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¿Por qué Ben Gvir pide a Netanyahu reconocer las Malvinas argentinas?
Ben Gvir propone reconocer la soberanía argentina sobre las Malvinas como respuesta a Londres, entre sanciones, petróleo y tensión diplomática.

Foto: Rob / mapa base de Hogweard — Natural Earth Data, CC BY-SA 3.0 — vía Wikimedia Commons.
Resumen
- Ben Gvir pide a Netanyahu reconocer las Malvinas como territorio argentino
- La propuesta llega en plena tensión entre Israel y Reino Unido por sanciones
- El petróleo de Sea Lion añade una paradoja por la presencia de Navitas
El ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, ha pedido al primer ministro Benjamín Netanyahu que Israel reconozca las islas Malvinas como «territorio argentino ocupado» y que imponga sanciones al Reino Unido mientras mantenga el control del archipiélago. La declaración supone un respaldo explícito a la reivindicación de soberanía de Argentina, pero, por el momento, no representa un cambio oficial de la política exterior israelí.
La intervención de Ben Gvir tiene, sobre todo, una explicación inmediata: el deterioro de las relaciones entre Israel y Reino Unido y la perspectiva de nuevas medidas británicas contra productos procedentes de los asentamientos israelíes en Cisjordania. El ministro ha respondido llevando la pelea a un terreno particularmente sensible para Londres. Malvinas. Un conflicto congelado durante décadas que, de repente, vuelve a servir como munición diplomática a más de 12.000 kilómetros del escenario original.
Una represalia contra Londres, no un giro oficial de Israel
Ben Gvir lanzó su petición públicamente y reclamó que Netanyahu reconozca la soberanía argentina sobre las islas. También acusó a Reino Unido de aprovechar los recursos naturales del archipiélago, especialmente el petróleo. Su mensaje iba bastante más allá de una declaración de simpatía hacia Buenos Aires: planteaba castigar políticamente a Londres utilizando uno de los asuntos más delicados de la diplomacia británica.
El contexto explica bastante. Reino Unido mantiene una política cada vez más crítica con la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania y en junio de 2025 sancionó al propio Ben Gvir, junto al ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, por su papel en la incitación y el apoyo a la violencia contra comunidades palestinas. Las medidas incluyeron congelación de activos y prohibición de entrada en territorio británico.
La tensión no ha desaparecido. Londres ha endurecido durante 2026 su posición frente a los asentamientos, que considera ilegales conforme al derecho internacional, y ha promovido nuevas medidas contra personas y entidades relacionadas con la violencia de colonos. En septiembre, la posibilidad de restricciones comerciales adicionales volvió a irritar al ala más dura del Gobierno israelí. Las Malvinas aparecieron entonces como respuesta política.
El lenguaje de la «ocupación» vuelve como espejo
Hay una carga deliberada en las palabras utilizadas por Ben Gvir. Hablar de «territorio argentino ocupado» reproduce precisamente el lenguaje empleado internacionalmente para describir Cisjordania ocupada, una calificación que el ministro israelí rechaza. Ben Gvir considera Judea y Samaria —la denominación bíblica que utiliza para Cisjordania— parte esencial de Israel.
El giro retórico es evidente. Si Londres habla de ocupación y sanciona a políticos israelíes por su posición sobre Cisjordania, Ben Gvir devuelve la palabra hacia el Atlántico Sur. No parece una conversión repentina a los principios de la descolonización; se parece bastante más a una bofetada diplomática, con mapa incluido.
Eso no resta importancia a la declaración. Que un ministro del Gobierno israelí reclame formalmente a Netanyahu un reconocimiento de la soberanía argentina constituye un hecho político poco habitual, especialmente por las estrechas relaciones entre Javier Milei e Israel durante la presidencia del mandatario argentino.
Qué dice realmente la ONU sobre las Malvinas
El estatus internacional de las Malvinas es bastante más complejo que el intercambio de acusaciones entre Ben Gvir y Londres. Reino Unido administra el archipiélago desde 1833, mientras Argentina sostiene que la ocupación británica es ilegítima y reclama la soberanía sobre las islas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes.
Las Naciones Unidas reconocen desde 1965 que existe una disputa de soberanía entre Argentina y Reino Unido. La resolución 2065 de la Asamblea General instó a ambos gobiernos a negociar una solución pacífica, una posición posteriormente reiterada en otras resoluciones. Las islas continúan, además, incluidas en la lista de territorios no autónomos de Naciones Unidas.
Esto requiere una precisión importante: Naciones Unidas no ha declarado simplemente que las Malvinas sean territorio soberano argentino ni utiliza como posición institucional la expresión empleada por Ben Gvir. Reconoce la existencia de una controversia sobre la soberanía y reclama negociaciones entre las partes.
Argentina mantiene que Reino Unido ocupó las islas en 1833, expulsó a las autoridades argentinas allí establecidas y creó una situación colonial que nunca fue aceptada por Buenos Aires. Londres ofrece la lectura contraria y sostiene que cualquier discusión sobre el futuro del archipiélago debe partir del derecho de sus habitantes a decidir su estatus político.
