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¿Cómo vuelve Alcaraz al US Open sin Sinner ni Djokovic tras su lesión?
Alcaraz regresa a los individuales en Nueva York tras 139 días parado. Sin Sinner ni Djokovic, el cuadro se abre y la muñeca afronta su gran examen.

Carlos Alcaraz vuelve este lunes 31 de agosto al tenis individual después de 139 días sin disputar un partido y más de cuatro meses condicionado por la lesión en la muñeca derecha. Lo hará en el US Open, donde defiende el título, frente a Roman Safiullin y con un cuadro que, de repente, ha perdido a sus dos nombres más amenazantes: Jannik Sinner ni siquiera pudo comenzar el torneo y Novak Djokovic quedó eliminado en primera ronda. El paisaje se ha despejado. La incógnita, paradójicamente, está en el propio Alcaraz.
Eso no significa que tenga medio US Open ganado. Ni mucho menos. El murciano llega prácticamente sin gira de preparación sobre pista dura y después de una tenosinovitis en la muñeca derecha que le obligó a perderse Roland Garros, Wimbledon, Canadá y Cincinnati. Los entrenamientos han dejado buenas señales y él asegura sentirse preparado, pero un entrenamiento dura lo que el entrenador decide; un Grand Slam, a cinco sets, tiene la desagradable costumbre de decidir por su cuenta.
Alcaraz vuelve ante Safiullin: bastante más que un trámite
El regreso será en el Arthur Ashe Stadium, el escenario donde Alcaraz conquistó los US Open de 2022 y 2025. Su encuentro ante Roman Safiullin está programado como segundo partido de la sesión diurna, después del Sabalenka-Osorio. La previsión sitúa su comienzo aproximadamente en torno a las 19:30, hora peninsular española, aunque el reloj depende de la duración del encuentro anterior.
Safiullin, número 98 mundial cuando se confeccionó el cuadro, parece uno de esos rivales que un candidato al título debería despachar sin demasiado teatro. Pero hay una pequeña piedra dentro del zapato: ya derrotó a Alcaraz. Lo hizo en París-Bercy en 2023, precisamente cuando el español regresaba después de un periodo sin competir. Alcaraz le devolvió el golpe en los Juegos Olímpicos de París 2024 y el cara a cara está empatado, 1-1.
La coincidencia resulta incómoda. Safiullin golpea pronto, juega plano, acelera bien sobre pista rápida y puede convertir unos minutos de dudas en un set desagradable. Alcaraz necesitará precisamente lo contrario: tiempo para recuperar automatismos, medir el servicio y comprobar que puede soltar la derecha sin que el cerebro envíe una señal de alarma cada vez que la muñeca recibe una carga fuerte. Porque ésa es la verdadera primera ronda: la confianza en la muñeca.
Cuatro meses fuera y una lesión que también se metió en la cabeza
Alcaraz se lesionó en Barcelona en abril. El diagnóstico terminó siendo una tenosinovitis, una inflamación alrededor del tendón de la muñeca derecha que convirtió lo que inicialmente podía parecer un contratiempo en el parón más largo de su carrera profesional.
Durante el primer tramo de la recuperación apenas podía utilizar normalmente el brazo derecho. Después comenzaron los ejercicios, los golpes suaves, las cargas progresivas. Y entonces apareció una parte menos visible de cualquier lesión de élite: el miedo a volver a hacerse daño.
El propio Alcaraz ha reconocido que los “pensamientos intrusivos” fueron el elemento más complicado de gestionar. No saber si llegaría a Cincinnati, si estaría disponible para Nueva York o si acabaría perdiéndose toda la gira estadounidense le pesó incluso cuando físicamente empezaba a mejorar. Su experiencia con anteriores lesiones le ha servido para entender que, llegado cierto punto, debía confiar en los médicos, en su equipo y en las sensaciones del brazo.
No ha cambiado la técnica de la derecha ni pretende domesticar su tenis para protegerse. Ahí está una decisión importante. El Alcaraz que reaparece quiere seguir siendo el jugador explosivo e imprevisible, capaz de defender cuatro metros detrás de la línea y terminar el punto pegado a la red unos segundos después. Convertirlo en un tenista prudente por miedo a la muñeca sería casi como pedirle a un saxofonista que no improvise.
