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¿Qué pasó con Aliança Catalana y la paella en la fiesta de Igualada?

Una paella, un paquete de sal y una protesta contra Aliança Catalana marcaron la Festa Major de Igualada y se hicieron virales en las redes.

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un stand de alianca catalana

La presencia de Aliança Catalana en un almuerzo popular de la Festa Major de Igualada acabó el sábado 22 de agosto con una protesta multitudinaria, momentos de tensión y los militantes del partido abandonando la rambla de Sant Isidre escoltados por la policía. En medio de aquella escena, una persona lanzó un paquete de sal sobre la paella que preparaba el grupo. El vídeo hizo el resto: saltó a las redes y convirtió un conflicto político local en una secuencia viral de apenas unos segundos.

La sal, sin embargo, fue solo la imagen más pintoresca de una historia bastante más larga. Los organizadores del acto habían pedido previamente a los integrantes de Aliança Catalana que se marcharan; estos se negaron y, alrededor de 45 minutos después, se había formado una concentración de rechazo que varios medios situaron en unas 500 personas. Tras aproximadamente una hora y media de tensión, Mossos d’Esquadra y Policía Local acompañaron a la comitiva fuera de la zona. No se registraron heridos ni incidentes graves.

El episodio ocurrió durante el Fes-ta el Dinar, una comida popular celebrada en la rambla de Sant Isidre y vinculada a la programación festiva de Igualada. La actividad invita tradicionalmente a grupos de amigos y colectivos a cocinar y compartir mesa. Este año, entre cazuelas, arroz y conversación, entró también la política. Y lo hizo sin llamar precisamente a la puerta.

La sal fue el gesto viral, pero no explica lo ocurrido

Las imágenes que circularon por X muestran a una persona acercándose a la paella de Aliança Catalana y vertiendo sobre ella el contenido de un paquete de sal. La escena dura poco, casi una viñeta: mano, paquete, arroz y desconcierto. En internet encontró inmediatamente su segunda vida, con bromas sobre un supuesto “crimen de sodio” y comentarios que mezclaron la burla culinaria con el rechazo político al partido.

Reducir todo aquello a una gamberrada gastronómica, no obstante, dejaría fuera el grueso de los hechos. La Coll@nada, entidad organizadora del encuentro junto al Casal Popular El Foment, sostiene que el Fes-ta el Dinar es un espacio autogestionado, antirracista, feminista y defensor de la diversidad y que, por esa razón, pidió a los representantes de Aliança Catalana que abandonaran la actividad. Según esta versión, los miembros de la formación se negaron y permanecieron en el lugar.

Aliança Catalana enfoca lo sucedido desde la orilla contraria: sus integrantes estaban participando en una actividad desarrollada en plena vía pública y consideran que fueron presionados para marcharse por sus posiciones políticas. Ahí empieza un debate bastante menos gracioso que el de la paella.

De la petición para marcharse a una protesta de cientos de personas

La tensión no surgió de golpe. De acuerdo con las crónicas locales y con la versión difundida por los organizadores, después de que Aliança Catalana rechazara abandonar el almuerzo se convocó una concentración alrededor de su mesa. Llegaron vecinos, miembros de entidades y participantes en las fiestas. Hubo pancartas, gritos contra la formación y un dispositivo policial que fue creciendo a medida que la escena se complicaba.

La cifra más repetida sitúa la protesta en torno al medio millar de personas, aunque las estimaciones iniciales publicadas por algunos medios fueron inferiores. Es una precisión relevante: no existe un recuento policial público que convierta esos 500 asistentes en una cifra matemática. Sí hay coincidencia, en cambio, sobre la secuencia principal: concentración, tensión alrededor de la mesa, intervención preventiva de los agentes y salida de los integrantes del partido.

La policía escoltó la salida, no la sal

La comitiva de Aliança Catalana terminó abandonando la rambla después de alrededor de una hora y media, acompañada por agentes de los Mossos d’Esquadra y de la Policía Local. Ese matiz evita atribuir al paquete de sal propiedades políticas que ni siquiera posee el cloruro sódico: la acción sobre la paella fue uno de los incidentes de la protesta, no una orden de desalojo instantánea ni la causa única de la marcha.