El referéndum de 2013 y la posición británica
Reino Unido utiliza como uno de sus principales argumentos el referéndum celebrado en las islas en marzo de 2013. Con una participación del 92 %, el 99,8 % de los votos válidos apoyó mantener el estatus de territorio británico de ultramar.
Buenos Aires no reconoce esa consulta como determinante para resolver la soberanía. Su posición histórica sostiene que el principio relevante en el caso de las Malvinas es la integridad territorial argentina y que la población actual de las islas no constituye un pueblo colonizado con derecho a decidir unilateralmente el destino del territorio.
Entre ambos argumentos discurre una controversia que lleva generaciones atravesando gobiernos argentinos y británicos de todos los colores. Y en medio permanece la guerra de 1982, cuando la dictadura militar argentina ocupó las islas el 2 de abril y Reino Unido respondió militarmente. El conflicto terminó en junio con la rendición argentina y la restauración del control británico.
El petróleo vuelve a encender el conflicto
La aparición de Ben Gvir coincide con otro capítulo especialmente delicado: la explotación petrolera alrededor de las Malvinas. Y aquí la historia adquiere una ironía geopolítica considerable.
Argentina ha endurecido durante los primeros días de septiembre de 2026 sus acciones contra el proyecto Sea Lion, situado en la Cuenca Malvinas Norte. El Gobierno de Javier Milei anunció procedimientos sancionadores contra decenas de personas y empresas relacionadas con actividades hidrocarburíferas realizadas sin autorización argentina.
El 7 de septiembre, apenas un día antes de las declaraciones de Ben Gvir, la Presidencia argentina comunicó además que el ministro de Exteriores, Pablo Quirno, presentaría una denuncia penal contra varias compañías vinculadas a la exploración y explotación de hidrocarburos en la zona.
Entre las empresas señaladas aparece Navitas Petroleum Development & Production, compañía de origen israelí y una de las protagonistas del proyecto Sea Lion. Las autoridades de las Malvinas aprobaron a finales de 2025 el programa de desarrollo del yacimiento promovido por Navitas y la británica Rockhopper Exploration. Los trabajos preparatorios han seguido avanzando y la perforación estaba prevista para comenzar a principios de 2027.
Ahí aparece una contradicción difícil de esconder. Ben Gvir denuncia que Reino Unido obtiene petróleo de un territorio que considera argentino mientras una empresa de origen israelí participa directamente en ese desarrollo petrolero bajo licencias que Buenos Aires rechaza como ilegítimas.
Argentina, por su parte, no ha hecho excepciones por la buena relación política entre Milei e Israel. Su legislación considera ilegales las actividades de exploración y explotación de hidrocarburos realizadas en las zonas en disputa sin autorización argentina. El conflicto de soberanía, cuando entra el petróleo, pierde rápidamente cualquier aire ceremonial: hay inversiones, barcos, perforaciones, tribunales y bastante dinero sobre la mesa.
Qué cambiaría si Netanyahu aceptara la petición
Un eventual reconocimiento israelí de la soberanía argentina tendría valor diplomático y político, pero no modificaría por sí mismo la situación jurídica ni el control efectivo de las islas. Reino Unido seguiría administrándolas y cualquier modificación real del estatus necesitaría un proceso político y diplomático de una dimensión mucho mayor.
Sí tendría consecuencias en las relaciones entre Londres e Israel. Un reconocimiento formal colocaría al Gobierno israelí frente a uno de los asuntos más sensibles para Reino Unido y rompería con una posición que, hasta este episodio, Netanyahu no había anunciado que pretendiera modificar.
También sería un éxito simbólico considerable para Argentina. Buenos Aires lleva décadas buscando apoyos internacionales a su reclamación y presentando la cuestión de las Malvinas en Naciones Unidas y otros organismos multilaterales. Conseguir el respaldo de Israel tendría todavía más resonancia por la relación política desarrollada entre Milei y Netanyahu.
Pero esa situación aún no se ha producido. La petición pertenece a Ben Gvir. Hasta este 8 de septiembre, no consta un reconocimiento oficial israelí de la soberanía argentina sobre las Malvinas ni una decisión de Netanyahu de adoptar la propuesta de su ministro.
Las Malvinas entran en la pelea entre Israel y Londres
La declaración de Ben Gvir tiene una lectura inmediata y otra bastante más profunda. La primera es sencilla: un ministro israelí enfadado con Reino Unido utiliza las Malvinas para responder a Londres. La segunda revela cómo una vieja disputa territorial puede regresar a primera línea cuando cambian las alianzas, aparecen sanciones y, de fondo, asoma el petróleo.
Argentina recibe así un apoyo inesperado desde un Gobierno con el que mantiene una relación particularmente próxima, aunque acompañado de una paradoja evidente: Buenos Aires está actuando contra intereses petroleros vinculados a una compañía israelí precisamente en las aguas que Ben Gvir acusa a Reino Unido de explotar.
Y las Malvinas vuelven a demostrar algo que su historia lleva mucho tiempo enseñando. El mapa puede parecer inmóvil durante años, incluso décadas. La política, en cambio, nunca lo está.

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