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Economía

Hungría desafía en los tribunales el fin del gas ruso

El recurso húngaro abre un debate sobre competencias europeas, seguridad energética y el alcance de una sentencia.

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veto de la UE al gas ruso
Salud mental posdana: Casos menos graves de lo esperado pero prudencia tras el primer año 23 octubre 2025 FacebookXLinkedInBlueskyWhatsAppCondividi Concha Tejerina | València (EFE).- Casi un año después de la dana que arrasó varias poblaciones del área metropolitana de València, las consecuencias en cuanto a la salud mental han sido «menos graves» de lo que temían en un principio los profesionales de salud mental, que piden «prudencia» por cómo pudiera evolucionar la situación en los seis meses posteriores al primer aniversario. “La recuperación psicológica será más lenta que la material en algunos casos», afirma en una entrevista con EFE el jefe de Psiquiatría de La Fe, Alberto Domínguez, quien insiste en ser prudentes porque los aniversarios o las alertas por lluvias «pueden reactivar los recuerdos y causar repuntes de ansiedad». Domínguez destaca la «resiliencia» de la población afectada por las riadas y subraya que del total de casos atendidos en el último año por la sanidad pública, alrededor de 2.000, menos del 10 % ha evolucionado a cuadros más graves como Trastornos de Estrés Postraumático (TEPT). Preguntado por cómo cree que afecta en los damnificados por la dana la crispación política que hay tras el 29 de octubre, el psiquiatra afirma que «poder echar la culpa a alguien», tanto si es de un lado como del otro, «puede actuar incluso como un factor de protección». Un año después, prudente optimismo Un año después de la dana, los servicios de salud mental siguen atentos. “Hemos notado un descenso en la demanda, lo cual es positivo, pero no podemos bajar la guardia”, advierte Domínguez. Confiesa que aunque temían datos como los recogidos por estudios tras las inundaciones en Inglaterra en 2022, donde hubo entre un 20 y un 40 % de afectados con TEPT», en el caso de la dana del 29 de octubre, «apenas llegamos al 2 o 3 % de la población afectada”, a los que se suma el 4 % de pacientes que antes de la riada ya eran atendidos por problemas de salud mental. Domínguez atribuye la baja incidencia de cuadros graves a tres factores: la resiliencia de la población, la intervención temprana de los equipos de salud mental y, sobre todo, el efecto positivo de la solidaridad ciudadana .“La caravana de voluntarios con fregonas y palas tuvo un efecto muy positivo. Esa ayuda desinteresada, ver a desconocidos limpiando tu casa para que pudieras dormir allí, tuvo un impacto emocional enorme. Daba esperanza”, asegura. El psiquiatra subraya que la capacidad de adaptación de los vecinos de la zona también ha sido determinante: “Son comunidades acostumbradas a convivir con el agua. Muchos sabían cómo actuar, cómo proteger sus casas. Esa experiencia previa también reduce el impacto psicológico”. GRAFCVA9722. VALENCIA, 22/10/2025.- Casi un año después de la dana que arrasó varias poblaciones del área metropolitana de València, las consecuencias a nivel de salud mental han sido "menos graves" de lo que temían en un principio los profesionales de salud mental, que piden "prudencia" por cómo pudiera evolucionar la situación en los seis meses posteriores al primer aniversario, según afirma en una entrevista con EFE el jefe de Psiquiatría de La Fe, Alberto Domínguez. EFE/Ana Escobar El perfil del afectado y las secuelas más comunes Los síntomas más frecuentes en los primeros meses fueron insomnio, ansiedad, miedo a que se repitiera la catástrofe y síntomas depresivos. En los casos más graves, se observaron episodios de revivencia traumática, pesadillas, aislamiento emocional y cambios en la conducta. El perfil mayoritario de los pacientes atendidos corresponde a personas entre 25 y 65 años, con especial incidencia entre los 40 y 50 años, «adultos responsables del núcleo familiar, los que tuvieron que rehacer la vida de los suyos», según explica Alberto Domingúez. “En los hombres, el peor pronóstico lo hemos visto en el perfil del ‘proveedor’: camioneros, obreros, jefes de familia acostumbrados a resolverlo todo, que ahora se han visto desbordados y muchos de ellos han tenido que coger la baja laboral», indica. Las mujeres con problemas de salud mental representan dos por cada hombre, aunque esa diferencia se reduce, e incluso se iguala entre ambos sexos, en los cuadros más graves. “Las mujeres consultan más y tienen menos vergüenza en hacerlo, los hombres tardan más en pedir ayuda”, apunta Domínguez .En el caso de las mujeres, apunta que entre los colectivos más vulnerables se encuentran mujeres víctimas de violencia de género o de abusos previos, cuya experiencia traumática se reactivó tras la inundación. También se atiende por problemas de salud mental entre un diez y un doce por ciento de menores de edad, principalmente adolescentes y algunos niños con ansiedad de separación o miedo persistente, aunque su evolución es favorable. Una respuesta rápida y coordinada Explica que la noche del desastre los servicios de psiquiatría de los principales hospitales del área metropolitana (La Fe, Doctor Peset, Arnau de Vilanova, el General de València y el Hospital de Alzira), así como profesionales de salud mental del Clínico de València y del Hospital de Sagunto, se movilizaron de inmediato. “La dana fue un martes y el viernes por la tarde ya estábamos coordinando equipos de psiquiatras y psicólogos. Sabíamos que habría un impacto psicológico importante, sobre todo entre familiares de fallecidos y personas que habían vivido situaciones de peligro extremo”, recuerda. Durante los primeros días, los equipos trabajaron sobre el terreno, en puntos de atención instalados junto a centros de salud como el de Catarroja, y recorrieron las calles más afectadas. “La escena era desoladora. La gente actuaba como autómatas, limpiando barro sin descanso, sin dormir, con ansiedad e insomnio”, recuerda el doctor, que indica que las escenas de destrucción, los vídeos que se repetían una y otra vez en los móviles y el miedo a que volviera a llover pesaban sobre todos.A medida que la emergencia se estabilizaba, los profesionales reorganizaron la asistencia. “El objetivo era claro: intervenir lo antes posible para evitar la cronificación de los cuadros de estrés agudo y prevenir el desarrollo de trastornos de estrés postraumático (TEPT)”, señala. Para ello, se implantó un dispositivo con atención psiquiátrica y psicológica tanto grupal como individual.

