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¿Cómo llegó a Granada un barco solar tras recorrer 6.000 kilómetros?

El barco solar Helios 11 recorre más de 6.000 kilómetros desde Finlandia y llega a Granada sin gastar combustible durante su viaje marítimo.

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llegó a Granada un barco solar

El Helios 11, una embarcación artesanal impulsada por energía solar, ha fondeado frente a la playa de Puerta del Mar, en Almuñécar, después de recorrer más de 6.000 kilómetros desde el norte de Europa sin utilizar combustible para su propulsión. Al mando viaja el aventurero finlandés Lukas Sjöman, constructor y principal ocupante de este extraño yate de líneas rectas, cubierta plana y aspecto más cercano a una plataforma flotante que al barco recreativo que uno espera encontrar frente a la Costa Tropical.

La explicación está sobre su cabeza. Una extensa superficie de paneles fotovoltaicos recoge la energía del sol, alimenta un motor eléctrico y carga unas baterías de 48 voltios que permiten seguir navegando cuando cae la tarde o las condiciones de luz empeoran. El barco mide unos 11 metros, mantiene una velocidad habitual próxima a los 7 nudos y, en jornadas muy soleadas, puede acercarse a los 8,5. Nada de humo, olor a gasóleo ni rugido de motores. El Mediterráneo, por una vez, sin banda sonora mecánica.

El Helios 11, el barco que convirtió la playa en un mirador

La embarcación apareció frente al litoral de Almuñécar durante la tarde del jueves 23 de julio. Algunos de sus ocupantes se bañaron mientras numerosos curiosos intentaban distinguir desde la orilla qué clase de barco había echado el ancla junto a los peñones del Santo. Hubo quienes se aproximaron sobre tablas de paddle surf; otros tiraron de teléfono móvil y zoom, ese catalejo contemporáneo que sirve lo mismo para fotografiar un delfín que para averiguar quién ocupa el yate raro de enfrente.

Su aspecto explica el revuelo. El Helios 11 presenta un casco largo y oscuro, una estructura muy baja y una enorme cubierta rectangular. No tiene la silueta blanca, afilada y ligeramente presumida de los barcos deportivos habituales. Parece una mezcla entre catamarán, casa flotante y tejado solar escapado de una urbanización. Pero esa estética austera no responde a un capricho: cada kilo eliminado reduce la energía necesaria para avanzar. Ligereza y eficiencia, aquí, son prácticamente la misma cosa.

Una cubierta que funciona como central eléctrica

Sjöman instaló sobre el barco paneles capaces de generar alrededor de 6 kilovatios de potencia, conectados a baterías y a un sistema de propulsión eléctrica. Durante las horas de luz, las placas pueden producir más electricidad de la que consume el motor cuando el barco avanza a un ritmo moderado. La energía sobrante queda almacenada y sirve para navegar sin sol, alimentar los equipos de a bordo o cubrir consumos domésticos.

La velocidad de crucero ronda entre 6 y 7 nudos, aproximadamente entre 11 y 13 kilómetros por hora. No va a ganar una regata ni a levantar una ola de película, pero tampoco lo pretende. En buenas condiciones puede recorrer hasta 145 millas náuticas diarias, cerca de 270 kilómetros, una autonomía notable para una embarcación experimental construida fuera de un astillero industrial. En una travesía documentada de 55 millas náuticas, llegó a destino conservando el 65% de la carga de sus baterías.

El sistema dispone también de una vela auxiliar, utilizada principalmente cuando la radiación solar es escasa o cuando conviene preservar energía. Porque el Helios 11 no es una máquina de movimiento perpetuo, pese a que algunos titulares tecnológicos disfruten jugando con esa fantasía. Depende del sol, del estado del mar, del viento, de la carga disponible y de una navegación paciente. La diferencia es que no necesita entrar periódicamente en puerto para llenar un depósito.

De un cobertizo finlandés a las aguas de Almuñécar

El proyecto nació lejos de los grandes astilleros y de sus presupuestos con demasiados ceros. Sjöman empleó unos 200 días en construir el Helios 11 dentro de un cobertizo, utilizando principalmente madera contrachapada marina, fibra de vidrio y componentes relativamente convencionales. El resultado fue un prototipo de unas 1,5 toneladas concebido para desplazarse, servir de vivienda y mantener una autonomía elevada sin depender de combustibles fósiles.

El interior conserva esa misma filosofía espartana. Dispone de cama, cocina eléctrica y frigorífico, además de un inodoro con descarga, pero no intenta reproducir el catálogo de comodidades de un superyate. No hay mármol italiano, jacuzzi ni camarote para el asesor fiscal. Hay lo necesario para vivir, trabajar y continuar navegando sin convertir cada milla en una batalla contra el peso.

