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¿Avisó EAU a Netanyahu del ataque de Hamás diez días antes del 7-O?

Un diario israelí sostiene que Emiratos avisó a Netanyahu de una gran ofensiva de Hamás diez días antes del 7-O, algo que su oficina niega de plano.

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ataque de Hamás del 7-O

Foto: Dovgazit — trabajo propio, CC BY-SA 4.0 — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Haaretz afirma que EAU alertó a Netanyahu unos diez días antes del 7-O
  • La oficina de Netanyahu niega que esa llamada con Bin Zayed existiera
  • Jefes de seguridad israelíes dicen que nunca recibieron aquel supuesto aviso

Una investigación publicada este 8 de septiembre por el diario israelí Haaretz sostiene que el presidente de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed al Nahyan, avisó personalmente a Benjamín Netanyahu de que Hamás preparaba una operación de gran envergadura contra Israel aproximadamente diez días antes del ataque del 7 de octubre de 2023. El aviso habría llegado durante una conversación telefónica de unos 45 minutos.

La oficina del primer ministro israelí niega por completo esa versión. Asegura que Netanyahu no habló con Bin Zayed en ese periodo y que, por tanto, tampoco recibió de él una advertencia sobre los planes de Hamás. Esa contradicción es esencial: la existencia de la llamada no está reconocida oficialmente por el Gobierno israelí y la información procede de una investigación periodística basada en fuentes conocedoras de aquellos contactos.

La revelación, sin embargo, va bastante más allá de una llamada perdida en la niebla de los días previos al desastre. Según la reconstrucción publicada, Netanyahu habría recibido una advertencia bastante específica sobre Yahya Sinwar, entonces máximo dirigente de Hamás en Gaza, y no habría trasladado esa información a los principales responsables de la seguridad israelí.

Tanto el entonces jefe del Shin Bet, Ronen Bar, como el antiguo jefe del Estado Mayor del Ejército, Herzi Halevi, dijeron que no fueron informados de aquel supuesto aviso emiratí. Y ahí aparece la cuestión incómoda. Una cosa es que los servicios de inteligencia interpreten mal una señal; otra, bastante distinta, es que una señal relevante ni siquiera llegue a quienes deben interpretarla.

Una llamada de 45 minutos sobre los planes de Yahya Sinwar

La investigación sitúa la conversación entre Bin Zayed y Netanyahu aproximadamente una semana y media antes del 7 de octubre. El dirigente emiratí habría advertido de que Sinwar preparaba una operación importante contra Israel y habría pedido al primer ministro que se tomara seriamente la información.

No era una conversación rutinaria entre dos gobiernos que habían normalizado sus relaciones apenas tres años antes. Bin Zayed temía, según la reconstrucción, que una gran ofensiva provocara una matanza, desestabilizara Oriente Próximo y pusiera en peligro los Acuerdos de Abraham, uno de los grandes proyectos diplomáticos de la etapa de Netanyahu.

La duración atribuida a la llamada, unos 45 minutos, tampoco encaja demasiado con la imagen de un comentario casual deslizado entre otros asuntos. Según la información publicada, el presidente emiratí habría insistido en la gravedad de lo que había conocido.

Netanyahu, siempre de acuerdo con esta versión, habría reaccionado con bastante tranquilidad. Su análisis era que Hamás podía estar pensando en actuar en Cisjordania y que Israel se encontraba preparado para afrontar cualquier escenario. Diez días después, miles de milicianos atravesaron la frontera de Gaza.

El recorrido del aviso antes de llegar a Abu Dabi

La historia comienza antes de la supuesta llamada. La investigación reconstruye una cadena de contactos indirectos en la que aparecieron interlocutores palestinos, responsables emiratíes y miembros de la seguridad israelí.

Sinwar habría transmitido durante septiembre señales especialmente inquietantes. Habló de preparar un “zilzal”, palabra árabe que significa terremoto, y de una gran sorpresa. El mensaje fue circulando entre intermediarios hasta alcanzar tanto a dirigentes emiratíes como al Shin Bet.

La información sobre esas intenciones habría llegado al servicio de seguridad interior israelí el 15 de septiembre de 2023. Ronen Bar informó posteriormente a Netanyahu y, dos días más tarde, responsables de seguridad mantuvieron una evaluación de la situación.

Según la reconstrucción difundida, Bar advirtió entonces de que Israel avanzaba hacia una situación peligrosa y planteó reforzar significativamente las medidas defensivas o adoptar una iniciativa ofensiva. No se tomó una decisión de semejante calibre.

Bin Zayed habría decidido contactar directamente con Netanyahu al considerar que Israel no estaba reaccionando con suficiente contundencia a las señales recibidas. Es decir, el supuesto aviso emiratí no habría surgido de la nada: formaría parte de un flujo de información que circuló durante las semanas anteriores al ataque.