Hungría ha llevado ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) el reglamento que obliga a los países del bloque a dejar de importar gas ruso antes de que termine 2027. El Gobierno de Viktor Orbán presentó el recurso el 2 de febrero de 2026, pocos días después de la aprobación de la norma, y sostiene que las instituciones europeas se extralimitaron al imponerla. El núcleo del litigio no es solo energético: también pone a prueba cómo puede legislar la UE cuando una decisión comercial persigue objetivos de política exterior.

La medida se aplicará de forma gradual: el gas natural licuado ruso quedará fuera del mercado comunitario desde comienzos de 2027 y el suministro por gasoducto deberá cesar en otoño de ese año. Hungría y Eslovaquia fueron los únicos países que votaron en contra; Bulgaria se abstuvo. Budapest argumenta que la prohibición equivale a una sanción, invade competencias nacionales y amenaza su seguridad energética. La sentencia, que puede tardar años, no necesariamente borraría de inmediato los efectos de la norma.

Por qué Hungría impugna la prohibición

La dependencia energética explica buena parte de la resistencia húngara. El país obtiene de Rusia la mayor parte del gas natural que consume, mientras que Eslovaquia mantiene también una exposición significativa a ese suministro. Para Budapest, sustituirlo no es una operación administrativa sencilla: afecta a la planificación de compras y a la seguridad del abastecimiento. El Gobierno sostiene que la norma europea puede dejar al país en una posición más vulnerable si no dispone de alternativas suficientes en las mismas condiciones.

El ministro húngaro de Exteriores, Péter Szijjártó, ha articulado la demanda alrededor de tres argumentos. Primero, que el veto funciona en la práctica como una sanción contra Rusia y, por tanto, debería haberse aprobado por unanimidad. Segundo, que corresponde a cada Estado miembro decidir de qué fuentes obtiene energía. Y, tercero, que la decisión pone en riesgo la seguridad energética de Hungría. Las tres alegaciones se solapan, pero conducen a una cuestión común: qué margen tiene la UE para fijar las fuentes de abastecimiento de sus miembros.

Hungría no parte de una relación nueva con el tribunal europeo: Budapest mantiene alrededor de una docena de casos pendientes contra instituciones de la UE. Que haya litigios anteriores no determina el resultado de este recurso. Algunos especialistas en Derecho comunitario consideran que el caso presenta un debate jurídico distinto y que Hungría podría tener posibilidades, aunque el desenlace dependerá de cómo interprete el TJUE la base legal elegida y la finalidad de la norma. Una impugnación no equivale a una suspensión automática: mientras no haya una decisión con efectos sobre el reglamento, los países deben prepararse para cumplirlo.

La diferencia entre una sanción y una medida comercial

La clasificación jurídica es decisiva porque la UE no aprueba todas sus medidas con el mismo procedimiento. Las sanciones de política exterior requieren el acuerdo unánime de los 27 Estados miembros. En cambio, la política comercial puede aprobarse por mayoría cualificada: hacen falta al menos 15 países que representen un mínimo del 65% de la población de la Unión. Al encuadrar la prohibición dentro de esa política, sus promotores pudieron sacar adelante la norma pese al voto contrario de Hungría y Eslovaquia.

Budapest plantea que ese encuadre no refleja la finalidad real de la decisión. Desde su perspectiva, impedir las compras de gas ruso busca presionar a Moscú y se parece, por sus consecuencias, a otras restricciones adoptadas como sanciones. Si el tribunal aceptara que la medida es esencialmente una sanción, podría cuestionar que se aprobara por mayoría cualificada. El punto no es únicamente qué efecto produce la norma, sino qué objetivo persigue y qué competencia europea permite adoptarla.

La Comisión y quienes respaldan el reglamento pueden oponer que restringir el comercio de un producto concreto pertenece al ámbito de la política comercial común, aunque tenga consecuencias geopolíticas. La controversia se complica porque las decisiones de la UE pueden responder a más de un propósito a la vez: reorganizar las relaciones comerciales, reducir la dependencia de un proveedor y ejercer presión política. El tribunal tendrá que valorar si esos objetivos caben en la base jurídica invocada.

Hungría añade que la elección de las fuentes de energía corresponde a los Estados. Ese principio convive con competencias compartidas y normas comunes europeas en materia de energía y comercio. Por eso, el caso no se resuelve con una afirmación general de que cada país decide por sí mismo, ni con la idea opuesta de que Bruselas puede determinar cualquier compra. La frontera entre la decisión nacional sobre la combinación energética y las reglas comunes del mercado es precisamente una de las líneas que el TJUE deberá examinar.

Una prohibición duradera, no una sanción temporal

La duración prevista de la medida añade otro matiz al debate. Las sanciones suelen estar vinculadas a una situación que puede cambiar y pueden retirarse cuando desaparece el motivo que las originó. La prohibición de importar gas ruso, en cambio, está diseñada para transformar de forma duradera el abastecimiento europeo. La posición pública de la Comisión es que la UE no debería volver a comprar ese gas incluso si se alcanzara la paz en Ucrania. Ese horizonte permanente permite a sus defensores presentar la norma como un cambio estructural de política comercial, no como una restricción provisional.

Para los críticos, sin embargo, una medida no deja de ser una sanción solo porque se prolongue en el tiempo o se incorpore a una política comercial. La duración puede ser relevante para entender su naturaleza, pero no resuelve por sí sola el problema de competencia. La evaluación jurídica tendrá que considerar el propósito, el instrumento empleado y el vínculo entre la prohibición y otras decisiones europeas sobre Rusia.

También aparece el principio de coherencia entre políticas de la UE. Quienes defienden la norma sostienen que limitar el comercio de gas puede ser compatible con la presión política aplicada a Rusia y formar parte de una respuesta más amplia. Quienes la impugnan pueden replicar que esa conexión no permite eludir el procedimiento de unanimidad si, en esencia, se trata de una sanción. El debate enfrenta dos lecturas de la misma arquitectura europea: la coordinación de políticas comunes y los límites que los tratados imponen a cada una.

Qué cambia con el calendario europeo

El reglamento no establece un corte idéntico para todas las modalidades de suministro. La prohibición del gas natural licuado ruso comenzará a aplicarse a principios de 2027, mientras que el gas transportado por gasoducto quedará sujeto al veto en otoño. El objetivo es completar la eliminación de las importaciones antes de que acabe ese año. El periodo de transición pretende dar tiempo a los Estados y a las empresas para adaptar contratos y abastecimiento, aunque no elimina las dificultades para los países más dependientes.

La dimensión del cambio se aprecia en el peso que aún conservaba el gas ruso. En 2025 representó el 13% de las importaciones de gas de la UE, según los datos incluidos en la información de referencia. La cifra no describe por sí sola la situación de cada país: la exposición varía entre Estados y es especialmente importante para Hungría y Eslovaquia. Una proporción comunitaria relativamente acotada puede ocultar una dependencia nacional mucho mayor.

