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¿Por qué Caracas vuelve a inundarse tras los terremotos y lluvias?
Caracas vuelve a quedar bajo el agua tras intensas lluvias, desbordamientos y rescates, mientras la ciudad sigue marcada por los terremotos.

Caracas volvió a quedar bajo el agua. Las lluvias torrenciales del sábado 22 de agosto provocaron inundaciones en distintos puntos de la capital venezolana, desbordamientos de cauces, vehículos atrapados y graves problemas de circulación en la autopista Valle-Coche, El Valle, Coche, La Rinconada, Antímano, La Vega y los accesos hacia la carretera Panamericana. En uno de los puntos más castigados, los Bomberos de Caracas informaron del rescate de alrededor de 100 personas.
El episodio llega en un momento especialmente delicado para una ciudad y un país que todavía arrastran las consecuencias de los terremotos del 24 de junio. Y, como si Caracas necesitara algún recordatorio adicional de su fragilidad, durante la propia noche del sábado se registró un nuevo sismo de magnitud 3,4 cerca de La Guaira, percibido también en la capital. No se comunicaron daños por este último temblor y no existe relación causal entre ambos fenómenos: una cosa es la actividad sísmica y otra, muy distinta, el temporal. Pero para quien estaba allí, entre calles convertidas en corrientes de agua, la distinción científica seguramente ofrecía poco consuelo.
El agua vuelve a tomar las calles de Caracas
La lluvia cayó con suficiente intensidad como para alterar en cuestión de horas buena parte de la movilidad del sur y suroeste caraqueños. El río Valle se desbordó a la altura de Los Símbolos y otros tramos próximos a Valle-Coche quedaron anegados. Las imágenes difundidas desde la zona mostraban automóviles rodeados por agua turbia, conductores buscando rutas de salida y pasajeros abandonando vehículos de transporte público para continuar a pie.
También se registraron problemas en Santa Mónica, Los Chaguaramos y Coche. En la carretera Panamericana hubo acumulaciones de agua en sectores como Oveja Negra y Las Minas, mientras un árbol cayó sobre la autopista Valle-Coche, complicando todavía más una vía que ya funcionaba a trompicones. En Coche, el agua penetró en instalaciones del Metro; también circularon imágenes de anegaciones en La Rinconada. La ciudad subterránea tampoco salió indemne.
Lo ocurrido no fue simplemente una tarde incómoda de paraguas inútiles y tráfico infernal. En Valle Abajo, el desbordamiento afectó un área de unos 2.000 metros e incluso alcanzó instalaciones de los propios bomberos. Varias personas quedaron incomunicadas y numerosos vehículos fueron cubiertos o bloqueados por el agua.
Un centenar de rescates y viviendas evacuadas
El comandante del Cuerpo de Bomberos de Caracas, Pablo Palacios, situó en aproximadamente un centenar las personas auxiliadas en los alrededores de Valle-Coche. Los equipos instalaron además un puesto de comando en Valle Abajo y activaron unidades especializadas para evaluar los puntos comprometidos.
En Macarao, concretamente en el sector El Matadero de la antigua carretera Caracas-Los Teques, fueron evacuadas preventivamente 30 viviendas por el aumento del caudal. El parte difundido sobre ese punto no registraba fallecidos, heridos ni desaparecidos.
Más inquietante era el episodio comunicado en La Rinconada, donde una mujer de unos 30 años que circulaba en motocicleta habría derrapado y fue arrastrada por la corriente junto a su hija menor. Las primeras informaciones disponibles este domingo no permiten establecer con suficiente seguridad el desenlace de ambas, de modo que presentarlas como víctimas mortales sería adelantarse a los hechos. En una emergencia, la velocidad de las redes suele correr bastante más que la verificación.
Caracas aún vive a la sombra de los terremotos
Hay otra dimensión que convierte estas inundaciones en algo especialmente delicado. Venezuela todavía no ha terminado de salir de la catástrofe provocada por los terremotos del 24 de junio, que golpearon con especial dureza La Guaira y dejaron también daños en Caracas y otros puntos del norte del país.
Las consecuencias se fueron acumulando durante las semanas posteriores, mientras numerosas familias quedaron afectadas y algunas tuvieron que instalarse en alojamientos temporales. Las lluvias de mediados de agosto ya habían castigado algunos de esos espacios provisionales y dejaron tres muertos en Caracas, entre ellos dos adolescentes arrastradas por una corriente en La Vega.
Eso cambia por completo el significado de una nueva inundación. Una casa dañada por un terremoto tolera peor la humedad, un terreno removido puede ser más vulnerable y una familia que vive provisionalmente bajo una lona tiene un margen de seguridad infinitamente menor. La meteorología no consulta el calendario de las tragedias anteriores.
