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¿Por qué Putin ordena una tregua de 72 horas sobre Kiev y qué cambia?

Putin ordena una tregua limitada de 72 horas sobre Kiev y Zelenski responde sobre Moscú mientras los enviados de Trump viajan entre ambas capitales.

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putin con bandera de rusia

Resumen

  • Putin suspende durante 72 horas los ataques rusos contra Kiev
  • Zelenski responde con una pausa ucraniana de ataques sobre Moscú
  • La medida no es un alto el fuego general y la guerra continúa

Vladímir Putin ha ordenado suspender durante tres días los ataques rusos contra Kiev, a partir de la medianoche del sábado 5 de septiembre, coincidiendo con la misión diplomática de los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner. Volodímir Zelenski ha respondido con un gesto paralelo: Ucrania se abstendrá de lanzar ataques contra Moscú durante 72 horas, el sábado, el domingo y el lunes.

La precisión importa. No estamos ante un alto el fuego general entre Rusia y Ucrania, ni ante una paralización completa de las operaciones militares. La medida anunciada por Moscú afecta a los ataques contra la capital ucraniana y la respuesta de Kiev se refiere a Moscú. El frente terrestre, las posiciones militares y otras zonas del país no quedan automáticamente congelados por esta pausa.

El movimiento abre, aun así, una pequeña ventana diplomática después de semanas de creciente presión aérea y de unas negociaciones que llevan meses encalladas. Witkoff y Kushner han llegado a Moscú para reunirse con Putin y está previsto que posteriormente se desplacen a Kiev. Durante unas horas, las dos capitales intentarán bajar el volumen de drones y misiles mientras Washington vuelve a colocar sobre la mesa una palabra bastante más difícil: paz.

Una tregua limitada a Kiev y Moscú, no al conjunto de la guerra

El Kremlin comunicó que Putin había dado instrucciones para que Kiev no fuera atacada durante tres días. La decisión está vinculada al desplazamiento de los representantes estadounidenses y, sobre todo, a su prevista llegada a la capital ucraniana dentro de una nueva ronda de contactos.

Zelenski señaló después que había hablado con los enviados de Donald Trump y que Ucrania estaba dispuesta a abstenerse de atacar Moscú hasta que termine el lunes. Kiev espera que Rusia mantenga el mismo criterio respecto a su capital durante ese periodo.

Ese intercambio permite hablar de una pausa aérea entre las dos capitales, pero conviene no vestirla con un uniforme que todavía no tiene. No existe, por lo conocido, un acuerdo bilateral que suspenda todos los ataques en territorio ruso y ucraniano ni un mecanismo de supervisión que convierta estas 72 horas en un alto el fuego convencional.

La guerra, dicho de otro modo, sigue activa alrededor. Tropas, artillería, drones, posiciones defensivas y operaciones alejadas de Moscú y Kiev no desaparecen porque las dos capitales entren temporalmente en una especie de burbuja diplomática.

Witkoff y Kushner vuelven a colocar a Estados Unidos en el centro

Steve Witkoff y Jared Kushner llegaron a Moscú, donde fueron recibidos por el enviado ruso Kiril Dmitriev. El Kremlin confirmó que Putin se reunirá con ambos. Después, la delegación estadounidense tiene previsto desplazarse a Ucrania y mantener contactos con Zelenski.

Donald Trump había adelantado que sus representantes viajaban con una propuesta para intentar poner fin a la guerra, aunque sus elementos centrales no se han hecho públicos. Desde Moscú se han rebajado las expectativas sobre la aparición de grandes novedades, una diferencia semántica nada menor cuando prácticamente cada palabra acaba convertida en material de negociación.

El itinerario tiene una lectura política evidente. Washington pretende hablar directamente con Putin y después llevar la conversación a Zelenski, tratando de averiguar cuánto espacio real queda entre las condiciones de Moscú y las líneas rojas de Kiev.

Una propuesta de Trump todavía sin contenido público

Witkoff y Kushner no aterrizan sobre terreno virgen. Las conversaciones anteriores no lograron resolver las diferencias fundamentales y la diplomacia quedó desplazada mientras aumentaban los ataques de largo alcance a ambos lados de la frontera.

La fórmula estadounidense continúa siendo bastante menos concreta de lo que sugiere la palabra propuesta. Trump sostiene que existe una vía para intentar terminar la guerra, pero siguen abiertas cuestiones enormes: el territorio ocupado, las garantías de seguridad para Ucrania, la relación futura con la OTAN y el eventual papel de las sanciones contra Rusia.

Ahí está el hueso. Una pausa de tres días puede decretarse con relativa rapidez; resolver quién controla el territorio, cómo se garantiza la seguridad de Ucrania y bajo qué arquitectura política queda Europa oriental pertenece a otra liga. Setenta y dos horas son manejables. El día siguiente, bastante menos.

Zelenski denuncia ataques rusos contra los aeropuertos de Kiev

La pausa llega después de una noche poco compatible con cualquier imagen de distensión. Zelenski denunció ataques rusos contra los aeropuertos de Kiev y Boryspil, instalaciones que podrían ser utilizadas durante la visita de la delegación estadounidense.

