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Seattle conquista su segundo título ante unos Patriots sin respuesta

Los Seahawks frenaron a los Patriots y sellaron su segundo título en una final marcada por la defensa.

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Super Bowl 2026

Los Seattle Seahawks ganaron la final de la NFL de 2026 al vencer 29-13 a los New England Patriots en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California. La defensa de Seattle impuso el ritmo durante tres cuartos y Kenneth Walker III, autor de 135 yardas de carrera, fue elegido jugador más valioso. El encuentro se disputó el 8 de febrero y decidió el campeón de la temporada 2025.

El triunfo dio a los Seahawks su segundo título de la NFL, después del que lograron en la temporada 2013, mientras que los Patriots encajaron su sexta derrota en una final, una cifra sin precedentes para una franquicia. Fue un partido menos abierto de lo que suele asociarse a la gran cita del fútbol americano: Seattle no permitió puntos en la primera mitad y convirtió los errores de New England en la diferencia decisiva.

Una final en Santa Clara con historia en juego

La edición número 60 del campeonato, conocida como Super Bowl LX por el uso de números romanos, se jugó en el estadio de los San Francisco 49ers. La NFL había anunciado la sede en mayo de 2023. El Levi’s Stadium acogió así su segunda final, después de la edición de 2016, y la bahía de San Francisco recibió el partido por tercera vez. Antes, en 1985, la final se había disputado en el Stanford Stadium.

La elección del recinto formó parte de un cambio en el proceso de selección de sedes de la NFL. Desde la organización de la final de 2023, la liga dejó atrás las candidaturas tradicionales: estudia una propuesta para una ciudad y sus instalaciones y, después, los propietarios de los equipos votan sobre su viabilidad. Santa Clara comparte con San Francisco el protagonismo regional, aunque el estadio está en la primera, no en la ciudad de San Francisco.

El partido comenzó a las 3:30 de la tarde, hora del Pacífico, equivalente a las 6:30 en la costa este de Estados Unidos. Para buena parte de la audiencia española, el inicio cayó ya en la madrugada del 9 de febrero. Asistieron 70.823 espectadores. El árbitro principal fue Shawn Smith, que dirigió por primera vez una final de la NFL desde el campo después de haber sido árbitro suplente en dos ediciones anteriores.

El diseño del emblema también vinculó el partido con su entorno: los números romanos incorporaban referencias visuales a la bahía, como el perfil urbano de San Francisco, el puente Golden Gate y las secuoyas. En las camisetas de ambos equipos apareció, además, un parche conmemorativo de los 250 años de Estados Unidos, una celebración que también estuvo presente en los actos previos.

Dos equipos que llegaron desde caminos distintos

Seattle alcanzó la final como primer cabeza de serie de la Conferencia Nacional, con un balance de 14 victorias y tres derrotas. El entrenador Mike Macdonald, en su segunda temporada al frente del equipo, construyó un conjunto equilibrado, con una defensa que terminó como la mejor de la liga en puntos concedidos. Ese trabajo colectivo acabó definiendo el campeonato mucho más que el intercambio de anotaciones entre quarterbacks.

La transformación ofensiva de los Seahawks tuvo como eje a Sam Darnold, contratado después de que Geno Smith fuese traspasado a Las Vegas. También cambió el grupo de receptores: Tyler Lockett salió del equipo y DK Metcalf fue enviado a Pittsburgh, mientras Seattle incorporó a Cooper Kupp y, durante la temporada, a Rashid Shaheed. Jaxon Smith-Njigba se convirtió en una pieza central y lideró la liga con 1.793 yardas recibidas; su campaña le valió el premio al jugador ofensivo del año.

El ataque mejoró con Darnold, aunque su temporada tuvo una contradicción que acompañó al equipo hasta los playoffs: produjo 4.048 yardas de pase y 25 touchdowns, pero también lideró la liga en pérdidas de balón, con 20. Walker y Zach Charbonnet aportaron alternativas por tierra; en defensa, jugadores como Leonard Williams, Byron Murphy II, Devon Witherspoon y el linebacker Ernest Jones sostuvieron una unidad capaz de presionar y castigar los errores del rival.

New England también acabó la fase regular con 14 triunfos y tres derrotas, pero llegó como segundo cabeza de serie de la Conferencia Americana. El cambio más visible fue el del entrenador: Mike Vrabel, exjugador de los Patriots y ganador del premio al entrenador del año en 2021, tomó el mando en su primera temporada. La franquicia había terminado las dos campañas anteriores con solo cuatro victorias, de modo que el salto hasta la final fue una de las grandes reconstrucciones del curso.

