Síguenos

Ocio

¿Por qué Brad Pitt exige las cuentas de Angelina Jolie por Miraval?

Brad Pitt reclama las cuentas de Angelina Jolie por Miraval y abre un frente judicial sobre sus ingresos, contratos y negocios en Hollywood.

Publicado

el

Brad Pitt y Angelina Jolie vuelven a chocar

Brad Pitt ha vuelto a llevar el dinero de Angelina Jolie al centro de su interminable batalla judicial por Château Miraval. Los abogados del actor han pedido a un juez de Los Ángeles que obligue a su exmujer a entregar documentación sobre sus ingresos profesionales, incluidos contratos cinematográficos, pagos iniciales por películas, acuerdos con marcas y otros trabajos realizados durante los años que precedieron a la venta de su participación en la bodega francesa.

No es, al menos de momento, una investigación sobre si Jolie ocultó dinero ni una acusación de fraude. El movimiento forma parte de la fase de intercambio de pruebas del pleito que enfrenta a ambos por la venta, en 2021, de la participación de la actriz en Miraval. Pitt considera que conocer cuánto ganaba Jolie entre su separación y aquella operación puede ayudar a desmontar la explicación económica que, según su equipo legal, ella ha incorporado al caso.

Jolie responde que esa lectura tergiversa su posición: nunca habría sostenido que estuviera arruinada, sino que quería conseguir independencia financiera respecto de Pitt. Una diferencia de pocas palabras, sí. Pero en un litigio de esta dimensión las palabras pesan casi tanto como las cifras.

Qué pide exactamente Brad Pitt a Angelina Jolie

La nueva ofensiva judicial pretende obtener documentos relacionados con los ingresos de Jolie desde la separación de la pareja hasta la venta de Miraval. El foco más discutido está en los ejercicios de 2017, 2018 y 2019, un periodo sobre el que el equipo de Pitt reclama información acerca de honorarios, participaciones en beneficios y otras remuneraciones profesionales.

Según los últimos escritos conocidos, la petición alcanza también a elementos especialmente reveladores de cómo funciona la economía de una gran estrella de Hollywood: anticipos por papeles cinematográficos, patrocinios comerciales y pagos derivados de servicios profesionales. No estamos hablando, por tanto, de mirar simplemente el saldo de una cuenta bancaria. Pitt busca reconstruir la capacidad económica real de Jolie durante aquellos años.

El argumento de sus abogados es sencillo en apariencia. Si Jolie presenta su necesidad de desligarse económicamente de Pitt como un elemento relevante para explicar por qué acabó vendiendo Miraval, sus ingresos anteriores a aquella decisión pueden servir para evaluar ese relato. El equipo del actor sostiene que impedir el acceso a esos documentos ofrecería al futuro jurado una fotografía incompleta de lo ocurrido.

Los años de Hollywood que entran en el pleito

La discusión coincide con una etapa en la que Jolie continuaba siendo una de las intérpretes mejor situadas de la industria, aunque su actividad profesional había disminuido respecto a otros momentos de su carrera. Entre 2017 y 2021 estuvo vinculada a producciones importantes y estrenó títulos como Maléfica: Maestra del mal, Aquellos que desean mi muerte y Eternals.

Su equipo legal ofrece, sin embargo, otra lectura de ese periodo. Sostiene que la actriz redujo sustancialmente su carrera durante varios años para concentrarse en su familia tras la separación de 2016. Precisamente ahí aparece una de las zonas grises que Pitt quiere explorar: cuánto dinero ingresó realmente Jolie mientras afirmaba estar intentando reorganizar su vida personal y patrimonial.

La cuestión no consiste necesariamente en demostrar que una estrella de Hollywood tenía dinero —sorpresa limitada—, sino en determinar si esos ingresos tienen alguna relación jurídicamente relevante con las razones que llevaron a la venta de Miraval.

Por qué el dinero importa en un pleito sobre un viñedo

El origen del enfrentamiento es bastante más concreto que toda la tormenta posterior. Pitt y Jolie adquirieron Château Miraval, en el sur de Francia, en 2008 mediante sus respectivas sociedades. Antes de casarse en 2014, la estructura empresarial terminó dejando a cada uno con una participación equivalente del 50%.

Tras la ruptura en 2016 comenzaron las negociaciones para separar sus intereses patrimoniales. Miraval no era precisamente el apartamento con la vajilla por repartir: era una propiedad de enorme valor, una explotación vitivinícola consolidada y, además, el lugar donde la pareja se había casado.

En 2021, después de que fracasaran las conversaciones para que Pitt adquiriera la parte de Jolie, ella vendió su sociedad Nouvel, propietaria de su participación en Miraval, a Tenute del Mondo, vinculada al grupo Stoli.

Pitt demandó posteriormente alegando que ambos habían alcanzado un acuerdo por el que ninguno vendería su parte sin consentimiento del otro. Jolie rechaza esa interpretación. De ahí nació un procedimiento que empezó hablando de participaciones societarias y ha terminado absorbiendo correos privados, acuerdos de confidencialidad, acusaciones personales y, ahora, los ingresos cinematográficos de Angelina Jolie.

Jolie responde: independencia no significa estar sin dinero

La defensa de Jolie insiste en una distinción que parece semántica hasta que se mira el expediente. La actriz, sostiene su equipo, no afirmó que necesitara vender Miraval porque careciera de recursos. Lo que buscaba era independencia financiera respecto de Pitt, es decir, separar un patrimonio que continuaba manteniéndolos unidos años después de la ruptura.

Sus abogados consideran por eso desproporcionado exigir información financiera de años anteriores y han descrito la petición como una intromisión excesiva en su privacidad. Jolie ya habría entregado voluntariamente determinada documentación correspondiente a 2020 y 2021, mientras discute la pertinencia de ampliar esa ventana hacia atrás.