Otro sismo de 3,4 mientras caía el temporal
A las 8:21 de la noche del sábado se registró un sismo de magnitud 3,4 con epicentro situado 11 kilómetros al oeste de La Guaira. El movimiento se sintió también en distintos sectores de Caracas y, según la información disponible, no causó daños materiales ni víctimas.
Cuatro días antes se había registrado otro temblor de magnitud 4 en la misma región. La actividad sísmica posterior a movimientos importantes puede prolongarse mediante réplicas y reajustes durante un periodo considerable.
Conviene insistir porque la sucesión resulta espectacular, pero la geología no funciona con guion cinematográfico: el terremoto no provocó las inundaciones. Coincidieron en una ciudad que está soportando dos riesgos naturales diferentes casi al mismo tiempo. Precisamente por eso la situación resulta tan incómoda.
La onda tropical 40 pone a prueba una ciudad vulnerable
Las autoridades venezolanas relacionaron las precipitaciones con las condiciones generadas por la onda tropical número 40 y activaron el sistema de Protección Civil. El Gobierno informó del despliegue de unos 700 efectivos y trabajadores entre Policía Nacional, bomberos, Protección Civil, unidades militares y servicios municipales para retirar sedimentos, despejar carreteras y atender las zonas dañadas.
La autopista Valle-Coche necesitó trabajos específicos de limpieza después de acumular barro, agua y restos arrastrados por la corriente. Paralelamente, las administraciones locales mantuvieron bajo vigilancia el río Guaire y distintas quebradas de Baruta y Caracas.
Aquí aparece, inevitablemente, la cuestión menos meteorológica del asunto. Caracas conoce de sobra sus lluvias intensas, sus quebradas y los puntos donde el agua suele convertirse en problema. El Gobierno había anunciado meses antes trabajos de limpieza de cauces y drenajes dentro del Plan de Lluvias 2026, con intervenciones en varias quebradas consideradas estratégicas. Sin embargo, el envejecimiento de parte de la red de drenaje y la vulnerabilidad de determinadas zonas continúan pesando cada vez que el cielo se abre con fuerza.
La existencia de un fenómeno meteorológico intenso explica el agua; no responde por sí sola a todo lo demás. Cuando una tormenta convierte repetidamente autopistas en canales y estaciones de transporte en piscinas improvisadas, entra en escena el estado de la infraestructura, el mantenimiento urbano y la capacidad de anticipación. La lluvia, al fin y al cabo, no lee las memorias de gestión.
Un agosto especialmente duro para la capital venezolana
El temporal del 22 de agosto tampoco aparece aislado. Apenas una semana antes, otras lluvias intensas habían causado graves inundaciones en Caracas y dejaron tres muertos. Dos adolescentes fallecieron tras ser arrastradas por el agua en La Vega y una mujer murió después de un deslizamiento en la carretera vieja Caracas-Los Teques.
Eso explica por qué cada nueva nube cargada pesa un poco más. Los ríos llegan después de jornadas de precipitaciones, las laderas acumulan humedad y miles de ciudadanos continúan viviendo en un entorno alterado por los terremotos de junio. No todo punto anegado constituye una catástrofe, claro. Pero la suma va estrechando el margen.
Las instituciones tienen ante sí una obligación bastante menos vistosa que los despliegues de emergencia: ofrecer balances claros, explicar qué infraestructuras fallaron, identificar los cauces con mayor riesgo y distinguir las obras realizadas de las que todavía siguen pendientes. En una democracia, también durante una emergencia, la información pública forma parte de la protección civil.
Caracas vuelve a medir su fragilidad en el agua
La fotografía que deja el temporal es incómoda: coches medio sumergidos, carreteras inutilizadas, agua entrando en estaciones y ciudadanos rescatados de lugares por los que unas horas antes circulaban con normalidad. Caracas ha comprobado de nuevo lo rápido que una gran ciudad puede perder esa apariencia de control y normalidad que suele darse por descontada.
Por ahora, el dato más sólido es que el aguacero causó inundaciones graves, desbordamientos y numerosos rescates, mientras los servicios de emergencia evalúan las consecuencias. No se había difundido un balance oficial definitivo de víctimas correspondiente exclusivamente a este temporal, y permanece especialmente sensible la información sobre la mujer y la menor arrastradas en La Rinconada.
Después de los terremotos llegaron nuevas lluvias; después, otro temblor menor. Son fenómenos distintos, pero caen sobre la misma población, las mismas carreteras y una infraestructura sometida a una prueba que parece no terminar. Caracas no necesita acostumbrarse al desastre. Necesita, más bien, dejar de considerar normal que cada episodio extremo vuelva a revelar las mismas costuras de la ciudad.

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