La travesía comenzó en Finlandia y atravesó aguas de Suecia, Dinamarca, Alemania y Francia, combinando canales, ríos y recorridos costeros hasta alcanzar el Mediterráneo. Cuando llegó a Ibiza había completado aproximadamente 5.700 kilómetros sin repostar. Después continuó bordeando la costa española, con escalas o apariciones en Tarragona, Mazarrón, Cabo de Gata, Almería y, finalmente, Granada.

El robo de una lancha y una visita de la Guardia Civil

El viaje no ha sido una excursión limpia y perfectamente fotogénica. En Sant Carles de la Ràpita, en Tarragona, Sjöman sufrió el robo de la pequeña lancha auxiliar que utilizaba para desplazarse entre el Helios 11 y tierra. Sin esa embarcación, fondear lejos de un muelle se convierte en un inconveniente bastante serio. El finlandés resolvió el problema fabricando una sustituta improvisada y siguió navegando.

También soportó la falta de luz del invierno, tramos de navegación especialmente lentos y algunos daños menores en los paneles. En determinadas zonas del norte de Europa tuvo que reducir el consumo y recurrir a la vela. La autonomía energética existe, sí, pero no deroga la meteorología. El sol continúa sin aceptar reclamaciones.

Una silueta que desconcertó a los bañistas

A su paso por Cabo de Gata, el perfil oscuro y plano de la embarcación provocó inquietud entre algunos bañistas, que llegaron a confundirla con una lancha vinculada al narcotráfico. Al día siguiente, una patrullera de la Guardia Civil se aproximó al barco cuando se encontraba frente a la playa de El Zapillo, en Almería, para identificarlo y comprobar de qué se trataba.

La inspección terminó sin incidentes. Detrás del misterioso artefacto no había contrabandistas, sino un finlandés, placas solares y una cantidad considerable de madera contrachapada. Una combinación menos cinematográfica, aunque bastante más singular.

Lo que este barco solar puede hacer y lo que todavía no

El Helios 11 demuestra que una embarcación ligera puede recorrer largas distancias utilizando electricidad producida a bordo. Su principal ventaja no está en alcanzar grandes velocidades, sino en reducir el consumo hasta que una superficie razonable de paneles sea capaz de alimentar el motor. En lugar de instalar baterías gigantescas para mover un casco pesado, Sjöman hizo lo contrario: construyó un barco sencillo, eliminó carga innecesaria y aceptó avanzar más despacio.

Ese matiz importa. El barco no prueba que todos los ferris, cargueros o cruceros puedan sustituir mañana sus motores por unas placas solares. Las necesidades energéticas de una embarcación comercial son muy superiores, y la superficie disponible no crece al mismo ritmo que el peso, la velocidad o la carga transportada. El Helios 11 pertenece a otra escala: navegación recreativa, vida a bordo, exploración pausada y trayectos donde llegar unas horas más tarde no desencadena una crisis diplomática.

También obliga a desterrar una confusión frecuente. Navegar sin quemar combustible no significa que el barco carezca de impacto ambiental: fabricar el casco, las baterías, los motores y los paneles exige materiales y energía. Lo que sí consigue es eliminar durante la navegación el consumo directo de gasolina o gasóleo, las emisiones del tubo de escape, buena parte del ruido y la dependencia constante de estaciones de repostaje.

Sjöman considera el Helios 11 un prototipo, no un producto terminado. El proyecto ha servido para probar materiales, distribución de pesos, consumo eléctrico, estabilidad y comportamiento real durante miles de kilómetros. Entre las mejoras estudiadas aparecen sistemas para recoger agua de lluvia, filtrarla, reforzar las comunicaciones por satélite y aumentar la estabilidad mediante elementos laterales.

El aventurero trabaja además en un futuro catamarán solar con mayor capacidad energética, diseñado para afrontar rutas oceánicas. La experiencia europea ha funcionado como banco de pruebas: frío, canales congelados, oleaje mediterráneo, averías, robos y controles policiales incluidos. Es difícil pedir un laboratorio más completo.

Una postal del futuro frente a Puerta del Mar

La llegada del Helios 11 a Almuñécar ha dejado una imagen singular: bañistas bajo las sombrillas, tablas de paddle surf acercándose con cautela y, a pocos metros, un barco construido en un cobertizo finlandés que ha cruzado Europa siguiendo el ritmo de la luz. No es un yate de lujo ni una solución universal para el transporte marítimo. Tampoco necesita serlo.

Su logro resulta más concreto y, precisamente por eso, más interesante. Más de 6.000 kilómetros sin repostar, con un motor eléctrico alimentado por el sol y una embarcación fabricada por su propio tripulante. Mientras la industria naval discute cómo reducir consumos y emisiones sin renunciar a barcos cada vez mayores, Sjöman ha ensayado una respuesta casi insolente: construir algo más ligero, viajar más despacio y dejar que el techo haga de gasolinera.

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