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El combustible iraní que mantiene los aviones de Myanmar

El rastro de los barcos iraníes revela cómo el combustible y otros insumos refuerzan la campaña aérea de la junta.

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petróleo de Irán sostiene la guerra de Myanmar

El combustible iraní se ha convertido en una pieza clave para que la junta militar de Myanmar mantenga sus operaciones aéreas. Entre octubre de 2024 y diciembre de 2025, nueve cargamentos atribuidos a Irán transportaron alrededor de 175.000 toneladas de combustible de aviación hasta el país, según documentos de embarque y análisis de rutas. Los envíos llegaron en petroleros que falseaban su posición y descargaron en una terminal vinculada a la red de abastecimiento militar.

La relación entre esos suministros y cada bombardeo no puede trazarse gota a gota: no hay pruebas que permitan identificar qué combustible utilizó un avión concreto. Pero la importancia estratégica es clara. En un conflicto donde la junta conserva una fuerza aérea y sus adversarios carecen de medios convencionales para disputar el cielo, mantener los aviones en vuelo sostiene una ventaja militar decisiva. La cadena también incluye urea, una sustancia de uso agrícola que, según testimonios de desertores, se emplea en la fabricación de municiones.

Un petrolero con dos posiciones en el mapa

El 15 de septiembre de 2025, el petrolero iraní Reef aparecía en los sistemas de seguimiento cerca de la terminal petrolera de Basora, en Irak. Sin embargo, las imágenes por satélite y otros datos de navegación lo situaban en Bandar Abbas, Irán, donde cargaba combustible de aviación. La señal volvió a delatar la maniobra al día siguiente: a las 7:28 lo colocaba a unos 330 kilómetros de Bandar Abbas y, apenas tres minutos después, lo mostraba llegando al puerto. Un barco no puede cubrir esa distancia en unos minutos; la contradicción apuntaba a una ubicación falseada.

El Reef no había desaparecido. Su sistema AIS, que transmite la posición de muchos buques comerciales, difundía un rastro engañoso. Esta manipulación, conocida como suplantación de señal o spoofing, puede ocultar el punto de carga y complicar el seguimiento de una travesía. Los datos del AIS, contrastados con imágenes satelitales, permiten detectar algunos de esos saltos imposibles, aunque reconstruir cada movimiento sigue siendo difícil cuando las señales se apagan, se reanudan o presentan posiciones falsas.

El patrón se asocia a las llamadas flotas fantasma: redes de buques cuyos cambios de nombre, bandera, propietarios o datos de localización hacen más opaco el origen y el destino de las cargas. En este caso, el interés no está solo en el artificio electrónico. La ruta falseada ayuda a que una mercancía restringida llegue a su destino, mientras dispersa la atención entre puertos y jurisdicciones distintas.

De Bandar Abbas a las instalaciones de Yangon

Tras cargar en Bandar Abbas, el Reef cruzó el estrecho de Ormuz y durante parte del trayecto emitió una señal más coherente con su ubicación. Al rodear el sur de India, volvió a manipularla. El 2 de octubre de 2025, el sistema lo mostraba con rumbo a Chittagong, en Bangladesh; ese mismo día, el buque apareció en su posición real, a unos 800 kilómetros de distancia, junto al Myan Oil Terminal, cerca de Yangon. Allí descargó el combustible.

La terminal, antes conocida como Puma, es una pieza relevante porque el combustible de aviación necesita almacenamiento y transporte adecuados antes de llegar a una base aérea. No basta con descargarlo en la costa: hacen falta depósitos, controles de calidad y una red de distribución tierra adentro. En la práctica, la infraestructura convierte el cargamento marítimo en combustible disponible para los aviones. Sin esa conexión, el producto no se traduce automáticamente en capacidad de vuelo.