El presidente ucraniano interpretó esos bombardeos como una respuesta deliberada a los preparativos para la posible llegada por vía aérea de Witkoff y Kushner. Kiev aseguró que tendrá en cuenta esos ataques cuando planifique sus futuras operaciones sobre el espacio aéreo ruso, aunque Zelenski insistió en que Ucrania no pretende amenazar la actividad diplomática estadounidense.

La secuencia resulta difícil de ignorar: ataques sobre instalaciones aeroportuarias y, pocas horas después, anuncio de una suspensión temporal de los bombardeos sobre Kiev. Diplomacia y presión militar avanzan otra vez en paralelo, una escena bastante familiar desde el comienzo de la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022.

La intensidad de las últimas horas tampoco se ha limitado a los aeropuertos. Rusia ha mantenido sus operaciones con misiles y drones contra territorio ucraniano, mientras Kiev continúa atacando objetivos rusos lejos de la línea del frente. El silencio anunciado, por tanto, tiene fronteras bastante precisas.

La guerra no se detiene cuando callan las dos capitales

La pausa anunciada no significa que el enorme frente de aproximadamente 1.250 kilómetros quede en silencio. Rusia y Ucrania continúan enfrentadas sobre el terreno y conservan capacidad para golpear objetivos situados a cientos de kilómetros de las posiciones donde combaten sus tropas.

Moscú ha intensificado durante los últimos meses sus operaciones contra ciudades e infraestructuras ucranianas. Kiev, por su parte, ha profundizado su campaña de drones contra objetivos militares y energéticos dentro de Rusia, intentando elevar el coste económico de la guerra y perjudicar la logística rusa lejos del frente.

Eso explica por qué estas 72 horas tienen un alcance militar reducido aunque su carga política sea considerable. Proteger temporalmente Kiev y Moscú facilita los desplazamientos diplomáticos y reduce el riesgo de un incidente especialmente delicado mientras los estadounidenses están en la zona. Pero no cambia la dinámica general del conflicto.

Un verdadero alto el fuego requeriría determinar dónde se deja de disparar, qué armas quedan incluidas, durante cuánto tiempo, quién verifica las infracciones y qué ocurre cuando una parte acusa a la otra de haber roto el acuerdo. Nada de eso forma parte, por el momento, de esta pausa limitada.

Putin y Zelenski siguen separados por cuestiones mucho mayores

Detrás de la tregua sobreviven intactas las divergencias que han hecho naufragar anteriores intentos de negociación. El Kremlin mantiene sus exigencias territoriales y considera esencial que Ucrania permanezca fuera de la OTAN, además de reclamar el control de las regiones ucranianas que Rusia declaró unilateralmente anexionadas.

Rusia ni siquiera controla militarmente la totalidad de todos esos territorios. Kiev rechaza entregarlos y sostiene que aceptar esas condiciones equivaldría a premiar la invasión y dejar al país expuesto a una futura ofensiva rusa.

También sigue abierta la cuestión de las garantías de seguridad. Ucrania reclama compromisos capaces de impedir que cualquier acuerdo se convierta simplemente en un intervalo entre dos guerras. Moscú, por el contrario, busca que el futuro marco europeo limite la integración militar de Ucrania con Occidente.

Las posiciones continúan muy alejadas. Por eso el viaje estadounidense puede resultar importante sin ser necesariamente decisivo. La diplomacia produce fotografías con bastante más facilidad que acuerdos, y esta guerra ha ofrecido unas cuantas demostraciones. El desacuerdo estratégico permanece incluso cuando los misiles conceden una pausa.

Setenta y dos horas para medir el verdadero margen político

La tregua sobre Kiev y la suspensión ucraniana de ataques contra Moscú tienen un valor inmediato y bastante concreto: reducir el riesgo durante la visita de los enviados estadounidenses y crear unas condiciones mínimas para hablar. Eso es lo anunciado. Ni más ni menos.

También ofrecen una prueba interesante. Durante tres días podrá comprobarse hasta qué punto ambos gobiernos son capaces de contener los ataques de largo alcance cuando existe un incentivo diplomático directo. Si la pausa se respeta, Washington dispondrá de un pequeño precedente sobre el que trabajar. Si se rompe rápidamente o la violencia simplemente cambia de escenario, quedará claro lo estrecho que sigue siendo el margen.

No es todavía la paz, ni siquiera una tregua completa. Es un silencio parcial dentro de una guerra que continúa, con Witkoff y Kushner moviéndose entre dos capitales enemigas y una propuesta estadounidense todavía rodeada de incógnitas.

Después de más de cuatro años de invasión a gran escala, una ventana de 72 horas parece poca cosa. Lo es. Pero también retrata con precisión el punto en el que se encuentra el conflicto: tres días resultan fáciles de anunciar; acordar qué sucede el cuarto sigue siendo el verdadero problema.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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