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Salud

Veo destellos de luz en el rabillo del ojo: retina, causas y alarma

Un fogonazo lateral puede ser benigno o avisar de retina: señales de alarma, causas frecuentes y cuándo acudir al oftalmólogo sin asustarte.

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chico se estruja ojos pantalla

Aparece un relámpago diminuto, casi eléctrico, en el borde de la visión. No viene de una bombilla, ni del móvil, ni del coche que pasa por la calle. Dura un segundo. A veces se repite al mover el ojo, al entrar en una habitación oscura o al girar la cabeza. En la consulta suele contarse con una frase muy de casa, muy de baño a medianoche: veo destellos de luz en el rabillo del ojo, y no sé si preocuparme.

La respuesta seria cabe en pocas palabras: si es algo nuevo, repentino, unilateral o acompañado de moscas volantes, sombra, visión borrosa, pérdida lateral de visión, dolor, golpe o cirugía ocular reciente, hay que pedir valoración oftalmológica urgente. No porque todo destello sea una catástrofe —no lo es—, sino porque algunos avisan de un desgarro o un desprendimiento de retina, y ahí el reloj no es decorativo.

Hay otro extremo, menos dramático: destellos antiguos, iguales desde hace tiempo, que no aumentan y no alteran la visión. En ese escenario, la alarma baja. Pero no desaparece del todo. Las luces repentinas y los flotadores suelen ser inofensivos si llevan mucho tiempo, no empeoran y no afectan a la vista; aun así, cuando aparecen por primera vez, aumentan de golpe o se acompañan de cortina oscura, visión borrosa, dolor, lesión o cirugía ocular, el asunto cambia de color. Y no precisamente a mejor.

El problema de los ojos es que no hacen teatro. Un síntoma pequeño puede ser pequeño de verdad… o ser la punta brillante de algo mayor. Y la retina, esa lámina fina y nerviosa del fondo ocular, no tiene mucha paciencia para las esperas heroicas.

Qué está pasando dentro del ojo cuando aparecen los destellos

Para entender el destello lateral hay que imaginar el ojo como una pequeña cámara húmeda. Por dentro no está vacío: lo rellena el humor vítreo, una gelatina transparente que ayuda a mantener la forma del globo ocular. Con los años, esa gelatina cambia. Se vuelve más líquida, se contrae, se despega poco a poco de la retina. Es biología, no castigo divino por mirar pantallas.

El vítreo contiene fibras adheridas a la retina y, al envejecer, esas fibras pueden separarse. Ese proceso se llama desprendimiento vítreo y suele ocurrir después de los 50 años. Entre sus síntomas están el aumento repentino de moscas volantes y los destellos de luz en la visión lateral o periférica.

Cuando el vítreo tira de la retina, el cerebro puede interpretar esa tracción como luz. No hay luz real, pero se percibe como si la hubiera. Esos fenómenos se conocen como fotopsias: destellos, chispas, líneas tipo rayo, fogonazos breves o formas luminosas que aparecen sin una fuente externa. También pueden relacionarse con migrañas, desprendimiento vítreo posterior, desprendimiento de retina, traumatismos, inflamación ocular y otras causas.

Dicho sin bata: a veces el ojo produce su propio “flash” porque algo dentro lo está estimulando. Como cuando alguien toca un cable y salta una chispa. El matiz decisivo es saber si ese tirón es benigno o si ha abierto un pequeño desgarro en la retina. Ahí cambia la película.

Cuando el destello viene con moscas volantes

Las moscas volantes ayudan a leer la escena. Son puntos, hebras, telarañas o sombras que flotan y se desplazan cuando movemos los ojos. Suelen deberse a cambios del vítreo relacionados con la edad: fibras de colágeno agrupadas proyectan sombras sobre la retina, y esas sombras se perciben como manchas móviles.

Un aumento brusco de flotadores, sobre todo con destellos o pérdida visual, requiere contacto inmediato con un especialista. El destello aislado es una palabra. El destello con moscas nuevas, sombra o pérdida de visión ya parece una frase entera. Y no conviene leerla mañana.

Cuándo hay que acudir sin esperar al oftalmólogo

No hace falta convertir cada punto luminoso en una ambulancia interior. Tampoco conviene hacer lo contrario, esa liturgia española de “ya se me pasará”, tan eficaz para llegar tarde a casi todo. La frontera razonable está en el cambio brusco.

Debe considerarse urgente cuando los destellos aparecen de repente, se repiten en un solo ojo, aumentan con el movimiento ocular, llegan con una lluvia de moscas volantes, se nota una sombra lateral, una cortina gris, visión borrosa, reducción del campo visual, dolor, un golpe reciente o antecedentes de cirugía ocular. Esas combinaciones son las que obligan a descartar daño en retina.

El dato importante no es solo “veo una luz”. Es cómo apareció. No es igual un fenómeno antiguo, leve y estable que un fogonazo nuevo que aterriza de golpe con manchas negras, como ceniza flotando delante del ojo. No es igual verlo en ambos ojos durante una migraña conocida que notarlo solo en uno, en la periferia, como un rayo blanco pegado al borde de la mirada. No es igual después de frotarse los ojos que después de un traumatismo.

La retina no duele cuando se desgarra o se desprende. Esta es una de esas malas bromas de la anatomía. Uno puede estar perdiendo campo visual sin sentir dolor, sin alarma corporal, sin sirena. Por eso la ausencia de dolor no tranquiliza tanto como parece.

También importa la edad y el terreno ocular. A partir de los 50 años, el desprendimiento vítreo posterior es más frecuente. La miopía alta, los traumatismos, la cirugía de cataratas, la diabetes, las inflamaciones oculares y algunos antecedentes familiares pueden elevar el riesgo de problemas retinianos. No significa que todo miope con un destello esté ante una urgencia quirúrgica, claro. Significa que no debe jugar a diagnosticarlo mirando el techo.

La revisión suele incluir dilatación de pupila para ver el fondo del ojo. No es una exploración especialmente glamourosa; la luz molesta, las pupilas quedan grandes un rato, la calle parece demasiado brillante. Pero permite mirar la retina periférica, justo donde a veces se esconden desgarros pequeños. Y un desgarro detectado a tiempo puede tratarse antes de que derive en desprendimiento. Esa es la diferencia entre apagar una chispa y entrar cuando la cocina ya huele a quemado.

Retina, vítreo, migraña: causas frecuentes de los destellos laterales

El desprendimiento vítreo posterior es una de las causas más habituales. El vítreo, al separarse de la retina, puede generar moscas volantes y destellos. Muchas veces no pasa de ahí. Si el desprendimiento vítreo no causa un problema ocular grave, los síntomas probablemente se vuelven menos perceptibles tras unos meses; pero la única forma de saber si ha provocado un problema serio es un examen con dilatación pupilar.

Cuando el tirón del vítreo abre una rotura, hablamos de desgarro retiniano. Si por esa rotura entra líquido y la retina empieza a separarse de su base, aparece el temido desprendimiento de retina. Es una situación de emergencia en la que la retina se separa de su posición normal, y sus síntomas pueden incluir destellos y flotadores. Un desprendimiento no tratado puede provocar pérdida permanente de visión.

La migraña con aura juega otra liga. Puede producir luces, zigzags, centelleos, manchas brillantes o zonas ciegas temporales. A menudo afecta a ambos ojos —aunque la persona pueda sentirlo más en un lado del campo visual— y suele durar entre minutos y menos de una hora. Puede aparecer con dolor de cabeza o sin él. Esa última versión, la migraña silenciosa, desconcierta bastante: hay espectáculo visual, pero no martillo en la sien.