La norma obliga además a comprobar la procedencia del gas antes de autorizar su entrada, con el propósito de impedir que el suministro ruso llegue al mercado europeo a través de terceros países. Esa exigencia convierte la trazabilidad en una parte central de la aplicación: no basta con que el gas cruce una frontera desde otro Estado si su origen está sujeto a la prohibición. El reglamento prevé sanciones por incumplimiento, con multas de al menos 2,5 millones de euros para personas físicas y de al menos 40 millones para empresas. En el caso de estas últimas, la sanción puede incluir además un mínimo del 3,5% de su volumen de negocio anual mundial o del 300% del valor estimado de la transacción.

El texto contempla una salvaguarda excepcional. Si se declara una emergencia o la seguridad del suministro se ve seriamente amenazada en uno o más países de la UE, la aplicación de la prohibición puede suspenderse durante un máximo de cuatro semanas. No es una autorización general para mantener las compras, sino una respuesta limitada a una situación grave de abastecimiento. Su existencia reconoce que el objetivo de eliminar el gas ruso debe convivir con la obligación de evitar una crisis inmediata en el suministro.

Qué podría ocurrir si Hungría gana el caso

El TJUE suele tardar años en dictar una sentencia definitiva, de modo que el calendario judicial puede avanzar mucho más despacio que el calendario energético. Para cuando llegue un fallo, los Estados y las compañías podrían haber reorganizado sus contratos y fuentes de suministro, y la prohibición llevaría tiempo aplicándose. Esa diferencia entre el ritmo de los tribunales y el del mercado condiciona el efecto práctico de cualquier decisión.

Una sentencia favorable a Hungría no implicaría necesariamente que las importaciones se reanuden al día siguiente. El tribunal puede anular una medida y, al mismo tiempo, preservar temporalmente algunos de sus efectos para evitar perturbaciones económicas importantes. Esa posibilidad ya se ha planteado en otros asuntos europeos, especialmente en cuestiones de seguridad de las inversiones. El resultado jurídico y la consecuencia inmediata para el suministro son, por tanto, dos planos distintos.

También importa el alcance concreto del fallo. El tribunal podría pronunciarse sobre la base jurídica y el procedimiento sin resolver de forma automática todas las cuestiones energéticas que rodean la norma. Una decisión contra el reglamento obligaría a las instituciones europeas a afrontar sus consecuencias legales, pero no desharía por sí sola los contratos alternativos ya firmados, las infraestructuras construidas o las decisiones empresariales tomadas durante la transición. El tiempo transcurrido sería parte del problema.

En sentido contrario, si el TJUE rechaza el recurso, la prohibición quedaría respaldada frente a los argumentos planteados por Budapest, aunque el debate político sobre costes, dependencia y seguridad energética seguiría abierto. La sentencia podría aclarar hasta dónde llega la competencia comercial de la UE y qué peso tiene la elección nacional de las fuentes de energía. Más que una respuesta sobre una compra concreta, el fallo fijaría un precedente para futuras decisiones europeas que mezclen comercio y política exterior.

El pulso energético que seguirá después del fallo

La disputa revela una tensión que va más allá del gas ruso: la UE busca actuar como un bloque comercial y político, mientras sus miembros no parten de las mismas condiciones energéticas. Una regla común puede reducir la dependencia colectiva y, al mismo tiempo, imponer un ajuste más complejo a los países que han concentrado sus compras en un proveedor. La transición gradual y la cláusula de emergencia intentan amortiguar ese desequilibrio, pero no lo eliminan.

La seguridad energética tampoco se mide solo por el origen del combustible. Depende de que existan proveedores alternativos, rutas de transporte y capacidad para adaptar el sistema sin interrupciones graves. La norma obliga a cambiar el mapa de compras, pero no garantiza por sí misma que cada país pueda sustituir el gas en idénticas condiciones. Por eso la discusión legal tiene una dimensión material: quién asume el coste de una estrategia común cuando la dependencia está distribuida de manera desigual.

Hungría sostiene que Bruselas cruzó una frontera competencial; la Comisión defiende que la medida es una decisión comercial necesaria para desprenderse de una dependencia estratégica. Entre ambas posiciones, el TJUE deberá determinar cómo se aplican los tratados a una prohibición que afecta al comercio, a la política exterior y a la planificación energética nacional. Mientras llega esa respuesta, el calendario de 2027 sigue siendo la referencia para gobiernos y empresas, y el litigio plantea una pregunta de fondo para la Unión: hasta dónde puede llegar una política común cuando sus consecuencias recaen de forma distinta sobre cada Estado.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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