Síguenos

Actualidad

¿Qué pasa en Kiev? Ataque ruso deja al menos 11 muertos en la capital

Rusia lanza una nueva oleada de misiles y drones sobre Kiev: al menos 11 muertos, más de una docena de heridos y seis días seguidos de ataques.

Publicado

el

Ataque ruso deja al menos 11 muertos

Rusia ha lanzado una nueva oleada de misiles y drones contra Kiev y su región que ha dejado al menos 11 muertos y más de una docena de heridos, entre ellos tres menores. El ataque, desarrollado durante la noche del lunes al martes 1 de septiembre, golpeó edificios residenciales e infraestructuras civiles y prolongó una secuencia particularmente dura: es el sexto día consecutivo de ataques rusos sobre la capital ucraniana y sus alrededores.

La ofensiva no se limitó a Kiev. La región de Odesa también estuvo entre los principales objetivos y resultó afectado el paso internacional de Orlivka, junto a la frontera con Rumanía. El dato quizá más revelador, más allá de un balance humano que todavía puede variar, está en la dimensión del ataque: las fuerzas ucranianas contabilizaron 218 drones y señuelos, además de misiles balísticos, de crucero y antirradar. Aproximadamente un tercio de los aparatos no tripulados eran modelos propulsados a reacción, mucho más rápidos que los Shahed convencionales.

Al menos 11 muertos tras una noche de explosiones en Kiev

El balance más reciente eleva a ocho los fallecidos dentro de Kiev y a otros tres en localidades de la región que rodea la capital. En el distrito de Darnytskyi murieron siete personas. Otra falleció en Holosiivskyi, donde el impacto sobre un edificio no residencial provocó un incendio.

También hubo daños en Solomianskyi. Un dron alcanzó un edificio residencial y los equipos de emergencia tuvieron que sacar a varias personas de las zonas afectadas. Las escenas se repitieron con esa mezcla que se ha hecho tristemente cotidiana desde febrero de 2022: cristales pulverizados sobre el asfalto, fachadas abiertas como una caja y vecinos esperando noticias mientras trabajan bomberos y sanitarios.

Fuera de la ciudad, Boryspil sufrió algunos de los impactos más graves. Ardieron vehículos, quedaron dañados inmuebles residenciales e instalaciones de infraestructura y los servicios de emergencia evacuaron a decenas de personas. Varias víctimas tuvieron que ser rescatadas entre los escombros.

Las primeras informaciones difundidas durante la madrugada hablaban de nueve muertos. El balance fue aumentando a medida que avanzaban las operaciones de búsqueda, una diferencia habitual —y cruel— en ataques de esta magnitud: los números de las primeras horas rara vez son los definitivos. Las actualizaciones posteriores elevaron el balance hasta al menos 11 fallecidos y más de una docena de heridos.

Rusia utilizó 218 drones y varios tipos de misiles

La Fuerza Aérea ucraniana indicó que la operación comenzó alrededor de las 18.00 horas del lunes y combinó diferentes vectores de ataque. No fue simplemente otra oleada de drones. Hubo misiles balísticos, misiles de crucero, proyectiles antirradar y centenares de aparatos no tripulados y señuelos diseñados para saturar la defensa aérea.

Ucrania asegura haber destruido o neutralizado 199 objetivos aéreos, entre ellos cinco misiles balísticos y 187 drones. Aun así, se registraron impactos de misiles o drones en 28 puntos y restos de aparatos interceptados cayeron en otros diez lugares. La aritmética de la defensa aérea es bastante menos reconfortante de lo que parece: basta con que atraviese el escudo una pequeña parte de una ofensiva de cientos de proyectiles para que una noche termine con edificios destruidos y víctimas civiles.

Los nuevos drones a reacción complican la defensa de Ucrania

Hay otro elemento que está modificando el paisaje de la guerra aérea. Rusia está empleando cada vez más drones propulsados a reacción, aparatos capaces de desplazarse mucho más deprisa que los tradicionales Shahed de motor de pistón.

Esa velocidad reduce el tiempo disponible para detectarlos, seguirlos y derribarlos. También obliga a Ucrania a consumir recursos defensivos con mayor rapidez y mantiene las alertas aéreas activas durante periodos prolongados. En los días anteriores, las sirenas llegaron a convertirse casi en un ruido de fondo de la vida cotidiana de Kiev.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, había cifrado en alrededor de 1.500 los drones lanzados por Rusia durante cuatro días de esta campaña, más de la mitad de ellos aparatos a reacción según las informaciones disponibles. La estrategia parece buscar algo más que destruir un objetivo concreto: mantener bajo presión a la defensa aérea, la logística y, sobre todo, a una población obligada a interrumpir una y otra vez su vida para buscar refugio.

