Economía
España bate récord de empleo y baja del 10% de paro
El empleo marca un máximo, aunque el avance no es igual en todos los sectores ni comunidades.

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España alcanzó en el segundo trimestre de 2026 un máximo de 22.779.000 personas ocupadas, después de sumar 486.000 entre abril y junio, según la Encuesta de Población Activa (EPA). Al mismo tiempo, el número de personas desempleadas bajó en 213.300, hasta 2.495.300, y la tasa de paro se situó en el 9,87%. No caía por debajo del 10% desde el primer trimestre de 2008.
El resultado combina un récord de ocupación con un descenso del desempleo, pero no significa que todos los problemas del mercado laboral hayan desaparecido. La temporada turística favorece tradicionalmente la contratación en primavera y verano, y el ritmo de crecimiento fue más moderado que un año antes. La fotografía de la EPA muestra, por tanto, un mercado laboral en expansión con diferencias importantes entre sectores, territorios y tipos de empleo.
Un máximo de ocupación impulsado por la temporada alta
La cifra de 22,779 millones de ocupados corresponde a personas que tenían trabajo durante el periodo de referencia de la encuesta. Entre abril y junio, la ocupación aumentó en 486.000 personas respecto al trimestre anterior. Es un avance considerable, aunque inferior a los 503.000 ocupados añadidos en el mismo periodo de 2025. El dato récord y la comparación interanual cuentan historias distintas: hay más personas trabajando que nunca, pero el impulso trimestral fue algo menor que el del año pasado.
La estación ayuda a entender esa evolución. El segundo trimestre coincide con el comienzo de la campaña turística y con la preparación de la actividad veraniega, que eleva la demanda de trabajadores en servicios vinculados al alojamiento, la restauración y otras actividades. Una parte del crecimiento responde, por tanto, a un patrón estacional: no es una sorpresa que la ocupación avance en estos meses, aunque el volumen de empleos creados sí sea relevante.
Eso no convierte el resultado en un espejismo. La EPA también registró un aumento interanual de 510.200 ocupados, y el Ministerio de Economía destacó que se trata del sexto trimestre consecutivo con un avance anual superior al medio millón. La continuidad de ese crecimiento aporta una señal distinta a la del repunte de primavera: apunta a que el mercado laboral también mantiene una tendencia positiva más allá del cambio de estación, aunque la encuesta por sí sola no explica todas sus causas.
La comparación con el año anterior sirve para poner el récord en perspectiva, no para restarle valor. Un máximo histórico puede coincidir con una moderación del ritmo de creación de empleo, porque el nivel alcanzado y la velocidad del cambio son indicadores diferentes. El primero mide cuántas personas trabajan; el segundo, cuánto aumenta esa cifra en un periodo concreto. En este trimestre, ambos datos fueron favorables, pero no avanzaron con la misma intensidad que en 2025.
Qué mide la EPA y qué significa el descenso del paro
La Encuesta de Población Activa es la fuente de las cifras de ocupación y desempleo citadas aquí. Sus resultados permiten observar cuántas personas tienen trabajo y cuántas buscan empleo sin encontrarlo, según los criterios estadísticos de la encuesta. Por eso, sus cifras no deben confundirse con las afiliaciones a la Seguridad Social ni con el paro registrado en las oficinas de empleo: son indicadores diferentes y pueden ofrecer totales y variaciones distintos.
La distinción importa cuando se habla de récords. Una cifra de afiliación cuenta relaciones de cotización, mientras que la EPA estima personas ocupadas a partir de una encuesta a hogares. No son dos formas intercambiables de nombrar el mismo dato, ni un resultado de marzo puede compararse directamente con el balance trimestral de abril a junio. El récord de este caso se refiere a la ocupación medida por la EPA, no a una serie mensual de afiliación.
En el segundo trimestre, el paro cayó en 213.300 personas y quedó en 2.495.300. La reducción fue del 7,87% respecto al primer trimestre. En comparación con el mismo periodo del año anterior, el descenso fue de 57.800 personas, equivalente al 2,26%. La tasa de paro, que expresa qué proporción de la población activa está desempleada, bajó hasta el 9,87%, alrededor de un punto menos que en el trimestre previo.
Que la tasa vuelva a situarse por debajo del 10% tiene valor estadístico y simbólico, pero no equivale a que el desempleo haya dejado de ser un problema. Todavía había casi 2,5 millones de personas sin trabajo y en búsqueda de empleo al cierre del trimestre. Además, una tasa nacional resume situaciones muy dispares: cambia según el territorio, el sexo y el sector, y no describe por sí sola cuánto dura el desempleo ni qué condiciones tienen los puestos disponibles. El umbral del 10% es una referencia clara, no una frontera entre un mercado resuelto y otro problemático.