La respuesta atribuida a Netanyahu y la versión de su oficina

La pieza más delicada no es solamente saber si existió aquella llamada. También importa qué ocurrió después.

La investigación sostiene que Netanyahu no comunicó el aviso de Bin Zayed en las reuniones de seguridad posteriores. Bar y Halevi, dos de los hombres que ocupaban las posiciones más sensibles del sistema israelí, aseguran que no tuvieron conocimiento de esa conversación.

El 1 de octubre, menos de una semana antes del ataque, volvió a celebrarse una discusión sobre Gaza y Hamás. Según la reconstrucción, tampoco entonces Netanyahu mencionó la advertencia procedente de Emiratos.

Un alto responsable del Shin Bet citado en la investigación considera que disponer de aquella información podría haber cambiado la lectura de otras señales que entonces parecían dispersas o ambiguas. Eso no equivale a demostrar que Israel hubiera podido impedir necesariamente el ataque. La inteligencia funciona demasiadas veces como un puzle cuyas piezas solo parecen obvias cuando la imagen completa ya está sobre la mesa.

Pero una advertencia directa de un jefe de Estado aliado habría sido una pieza difícil de considerar menor.

La oficina de Netanyahu rechaza justamente esa premisa porque niega el hecho original. Su respuesta ha sido tajante: sostiene que el primer ministro no mantuvo esa conversación con el presidente emiratí durante el periodo señalado y que no recibió ninguna advertencia de él.

Hay, pues, dos versiones incompatibles. No un matiz, no una discusión sobre qué quiso decir alguien. O la llamada existió o no existió.

El problema no era una falta absoluta de señales

La nueva revelación tiene especial peso porque se suma a una larga discusión sobre las advertencias anteriores al 7 de octubre.

Durante los últimos años han aparecido investigaciones militares, reconstrucciones periodísticas y testimonios que muestran cómo distintas instituciones israelíes detectaron señales de peligro sin llegar a comprender la magnitud de lo que Hamás estaba preparando. El propio Shin Bet reconoció posteriormente graves fallos profesionales en su análisis y en su actuación durante las horas anteriores a la ofensiva.

La tesis que predominaba dentro del aparato israelí sostenía que Hamás tenía interés en mantener cierto grado de estabilidad en Gaza. El movimiento islamista podía lanzar amenazas, alimentar episodios de violencia y presionar a Israel, pero se consideraba que una guerra total resultaría demasiado costosa para su propia supervivencia.

Ese supuesto acabó funcionando como unas gafas con el cristal equivocado: las señales pasaban por delante, pero se interpretaban desde una idea previa. Hamás no parecía querer una guerra de aquella escala, así que numerosos indicios fueron encajados dentro de escenarios más limitados.

La ofensiva del 7 de octubre deshizo esa interpretación en cuestión de horas. Los atacantes irrumpieron en comunidades israelíes próximas a Gaza, bases militares y el festival de música Nova. Murieron alrededor de 1.200 personas en Israel y otras 251 fueron llevadas como rehenes a la Franja de Gaza.

También aparece una supuesta advertencia de Egipto

La investigación introduce otro elemento especialmente comprometedor. Según su reconstrucción, el entonces jefe de la inteligencia egipcia, Abbas Kamel, también habría contactado con Netanyahu durante aquel periodo para advertir de que Hamás preparaba una operación extraordinaria.

Netanyahu habría respondido que Israel tenía bajo control la situación en Gaza y que la mayor preocupación inmediata estaba en Cisjordania, donde se habían concentrado importantes recursos militares.

La existencia de advertencias egipcias antes del 7 de octubre no es una cuestión nueva dentro del debate israelí. Lo novedoso es que el relato publicado coloca esa supuesta comunicación junto a la procedente de Emiratos y a las señales que manejaba el propio Shin Bet.

Visto desde septiembre de 2026, el cuadro resulta más incómodo que el de un único fallo de inteligencia. Aparecen varios canales, varias advertencias y varias evaluaciones que no acabaron produciendo una alerta operativa capaz de anticipar el ataque.

Conviene, aun así, separar dos cuestiones que suelen mezclarse cuando un desastre se examina con tres años de distancia. Que existieran señales previas no significa automáticamente que esas señales describieran con precisión el plan que se ejecutaría el 7 de octubre. Y saber que Sinwar preparaba “algo grande” tampoco equivale a conocer fecha, hora, objetivos y dimensiones de la ofensiva.

La acusación política que plantea esta nueva investigación es otra: que determinada información pudo ser más explícita de lo que hasta ahora se conocía y que una parte de ella no fue compartida con los responsables que debían incorporarla al cuadro de inteligencia.