La investigación atribuye los nueve envíos de queroseno al Reef y a otro petrolero, el Noble, de mayor tamaño. En conjunto, habrían entregado unas 175.000 toneladas entre octubre de 2024 y diciembre de 2025. En varias travesías, los buques parecían salir de Basora y luego apuntaban hacia Bangladesh antes de aparecer cerca de Yangon. La confusión sobre la ruta no elimina la carga ni su destino, pero dificulta que autoridades y observadores reconstruyan con rapidez quién la transportó y dónde se embarcó.

El 13 de octubre de 2025, el Reef regresaba de Myanmar después de descargar más de 16.000 toneladas de combustible para reactores. Ese mismo día, un avión militar bombardeó la escuela de Vanha, en el estado de Chin, y minutos después un dron lanzó un segundo ataque. Murieron dos estudiantes y 22 personas resultaron heridas, según testimonios y el recuento de una organización local de derechos humanos. La coincidencia temporal es significativa para entender la escala del suministro, pero no demuestra que el combustible de ese cargamento se utilizara en ese ataque.

Por qué el combustible cambia el equilibrio de la guerra

La junta conserva alrededor de un centenar de aeronaves, incluidos modelos de procedencia rusa y china como los MiG-29, los Sukhoi-30 y los JF-17. Frente a ellos, los grupos rebeldes, fragmentados y numerosos, no disponen de una fuerza aérea convencional capaz de disputar el control del cielo. Esa diferencia permite a los militares atacar desde el aire incluso cuando pierden terreno o afrontan resistencia en regiones alejadas de los grandes centros urbanos.

Un avión disponible en un hangar no equivale por sí solo a una operación sostenida. Necesita combustible, mantenimiento, pilotos, repuestos y una cadena logística que funcione. Por eso los cargamentos iraníes importan más allá de su volumen: reducen el riesgo de que la falta de queroseno limite las salidas aéreas. Las sanciones y la retirada de proveedores comerciales habían estrechado las opciones de la junta, creando un espacio para vendedores dispuestos a asumir mayores riesgos.

Entre la primera entrega identificada y el 31 de diciembre de 2025, la junta habría realizado 1.022 ataques aéreos contra objetivos civiles, más del doble que en los 15 meses anteriores, según datos de monitorización citados en la investigación. El recuento no pudo confirmarse de forma independiente. Un observatorio local contabilizó al menos 1.728 civiles muertos en bombardeos gubernamentales desde el inicio de los envíos. Son cifras con límites metodológicos, pero describen una intensificación que coincide con una mayor disponibilidad de combustible.

El caso de Vanha muestra cómo una ofensiva aérea transforma la vida cotidiana. La aldea tenía unos 260 habitantes concentrados en torno a la escuela. Tras el ataque, algunas familias se refugiaron en los bosques cercanos y volvieron a sus casas cuando no tenían otra alternativa. Antes de acabar 2025, otras dos escuelas del estado de Chin, situadas a unos 70 kilómetros, también habrían sido bombardeadas, según documentación local. La amenaza no termina cuando cesa la explosión: desplaza a la población, interrumpe las clases y hace que dormir bajo los árboles parezca más seguro que hacerlo en casa.

Los ataques se han extendido por zonas disputadas como Sagaing, donde se han denunciado bombardeos contra escuelas y edificios sanitarios, y por Kayah, también llamada Karenni, cerca de la frontera con Tailandia. En el estado de Rakhine, los enfrentamientos con el Arakan Army han dejado episodios especialmente graves. La geografía cambia, pero el poder aéreo conserva una función parecida: alcanzar comunidades y posiciones que los militares no siempre pueden controlar por tierra.

El hospital de Mrauk-U y el coste sobre la población

La noche del 10 de diciembre de 2025, el trabajador humanitario Wai Hun Aung oyó un avión sobrevolar su casa. Poco después, una explosión sacudió la zona. A la mañana siguiente llegó en moto al principal hospital de Mrauk-U, un centro con unas 300 camas, y encontró el edificio destruido. El ataque causó al menos 30 muertos y más de 70 heridos, según el balance disponible, y figura entre los bombardeos más letales del conflicto.

