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Hackers regalan a España los datos de 70.000 espías marroquí
La filtración de Jabaroot expone datos de 70.000 agentes marroquíes y sacude Rabat mientras la crisis de Ceuta agrava la tensión con España.

El grupo de piratas informáticos Jabaroot ha difundido una gigantesca base de datos que atribuye a unos 70.000 miembros de los aparatos de seguridad e inteligencia de Marruecos, en plena tensión entre Rabat y Madrid por la crisis de Ceuta. La documentación incluye nombres, números de identificación, datos administrativos y fechas de incorporación a los organismos afectados. Una parte del material ha sido considerada auténtica por antiguos agentes marroquíes, aunque no existe una validación independiente de cada uno de los miles de registros publicados.
La filtración afecta principalmente a personal de la Dirección General de Supervisión del Territorio (DGST), el servicio de inteligencia interior marroquí, y de la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN), la Policía del reino. Ese matiz importa: hablar sin más de «70.000 espías» resulta tan atractivo para un titular como impreciso para entender lo ocurrido. En el archivo aparecen, según las informaciones conocidas, funcionarios policiales y miembros de los servicios de seguridad con diferentes rangos y cometidos.
Jabaroot ha presentado la difusión como su particular «regalo» a Europa y especialmente a España. La frase tiene bastante más de guerra psicológica que de generosidad digital. Nadie regala 70.000 expedientes personales por amor a la transparencia. Lo que hay detrás es una operación destinada a dañar uno de los activos más delicados de cualquier Estado: la identidad y seguridad de quienes trabajan para sus servicios policiales y de inteligencia.
Qué contienen los datos filtrados por Jabaroot
Las primeras muestras difundidas por el grupo ya contenían nombres completos, fechas de nacimiento, números de identificación y datos profesionales de una veintena de miembros de la DGST. La publicación posterior amplía enormemente la escala. Algunas informaciones sitúan el volumen concreto de la base en más de 70.000 registros, mientras otro conjunto separado incluiría rangos y números de identificación bancaria de alrededor de 1.400 personas.
No se reproducen aquí esos datos personales. Su importancia está en la dimensión de la brecha, no en convertir una noticia sobre espionaje en un tablón de anuncios para documentos privados.
Entre los registros examinados aparecerían perfiles de responsabilidad dentro de los servicios marroquíes, incluidos cargos vinculados a recursos humanos, contraespionaje e investigación. Antiguos miembros de la inteligencia del país habrían reconocido como auténtica parte de esa información. Eso da consistencia al material, aunque sería un salto demasiado largo —y demasiado cómodo— concluir que todo el archivo es necesariamente verdadero.
Jabaroot sostiene, además, que entre los identificados figuran agentes que habrían trabajado en territorio europeo en operaciones de espionaje, instalación de dispositivos de escucha o captación de fuentes. Son acusaciones del propio grupo y deben permanecer exactamente ahí: en el terreno de las alegaciones pendientes de verificación.
DGST y DGSN, los dos organismos colocados bajo el foco
La DGST es el principal servicio marroquí dedicado a la seguridad interior, el contraespionaje, la lucha antiterrorista y la vigilancia de amenazas internas. La DGSN, por su parte, es el gran cuerpo policial del país. Ambos organismos están bajo la autoridad de Abdellatif Hammouchi, uno de los hombres más poderosos del aparato de seguridad marroquí.
La distinción vuelve a ser relevante. La inteligencia exterior corresponde a otro organismo, la DGED, que no es el centro de esta filtración. La mezcla de siglas puede sonar a sopa de letras burocrática; en realidad dibuja el mapa del poder de seguridad marroquí y explica por qué una brecha de esta magnitud resulta especialmente incómoda para Rabat.
Por qué identificar personal de inteligencia tiene tanta importancia
Un servicio secreto vive, entre otras cosas, de que ciertas identidades permanezcan secretas. Parece una obviedad, pero en este caso es casi toda la historia.
Una base de datos que relacione nombres reales, números administrativos, fechas de incorporación y puestos puede servir para reconstruir carreras profesionales, redes de contactos y posibles destinos. También permite cruzar información con registros públicos, movimientos societarios o documentación obtenida en otras filtraciones. Una hoja de cálculo aparentemente gris puede convertirse, mediante cruces sucesivos, en una ventana bastante transparente hacia una organización diseñada precisamente para no serlo.
Por eso el daño potencial no depende únicamente de que los 70.000 registros correspondan a agentes operativos. Basta con que una proporción significativa del archivo sea auténtica para obligar a revisar identidades, destinos, operaciones y procedimientos de seguridad.
La crisis de Ceuta aparece en el centro de la filtración
La publicación llega menos de un mes después de la entrada masiva registrada en Ceuta el 30 de julio, cuando más de 70.000 personas cruzaron desde Marruecos según los recuentos españoles. Aquella jornada abrió una crisis migratoria y diplomática extraordinaria, con miles de personas atrapadas posteriormente en la ciudad autónoma y una enorme discusión sobre cómo pudo producirse semejante movimiento en tan pocas horas.
Jabaroot lleva semanas relacionando ambos episodios. El grupo acusa a Hammouchi y a Fouad Ali el Himma, uno de los principales consejeros del rey Mohamed VI, de haber participado en la planificación de una maniobra destinada a colocar a España bajo presión.
Aquí conviene clavar una estaca en el suelo antes de que la teoría eche a correr sola: esa acusación no está demostrada. El grupo afirma disponer de órdenes y documentación sobre agentes desplazados a Fnideq, Castillejos, antes y durante la crisis, y promete revelar las identidades de quienes supuestamente coordinaron la operación. Hasta que ese material pueda verificarse, hablamos de afirmaciones de Jabaroot, no de hechos establecidos.