En una conferencia informal sobre el intercambio de pruebas celebrada el 8 de julio, un abogado de Jolie calificó la petición como excesiva y la vinculó al comportamiento controlador que la actriz atribuye desde hace años a Pitt. Es una acusación de parte, conviene subrayarlo: no una conclusión judicial.

Ahí está buena parte del choque. Pitt sostiene que Jolie introdujo su situación económica en el litigio y, por tanto, debe aceptar que sea examinada. Jolie replica que una cosa es querer dejar de compartir intereses financieros con alguien y otra muy distinta alegar dificultades económicas. El matiz será importante si el juez considera que esos documentos pueden aportar información relevante al caso.

Miraval ya no es el divorcio, aunque resulta imposible separarlos

Brad Pitt y Angelina Jolie terminaron formalmente su divorcio en diciembre de 2024, más de ocho años después de la separación. El litigio de Château Miraval, sin embargo, continúa por un carril distinto.

Esa separación jurídica explica una paradoja bastante hollywoodiense: el matrimonio se acabó, pero el negocio que simbolizó sus años felices sigue funcionando como una cuerda que los devuelve al mismo tribunal.

Durante los últimos meses, además, Pitt ha obtenido avances procesales relacionados con las personas y empresas implicadas en la compra de la participación de Jolie. El 24 de junio de 2026, un tribunal de apelación de California resolvió que Yuri Shefler, propietario beneficiario del grupo relacionado con Tenute, podía quedar sometido a la jurisdicción de California por su intervención en la operación.

La sentencia describió cómo Shefler participó en la estructura y cierre de la compra de Nouvel y garantizó 39 millones de dólares del precio abonado a Jolie. Ese frente no resuelve la disputa principal, pero permite comprender por qué el caso se ha convertido en una telaraña societaria bastante más compleja que una simple pelea entre dos actores.

Las acusaciones personales vuelven a cruzarse con el negocio

El problema para cualquier intento de reducir Miraval a una discusión contractual es que la ruptura de Pitt y Jolie reaparece una y otra vez en los argumentos de ambas partes.

Jolie ha relacionado las negociaciones sobre la bodega con la exigencia de Pitt de firmar un acuerdo de confidencialidad, o NDA, que, según ella, pretendía limitar lo que podía decir sobre las acusaciones de malos tratos que formuló contra el actor. Pitt ha rechazado durante años distintas caracterizaciones realizadas por el equipo de Jolie sobre su conducta.

Las acusaciones se remontan especialmente al conocido incidente ocurrido durante un vuelo privado en septiembre de 2016. Las autoridades estadounidenses investigaron lo sucedido y Pitt no fue acusado penalmente. El episodio sigue apareciendo, no obstante, en los documentos del litigio civil como parte de las explicaciones ofrecidas por Jolie sobre la ruptura y sus decisiones posteriores.

El equipo de Pitt intenta precisamente limitar cuánto de esa historia familiar terminará entrando en el juicio de Miraval. Sus últimos argumentos apuntan a que Jolie estaría convirtiendo una controversia empresarial sobre la venta de una participación en un procedimiento mucho más amplio sobre la ruptura de la pareja.

Y ahí aparece la ironía de este caso: para demostrar que determinados asuntos personales no deberían formar parte del litigio, las partes llevan años introduciendo nuevos asuntos personales.

Lo que cambia con esta nueva ofensiva judicial

La última petición de Brad Pitt no significa que el juez haya determinado que Angelina Jolie ocultó ingresos, ni demuestra que mintiera sobre su situación económica. Tampoco decide quién tiene razón en la controversia sobre la venta de Château Miraval.

Lo que está en juego en esta fase es bastante más preciso: determinar qué documentación deberá entregar Jolie antes del juicio y qué argumentos podrán sostener las partes con esos documentos delante.

Si Pitt consigue acceso a los contratos y registros que reclama, su defensa podrá comparar los ingresos profesionales de Jolie con las razones que ella ha ofrecido para querer desprenderse de Miraval. Si el tribunal considera que esa información resulta demasiado alejada del núcleo contractual o invade injustificadamente su privacidad, el alcance de la petición podría reducirse.

La batalla real es por la relevancia de las pruebas. En los tribunales estadounidenses, la fase de discovery permite solicitar un volumen considerable de documentos antes de llegar a juicio, pero no convierte automáticamente cualquier aspecto de la vida económica de una persona en material pertinente.

Esa frontera —qué pertenece al caso y qué pertenece a la intimidad de una expareja— es precisamente la que están intentando mover Pitt y Jolie en direcciones opuestas.

De las viñas de Provenza a los contratos de Hollywood

Château Miraval comenzó siendo una inversión compartida, se convirtió en escenario de una boda y terminó transformado en uno de los divorcios empresariales más observados de Hollywood. Quince años después de la compra de la finca, casi cualquier elemento de aquella vida conjunta parece capaz de terminar incorporado al expediente.

Esta vez son los contratos y los ingresos de Angelina Jolie. Pitt sostiene que ayudan a explicar el verdadero contexto financiero en el que decidió vender. Jolie afirma que el intento confunde deliberadamente independencia con necesidad económica y abre una ventana innecesaria sobre años de su vida privada.

El juez tendrá que decidir hasta dónde puede abrirse esa ventana. Lo demás —las cifras concretas que pudiera revelar, su efecto sobre el futuro juicio y quién consigue finalmente imponer su versión de lo ocurrido en Miraval— sigue pendiente. El vino envejece bien; algunos pleitos, por lo visto, también.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído