Síguenos

Salud

¿Cómo acabaron 2.000 niños extranjeros como cobayas médicas en Suiza?

Casi 2.000 niños llevados a Suiza para ser adoptados pasaron por hospitales, pruebas médicas y un sistema marcado todavía por muchas sombras.

Publicado

el

2.000 niños cobayas médicas en Suiza

Resumen

  • Casi 2.000 menores fueron internados en Suiza antes de su adopción
  • Algunos sufrieron pruebas médicas sin consentimiento ni control sanitario
  • Seis niños murieron en 1979 y el caso ya ha llegado al Parlamento

Cerca de 2.000 niños extranjeros llevados a Suiza para ser adoptados entre 1964 y 1979 fueron internados nada más aterrizar, incluso cuando estaban sanos, y sometidos en algunos hospitales a extracciones de sangre, radiografías, análisis y pruebas vinculadas con antibióticos. La documentación examinada apunta a cuarentenas sin autorización sanitaria y a procedimientos que las familias adoptivas desconocían. No era un pequeño fallo administrativo perdido en una carpeta: era un sistema.

La investigación también ha recuperado el rastro de menores con graves cardiopatías trasladados mediante un programa asistencial de Terre des hommes, la organización conocida en España como Tierra de Hombres. Algunos fueron operados por el cirujano ginebrino Charles Hahn, que utilizó esas intervenciones para desarrollar y documentar sus técnicas de cirugía a corazón abierto. Al menos seis niños murieron entre julio y septiembre de 1979; una carta interna mencionaba otros dos fallecimientos durante los primeros meses de aquel año.

Conviene poner cada cifra en su sitio. Está documentado que 1.933 bebés y niños pequeños llegaron a Suiza para su adopción durante el periodo investigado y que la ONG los enviaba sistemáticamente a hospitales antes de entregarlos a sus nuevas familias. No está demostrado, en cambio, que todos sufrieran exactamente las mismas pruebas ni existe todavía una sentencia que haya establecido responsabilidades penales individuales. Hay archivos desaparecidos, testimonios incompletos y demasiadas puertas cerradas por el tiempo. Pero lo conocido basta para dibujar una escena profundamente inquietante.

La cuarentena que comenzaba en el aeropuerto

Los menores procedían principalmente de Corea del Sur, India, Vietnam, Marruecos y Túnez. Al llegar al aeropuerto de Ginebra no siempre encontraban a sus padres adoptivos esperando junto a la cinta de equipajes. Eran conducidos directamente a centros sanitarios, donde permanecían días o semanas bajo una supuesta cuarentena aplicada con independencia de su estado de salud.

Los documentos localizados muestran la colaboración de al menos diez hospitales de la Suiza francófona. Las autoridades médicas cantonales de Ginebra y Vaud, que debían aprobar legalmente una medida de aislamiento de ese tipo, aparentemente no intervinieron. La cuarentena había nacido, según el testimonio de una antigua responsable de adopciones, de un acuerdo verbal alcanzado a mediados de los años sesenta entre el fundador de la organización, Edmond Kaiser, y un funcionario de la Policía Federal de Extranjería. Una solución improvisada en un despacho. Y después, la rutina.

Uno de los expedientes corresponde a una niña coreana cuyo informe médico previo al viaje indicaba que estaba sana, comía con normalidad, dormía bien y no tenía fiebre ni enfermedades conocidas. Aun así, fue trasladada desde el aeropuerto al hospital de Saint-Loup y permaneció allí una semana. Otra menor llegada desde India pasó directamente al hospital infantil de Ginebra. Sus familiares nunca supieron con claridad qué tratamientos recibió.

Sangre, radiografías y jugo gástrico

El caso más revelador aparece en un informe hospitalario de mayo de 1978. Una niña india fue radiografiada un día después de entrar en Suiza; posteriormente le hicieron un frotis de garganta, varias extracciones de sangre y una toma de jugo gástrico mediante una sonda. No era un reconocimiento rutinario para comprobar si padecía una infección. Los fluidos obtenidos se emplearon en una serie de investigación médica relacionada con la eficacia de distintos antibióticos.

Los investigadores cultivaron las bacterias encontradas en las muestras, las expusieron a medicamentos y después las inocularon en cobayas de laboratorio. Los animales fueron sacrificados semanas más tarde para analizar los efectos. En otras palabras, el cuerpo de una niña recién llegada para ser adoptada proporcionó material biológico para una investigación sobre la que ni ella ni quienes iban a ejercer su tutela habían sido informados.

Otros adoptados, que ya tenían cinco años o más cuando viajaron, recuerdan extracciones de sangre y recogidas de heces durante sus estancias hospitalarias. El alcance completo de estas prácticas sigue sin conocerse porque numerosas historias clínicas han desaparecido. Algunos hospitales aseguran que ya no conservan documentación de aquella época; otros cambiaron de estructura o fueron absorbidos por instituciones que ni siquiera saben dónde acabaron los archivos antiguos.

Las sospechas no nacieron en 2026. En julio de 1978, un periódico de Calcuta denunció que niños destinados formalmente a las adopciones internacionales estaban siendo enviados al extranjero con fines de investigación. La Policía india abrió pesquisas y llegó a plantearse el desplazamiento de agentes a Suiza. La embajada helvética temió entonces un daño para la imagen del país.

Las autoridades federales revisaron ocho expedientes y comunicaron meses después que los menores se encontraban con sus familias adoptivas y estaban bien. Aquella comprobación, sin embargo, pasó por alto el tramo decisivo: los días o semanas transcurridos en los hospitales antes de que los niños fueran entregados a sus padres. La burocracia comprobó el destino final, pero no miró el pasillo intermedio. Ahí estaba el agujero.

Los niños con cardiopatías y la cirugía experimental

El segundo capítulo no pertenece estrictamente al circuito de adopciones. Terre des hommes también desarrolló desde 1963 un programa de cuidados especializados para trasladar a Europa a menores que no podían recibir en sus países tratamientos complejos, especialmente operaciones de cirugía cardíaca. Muchos padecían malformaciones congénitas graves y, sin intervención, tenían pocas posibilidades de sobrevivir.

La intención humanitaria existía y numerosas operaciones salvaron vidas. Pero los archivos muestran también que la organización buscó activamente a niños con enfermedades cardíacas y los puso en manos de Charles Hahn, una figura destacada de la entonces incipiente cirugía a corazón abierto. Hahn formaba parte del círculo dirigente de la ONG y utilizó los resultados de sus intervenciones en su producción científica.

En 1978 publicó una revisión de 5.920 operaciones, de las cuales 5.202 habían sido realizadas a corazón abierto durante 17 años. Algunas informaciones posteriores han presentado esa cifra como si correspondiera íntegramente a niños trasladados por Terre des hommes, pero la documentación disponible no permite hacer esa equivalencia automática: se trata del conjunto quirúrgico estudiado por Hahn y no de un censo perfectamente identificado de menores de la organización. Esa diferencia, pequeña sobre el papel, importa mucho cuando se habla de víctimas.

El verano en que los niños empezaron a contar ausencias

La relación entre la ONG y el equipo médico funcionó durante años, pese a que ya se habían producido fallecimientos. Cada lunes, un pequeño autobús llevaba menores desde la residencia de Massongex hasta el hospital de Ginebra. En el viaje de vuelta regresaban los operados durante la semana anterior. A veces faltaba uno.

Entre julio y septiembre de 1979 murieron Razzia, Abdelkader, Lotfi, Hassan, Samira y Ernest. El responsable de la residencia escribió una carta desesperada a Edmond Kaiser. Explicaba que los niños contaban a sus compañeros cada lunes y que ya era imposible ocultarles lo ocurrido. Algunos se preparaban para su propia operación mientras veían cómo seis amigos no volvían.

La misma carta recordaba otros dos fallecimientos al comienzo del año y alertaba de que la mortalidad había aumentado de forma alarmante respecto al 10% registrado el año anterior. No se ha establecido qué parte de aquellas muertes resultaba inevitable por la gravedad de las cardiopatías, qué parte respondió a los riesgos propios de una técnica todavía en desarrollo y si hubo decisiones médicas negligentes. Lo que sí consta es que la alarma interna existió y que no produjo entonces una investigación pública capaz de aclararlo.

Edmond Kaiser y una organización hecha a su medida

Edmond Kaiser, fundador de Terre des hommes en Lausana en 1960, fue durante décadas el rostro de una idea poderosa: rescatar a niños golpeados por la guerra, la pobreza o la enfermedad. Había participado en la Resistencia francesa, era escritor, periodista y un personaje carismático. También dirigía la organización con un estilo personalista, tomaba decisiones por su cuenta y controlaba estrechamente su ejecución.

