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¿Por qué Aliança Catalana se dispara y pone en jaque a Salvador Illa?
Aliança Catalana podría alcanzar 25-28 escaños, superar a Junts y ERC y convertirse en la segunda fuerza mientras el PSC de Illa retrocede con fuerza.

Resumen
- Aliança Catalana subiría de 2 a 25-28 escaños y sería segunda fuerza
- Junts caería a 19-22 diputados y ERC se mantendría en 19-21
- Illa seguiría primero, pero el PSC perdería hasta 11 escaños
Aliança Catalana ha dejado de ser una pequeña anomalía en los márgenes del Parlament para convertirse, al menos según las encuestas, en una fuerza capaz de alterar el tablero político catalán. El sondeo de Sigma Dos sitúa al partido de Sílvia Orriols en el 16,7% de los votos y entre 25 y 28 escaños, frente a los dos diputados obtenidos en las elecciones autonómicas de 2024. El salto sería monumental: podría convertirse en la segunda fuerza de Cataluña y, sobre todo, en el primer partido del espacio independentista.
El PSC de Salvador Illa seguiría ganando las elecciones, pero bastante más debilitado. Conseguiría un 23,3% y entre 31 y 33 diputados, frente a los 42 obtenidos en mayo de 2024. Junts también sufriría una caída severa, hasta los 19-22 escaños, mientras ERC se movería entre 19 y 21. El dibujo que dejan esos números resulta incómodo para casi todos: Aliança Catalana crece, el independentismo tradicional pierde su vieja jerarquía y formar mayorías sería bastante más complicado.
Aliança Catalana pasa de dos diputados a aspirar a 28
La dimensión del cambio se entiende mirando apenas dos cifras. En las elecciones catalanas de 2024, Aliança Catalana obtuvo el 3,7% de los votos y dos escaños. Entró por primera vez en el Parlament, pero con una presencia testimonial frente a los 42 diputados del PSC, los 35 de Junts o los 20 de ERC.
La encuesta de Sigma Dos cambia por completo esa escala. Con el 16,7% de los votos, el partido de Orriols multiplicaría varias veces su representación y se colocaría inmediatamente detrás del PSC. No sería simplemente una subida electoral llamativa. Sería un cambio de centro de gravedad dentro del nacionalismo catalán.
El sondeo, elaborado a comienzos de septiembre de 2026, dibuja una diferencia demasiado grande respecto a 2024 como para reducirla a una simple oscilación estadística. Incluso admitiendo los márgenes habituales de una encuesta, Aliança Catalana entra en otra categoría electoral: deja de pelear por sobrevivir en la Cámara y empieza a competir por ordenar una parte sustancial de ella.
Junts aparece como uno de los grandes damnificados
Junts, que obtuvo el 21,6% y 35 escaños en 2024, bajaría al 13,2% y 19-22 diputados. En el extremo inferior de la horquilla, la pérdida respecto a las últimas autonómicas sería de hasta 16 representantes. Para un partido que hace apenas dos años aspiraba a recuperar la Presidencia de la Generalitat, el golpe político sería considerable.
ERC aguantaría mejor. Sus 20 diputados actuales se transformarían en 19-21 escaños, una fotografía prácticamente congelada pese al regreso de Oriol Junqueras al liderazgo del partido. El problema para republicanos y posconvergentes no está únicamente en los diputados que pierden o conservan, sino en quién ocuparía el escaparate.
Orriols podría arrebatarles la condición simbólica de primera referencia electoral del independentismo. Durante años, el espacio se articuló alrededor de la pugna entre Junts y ERC. El sondeo introduce a un tercer actor que no pretende simplemente compartir esa mesa: amenaza con sentarse en la cabecera.
Salvador Illa ganaría, pero con un PSC mucho más débil
El PSC continuaría en primera posición, aunque la victoria tendría un sabor bastante menos dulce que la obtenida en 2024. Sigma Dos le concede 31-33 diputados, entre nueve y once menos que los 42 actuales. También descendería en porcentaje de voto, desde el 27,9% logrado en las últimas autonómicas hasta el 23,3% estimado.
Illa seguiría siendo el candidato mejor situado para ganar unas elecciones. Gobernar después sería otra película. La mayoría política que permitió su investidura quedaría seriamente erosionada y la capacidad de reconstruirla dependería de un Parlament más fragmentado, con menos margen para acuerdos estables y más actores capaces de bloquearlos.
PSC, ERC y Comuns sumarían, atendiendo a las horquillas de la encuesta, aproximadamente entre 54 y 58 diputados. La mayoría absoluta se encuentra en 68. No significa que un Gobierno necesite mantener siempre esa cifra —la política catalana conoce bien las abstenciones, los pactos variables y las mayorías cosidas con alfileres—, pero la comodidad parlamentaria sería escasa.
El resto del tablero tampoco se deshace. El PP aparece con un 10,5% y 13-15 escaños, mientras Vox obtendría un 10,2% y también 13-15 representantes. Comuns caerían hasta cuatro diputados y la CUP se movería entre tres y cuatro. Muchas piezas, pocas combinaciones sencillas.