Netanyahu vuelve al centro de la batalla por el 7 de octubre

Las revelaciones llegan cuando la responsabilidad política por el ataque sigue abierta en Israel. Las Fuerzas Armadas y el Shin Bet han realizado investigaciones internas sobre sus fallos, pero Netanyahu ha rechazado hasta el momento la creación de una comisión estatal de investigación en los términos reclamados por la oposición y por numerosas familias afectadas.

El primer ministro ha insistido en señalar los errores de los responsables militares y de inteligencia. En fechas recientes ha vuelto a poner el foco sobre lo ocurrido durante la madrugada del 7 de octubre y sobre el hecho de que no fuera despertado antes del comienzo del ataque.

La nueva información golpea precisamente esa línea argumental. Si Netanyahu hubiera recibido personalmente una advertencia del dirigente emiratí diez días antes y no la hubiera compartido, la discusión dejaría de limitarse a quién telefoneó a quién durante aquella madrugada.

Dos de sus principales rivales han reaccionado con dureza. El ex primer ministro Naftali Bennett sostiene que la información sobre las advertencias de Emiratos y Egipto es cierta. Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor y uno de los principales adversarios electorales de Netanyahu, afirma que el jefe del Gobierno ignoró señales importantes antes del desastre.

Sus declaraciones forman parte, naturalmente, de una batalla política. No son una prueba independiente de que la conversación tuviera lugar. Pero muestran hasta qué punto el 7 de octubre continúa condicionando la política israelí: todo acaba girando alrededor de quién sabía qué, cuándo lo supo y qué decidió hacer con ello.

El momento de la publicación añade voltaje. Israel celebrará elecciones legislativas el 27 de octubre de 2026, con Netanyahu intentando prolongar una carrera política que ha dominado el país durante buena parte de las últimas dos décadas.

La oposición ha convertido la responsabilidad por los fallos del 7 de octubre en uno de los ejes de la campaña. La investigación conocida este martes alimenta ese debate en un terreno particularmente sensible, porque no trata de una decisión adoptada después del ataque ni de una valoración militar hecha en medio del caos. Habla de los días anteriores.

También obliga a volver sobre la relación de Netanyahu con Hamás antes de la guerra. Durante años, el Gobierno israelí asumió una política basada en contener al movimiento islamista y preservar una estabilidad relativa en Gaza, mientras permitía la entrada de financiación catarí y concentraba buena parte de su atención estratégica en otros frentes.

Era la conocida “concepción”: Hamás podía ser brutal, hostil y peligroso, pero seguía teniendo incentivos para evitar una confrontación que amenazara su control de Gaza. El 7 de octubre demostró hasta qué punto aquella lectura había envejecido mal.

El debate es feroz porque afecta no solo a Netanyahu. El Ejército, el Shin Bet y otras instituciones de seguridad también fallaron. Sus propios informes internos lo han reconocido. Convertir todo aquello en la historia sencilla de un hombre que recibió una advertencia y decidió ignorarla sería cómodo, casi demasiado cómodo. Los grandes desastres rara vez caben en una sola carpeta.

Pero tampoco sirve esconder una posible advertencia presidencial entre una montaña de informes de inteligencia. Si la llamada existió, saber por qué no se compartió y qué valoración hizo Netanyahu de ella pasa a ser una cuestión central para reconstruir los días anteriores al mayor fallo de seguridad de la historia reciente de Israel.

Diez días que vuelven a pesar sobre Israel

Casi tres años después del ataque, la discusión sobre el 7 de octubre sigue regresando al mismo punto: las señales que estaban delante de los responsables israelíes y que solo adquirieron su verdadero significado cuando ya era demasiado tarde.

La investigación introduce una acusación de enorme alcance: Mohamed bin Zayed habría advertido directamente a Netanyahu de una gran operación de Hamás unos diez días antes de la masacre, en una llamada extensa que el primer ministro no habría comunicado a sus máximos responsables militares y de seguridad.

Netanyahu lo niega categóricamente. Esa negativa impide tratar la conversación como un hecho definitivamente establecido y obliga a mantener abierta la disputa sobre lo sucedido.

Lo que sí está fuera de discusión es que durante septiembre de 2023 circularon señales sobre una posible escalada, que el sistema israelí no anticipó el ataque que finalmente llegó y que las instituciones de seguridad han reconocido fallos profundos en aquella evaluación.

La nueva revelación añade una pieza potencialmente decisiva. Y, a pocas semanas de unas elecciones en las que el 7 de octubre pesa como una losa, esa pieza no pertenece únicamente al pasado. También puede alterar la forma en que Israel juzgue a quienes estaban al mando cuando las advertencias comenzaron a sonar.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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