Días antes, el Reef había descargado cerca de 15.000 toneladas de combustible en otra travesía que también ocultó su ruta. La señal sugería una conexión con Basora y luego con Chittagong, antes de que el barco apareciera en Myanmar. Un responsable portuario de Chittagong afirmó que desconocía la suplantación de la señal; Irak no respondió a las solicitudes de comentarios. El episodio permite observar la distancia entre una ruta marítima y sus consecuencias: la logística se mueve entre puertos, pero el daño se concentra en lugares habitados.

En enero de 2026 circuló un vídeo de un avión militar birmano en una misión de bombardeo sobre Banmauk, en Sagaing. El material no permite determinar de dónde procedía el combustible utilizado, ni demuestra por sí solo un vínculo con un cargamento concreto. Sí muestra que las operaciones aéreas continuaban mientras los suministros encontraban vías alternativas. Esa cautela importa: asociar la cadena de abastecimiento con la campaña militar es distinto de atribuir un ataque específico a una carga individual.

La urea también forma parte de la cadena

El combustible no es el único producto iraní que aparece en las rutas investigadas. También se describen envíos de urea, un compuesto utilizado habitualmente en fertilizantes y en procesos industriales. En un contexto militarizado puede destinarse a la fabricación de explosivos, aunque su empleo bélico requiere transformación y no se deduce de la mera importación. Dos soldados desertores describieron su uso en municiones, incluidas bombas lanzadas desde drones y parapentes. El oficial desertor Naung Yoe afirmó que el producto llegaba a dos fábricas de armamento en el centro del país.

Entre los buques de carga a granel señalados figuran el Golden ES y el Rasha. Los registros portuarios y las imágenes satelitales citados en la investigación respaldan la existencia de rutas desde Irán hasta Myanmar y muestran maniobras de ocultación de la posición. Analistas de importaciones estiman que el volumen anual de urea iraní podría situarse entre 400.000 y 600.000 toneladas, una horquilla amplia que no confirma cada envío. La incertidumbre sobre el total no borra la relevancia del patrón: junto al combustible para aviones, el suministro puede abarcar insumos que sostienen otras partes de la maquinaria militar.

El uso dual de la urea obliga a distinguir entre comercio agrícola y abastecimiento bélico. La sustancia tiene aplicaciones legítimas y su presencia en un puerto no prueba que se destine a armas. En este caso, la preocupación se apoya en los testimonios de desertores y en la ruta de los cargamentos, no en una prueba pública que permita reconstruir cada lote dentro de una fábrica. La evidencia disponible apunta a un riesgo de desvío, no a que toda la urea importada se convierta en munición.

Sanciones, beneficios y empresas intermediarias

Irán y Myanmar afrontan sanciones occidentales, y el golpe militar de 2021 elevó la presión sobre quienes suministran productos que pueden facilitar la represión. A medida que algunos proveedores redujeron sus operaciones, transportar combustible de aviación al país se volvió más arriesgado para empresas sujetas a controles financieros y comerciales. Irán, con experiencia en redes de exportación bajo sanciones, aparece como un proveedor dispuesto a ocupar ese espacio.

Estados Unidos sancionó en 2024 a los petroleros Reef y Noble y a su propietario, Sea Route Ship Management FZE, por el transporte consciente de productos petroquímicos iraníes, según la formulación de las medidas. El Reef habría cambiado de nombre y bandera varias veces. En el origen del combustible aparece el entorno de Bandar Abbas y la NIORDC, vinculada al sector petrolero estatal iraní. Estas conexiones sitúan la operación en una red más amplia que un acuerdo aislado entre dos compradores y vendedores.

La venta también puede ser rentable. El combustible de aviación suele alcanzar un precio superior al del crudo; la estimación citada calcula una prima del 33% frente al Brent y unos ingresos potenciales de 123 millones de dólares por los nueve envíos. Se trata de cálculos basados en referencias sectoriales, no de una contabilidad pública confirmada para cada operación. Aun así, ilustran el incentivo: un producto de alto valor encuentra demanda en un mercado con pocas alternativas.

En Myanmar, las medidas de sanción han señalado a entidades relacionadas con la importación, el almacenamiento y la distribución, entre ellas Myan Oil, Swan Energy, Shoon Energy y Asia Sun Group, además de personas vinculadas como Zaw Min Tun y Win Kyaw Kyaw Aung. La dificultad para identificar a los responsables efectivos y seguir el dinero es una característica de estas estructuras. Los cambios de nombre, las sociedades intermediarias y las rutas con datos falsos multiplican los puntos donde una investigación puede perder el rastro.

De la condena de 2017 al acercamiento tras el golpe

La relación entre ambos gobiernos no ha sido lineal. En 2017, cuando los militares birmanos fueron acusados de perseguir y masacrar a la población rohinyá, el entonces presidente iraní Hassan Rouhani y el ministro de Exteriores Mohammad Javad Zarif criticaron públicamente la violencia. Sin embargo, tras el golpe de 2021, Teherán y la junta encontraron motivos para acercarse: ambos afrontaban aislamiento y buscaban socios fuera del circuito occidental.

En enero de 2022, una delegación iraní habría viajado en secreto a Myanmar para reunirse con miembros del estamento militar y ofrecer armas y equipamiento, según una fuente de seguridad regional citada en la investigación. En diciembre de 2025, el presidente iraní Masoud Pezeshkian se reunió con el primer ministro birmano Nyo Saw al margen de una cumbre en Turkmenistán. Según lo informado, hablaron de ampliar la cooperación en importación de petróleo y tecnología de extracción. La energía actúa aquí como mercancía y como vía de relación política.

Irán también fue invitado a enviar observadores a las elecciones escalonadas que comenzaron el 28 de diciembre de 2025. La oposición, Naciones Unidas y numerosos observadores internacionales cuestionaron el proceso y lo describieron como alejado de unas elecciones libres y justas. En ese contexto, mantener intercambios energéticos puede reforzar vínculos con la junta al tiempo que otros gobiernos limitan su relación con ella.

El relator especial de la ONU para Myanmar, Tom Andrews, sostuvo que el combustible iraní estaba alimentando atrocidades masivas y pidió que el Gobierno iraní respondiera por las consecuencias de ese suministro. Irán declinó comentar a través de su misión ante la ONU y el Gobierno de Myanmar no respondió a las solicitudes de comentarios citadas en la investigación. La responsabilidad política por abastecer a un régimen no equivale a probar la autoría de cada ataque, pero la continuidad de las entregas plantea preguntas sobre las consecuencias previsibles de mantener ese comercio.

Una ruta opaca con efectos muy concretos

A finales de enero de 2026, los datos de seguimiento analizados mostraban al Noble simulando estar anclado cerca del sur de Irak, aunque permanecía junto a Bandar Abbas, mientras el Reef aparecía cargado y en ruta hacia Yangon. Esos movimientos no bastan para conocer cada transacción, pero sugieren que la red de transporte seguía activa. Los buques cambian de señal y de apariencia; el combustible, sin embargo, necesita llegar a depósitos y bases para adquirir valor militar.

La cadena que conecta Irán con la campaña aérea de Myanmar tiene varios eslabones: cargamentos de queroseno, petroleros sancionados, señales manipuladas, terminales de almacenamiento y una red de distribución interna. La urea amplía el cuadro, aunque la evidencia sobre sus destinos finales tiene límites. El conjunto no permite asignar una carga a un ataque determinado, pero sí muestra cómo se reduce la vulnerabilidad de una fuerza aérea cuando el suministro continúa pese a las restricciones.

Vanha, Mrauk-U y Banmauk quedan lejos de Bandar Abbas y de los despachos donde se discuten sanciones. Sin embargo, los une una condición material: los aviones necesitan combustible para despegar y mantener sus operaciones. El petróleo no explica por sí solo la guerra, pero ayuda a que la ventaja aérea de la junta perdure. Mientras esa infraestructura de abastecimiento siga funcionando, la distancia entre un barco que oculta su posición y una comunidad bajo ataque será menos grande de lo que parece.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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