Los piratas informáticos han llegado incluso a insinuar que un «país grande» y otro Estado al que aluden de manera despectiva conocían lo que ocurría, referencias interpretadas como alusiones a Estados Unidos e Israel. Tampoco existen pruebas públicas suficientes para elevar esa narrativa a la categoría de certeza.
La prudencia puede resultar menos vistosa que una conspiración internacional con hackers, espías y palacios, pero suele conservar una virtud bastante apreciable: evita publicar ficción con traje de noticia.
Quién está detrás de Jabaroot
La identidad real de Jabaroot continúa siendo uno de los grandes interrogantes. El grupo apareció con fuerza en 2025 y desde entonces ha encadenado ataques y filtraciones contra instituciones marroquíes. Rabat lo ha vinculado repetidamente con Argelia, su rival regional, una atribución que no ha sido demostrada de forma concluyente.
También circula otra hipótesis: que Jabaroot pueda ser, en realidad, una estructura mucho más pequeña de lo que aparenta e incluso estar impulsada por algún antiguo miembro de los servicios de inteligencia marroquíes con acceso privilegiado a documentación interna. La profundidad de ciertos datos alimenta esa sospecha, aunque tampoco permite convertirla en certeza.
El precedente más voluminoso llegó con el ataque contra la Caja Nacional de Seguridad Social marroquí. Jabaroot difundió entonces información relacionada con unos dos millones de personas y cientos de miles de empresas. La propia institución reconoció haber sufrido ciberataques, pero advirtió de que parte de los documentos divulgados contenía información inexacta o incompleta.
Ese antecedente sirve como vacuna contra dos tentaciones opuestas: pensar que Jabaroot inventa todo lo que publica o aceptar sin examen cualquier archivo que lleve su firma. Ni credulidad ni negación automática. Verificación, que es bastante menos emocionante pero funciona mejor.
El problema para Marruecos va mucho más allá de los nombres
Una filtración semejante tiene varias capas. Está el daño inmediato a las personas cuyos datos han quedado expuestos. Después, el problema operativo para unos organismos que tendrán que determinar qué identidades están comprometidas y hasta dónde llega la información en manos del atacante. Y finalmente aparece la cuestión política: demostrar que una estructura estatal capaz de vigilar a otros puede tener enormes dificultades para proteger sus propias bases de datos.
La ironía viene incorporada de fábrica.
Marruecos ha construido durante años una potente arquitectura de seguridad, especialmente activa en contraterrorismo, inteligencia y cooperación policial internacional. España mantiene una estrecha colaboración con Rabat en esas materias porque ambos países comparten amenazas, frontera, rutas migratorias y redes criminales. Pueden existir recelos profundos y, simultáneamente, una necesidad práctica de cooperar. La geografía tiene esa mala costumbre de no dejarse bloquear en redes sociales.
La crisis de Ceuta ha vuelto más visible esa contradicción. Madrid necesita coordinación con Marruecos para controlar la frontera y combatir el terrorismo o las mafias, mientras cualquier sospecha sobre operaciones de inteligencia marroquíes en territorio español erosiona la confianza entre ambos aparatos.
De Pegasus a Jabaroot, una relación cargada de recelos
El espionaje es desde hace años una sombra recurrente en las relaciones hispano-marroquíes. Investigaciones internacionales sobre el programa Pegasus situaron números españoles entre los objetivos seleccionados para posibles operaciones de vigilancia vinculadas a Marruecos, incluidos perfiles institucionales y miembros de las fuerzas de seguridad.
Eso no convierte automáticamente la nueva filtración de Jabaroot en una represalia española, como tampoco demuestra que Madrid tenga relación alguna con sus autores. Las autoridades marroquíes han manejado distintas sospechas sobre quién puede respaldar al grupo, desde Argelia hasta contactos con servicios extranjeros, pero la autoría sigue sin quedar esclarecida públicamente.
Precisamente por eso la expresión «regalo a España» debe leerse como lo que es: el mensaje propagandístico de los hackers, no la descripción de una operación española.
Para los servicios de seguridad europeos, sin embargo, la información puede tener evidente interés. Si la documentación permite identificar a personas que hayan desarrollado actividades clandestinas fuera de Marruecos, la base puede compararse con expedientes, entradas y salidas fronterizas, investigaciones antiguas y redes previamente detectadas. No hace falta imaginar una película de espías. A veces el trabajo consiste simplemente en cruzar nombres durante horas bajo la luz bastante poco cinematográfica de una oficina.
Una brecha que agranda la desconfianza entre Madrid y Rabat
La filtración de Jabaroot coloca a Marruecos ante un problema que combina ciberseguridad, inteligencia y política exterior. Lo conocido hasta ahora permite afirmar que se ha divulgado una cantidad extraordinaria de información atribuida a personal de la DGST y la DGSN y que exagentes han avalado la autenticidad de parte del material. No permite asegurar que cada registro sea genuino ni dar por probadas las acusaciones sobre quién organizó la crisis de Ceuta.
Ese límite no empequeñece la noticia. Al contrario. Si una parte sustancial de los archivos resulta auténtica, Marruecos afronta una de las exposiciones de información más delicadas sufridas por su aparato de seguridad.
Y España aparece inevitablemente en el encuadre. Por la proximidad, por Ceuta, por años de cooperación policial y por una relación bilateral donde convivencia y desconfianza llevan demasiado tiempo compartiendo mesa. Jabaroot ha bautizado su filtración como un regalo. Para los servicios secretos marroquíes se parece bastante más a recibir, de golpe y sin envoltorio, una factura de seguridad de dimensiones difíciles de calcular.

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