El quarterback Drake Maye, seleccionado en 2024, lideró un ataque que pasó de los últimos puestos de la liga a situarse entre los mejores. Lanzó para 4.394 yardas y 31 touchdowns, encabezó la Conferencia Americana en ambas categorías y terminó segundo en la votación del jugador más valioso de la temporada. Stefon Diggs fue el principal receptor en yardas, mientras TreVeyon Henderson encabezó al equipo en carrera. La defensa también mejoró: pasó a estar entre las ocho mejores en yardas permitidas y entre las cuatro primeras en puntos.

Los caminos de ambos equipos en la postemporada reforzaron el contraste. Seattle descansó en la primera ronda por ser el primer cabeza de serie y después arrolló 41-6 a San Francisco, pese a que Darnold jugó con una lesión en el oblicuo y Charbonnet sufrió una lesión del ligamento cruzado anterior. En la final de conferencia, los Seahawks superaron 31-27 a Los Angeles Rams en un duelo ajustado que les dio su primera plaza en el campeonato en 11 años.

Los Patriots vencieron 16-3 a Los Angeles Chargers, su primera victoria en playoffs desde 2018, y derrotaron 28-16 a Houston en la ronda divisional. En ese encuentro provocaron cinco pérdidas de balón. Después ganaron 10-7 a Denver bajo la nieve, en una final de conferencia en la que los Broncos tuvieron que recurrir al suplente Jarrett Stidham tras la lesión de Bo Nix. New England llegó al título después de ganar nueve partidos consecutivos como visitante, incluidos los playoffs.

El partido se decidió cuando llegaron las pérdidas

New England ganó el sorteo inicial y eligió recibir en la segunda mitad, por lo que Seattle empezó con el balón. Los Seahawks avanzaron hasta la zona roja, dentro de las últimas 20 yardas del campo, pero no pudieron transformar la posesión en touchdown. Jason Myers anotó un gol de campo de 33 yardas para abrir el marcador. Fue un anticipo del primer tramo: Seattle movía el balón, pero la defensa de los Patriots limitaba el daño; New England, por su parte, no conseguía sostener sus ataques.

Los Seahawks añadieron dos goles de campo más en la primera mitad, de 39 y 41 yardas. Walker encontró espacio con carreras de 30 y 29 yardas y ayudó a mantener vivo el avance, pero la defensa de New England volvió a cerrar la puerta antes de la zona de anotación. Al descanso, Seattle ganaba 9-0. En el tercer cuarto, Myers convirtió su cuarto intento, esta vez desde 41 yardas, y amplió la ventaja a 12-0. Los Patriots seguían sin sumar puntos.

La secuencia que cambió el partido llegó cuando Derick Hall placó a Maye y le hizo perder el balón. Byron Murphy II lo recuperó para Seattle cerca de la yarda 37 de New England. Al comienzo del último cuarto, Sam Darnold conectó con AJ Barner para el primer touchdown de la noche, de 16 yardas. Con la conversión posterior, los Seahawks se pusieron 19-0 y dejaron a los Patriots obligados a arriesgar.

New England respondió con rapidez: tres jugadas bastaron para recorrer 65 yardas, culminadas por un pase de touchdown de 35 yardas de Maye a Mack Hollins. El marcador quedó 19-7 y el partido pareció abrir una puerta para la remontada. Pero el siguiente ataque de los Patriots terminó con una intercepción de Julian Love, que devolvió el balón 35 yardas. Seattle no anotó un touchdown en esa posesión, aunque Myers convirtió desde 26 yardas y estableció un récord de la final con cinco goles de campo.

La jugada que prácticamente sentenció el encuentro llegó poco después. Bajo la presión de Devon Witherspoon, Maye lanzó un pase que Uchenna Nwosu interceptó y devolvió hasta la zona de anotación. El marcador pasó a 29-7 cuando quedaban 4 minutos y 27 segundos. Maye logró un touchdown más con un pase a Rhamondre Stevenson, pero New England no completó la conversión de dos puntos. Los Patriots recuperaron después una patada corta, aunque no lograron volver a anotar.

El resultado final fue 29-13 para Seattle. Los Seahawks sumaron tres puntos en el primer cuarto, seis en el segundo, tres en el tercero y 17 en el último; New England no anotó hasta el cuarto periodo, en el que consiguió sus 13 puntos. El tanteo no cuenta por sí solo cómo se inclinó el duelo: durante buena parte de la noche, Seattle avanzó mediante goles de campo y la defensa mantuvo a los Patriots lejos del marcador.