Una migraña no se parece siempre a la retina

La diferencia práctica está en el patrón. El aura migrañosa suele ser más geométrica, expansiva, como una vidriera eléctrica que crece y luego se apaga. La tracción retiniana tiende a describirse más como flash, chispazo, relámpago lateral, fogonazo breve, muchas veces en un solo ojo. Pero estas distinciones sirven para orientarse, no para dictar sentencia desde el sofá. Un primer episodio visual, sobre todo si no hay diagnóstico previo de migraña, merece prudencia.

También existen los fosfenos por presión. Al frotarse fuerte los ojos, estornudar, toser o hacer esfuerzo, algunas personas ven estrellas o luces breves. Los fosfenos son imágenes de luz o color que pueden aparecer incluso con los ojos cerrados, aunque también pueden asociarse a problemas más serios.

Hay más causas, menos frecuentes pero reales: inflamación ocular, hemorragia vítrea, lesiones, enfermedades vasculares, neuritis óptica, traumatismos craneales. Algunas pertenecen al territorio del oftalmólogo; otras, al del neurólogo o urgencias generales. Por eso conviene contar bien la película: un ojo o dos, duración, frecuencia, dolor, dolor de cabeza, náuseas, pérdida visual, manchas, cortina, golpes, operaciones, medicación, diabetes, hipertensión. El detalle manda.

Lo que se puede hacer en casa y lo que no conviene hacer

En casa se puede observar el síntoma con inteligencia, no con obsesión. Tapar un ojo y luego el otro ayuda a saber si el fenómeno está en un solo ojo o en ambos. Conviene fijarse en si hay pérdida lateral de visión, si aparece una sombra, si las moscas volantes aumentan, si el destello se repite con frecuencia, si hay dolor o si la visión queda empañada. Esa información ayuda al profesional. No sustituye la exploración. Ni de lejos.

Lo que no conviene es conducir de noche si los destellos son intensos o si hay visión borrosa. Tampoco es sensato esperar varios días ante una cortina oscura o una lluvia repentina de manchas. Menos aún frotarse los ojos como si uno estuviera puliendo una copa. El ojo no es una pantalla táctil con polvo; es tejido vivo, delicado, con la retina al fondo como una alfombra finísima.

No hay gotas caseras para “quitar” los destellos cuando la causa está en el vítreo o la retina. No los arregla beber más agua en ese momento, aunque hidratarse sea buena costumbre. No los arregla cerrar los ojos diez minutos si hay un desgarro. No los arregla bajar el brillo del móvil. La modernidad tiene muchos culpables cómodos, pero no todo es pantalla.

Eso sí, las pantallas pueden cansar, resecar, provocar molestias, visión borrosa fluctuante o sensación de arenilla. Otra cosa. El ojo seco da escozor, pesadez, parpadeo torpe, necesidad de cerrar los párpados. Los destellos periféricos nuevos pertenecen a un capítulo distinto. Meterlo todo en el saco del móvil es práctico, pero algo perezoso. Muy siglo XXI: culpar al dispositivo y seguir sin mirar el fondo del ojo.

Cuando los síntomas llevan mucho tiempo, no cambian y la visión está normal, el escenario suele ser menos inquietante. Los flashes y flotadores pueden acabar deteniéndose o volverse menos perceptibles, especialmente cuando no empeoran ni afectan a la visión. Pero “menos inquietante” no significa “nunca revisable”. Un control oftalmológico periódico es especialmente razonable si hay miopía alta, edad avanzada, diabetes, antecedentes de retina o cirugía previa.

La pregunta doméstica —si dormir y verlo mañana— tiene una respuesta desigual. Si hay destellos nuevos con moscas volantes nuevas, sombra, cortina, visión borrosa o pérdida de campo, no. Mejor valoración el mismo día o lo antes posible, según disponibilidad sanitaria. Si es un fenómeno antiguo, idéntico, leve y sin cambios visuales, puede comentarse en consulta ordinaria. La diferencia es modesta en palabras, enorme en consecuencias.

