las de un estudio de Hollywood. Por un lado está ICE, organismo federal encargado de hacer cumplir parte de la legislación migratoria estadounidense; por otro, Peter Parker, un personaje construido durante más de seis décadas alrededor de la responsabilidad individual, la protección del débil y la incómoda costumbre de meterse donde las autoridades preferirían que no se metiera.

La propia Marvel presenta a Peter Parker como un joven que emplea sus extraordinarias capacidades para ayudar a los demás y combatir el crimen. Esa distancia entre la identidad narrativa del personaje y el uso político de su imagen explica buena parte de la irritación. No es solo que un Gobierno haya aprovechado un superhéroe famoso. Es que ha colocado dentro de una política estatal muy controvertida a un personaje cuya popularidad depende, precisamente, de que el público lo perciba como protector de quien está en apuros.

Hay también una coincidencia demasiado golosa para cualquier departamento de comunicación. Spider-Man: Brand New Day, protagonizada por Tom Holland, llegó a los cines estadounidenses el 31 de julio de 2026, situando de nuevo al personaje en el centro de la conversación cultural. Aprovechar esa gigantesca visibilidad garantiza atención. Y eso, en la política contemporánea, vale casi tanto como disponer de un buen discurso. A veces bastante más.

Por qué los seguidores de Marvel han reaccionado con tanta dureza

La respuesta en redes ha tenido un componente político evidente, pero también otro casi sentimental. Spider-Man no es una mascota institucional. Para varias generaciones forma parte de esa pequeña colección de personajes ficticios a los que se termina atribuyendo una personalidad moral reconocible. Peter Parker se equivoca, llega tarde, pierde trabajos, discute con sus seres queridos y, aun así, vuelve a ponerse la máscara cuando alguien necesita ayuda.

De ahí que muchos usuarios hayan considerado especialmente forzada su transformación en imagen de una campaña migratoria. Entre las reacciones aparecieron peticiones para que Marvel y Sony actúen legalmente, críticas a la utilización del personaje y referencias al fallecido Stan Lee, cocreador de Spider-Man junto al dibujante Steve Ditko. La idea que se repite es bastante sencilla: sus seguidores no reconocen al héroe en la escena que la Casa Blanca intenta construir.

El fenómeno dice algo interesante sobre la política digital estadounidense. Un meme institucional ya no necesita explicar una medida, ofrecer estadísticas ni defender una ley. Le basta con apropiarse durante unos segundos de un símbolo que millones de personas conocen. La telaraña hace el trabajo que antes hacía un eslogan. El problema llega cuando el símbolo arrastra una historia propia y esa historia contradice —o al menos incomoda— el mensaje que se pretende vender.

Disney, Marvel y Sony entran inevitablemente en la conversación

Las llamadas a una demanda simplifican, eso sí, una cuestión jurídica bastante más enrevesada. Marvel pertenece a The Walt Disney Company, mientras Sony mantiene derechos cinematográficos esenciales sobre Spider-Man y colabora con Marvel Studios en las películas protagonizadas por Tom Holland. El personaje, sus representaciones gráficas, sus logotipos y las imágenes procedentes de producciones audiovisuales pueden involucrar derechos diferentes.

Que una imagen protegida sea utilizada sin autorización tampoco significa automáticamente que exista una infracción ganada de antemano. La legislación estadounidense contempla la doctrina del fair use, o uso justo, y obliga a estudiar cada caso atendiendo a elementos como la finalidad de la utilización, su carácter transformador, cuánto material protegido se empleó y su posible impacto sobre el mercado de la obra original. No existe una calculadora mágica: una imagen dentro, demanda ganada fuera. El análisis es bastante más incómodo que eso.

La cuestión relevante sería, entre otras, determinar exactamente qué materiales de Spider-Man fueron utilizados, de dónde proceden y hasta qué punto la publicación puede considerarse una transformación política del original. También pesaría la naturaleza extremadamente creativa del personaje. El uso justo se decide caso por caso, y la ausencia de ánimo comercial por sí sola no resuelve el asunto.