La defensa de Seattle y el papel de Walker

Las cifras totales de yardas fueron muy similares: Seattle terminó con 335 y New England con 331. Esa proximidad podría sugerir un partido equilibrado, pero las estadísticas de posesión y pérdidas muestran otra historia. Los Seahawks tuvieron el balón durante 33 minutos y 11 segundos, frente a los 26 minutos y 49 segundos de los Patriots. Además, Seattle no perdió el balón, mientras New England acumuló tres pérdidas, entre ellas dos intercepciones y un balón suelto.

La presión sobre Maye fue constante. Los Patriots sufrieron seis capturas que les costaron 43 yardas, frente a una captura y ocho yardas perdidas por Darnold. Seattle también limitó el juego terrestre de New England: los Seahawks ganaron 141 yardas por carrera y los Patriots 79. Aunque ambos equipos promediaron 4,4 yardas por intento, la diferencia estuvo en el volumen y en la posibilidad de utilizar la carrera para controlar el partido.

Walker terminó con 135 yardas en 27 carreras, cinco yardas por intento y ninguna anotación. Su premio como jugador más valioso reconoció una actuación que fue importante incluso sin touchdowns: ganó terreno, sostuvo posesiones y ayudó a que Seattle llegara a distancia de gol de campo. Fue el primer corredor en recibir el galardón desde Terrell Davis, elegido MVP tras la final de 1998, conocida como Super Bowl XXXII.

El pateador Jason Myers fue otro protagonista estadístico. Sus cinco goles de campo marcaron un récord en una final y sumaron 15 de los 29 puntos de Seattle. Esa producción no significa que los Seahawks dominaran cada avance ofensivo; durante los tres primeros cuartos no anotaron touchdowns. Pero sí indica que aprovecharon las oportunidades que tuvieron, mientras la defensa evitaba que la falta de anotaciones tempranas se convirtiera en un problema.

La victoria tuvo también una lectura particular para Darnold. En la fase regular había encabezado la liga en pérdidas de balón, pero Seattle cerró toda su campaña de playoffs sin perder ninguna posesión. Los Seahawks fueron el primer campeón de la NFL en completar una postemporada sin pérdidas de balón, una rareza que habla tanto del control ofensivo como de la protección de la pelota en los momentos de mayor presión.

Bad Bunny encabezó el espectáculo del descanso

La actuación musical más esperada llegó en el descanso, con Bad Bunny como artista principal y Lady Gaga y Ricky Martin como invitados. La presencia del músico puertorriqueño dio al espectáculo una dimensión cultural ligada a la audiencia latina, un público que la NFL considera importante para ampliar su alcance en Estados Unidos. El show alcanzó una media de 128,2 millones de espectadores y quedó entre los más vistos de la historia de estas actuaciones.

La programación previa tuvo también una fuerte presencia musical. Green Day abrió los actos con una selección de canciones de su álbum American Idiot y participó en el homenaje a los jugadores más valiosos de anteriores finales, una tradición que se celebra cada diez años desde la edición XX. Charlie Puth interpretó el himno nacional acompañado por Kenny G y varios conjuntos vocales; Brandi Carlile cantó America the Beautiful y Coco Jones interpretó Lift Every Voice and Sing.

El cierre del himno estuvo acompañado por un sobrevuelo conjunto de aeronaves de la Fuerza Aérea y la Armada estadounidenses, enmarcado en las celebraciones del 250 aniversario del país. Las referencias conmemorativas se extendieron al lanzamiento de moneda, para el que se utilizó una reproducción moderna de la medalla Libertas Americana, vinculada a Benjamin Franklin. Joe Montana participó en el sorteo como capitán honorario, junto a Peyton Manning y Lynn Swann.

El espectáculo del descanso generó conversación también por su audiencia, aunque las cifras disponibles no son idénticas. La media de 128,2 millones corresponde a la actuación de Bad Bunny, mientras que las mediciones del partido varían según la metodología y las plataformas incluidas. La diferencia importa: una cifra de audiencia televisiva tradicional no equivale necesariamente al alcance agregado que suma emisiones y servicios de streaming.