El empleo crece sobre todo en los servicios
Los servicios concentraron el grueso del aumento de la ocupación, con 394.000 personas más trabajando. El turismo y las actividades asociadas a la temporada alta contribuyeron a ese resultado, aunque los datos disponibles no permiten atribuir cada contratación a una actividad concreta. La construcción sumó 60.000 ocupados y la industria, 38.200. En sentido contrario, la agricultura perdió 6.200 personas ocupadas y fue el único de los cuatro grandes sectores que retrocedió.
La distribución deja ver tanto la fuerza como la dependencia estacional del avance. Cuando buena parte de la subida se concentra en los servicios, el calendario turístico influye de forma notable en el balance del trimestre. A la vez, el crecimiento de la construcción y la industria indica que el aumento no quedó limitado a ese sector. La agricultura fue la excepción en una expansión que alcanzó a tres de las cuatro grandes ramas de actividad.
El desempleo descendió en los cuatro sectores, aunque también aquí los servicios protagonizaron el cambio: registraron 170.300 personas desempleadas menos. La agricultura redujo el paro en 22.400 personas, la industria en 10.900 y la construcción en 5.400. Esas variaciones sectoriales de desempleo no deben mezclarse sin más con las de ocupación: describen movimientos distintos y no necesariamente corresponden a las mismas personas que dejaron de estar paradas y encontraron trabajo en una rama específica.
El crecimiento de los servicios ayuda a explicar por qué el segundo trimestre suele ser favorable para el empleo, pero también invita a mirar qué ocurre cuando termina la temporada alta. La EPA de este trimestre no permite anticipar por sí sola el balance de los siguientes meses, ni determina cuántos contratos tendrán continuidad. El dato confirma la expansión observada entre abril y junio; su duración dependerá de la evolución posterior de la actividad, algo que esta fotografía trimestral todavía no puede resolver.
Más asalariados y más contratos indefinidos
El trabajo asalariado aumentó en 529.200 personas. Dentro de ese grupo, 386.900 tenían contrato indefinido y 142.300, temporal. En cambio, el número de trabajadores autónomos disminuyó en 42.900. La composición del crecimiento importa: no se sumó únicamente ocupación asalariada, sino que el trabajo por cuenta propia evolucionó en dirección opuesta durante el trimestre.
También aumentó el empleo a jornada completa, con 405.400 personas más, y el trabajo a tiempo parcial, con 80.600 más. La jornada completa concentró así la mayor parte del avance, aunque la subida de la parcialidad también formó parte del resultado. Estos datos describen cómo se distribuyó la ocupación nueva entre modalidades, pero no bastan para valorar por sí solos los salarios, la estabilidad efectiva o la calidad de cada puesto.
La ministra de Trabajo destacó la reducción de la temporalidad en las empresas privadas, situada en el 12,29%, y la comparó con un nivel 11 puntos superior antes de la reforma laboral. Es un indicador referido a ese ámbito y a esa medida concreta; no debe presentarse como si describiera de manera idéntica todas las formas de empleo del país. La proporción de contratos temporales en el sector privado es una pieza del análisis, no una medida completa de la calidad laboral.
La diferencia entre sumar empleo y mejorar todas sus condiciones es esencial para leer el récord sin simplificarlo. Un aumento de ocupados puede ser compatible con jornadas parciales, temporalidad o desigualdades entre actividades. A la inversa, el crecimiento de los contratos indefinidos y de las jornadas completas aporta información favorable sobre la composición del empleo. La EPA ofrece esos matices junto al total, pero no reemplaza un análisis más amplio de salarios, estabilidad y condiciones de trabajo, para el que hacen falta otros datos.
Las diferencias entre mujeres, hombres y nacionalidades
El aumento de la ocupación se repartió de forma relativamente equilibrada por nacionalidad: creció en 246.000 personas entre la población española, cifra que incluye a quienes tienen doble nacionalidad, y en 240.000 entre las personas extranjeras. La variación se produjo durante un trimestre marcado, entre otros factores del contexto, por el proceso de regularización extraordinaria aprobado por el Gobierno. La coincidencia temporal no demuestra por sí sola qué parte del aumento se explica por ese proceso.
En el desempleo, la reducción trimestral fue casi idéntica en los dos grupos: 106.600 personas menos entre españoles, incluidas las que poseen doble nacionalidad, y 106.700 menos entre extranjeros. La cercanía de ambas cifras es un dato del trimestre, no una prueba de que las condiciones laborales o las tasas de paro sean iguales para todas las nacionalidades. Para sostener esa conclusión harían falta comparaciones específicas que no se ofrecen en estas variaciones absolutas.
Por sexo, el paro descendió más entre las mujeres: hubo 145.400 desempleadas menos, frente a una reducción de 67.900 entre los hombres. La diferencia muestra dónde se concentró el descenso en términos absolutos, pero no permite deducir por sí sola que se hayan cerrado las brechas laborales. Para valorar esa cuestión habría que examinar, además de los cambios trimestrales, las tasas de empleo y desempleo, las jornadas, los salarios y la distribución por sectores.
Estas diferencias recuerdan que un promedio nacional puede ocultar trayectorias distintas. Una bajada general del paro no implica que todos los grupos se beneficien en la misma medida, del mismo modo que un aumento parecido de ocupados por nacionalidad no informa por sí solo sobre la estabilidad o el tipo de ocupación. El balance es más preciso cuando se lee junto con la composición de quienes trabajan y de quienes siguen buscando empleo, sin atribuir a una sola cifra lo que requiere varias.
Un balance desigual entre comunidades autónomas
Cataluña encabezó el incremento absoluto de la ocupación, con 130.800 personas ocupadas más en el trimestre. Canarias se situó en el extremo opuesto, con una reducción de 25.100. Sin embargo, el mayor crecimiento relativo se registró en Baleares, donde la ocupación aumentó un 18,83%, un resultado asociado a las contrataciones de la temporada turística. Las cifras absolutas y los porcentajes responden a escalas distintas: la primera cuenta personas y la segunda compara el cambio con el tamaño de cada mercado laboral.
El mapa del desempleo tampoco coincide exactamente con el de la ocupación. Cataluña anotó la mayor caída, con 92.600 personas desempleadas menos, mientras Andalucía fue la comunidad que sumó más parados en términos absolutos: 5.400. Esa divergencia no es una contradicción. Una comunidad puede crear empleo y, al mismo tiempo, registrar movimientos diferentes en su población activa, es decir, en el conjunto de quienes trabajan o buscan trabajo.
Baleares tuvo la tasa de paro más baja, del 6,11%, mientras que Andalucía registró la más alta, del 14,56%. La distancia entre ambas refleja una desigualdad territorial importante detrás del promedio nacional del 9,87%. Tampoco significa que todas las personas de una comunidad afronten las mismas oportunidades: una tasa autonómica resume el conjunto y no identifica por sí sola las diferencias entre edades, sectores o perfiles laborales.
La temporada turística pesa de manera desigual en el territorio. En Baleares, el aumento relativo de la ocupación coincidió con el inicio de la etapa de mayor actividad; en Cataluña, el mayor incremento absoluto se midió en número de personas. Por eso, el liderazgo cambia según se compare el volumen de empleos o el ritmo porcentual de crecimiento. La comparación regional aporta contexto al récord, pero no convierte a una comunidad en representación de todo el país.
Qué revela el récord y qué queda por comprobar
El descenso del paro también se reflejó en los hogares. En el segundo trimestre había 86.500 hogares menos con todos sus miembros activos desempleados y, en comparación con un año antes, la reducción fue de 32.700. El total quedó en 764.200 hogares. En paralelo, aumentaron en 228.800 los hogares en los que todos sus miembros estaban ocupados, hasta alcanzar 12.273.700. Son cifras que trasladan el movimiento del mercado laboral al ámbito doméstico, aunque no describen los ingresos ni la situación económica completa de cada hogar.
La mejora de esos indicadores es relevante porque el desempleo no afecta solo a quien busca trabajo: también condiciona la estabilidad de quienes conviven con esa persona. Que haya menos hogares sin ningún miembro activo ocupado y más hogares con todos sus miembros trabajando constituye una señal favorable. Sin embargo, la categoría de hogares con todos sus miembros en paro se refiere a personas activas y no significa que en esos hogares no haya nadie más, por ejemplo, menores o personas fuera de la población activa.
El balance ministerial y las declaraciones públicas han subrayado el volumen de empleo creado y la reducción de la temporalidad. La encuesta permite confirmar las variaciones y los niveles citados, pero las interpretaciones políticas sobre la calidad o la fortaleza estructural del mercado laboral requieren atender a más de un indicador. Un récord de ocupación es un dato sólido sobre el número de personas con trabajo, no una respuesta definitiva sobre la seguridad económica de todas ellas.
La fotografía del segundo trimestre es, en conjunto, favorable: máxima ocupación, paro por debajo del 10%, más empleo asalariado y descensos en el desempleo de mujeres y hombres, españoles y extranjeros. A la vez, el crecimiento fue algo menor que el del segundo trimestre de 2025, la agricultura perdió ocupados y persistieron diferencias acusadas entre comunidades. El dato más significativo quizá no sea solo haber alcanzado los 22,779 millones, sino entender qué hay detrás de esa cifra: un mercado laboral que crece, aunque lo hace a ritmos distintos y con una fuerte influencia de la temporada.

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