Cómo se diagnostica y qué tratamientos existen si hay lesión

El oftalmólogo no se queda en “cuénteme el fogonazo”. Mira. Dilata la pupila, examina el fondo ocular, busca roturas, hemorragias, tracciones, zonas de retina levantada. A veces añade pruebas de imagen, como fotografía de retina, tomografía de coherencia óptica u otras exploraciones si la situación lo pide. Cuando la sangre u otra opacidad impide ver bien, puede ser necesaria una ecografía ocular. La medicina, pese a sus formularios y sus esperas, sigue teniendo algo muy físico: luz, lente, ojo, silencio.

Si solo hay desprendimiento vítreo sin desgarro, muchas veces no se trata con cirugía. Se observa. Se advierte al paciente de los signos de alarma. Se revisa si hace falta. Las moscas pueden molestar, sobre todo ante paredes blancas, cielos claros o pantallas luminosas, pero el cerebro suele aprender a ignorarlas. No siempre, pero muchas veces. La paciencia aquí no es resignación; es neuroadaptación, palabra fea para una cosa bastante elegante.

Si aparece un desgarro retiniano, el tratamiento puede incluir láser o crioterapia para sellar la zona y reducir el riesgo de desprendimiento. Si ya hay desprendimiento de retina, el abordaje puede requerir cirugía, con técnicas distintas según el caso: vitrectomía, indentación escleral, retinopexia neumática u otros procedimientos. No es materia para autodiagnóstico ni para comparar experiencias en foros, ese bazar donde siempre hay alguien que se curó con manzanilla y otro que anuncia el apocalipsis.

Lo esencial es llegar antes de que la retina central —la mácula— quede afectada. La mácula permite leer, reconocer caras, ver detalle fino. Cuando el desprendimiento alcanza esa zona, el pronóstico visual puede empeorar. Por eso los síntomas periféricos importan. Una sombra lateral puede parecer poca cosa hasta que avanza. Como una mancha de humedad en el techo: al principio es un borde, luego es la habitación.

Hay una tentación frecuente: esperar a que el destello se repita para “estar seguro”. Mala idea si ya se han sumado señales de alarma. La retina no firma justificantes. Un único episodio nuevo, con manchas o cortina, basta para consultar. Y si al final no era nada grave, magnífico. La medicina preventiva también consiste en salir de una consulta con una buena noticia y las pupilas como platos.

La calma útil: ni pánico ni dejadez

Los destellos en el rabillo del ojo viven en esa zona incómoda donde una cosa puede ser banal o seria según el acompañamiento. El titular médico, sin adornos, es este: los destellos nuevos no se ignoran cuando vienen con moscas volantes, sombra, cortina, visión borrosa, dolor, golpe o pérdida de visión lateral. Ahí toca descartar retina. Sin épica, sin Google como oftalmólogo de guardia, sin esperar a que el ojo “se explique mejor”.

También conviene no convertir cada centelleo aislado en una tragedia privada. El vítreo envejece, se mueve, tira, suelta sombras, fabrica pequeños fuegos artificiales internos. La mayoría de las moscas volantes y algunos destellos responden a procesos benignos, especialmente si son estables y no dañan la visión. Pero el margen entre lo benigno y lo urgente no se decide por intuición. Se decide mirando la retina.

Lo razonable es escuchar el síntoma sin obedecer al miedo. Un destello lateral es una señal, no una sentencia. Si ha llegado de golpe o trae compañía sospechosa, debe verlo un profesional. Si lleva años igual, no empeora y la visión sigue limpia, se comenta en una revisión. Entre el pánico y la dejadez hay una vía menos vistosa y bastante más inteligente: actuar pronto cuando el ojo cambia, porque la vista, cuando se pierde, no suele aceptar sarcasmos ni disculpas tardías.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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