Audiencia, retransmisión y anuncios millonarios

NBC emitió el partido en inglés y Peacock ofreció la retransmisión en streaming. Telemundo y Universo proporcionaron las emisiones en español, además de NFL+ y las plataformas digitales de NBC Sports. La narración principal de NBC estuvo a cargo de Mike Tirico y Cris Collinsworth, con Melissa Stark y Kaylee Hartung en la banda y Terry McAulay como analista arbitral. Para Tirico fue su primera final como narrador principal.

La audiencia media estadounidense se cifró en 125,6 millones de espectadores en el conjunto de plataformas de NBCUniversal y NFL+, mientras que otra medición de Nielsen situó la cifra en 124,9 millones. Las estimaciones no deben mezclarse como si fueran un único dato: proceden de recuentos y criterios de medición distintos. En cualquier caso, la final quedó entre las emisiones más vistas de la televisión estadounidense y alcanzó un pico de 137,8 millones durante el segundo cuarto, según la medición citada en los datos de referencia.

La retransmisión en español de Telemundo reunió a 3,3 millones de espectadores, un récord para una emisión en ese idioma de la final. La medición estadounidense incorporó por primera vez el sistema Big Data + Panel de Nielsen para este partido, que combina datos de plataformas digitales con información de paneles de hogares. El cambio de método complica las comparaciones directas con años anteriores: un aumento o descenso puede reflejar tanto el interés del público como una forma distinta de contarlo.

El precio base de un anuncio de 30 segundos alcanzó los 10 millones de dólares, una cifra récord para la emisión de NBC. Budweiser ganó la encuesta Ad Meter de USA Today por segundo año consecutivo con su anuncio American Icons. La inteligencia artificial fue uno de los temas recurrentes de los anuncios y Svedka presentó un comercial generado íntegramente con esa tecnología, mientras varias marcas recurrieron a músicos, deportistas y creadores conocidos para captar atención durante las pausas.

Entre las campañas más comentadas hubo una de Pepsi centrada en un oso polar, personaje asociado a Coca-Cola, y anuncios con Sabrina Carpenter, Guy Fieri y MrBeast. La marca Cadillac aprovechó el espacio para mostrar la decoración de su monoplaza de Fórmula 1 para 2026. No todos los anuncios recibieron atención por motivos publicitarios: una campaña de Ring sobre una función para localizar mascotas despertó críticas relacionadas con la privacidad y la vigilancia, y la empresa terminó retirándose de una integración prevista con Flock Safety.

El resultado dejó una marca distinta en cada franquicia

Para Seattle, el título confirmó el regreso a la cima después de más de una década. El equipo sumó su segunda victoria en una final, tras el triunfo de 2014 sobre Denver, y Macdonald se convirtió, con 38 años, en uno de los entrenadores más jóvenes en ganar el campeonato. La defensa, bautizada Dark Side, recibió elogios por su actuación, especialmente por la presión sobre Maye y su capacidad para convertir errores en puntos.

Para New England, la derrota fue amarga por dos motivos. La franquicia llegó a su duodécima final, récord de la NFL, y buscaba su séptimo título, pero acabó como el primer equipo en perder seis finales. El encuentro no borró el avance de una temporada que había empezado después de dos campañas con balance de 4-13, aunque sí mostró cuánto podía pesar una ofensiva bloqueada ante una defensa de élite.

Seattle celebró el campeonato con un desfile por el centro de la ciudad el 11 de febrero. La comitiva salió de Lumen Field y terminó cerca del Seattle Center; la asistencia se calculó en cientos de miles de personas. Más de 200.000 pasajeros utilizaron ese día el tren ligero Link, que reforzó el servicio para absorber el movimiento de la celebración.

La temporada siguiente empezó con otro duelo entre los mismos equipos: Seattle recibió a New England en la primera semana y ganó 13-10. Fue el primer partido inaugural de la NFL entre los dos finalistas de la campaña anterior desde 2016. En paralelo, la familia de Paul Allen puso a la venta los Seahawks, siguiendo las instrucciones de su testamento; fue la primera vez que un campeón de la NFL salió al mercado el mismo año de su título.

La final de Santa Clara quedará asociada a una paradoja deportiva: ambos equipos sumaron prácticamente las mismas yardas, pero solo uno protegió el balón y encontró puntos cuando la defensa rival cedió. Seattle no necesitó una exhibición ofensiva constante; le bastaron la paciencia de Walker, el pie de Myers y una defensa que convirtió cada posesión de New England en una cuesta arriba. Esa combinación, más que el marcador aislado, explica por qué el trofeo terminó en manos de los Seahawks.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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