La malla protectora y los ensayos antes de Nueva York
Durante la preparación en Murcia se le vio utilizar una malla protectora en el brazo derecho, mientras aumentaba la intensidad de los golpes y sometía la articulación a sesiones cada vez más largas. No era un adorno: la muñeca se fue probando por capas, sin saltarse demasiados escalones.
También cambió progresivamente la calidad de los sparrings. Entrenó con Holger Rune en Murcia y, una vez instalado en Nueva York, buscó rivales capaces de reproducir una pelota pesada y rápida. Ben Shelton, Karen Khachanov y Stan Wawrinka estuvieron entre sus últimos exámenes. Shelton obliga a reaccionar ante velocidades brutales; Khachanov castiga la pelota desde el fondo; Wawrinka conoce unas cuantas cosas sobre pegar fuerte durante mucho tiempo. No garantiza nada, pero difícilmente podía diseñarse una prueba más seria sin disputar un partido oficial.
Alcaraz también tuvo una pequeña dosis de competición formando pareja con Serena Williams en el renovado dobles mixto del US Open. Sirvió para reencontrarse con el marcador, el público y esas bolas que empiezan a pesar misteriosamente cuando aparece el 30-30. Pero el individual es otra especie. Cinco sets son otra especie.
Sin Sinner, el cuadro del US Open cambia por completo
La baja de Jannik Sinner altera profundamente el torneo. El italiano, número uno mundial, renunció al US Open debido a sus problemas en la rodilla derecha después de haberse perdido también Montreal y Cincinnati. Su equipo comprobó durante los entrenamientos que necesitaba más tiempo de recuperación.
No es una ausencia cualquiera para Alcaraz. Los dos habían convertido durante las últimas temporadas el tenis masculino en una conversación casi privada. Alcaraz derrotó a Sinner en la final del US Open de 2025; el italiano había ganado el torneo un año antes. En 2026, además, Sinner llegó a esta parte de la temporada con un curso formidable antes de la lesión, mientras Alcaraz había comenzado el año conquistando el Open de Australia y completando el Grand Slam de carrera con sólo 22 años.
Su ausencia elimina posiblemente al adversario que más obliga a Alcaraz a permanecer durante horas en el límite. Sinner devuelve pronto, concede poquísimo espacio y transforma un intercambio aparentemente neutro en un incendio en tres golpes. Sin él, el español pierde a su principal antagonista deportivo, aunque gana algo bastante tangible: un cuadro sin el número uno.
Alcaraz admitió que la situación le resultaba extraña. Normal. Durante un tiempo parecía que para levantar un Grand Slam alguno de los dos tendría que atravesar al otro. Esta vez no podrá ocurrir.
Djokovic también está fuera y desaparece una semifinal temible
El sorteo había colocado a Novak Djokovic en la misma mitad que Alcaraz. La posibilidad de una semifinal entre ambos aparecía escrita casi automáticamente en todas las previsiones. Duró una noche. Mariano Navone eliminó al serbio en primera ronda después de cuatro horas y 36 minutos.
Djokovic sufrió náuseas, vómitos, calambres y diferentes molestias físicas durante un partido convertido en una prueba de supervivencia. Fue su primera derrota en la ronda inicial de un Grand Slam desde 2006 y acabó, al menos esta temporada, con otro intento de conquistar su 25.º título grande.
Para Alcaraz desaparece así otro obstáculo gigantesco. También uno especialmente incómodo: antes de Nueva York, su balance particular con Djokovic estaba empatado, 5-5, aunque el español había ganado su enfrentamiento de 2026 en la final del Open de Australia.
El cuadro que se dibujó inicialmente, por tanto, ya tiene poco que ver con el real. Sinner fuera antes de empezar. Djokovic fuera después de empezar. Y Alcaraz, que llegaba rodeado de interrogantes físicos, pasa de contemplar dos montañas a encontrarse con un horizonte bastante más abierto. Bastante más abierto no significa vacío.
¿Es Alcaraz el gran favorito para ganar el US Open?
Por talento, antecedentes y desaparición de sus dos rivales más mediáticos, Alcaraz entra inevitablemente en el centro de todas las miradas. Es el vigente campeón, presenta un balance de 24 victorias en 27 partidos en Flushing Meadows y persigue su octavo Grand Slam. Nueva York, además, le sienta bien: superficie rápida, público ruidoso, partidos nocturnos, caos. Material bastante compatible con su tenis.
Pero proclamarlo campeón antes de verlo jugar sería confundir una autopista despejada con llegar al destino. Alexander Zverev es el primer cabeza de serie y llega después de ganar Roland Garros y alcanzar la final de Wimbledon. Daniil Medvedev, antiguo campeón en Nueva York, ya superó con autoridad su estreno. Ben Shelton tiene uno de los servicios más dañinos del circuito y aparece en el sector de Alcaraz. Arthur Fils aterriza después de conquistar Cincinnati.
Félix Auger-Aliassime, Flavio Cobolli, Taylor Fritz o Alexander Bublik añaden más pólvora a un cuadro al que le faltan dos gigantes, sí, pero no precisamente jugadores de club. El torneo se ha abierto, no se ha vaciado. Y entre los aspirantes, Zverev adquiere un peso especial: es el primer cabeza de serie y podría cruzarse con Alcaraz únicamente en una hipotética final.
Para el español hay, además, una dificultad que ninguno de ellos puede reproducir: no sabe todavía cómo responderá su cuerpo después de tres o cuatro horas de competición individual. Puede sentirse perfecto durante dos sets. Puede sentirse perfecto durante dos partidos. El examen serio consiste en encadenar siete encuentros al mejor de cinco después de más de cuatro meses fuera.
Ese es el motivo por el que su regreso resulta tan atractivo. Tiene una oportunidad enorme y, al mismo tiempo, llega con menos certezas físicas que la mayoría de candidatos. En un torneo sin Sinner y sin Djokovic, el principal rival inmediato de Alcaraz quizá no tenga nombre ni ranking: es la falta de competición.
Más que el marcador inicial, el partido ante Safiullin permitirá observar detalles. La velocidad del primer servicio, la facilidad para acelerar la derecha paralela, cuánto tarda en soltarse después del calentamiento, si aparece algún gesto hacia la muñeca después de un golpe tardío y, sobre todo, si Alcaraz juega con esa despreocupación física que necesita su tenis.
El murciano ha repetido que quiere volver siendo el “Carlitos de siempre”. Eso significa dejadas desde lugares poco aconsejables, subidas repentinas, derechas violentas y una inclinación casi infantil a convertir un intercambio normal en algo más complicado de lo necesario. Es parte del paquete. También de su grandeza.
Si aparece ese jugador y la muñeca responde durante los primeros encuentros, la perspectiva del torneo cambiará rápidamente. Alcaraz tiene una virtud especialmente peligrosa en un Grand Slam: puede mejorar mientras compite. Un primer partido discreto no necesariamente dice mucho de cómo estará una semana después. Algunos de sus rivales han señalado precisamente esa capacidad para recuperar ritmo a enorme velocidad una vez empieza a ganar partidos.
Y Safiullin ofrece una prueba útil. No es tan poderoso como para convertir el estreno en una final anticipada, ni tan dócil como para permitir que Alcaraz juegue tres sets de entrenamiento con público. Es, en ese sentido, un examen bastante honesto para saber dónde está realmente el campeón.
Nueva York mide algo más que la muñeca de Alcaraz
Carlos Alcaraz regresa en una situación casi cinematográfica: campeón defensor, cuatro meses fuera, dudas físicas, Sinner lesionado y Djokovic eliminado antes incluso de que él haya jugado su primer punto individual. El torneo parece abrirle una puerta enorme justo cuando nadie sabe todavía cuánto puede correr hacia ella.
Sobre el papel, su oportunidad de revalidar el US Open ha mejorado notablemente. Sería absurdo negarlo. Su principal rival está en casa y el hombre que podía esperarlo en semifinales también ha desaparecido del cuadro. Pero el tenis tiene cierta afición por burlarse de los cuadros teóricos: quedan Zverev, Medvedev, Shelton, Fils y compañía; antes de todos ellos, Safiullin.
Y antes incluso que Safiullin está esa derecha de Alcaraz lanzándose a máxima velocidad por primera vez en 139 días de tenis individual. El cuadro invita a pensar en el título; la muñeca obliga a mirar primero el siguiente golpe. Ahí empieza realmente su US Open.

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