Seis días seguidos de ataques cambian la vida en la capital

El ataque del 1 de septiembre completa seis jornadas consecutivas de ofensiva aérea sobre Kiev. La duración importa. Una cosa es una gran incursión nocturna; otra, vivir durante días con alarmas que aparecen de madrugada, desaparecen, regresan unas horas después y vuelven a sonar cuando la ciudad intenta recuperar cierta normalidad.

La presión se ha extendido también a la cadena de suministros. En jornadas anteriores fueron alcanzados almacenes, centros logísticos y establecimientos comerciales. Algunos supermercados de Kiev llegaron a registrar faltas temporales de determinados productos frescos, no por una escasez generalizada de alimentos, sino por la alteración de las redes de distribución. La guerra moderna también pasa por ahí: un almacén ardiendo a las afueras puede sentirse unas horas después en una estantería vacía.

El contexto inmediato es especialmente sombrío. Pocos días antes, un ataque ruso contra un depósito de municiones en Myla, al oeste de Kiev, desencadenó explosiones secundarias que causaron 38 muertos. Zelenski acusó entonces a responsables ucranianos de negligencia por haber almacenado material peligroso cerca de viviendas y prometió exigir responsabilidades. La invasión rusa explica el ataque; la proximidad del depósito a la población, sostuvo el propio presidente, agravó una tragedia que podía haberse evitado en parte.

Odesa y la frontera con Rumanía, también bajo ataque

Mientras Kiev soportaba el grueso de la ofensiva, Rusia atacó igualmente la región de Odesa, pieza esencial para el comercio exterior ucraniano. Resultaron dañadas infraestructuras civiles, dos edificios residenciales y una fábrica textil en la que se declaró un incendio.

También fue alcanzado el paso internacional de Orlivka, situado en el Danubio y frente a Rumanía, país miembro de la Unión Europea y de la OTAN. El tráfico fronterizo quedó interrumpido. En una guerra donde el mar Negro, los puertos y las rutas de exportación llevan años convertidos en tablero estratégico, golpear ese punto significa tocar mucho más que una carretera.

Los ataques rusos contra instalaciones energéticas, logísticas y fronterizas se han intensificado, mientras Ucrania responde golpeando objetivos dentro de Rusia. Durante esta misma secuencia de enfrentamientos, drones ucranianos provocaron incendios y daños en territorio ruso, incluido el entorno de Ust-Luga, uno de los principales puertos de exportación del noroeste del país, y la región de Samara, donde se concentran importantes instalaciones petroleras. Moscú y Kiev niegan que ataquen deliberadamente a civiles.

La ofensiva continúa mientras siguen los contactos diplomáticos

El aumento de la violencia llega, paradójicamente, mientras continúan los contactos diplomáticos. Zelenski mantuvo una conversación con los enviados del presidente estadounidense Donald Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, para preparar una futura visita a Ucrania relacionada con los esfuerzos para buscar una salida negociada a la guerra.

Al mismo tiempo, el primer ministro indio, Narendra Modi, trasladó a Vladímir Putin que la guerra debía terminar por razones humanitarias. El Kremlin aseguró que Rusia avanzaba en esa dirección. Sobre el terreno, entretanto, los misiles seguían cayendo. La diplomacia tiene a veces estas estampas de teatro del absurdo: teléfonos abiertos en los despachos mientras las alarmas antiaéreas no dejan dormir a millones de personas.

La escalada también mantiene en alerta al flanco oriental de la OTAN. La misión de policía aérea de la Alianza activó temporalmente cazas en Letonia, Finlandia restringió parte del tráfico aéreo y marítimo próximo a Rusia y Estonia emitió una alerta aérea ante la actividad de drones en la zona del Báltico. No significa que la OTAN haya entrado en la guerra, pero sí refleja hasta qué punto cada oleada de aparatos no tripulados amplía el perímetro de inquietud.

Kiev entra en septiembre bajo una guerra aérea cada vez más intensa

El primer día de septiembre encuentra a Kiev atrapada en una fase particularmente agresiva de la guerra aérea. Al menos 11 personas han muerto, decenas han resultado afectadas directa o indirectamente y la capital encadena seis días de ataques mientras Rusia introduce drones más veloces y combina su empleo con misiles de distintos tipos.

La tecnología cambia, la táctica se afina y los sistemas defensivos intentan adaptarse. Debajo de toda esa jerga militar queda, sin embargo, una realidad bastante menos sofisticada: edificios residenciales abiertos por las explosiones, niños entre los heridos, familias evacuadas y una ciudad que vuelve a mirar el reloj no para saber cuándo empieza el trabajo o el colegio, sino para calcular cuánto tiempo lleva sonando otra vez la sirena antiaérea.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído