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¿Zaluzhny retará a Zelensky en las elecciones de Ucrania este otoño?
Zaluzhny podría medirse con Zelensky en unas elecciones que Ucrania solo celebraría si la guerra y la ley marcial permiten reabrir las urnas.

Resumen
- Zaluzhny competiría si Zelensky convoca elecciones en Ucrania en otoño
- La ley marcial impide votar mientras continúe la guerra y siga vigente
- Las encuestas anticipan un duelo ajustado, probablemente con segunda vuelta
Ucrania no ha convocado elecciones presidenciales y Valerii Zaluzhny tampoco ha anunciado públicamente su candidatura. Lo que existe es una información atribuida a fuentes próximas a los protagonistas, según la cual el antiguo jefe del Ejército respondió que sí competiría si Volodymyr Zelensky decidiera abrir las urnas en otoño. Un movimiento relevante, desde luego. Una proclamación oficial, todavía no.
El escenario electoral depende de algo bastante menos manejable que una reunión en un despacho: el estado de la guerra y la ley marcial. Las instituciones ucranianas mantienen que no pueden celebrarse elecciones mientras continúe vigente este régimen excepcional. Para que el hipotético duelo entre Zelensky y Zaluzhny llegara a las papeletas habría que levantarlo, garantizar unas condiciones mínimas de seguridad y aprobar las normas específicas de una votación que afectaría a millones de desplazados, soldados desplegados y ciudadanos residentes en territorios ocupados.
El «sí» que ha sacudido la política ucraniana
La conversación habría tenido lugar durante una reciente visita de Zaluzhny a Kiev. El motivo formal era abordar las consecuencias diplomáticas de la dimisión anunciada por el primer ministro británico, Keir Starmer, ya que el general ejerce como embajador de Ucrania en el Reino Unido y Londres sigue siendo uno de los principales aliados militares de Kiev.
Después llegó la política doméstica, ese animal que nunca duerme del todo, ni siquiera mientras caen drones. Según la reconstrucción publicada, Zelensky habría explicado que la evolución reciente del frente y la cohesión de la sociedad podían abrir una ventana para votar en otoño. Su preocupación principal sería evitar que una campaña entre los dos dirigentes reabriera fracturas internas en un país que lleva más de cuatro años resistiendo la invasión rusa a gran escala.
El presidente habría preguntado directamente a Zaluzhny si se presentaría. La respuesta atribuida al general fue rotunda: competiría. También habría explicado que nunca buscó una carrera política, pero que demasiados ciudadanos habían depositado esperanzas en él como para ignorarlas. Después mantuvo encuentros con Rustem Umerov, secretario del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa, y con Davyd Arakhamia, dirigente del partido presidencial Servidor del Pueblo. Ambos le habrían advertido sobre el riesgo de una campaña áspera y divisiva.
Todo esto procede, conviene insistir, de fuentes anónimas. El asesor de comunicación de Zaluzhny no confirmó la historia y el general no ha presentado programa, partido, equipo electoral ni declaración de candidatura. La noticia tiene peso porque revela conversaciones que aparentemente ya se producen en la cúpula del Estado, pero aún vive en ese territorio resbaladizo situado entre la preparación política y el hecho consumado.
La ley marcial mantiene cerradas las urnas
La Constitución de Ucrania establece que el presidente es elegido por sufragio universal para un mandato de cinco años y que las elecciones ordinarias deben celebrarse el último domingo de marzo del quinto año. Zelensky ganó los comicios de 2019 y su mandato previsto expiró en 2024, pero la propia Constitución dispone que el jefe del Estado continúa ejerciendo sus poderes hasta la toma de posesión de un sucesor elegido. No existe, por tanto, el supuesto vacío presidencial que Rusia ha intentado explotar propagandísticamente.
La barrera inmediata está en la legislación sobre la ley marcial, introducida tras el comienzo de la invasión rusa de febrero de 2022. Un grupo de trabajo de la Rada Suprema —con representantes del Parlamento, la Presidencia, el Gobierno, la Comisión Electoral Central y organizaciones civiles— confirmó su consenso: no es posible organizar elecciones mientras siga vigente. Su tarea consiste en preparar el marco de los comicios posteriores a la guerra o a un periodo excepcional, no en improvisar unas urnas entre alarmas antiaéreas.
Votar en un país ocupado, desplazado y movilizado
La dificultad no se reduce a colocar colegios electorales. Millones de ucranianos viven fuera del país; otros permanecen desplazados dentro de sus fronteras; cientos de miles sirven en las Fuerzas Armadas y una parte del territorio continúa bajo ocupación rusa. Hay que actualizar el censo, ampliar el voto en el extranjero, proteger los centros, evitar ataques informáticos, garantizar la participación de los militares y resolver cómo representar a quienes no pueden acceder a sus municipios.
También está la campaña. Una elección democrática exige pluralismo político, acceso equitativo a los medios, libertad de movimiento y capacidad para celebrar actos públicos. Son condiciones difíciles de asegurar cuando una reunión puede terminar en un refugio y cuando las autoridades limitan determinada información por razones militares. Las urnas no son solo papeletas y recuentos; necesitan un espacio público respirable. En guerra, el aire pesa.
Por eso, aunque Bankova estudiara una convocatoria otoñal, el calendario tendría que ir acompañado de un cambio jurídico y de seguridad de enorme calibre. No bastaría con que Zelensky firmara una fecha en rojo. Habría que levantar la ley marcial o diseñar una transición legal aceptada por el Parlamento, los partidos, la Comisión Electoral Central y los aliados internacionales que probablemente ayudarían a financiar y supervisar el proceso.