De dónde sale el crecimiento de Sílvia Orriols
Aliança Catalana no crecería únicamente a costa de un partido. Esa es una de las claves del fenómeno. Según los movimientos de voto recogidos en la encuesta, alrededor del 25,8% de sus nuevos apoyos procedería de Junts. También captaría antiguos votantes de Vox, ERC y PP, atravesando fronteras ideológicas que sobre el papel parecen bastante gruesas.
Su discurso combina un independentismo inequívoco con posiciones especialmente duras sobre inmigración, seguridad e islam, asuntos cuya presencia en el debate público catalán ha crecido. Esa mezcla permite al partido competir por una parte del votante independentista desencantado y, a la vez, entrar en terrenos habitualmente asociados a la derecha populista.
La formación ha endurecido particularmente su mensaje sobre inmigración y delincuencia, asociando ambas cuestiones con frecuencia. Sus adversarios califican ese planteamiento de xenófobo y discriminatorio; Aliança Catalana sostiene que rompe tabúes que los partidos tradicionales prefieren evitar. El crecimiento electoral potencial, lejos de cerrar esa discusión, probablemente la haría todavía más central.
Y hay un matiz relevante: el dato de Sigma Dos no aparece completamente solo. Otra encuesta publicada durante el verano de 2026 situaba también a Aliança Catalana alrededor del 17% y los 25-28 escaños. Dos fotografías distintas apuntando a una zona electoral semejante no equivalen a unas elecciones, pero tampoco son un detalle menor.
Las encuestas, naturalmente, no son urnas de cristal. Entre septiembre de 2026 y unas autonómicas previstas ordinariamente para 2028 queda tiempo suficiente para que cambien candidatos, alianzas, preocupaciones sociales y estados de ánimo. Aun así, cuando varias mediciones empiezan a mostrar un paisaje parecido, resulta más difícil despacharlo como un simple ruido demoscópico.
La mayoría independentista vuelve a estar al alcance
El Parlament tiene 135 diputados y la mayoría absoluta está situada en 68. Sumando las horquillas de Aliança Catalana, Junts, ERC y la CUP, el espacio independentista podría moverse aproximadamente entre 66 y 75 escaños. Es decir, tendría posibilidades reales de recuperar una mayoría absoluta que perdió en las elecciones de 2024.
Pero la calculadora cuenta escaños, no afinidades. Aliança Catalana sería potencialmente la fuerza independentista más votada, mientras Junts, ERC y la CUP mantienen diferencias profundas con el partido de Orriols, especialmente en inmigración, identidad, derechos sociales y modelo de país.
Una mayoría numérica independentista no equivaldría automáticamente a una mayoría capaz de investir a un presidente o aprobar presupuestos. Esa es, precisamente, una de las paradojas que deja el sondeo: el independentismo podría recuperar suficientes diputados para dominar matemáticamente la Cámara mientras queda políticamente más dividido que antes.
El dilema de Junts y ERC ante el crecimiento de Aliança
La irrupción de Aliança Catalana plantea un problema particularmente delicado al independentismo tradicional. Junts y ERC pueden mantener un aislamiento político de Orriols, confrontar directamente su programa o intentar recuperar a los votantes que se desplazan hacia ella. Ninguna salida resulta sencilla porque el crecimiento de la formación parece apoyarse, precisamente, en el descontento con los partidos establecidos.
Junts comparte con Aliança Catalana el objetivo de una Cataluña independiente, pero está lejos de varias de sus posiciones sobre inmigración y pluralidad cultural. ERC tiene todavía más distancia ideológica. La CUP se encuentra prácticamente en las antípodas. El viejo eje de la independencia, que durante una década ordenó buena parte de la política catalana, aparece así atravesado por una fractura ideológica nueva.
Mientras tanto, Orriols conserva una ventaja política conocida: puede presentarse como un actor exterior al sistema tradicional incluso después de haber entrado plenamente en sus instituciones. Es una fórmula que distintas formaciones populistas europeas han aprovechado con eficacia. La incomodidad de los rivales, paradójicamente, puede convertirse en parte del combustible de su crecimiento.
El Parlament que dibuja el sondeo
La encuesta no anuncia que Sílvia Orriols vaya a gobernar Cataluña. Tampoco demuestra que Salvador Illa haya perdido definitivamente el control del escenario político. Señala algo más concreto: el sistema catalán de partidos vuelve a moverse con intensidad después de las elecciones de 2024.
El PSC conservaría la primera posición, aunque perdiendo buena parte de su ventaja. Junts sufriría el golpe más profundo dentro del independentismo tradicional. ERC resistiría sin recuperar la hegemonía perdida. Y Aliança Catalana pasaría de dos diputados a competir por convertirse en la segunda fuerza del Parlament.
Queda todavía mucha carretera hasta unas nuevas elecciones y las encuestas pueden cambiar, bastante incluso. Pero el debate catalán empieza a desplazarse. Durante años giró alrededor de cuánto apoyo conservaba el independentismo; el nuevo escenario obliga a mirar otra cosa: qué independentismo podría quedar y quién tendría fuerza para dirigirlo.

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