Las informaciones publicadas no recogen heridos ni enfrentamientos graves. Sí describen empujones o momentos de fuerte tensión y la necesidad de mantener separados a manifestantes y simpatizantes del partido. La escena, inevitablemente, terminó siendo mucho más grande que aquel almuerzo popular que sus protagonistas pensaban preparar.

Sílvia Orriols responde con los votos

La reacción de Sílvia Orriols, líder de Aliança Catalana, alcaldesa de Ripoll y diputada del Parlament, llegó a través de las redes sociales. Frente al vídeo de la paella salada, respondió contraponiendo el paquete de sal a los votos que su partido espera obtener en las urnas. Era una réplica diseñada para el mismo terreno en el que había prosperado la burla: rápida, cortante y perfectamente recortable para X.

La formación cuenta con dos diputados en el Parlament de Catalunya, integrados en el Grupo Mixto. Su irrupción institucional ha colocado en la política catalana un discurso independentista de extrema derecha especialmente duro en materia de inmigración, identidad nacional e islam, mientras otras fuerzas discuten cómo relacionarse con un partido que ya dispone de representación electoral.

Orriols calificó la actuación de sus adversarios como antidemocrática. Los organizadores plantean exactamente lo contrario: consideran que permitir a Aliança Catalana utilizar aquel espacio habría supuesto normalizar posiciones incompatibles con los principios antirracistas y antifascistas sobre los que, aseguran, se ha construido la actividad durante más de dos décadas. Dos interpretaciones casi especulares de la misma rambla.

Una fiesta popular y una discusión sobre los límites del pluralismo

Aquí el asunto deja de ser solo local. Una actividad organizada por una entidad puede tener valores, identidad y normas propias; que se celebre en una calle tampoco convierte automáticamente cualquier espacio reservado para un evento en terreno político sin condiciones. Al mismo tiempo, Aliança Catalana es un partido legal y representado en las instituciones, y sus simpatizantes sostienen que el rechazo colectivo no debería traducirse en impedirles participar por sus ideas.

La información pública disponible sobre el Fes-ta el Dinar presenta la actividad como una comida popular en la rambla de Sant Isidre, pero no detalla unas condiciones de admisión políticas. Tampoco permite determinar, por sí sola, hasta dónde llegaban jurídicamente las facultades de los organizadores para exigir la marcha de determinados participantes. Conviene separar ese terreno, que exige normas y hechos concretos, del estruendo habitual de las redes sociales, donde una frase cabe siempre mejor que una duda razonable.

Y hay otro límite igualmente elemental. La protesta política forma parte de una democracia; arrojar cosas sobre la comida de otra persona no se convierte en un argumento mejor porque el destinatario resulte ideológicamente desagradable a quien protesta. Tampoco ese episodio aislado permite describir como violenta una concentración de cientos de personas cuando las crónicas disponibles no registran heridos ni altercados graves. El rigor, a veces, consiste precisamente en resistirse a escoger el fotograma que más conviene.

Una paella convertida en símbolo de una tensión mayor

La imagen que sobrevivirá probablemente al sábado de Igualada será la más sencilla: un paquete blanco vaciándose sobre una paella. Tiene todos los ingredientes de internet —literalmente esta vez— y por eso corrió mucho más deprisa que las explicaciones posteriores. Pero detrás estaban unas 500 personas movilizadas, un partido con representación parlamentaria, entidades que reivindican el carácter antifascista de sus espacios y una intervención policial destinada a evitar que la tensión escalara.

Lo sucedido en Igualada revela también hasta qué punto las fiestas populares pueden convertirse en otro escenario de la polarización política catalana. Donde antes había una mesa aparece una frontera simbólica; donde había arroz, una batalla por quién tiene derecho a ocupar el espacio y bajo qué reglas. Y luego está la sal, claro. Internet necesitaba algo que cupiera en un vídeo de pocos segundos; la democracia siempre ocupa bastante más.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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