Zaluzhny, del mando militar a rival presidencial
Zaluzhny dirigió las Fuerzas Armadas ucranianas durante la fase decisiva de la resistencia inicial contra Rusia. Su imagen quedó asociada a la defensa de Kiev, a las operaciones que frenaron el avance ruso y a una forma de mando menos soviética, más flexible. En febrero de 2024 fue destituido como comandante en jefe después de meses de discrepancias estratégicas con Zelensky y posteriormente enviado a Londres como embajador. El cargo diplomático le alejó del centro del poder, pero no borró su popularidad. Más bien la conservó bajo cristal.
Las tensiones entre ambos nunca fueron un secreto completo. Zaluzhny ha responsabilizado al presidente de no aportar los recursos necesarios para la contraofensiva de 2023 y de ordenar que el esfuerzo militar se dispersara en varios ejes, en vez de concentrarlo. También relató un episodio de 2022 en el que agentes del Servicio de Seguridad irrumpieron en un puesto de mando utilizado por su equipo; el organismo sostuvo que la dirección figuraba en una investigación ajena y negó que se realizara un registro contra él.
Aun así, durante mucho tiempo el general evitó cruzar abiertamente la frontera de la política. En febrero de 2026 afirmó en Londres que hablar de una candidatura era prematuro mientras continuaran la guerra y la ley marcial. Esa postura no invalida necesariamente la conversación atribuida ahora: una cosa es hacer campaña en plena invasión y otra aceptar presentarse si las condiciones cambian. Pero la aparente contradicción obliga a mantener la cautela política.
Las encuestas anuncian un duelo, no un vencedor
Zaluzhny parte con un capital político formidable. Una encuesta del Instituto Internacional de Sociología de Kiev publicada en junio situó su nivel de confianza en el 73 %, frente a un 21 % de desconfianza. Zelensky conservaba la confianza del 61 % y el rechazo del 34 %. Son cifras altas para ambos y reflejan algo singular: la competencia no se produciría entre un presidente hundido y un aspirante ascendente, sino entre dos símbolos distintos de la resistencia.
Un sondeo de SOCIS realizado en marzo ofreció una fotografía electoral más ajustada. Zelensky obtenía el 22,6 % del total de entrevistados y Zaluzhny el 19,3 %. Entre quienes ya habían decidido votar, las cifras subían al 29,3 % y al 25 %, respectivamente. Ninguno parecía cerca de una mayoría absoluta, de modo que una elección en esas condiciones desembocaría probablemente en una segunda vuelta.
Los números deben leerse con pinzas. La encuesta no incluyó Crimea, la provincia de Lugansk, los territorios ocupados ni las zonas de combates activos de Donetsk, Jersón, Zaporiyia y Járkov. Tampoco mide cómo cambiaría el voto después de un alto el fuego, una victoria militar, una concesión territorial o un acuerdo de paz impopular. En Ucrania, más que en casi cualquier otro país europeo, el estado de ánimo puede girar con el ruido de una explosión.
Un rival al que no se puede jubilar con una embajada
Para Zelensky, Zaluzhny plantea un dilema incómodo. Integrarlo en un puesto de máxima responsabilidad podría convertirlo en aliado, pero también darle más visibilidad y estructura. Mantenerlo en Londres evita una competencia cotidiana en Kiev, aunque alimenta la imagen del héroe apartado por un presidente celoso de su popularidad. Y enfrentarse a él en campaña supondría discutir públicamente sobre errores militares, movilización, bajas y decisiones tomadas en los peores meses de la guerra.
Según la información publicada, el entorno presidencial habría estado dispuesto a explorar casi cualquier cargo estatal para el antiguo comandante, incluida la jefatura del Gobierno. No consta que se produjera una oferta formal. El dato, incluso atribuido a fuentes, muestra hasta qué punto neutralizar políticamente a Zaluzhny resulta complicado: no tiene partido conocido ni maquinaria electoral visible, pero posee algo más difícil de fabricar, una reputación nacida en las trincheras.
Zelensky tampoco es un candidato convencional. Sigue representando la resistencia civil, la diplomacia internacional y la continuidad del Estado cuando muchos daban por perdida Kiev. Su desgaste procede de otro lugar: la prolongación de la guerra, las decisiones de movilización, los escándalos de corrupción y la fatiga acumulada. El eventual combate electoral enfrentaría, de forma algo brutal, al rostro político de la resistencia con su rostro militar.
La guerra sigue mandando sobre el calendario
La hipótesis de unas elecciones ucranianas en otoño ha dejado de parecer una conversación enteramente abstracta, pero continúa lejos de convertirse en un proceso electoral real. No hay decreto de convocatoria, no hay fecha, no hay levantamiento de la ley marcial y Zaluzhny no ha declarado oficialmente su candidatura. Lo novedoso es que, según una información periodística consistente aunque no confirmada por sus protagonistas, el antiguo jefe militar ya habría comunicado a Zelensky que no piensa apartarse si llegan las urnas.
La política ucraniana empieza a moverse bajo la superficie. Despacio, casi a oscuras. Zelensky estudia cómo renovar su legitimidad sin fracturar el país; Zaluzhny mide el peso de una confianza pública que no pidió, pero tampoco parece dispuesto a rechazar. Entre ambos permanece la realidad más terca: mientras siga la ley marcial y Rusia continúe atacando, la fecha electoral la decidirá antes el frente que los despachos de Kiev.

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