Su defensa de las adopciones internacionales provocó una ruptura en el movimiento a comienzos de los años setenta. De aquella escisión surgió Terre des Hommes Suisse, con sede en Ginebra, que es jurídica y financieramente independiente y afirma no haber participado nunca en programas de adopción. La entidad implicada en los hechos investigados es la fundación histórica de Lausana. Confundirlas sería tan fácil como injusto.

La fundación de Lausana continuó mediando en adopciones internacionales hasta 2016 y mantuvo su participación activa en el programa de cuidados especializados hasta 2022. En 2023 transfirió los expedientes individuales de adopción a las autoridades cantonales, como exige la normativa suiza cuando una entidad deja de realizar esa actividad.

La reacción política y la investigación prometida

Terre des hommes ha reconocido en junio de 2026 la gravedad de las acusaciones y ha anunciado una revisión sistemática de sus archivos sobre las adopciones y los cuidados médicos especializados. La organización sostiene que necesita determinar con precisión qué ocurrió antes de presentar una disculpa formal y asegura que publicará los resultados de manera transparente e independiente.

Su directora, Barbara Hintermann, declaró que la fundación no conocía las presuntas experimentaciones antes de la publicación de la investigación, aunque sí sabía que los niños pasaban por periodos de cuarentena. La entidad pretende esclarecer ahora quién autorizó esas estancias, qué hospitales participaron, qué pruebas se practicaron y qué información recibieron las familias.

El asunto ha llegado al Parlamento federal. La diputada socialista Barbara Gysi ha pedido al Gobierno suizo que determine qué investigaciones pueden abrirse y qué mecanismos de reparación o indemnización serían aplicables si se confirman los abusos. También se han presentado iniciativas en Ginebra, Vaud y Valais para averiguar qué sabían las administraciones cantonales. La respuesta del Consejo Federal está prevista para la sesión parlamentaria de otoño.

La investigación acredita que Terre des hommes envió sistemáticamente a hospitales a casi 2.000 menores destinados a adopción; que algunas cuarentenas se realizaron sin la participación de los médicos cantonales competentes; que al menos ciertos niños fueron sometidos a pruebas farmacológicas injustificadas, y que menores trasladados para recibir cirugía cardíaca formaron parte de la experiencia clínica y científica de Charles Hahn. También están documentadas las muertes de seis niños durante el verano de 1979 y la preocupación expresada dentro de la propia organización.

Todavía no puede afirmarse que los 1.933 menores fueran sometidos a un mismo experimento, ni que todas las operaciones cardíacas carecieran de indicación terapéutica. Tampoco se conoce cuántas familias dieron algún tipo de consentimiento, aunque los testimonios y expedientes disponibles indican que numerosos padres adoptivos ignoraban qué se hacía durante las estancias hospitalarias. La pérdida de historias clínicas complica cualquier reconstrucción forense y abre una incómoda paradoja: cuanto más grave puede haber sido el abuso, menos papel queda para demostrarlo.

Las personas afectadas rondan actualmente los 50, 60 o 70 años. Algunas desconocen su fecha real de nacimiento, el nombre de sus padres biológicos o incluso el tratamiento que recibieron al entrar en Suiza. No reclaman una ceremonia de contrición cuidadosamente iluminada. Reclaman expedientes, nombres, decisiones y responsabilidades. Lo básico, vaya.

Una infancia convertida en expediente perdido

El escándalo no borra las vidas que Terre des hommes ayudó a salvar ni convierte automáticamente cada operación en un delito. Pero tampoco puede esconderse detrás de la palabra humanitario aquello que se hizo sin consentimiento, sin control público o aprovechando la extrema vulnerabilidad de niños llegados desde otros continentes.

La cuestión ya no consiste únicamente en juzgar la medicina de hace medio siglo con los criterios actuales. Incluso bajo las reglas de la época, una cuarentena necesitaba autorización, los tutores debían conocer los procedimientos y ningún menor podía ser tratado como material clínico disponible por carecer de familia, documentos o voz. La bata blanca y el logotipo de una ONG no suspenden los límites morales.

Suiza deberá decidir ahora si abre los archivos, reconstruye los historiales y reconoce a quienes fueron reducidos a una muestra de sangre, una radiografía o una cifra de mortalidad. Durante décadas, esos niños aparecieron en fotografías de campañas solidarias. Sonreían, pequeños y muy lejos de casa. Fuera del encuadre quedaban el hospital, la sonda y una puerta que nadie se molestó en abrir.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído