Salud
¿Cómo logró Brasil reducir los casos de malaria a mínimos en 47 años?
Brasil registra su menor cifra de malaria desde 1978 tras reducir casos, muertes y recaídas, aunque la Amazonia sigue concentrando el riesgo.

Brasil cerró 2025 con 118.037 casos de malaria contraídos dentro del país, un 15 % menos que el año anterior y la cifra más baja registrada desde 1978. Es decir, el gigante sudamericano ha llevado la enfermedad a su menor nivel en 47 años, un descenso que también se nota donde más importa: en los cuadros graves y en las muertes.
Los fallecimientos asociados a la malaria pasaron de 56 en 2024 a 39 en 2025, una reducción del 30 %, mientras que los casos de las formas más graves descendieron un 30,7 %. El Ministerio de Salud brasileño atribuye la mejora a una combinación de diagnóstico más amplio, acceso a pruebas, tratamiento precoz y la incorporación de tafenoquina, un medicamento pensado especialmente para evitar las recaídas de la malaria causada por Plasmodium vivax.
El récord, sin embargo, necesita letra pequeña. Brasil está mejor que hace décadas, sí, pero todavía permanece lejos de haber eliminado la malaria. Más del 99 % de los casos autóctonos siguen concentrados en la región amazónica, donde la distancia entre una comunidad y un centro sanitario puede medirse no solo en kilómetros, sino en horas de río, pistas de tierra y condiciones meteorológicas poco amigas de los calendarios administrativos.
La caída de casos es histórica, pero Brasil aún tiene trabajo pendiente
La evolución de 2025 confirma una reducción significativa de la malaria después de años en los que el país había tenido dificultades para mantener un descenso continuado. La enfermedad sigue siendo endémica sobre todo en Acre, Amapá, Amazonas, Maranhão, Mato Grosso, Pará, Rondônia, Roraima y Tocantins, los estados que forman el área amazónica considerada de transmisión habitual por las autoridades sanitarias. Fuera de esa zona, buena parte de los diagnósticos corresponden a personas infectadas previamente en la Amazonia brasileña, en otros países amazónicos o en África.
Hay además una paradoja estadística que conviene no esconder bajo la alfombra del récord. El Plan Nacional de Eliminación de la Malaria, lanzado en 2022, había fijado como objetivo bajar de 68.000 casos en 2025. Los 118.037 finalmente registrados representan el mejor resultado en casi medio siglo, pero quedan muy por encima de aquel objetivo intermedio. El récord, por tanto, es bueno; el calendario oficial resulta bastante menos complaciente.
Brasil mantiene como horizonte reducir los casos autóctonos a menos de 14.000 en 2030, llevar las muertes a cero y eliminar para entonces la transmisión de Plasmodium falciparum. El objetivo definitivo es aún más ambicioso: interrumpir la transmisión autóctona en 2035.
La tafenoquina cambia una parte importante del tratamiento
Buena parte de la atención se concentra en la tafenoquina, incorporada al Sistema Único de Saúde, el SUS brasileño, inicialmente para determinados pacientes con malaria por Plasmodium vivax. Hasta junio de 2026, más de 33.700 personas habían recibido este medicamento; 3.920 tratamientos se administraron dentro de distritos sanitarios especiales indígenas.
Su interés está en algo aparentemente sencillo, pero decisivo en lugares de acceso complicado: permite atacar las formas latentes del parásito capaces de permanecer en el hígado y provocar posteriormente nuevos episodios de malaria. Frente a tratamientos que exigen tomar medicación durante varios días, la tafenoquina puede utilizarse en dosis única para la cura radical de determinados casos de malaria por P. vivax, dentro de los protocolos establecidos por las autoridades sanitarias.
Por qué la malaria puede reaparecer después del tratamiento
El Plasmodium vivax, predominante en Brasil, tiene una desagradable peculiaridad biológica. Algunas formas del parásito pueden quedar dormidas en el hígado y reactivarse semanas o meses después. El paciente puede haber superado los síntomas y, aparentemente, dejado atrás la enfermedad; el parásito, mientras tanto, continúa agazapado. Esa capacidad de producir recaídas complica la eliminación de la malaria incluso cuando el primer episodio ha sido correctamente tratado.
La tafenoquina facilita el tratamiento precisamente porque actúa contra esas formas hepáticas. No es, de todos modos, una pastilla para repartir alegremente. Antes de utilizarla debe evaluarse la actividad de la enzima G6PD, ya que las personas con niveles insuficientes pueden sufrir hemólisis y anemia grave con determinados medicamentos antipalúdicos. Brasil ha vinculado expresamente el uso de tafenoquina a esta prueba de seguridad.
El tratamiento también llega a niños desde 2026
Desde marzo de 2026 Brasil dispone igualmente de una formulación destinada a niños a partir de 2 años y 10 kilos de peso, siempre dentro de los criterios médicos establecidos y con la evaluación correspondiente de G6PD. Hasta junio, 1.446 niños y adolescentes habían recibido el tratamiento. La formulación pediátrica se encontraba disponible en 54 municipios y 17 distritos sanitarios especiales indígenas, con más de 2.400 profesionales sanitarios capacitados para utilizarla.
La Amazonia sigue siendo el verdadero campo de batalla
Las cifras nacionales pueden resultar engañosamente limpias cuando se observan desde lejos. El mapa real de la malaria brasileña tiene un color muy definido: Amazonia. Allí coinciden selva tropical, abundancia de mosquitos Anopheles, asentamientos dispersos, movilidad por ríos, minería, comunidades indígenas y enormes dificultades para garantizar un diagnóstico inmediato en determinados territorios. Más del 99 % de la transmisión nacional se concentra en esta región.
No es solo una cuestión de mosquitos. La lucha contra la malaria también depende de que una persona con fiebre pueda ser diagnosticada rápidamente, recibir el tratamiento correcto y completar el esquema farmacológico. Cuando el puesto sanitario está a varias horas de navegación, lo que en una ciudad parece una rutina médica se convierte en logística pura. Las zonas remotas, fronterizas, forestales y mineras, junto con la movilidad de la población y las limitaciones de vigilancia, siguen entre los grandes obstáculos para eliminar la malaria en América.
El fuerte descenso entre la población yanomami
Uno de los datos más llamativos procede del Distrito Sanitario Especial Indígena Yanomami. Allí, 1.515 personas habían recibido tafenoquina hasta mediados de 2026. Entre marzo y junio, las recaídas disminuyeron un 61,9 % respecto al mismo periodo de 2025.
La evolución general fue también contundente: entre enero y julio de 2026 se contabilizaron alrededor de 7.600 casos, frente a unos 17.000 durante los mismos meses del año anterior. La caída ronda el 55 %. Es un dato particularmente relevante porque las comunidades indígenas y otras poblaciones de difícil acceso han soportado durante años una parte desproporcionada de la transmisión amazónica.
De 118.037 casos a cero queda todavía un largo río
La malaria es una enfermedad causada por parásitos del género Plasmodium y transmitida principalmente por la picadura de mosquitos Anopheles hembra infectados. No se contagia de una persona a otra como una gripe. Sus primeros síntomas suelen incluir fiebre, escalofríos, dolor de cabeza y malestar general; sin diagnóstico y tratamiento adecuados, determinadas infecciones pueden evolucionar hacia cuadros graves.
En el conjunto de América se registraron alrededor de 536.700 casos y 136 muertes en 2024. Brasil, Colombia y Venezuela continúan figurando entre los países que soportan una parte importante de la carga regional, particularmente en territorios amazónicos y entre comunidades indígenas o vinculadas a actividades mineras.
El precedente de Surinam, certificado como país libre de malaria en junio de 2025, demuestra que la eliminación es posible incluso dentro del entorno amazónico. Pero también enseña algo menos vistoso que cualquier medicamento nuevo: hacen falta años de vigilancia, diagnóstico y seguimiento territorial, además de capacidad para alcanzar a poblaciones que viven lejos de las redes sanitarias convencionales.
Brasil llega a 2026 con un dato que hace unas décadas habría parecido extraordinario: la malaria está en su nivel más bajo desde 1978, las muertes han retrocedido y nuevas herramientas permiten atacar mejor las recaídas. Pero 118.037 casos siguen siendo 118.037 personas infectadas. Entre ese mínimo histórico y la eliminación prevista para 2035 queda bastante selva por recorrer. Literalmente.

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