Hasta la madrugada del 8 de agosto, no había trascendido públicamente una ofensiva judicial de Disney, Marvel o Sony relacionada con esta publicación. Lo que sí resulta visible es la presión de los aficionados para que alguna de esas compañías marque distancias respecto al mensaje de ICE.

No es la primera vez que Trump recluta la cultura popular

La aparición de Spider-Man tampoco surge de la nada. La comunicación de la Administración de Donald Trump lleva tiempo utilizando películas, canciones, personajes y códigos reconocibles de internet para envolver mensajes políticos en formatos diseñados para hacerse virales.

La Casa Blanca ya había difundido una imagen de Trump caracterizado como Superman, aprovechando la popularidad cinematográfica del personaje de DC. También utilizó referencias de Star Wars, incluida una polémica composición en la que el presidente aparecía con un sable láser rojo, un detalle deliciosamente incómodo porque ese color identifica habitualmente a los Sith y al lado oscuro de la saga. El meme quiso señalar a los adversarios; el atrezo decidió colaborar por su cuenta.

Mucho más próxima al caso actual fue la utilización de Pokémon para ilustrar operaciones de ICE. El Departamento de Seguridad Nacional publicó un montaje de redadas acompañado por música e imágenes asociadas a la franquicia y por el célebre lema “Gotta Catch ’Em All”. The Pokémon Company aclaró posteriormente que no había participado en la creación del material ni había autorizado el uso de su propiedad intelectual.

También varios músicos han protestado por la utilización de sus canciones en contenidos relacionados con inmigración o con acciones de la Administración. Ariana Grande, Olivia Rodrigo y Sabrina Carpenter figuran entre los artistas que han rechazado públicamente que su música sirviera de banda sonora para vídeos políticos de este tipo. El choque entre artistas, propietarios de derechos y comunicación institucional se ha convertido, de hecho, en otro frente habitual de la política estadounidense.

La batalla real está en quién controla el significado

El episodio de Spider-Man muestra hasta dónde ha cambiado la propaganda política en la era de TikTok, Instagram y X. Ya no se disputa únicamente quién controla una institución o qué palabras dominan el debate. También se disputa quién puede apropiarse del imaginario popular y darle un significado nuevo durante unas horas.

La fórmula es tremendamente eficaz. Un comunicado sobre deportaciones puede pasar inadvertido entre cientos de noticias; Spider-Man atrapando personas con una telaraña, no. La Administración Trump conoce perfectamente esa diferencia y ha convertido el lenguaje del meme en una herramienta recurrente de comunicación oficial. Provocar indignación tampoco representa necesariamente un fracaso: la indignación multiplica capturas, respuestas, vídeos y titulares. El algoritmo raramente pregunta si los aplausos son sinceros antes de contar las reproducciones.

Aquí aparece la paradoja. Al apropiarse de personajes tan conocidos, una institución obtiene atención inmediata, pero también entrega parte del control del mensaje a millones de personas que conocen mejor al personaje que al comunicado gubernamental. Y Spider-Man viene acompañado de demasiadas décadas de historias como para convertirse dócilmente en figurante de una campaña política.

Una telaraña que ha atrapado a la propia Casa Blanca

La publicación buscaba presentar a ICE mediante uno de los héroes más reconocibles de la cultura popular estadounidense. Ha conseguido otra cosa al mismo tiempo: abrir un debate sobre propaganda institucional, inmigración, derechos de autor y apropiación política de símbolos culturales.

La polémica probablemente no se explica solo por estar a favor o en contra de la política migratoria de Trump. También habla de una frontera distinta, menos visible. Los personajes populares pertenecen jurídicamente a empresas, pero culturalmente viven en la cabeza de millones de personas. Y cuando un Gobierno intenta cambiarles el uniforme, el público nota las costuras.

Spider-Man nació como un adolescente que descubría que tener poder implicaba asumir responsabilidad. Más de sesenta años después, la Casa Blanca ha decidido llevarlo a una campaña de ICE. La imagen ha circulado; el mensaje también. La aceptación, bastante menos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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