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Naturaleza

¿Por qué Sierra Nevada se ha teñido de blanco en pleno agosto de 2026?

El granizo cubrió de blanco Sierra Nevada en pleno agosto mientras Granada rozaba los 40 grados, entre tormentas, viento y fuerte contraste.

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Sierra Nevada en verano
Sierra Nevada en verano / WIKIPEDIA

Sierra Nevada ofreció este jueves 13 de agosto una de esas imágenes que obligan a mirar dos veces: laderas cubiertas de blanco en pleno verano, mientras Granada soportaba temperaturas propias de una ola de calor. Pero no, el invierno no se adelantó tres meses ni cayó una nevada convencional. Lo que cubrió parte del macizo fue una intensa granizada asociada a las tormentas de la tarde, capaz de acumular suficiente hielo sobre el terreno para transformar durante un rato el paisaje.

El episodio encaja con una jornada de fuerte inestabilidad atmosférica en el sureste peninsular. Hubo bochorno, humedad, nubes de evolución y tormentas, ingredientes bastante más compatibles entre sí de lo que sugiere esa postal casi navideña. En la zona de Nevada y Alpujarras existía riesgo de granizo y rachas de viento muy fuertes.

No fue una nevada: el blanco de Sierra Nevada era granizo

La distinción importa. La nieve está formada por cristales de hielo que crecen dentro de las nubes y llegan al suelo en forma de copos; el granizo son bolas o fragmentos irregulares de hielo generados dentro de nubes convectivas, normalmente cumulonimbos. Cuando cae con intensidad y se acumula, puede dejar una capa continua sobre carreteras, pistas y laderas que, vista desde varios kilómetros, resulta prácticamente indistinguible de una nevada.

Eso fue lo sucedido en Sierra Nevada. A última hora de la tarde del jueves, el macizo apareció blanco visto incluso desde distintos puntos de Granada. La imagen resultaba chocante porque, varias cotas más abajo, el termómetro estaba jugando en otra liga: Granada-Cartuja alcanzó 40 ºC y el aeropuerto llegó a 39,4 ºC durante la jornada. En la propia estación de Sierra Nevada situada junto al radiotelescopio se registró una mínima diaria de 13,1 ºC. Nada que sugiera una nevada invernal clásica.

Una tormenta breve, pero con lluvia y fuertes rachas

El granizo no llegó solo. Las tormentas afectaron a diferentes zonas de la provincia y dejaron cantidades apreciables de agua en puntos próximos al macizo. La estación de Dólar acumuló 17,8 milímetros de precipitación durante el jueves, uno de los registros más elevados de la jornada en Andalucía. Allí también se midieron rachas de hasta 60 kilómetros por hora.

En Sierra Nevada, la estación del radiotelescopio registró una racha de 54 km/h por la noche, mientras Laguna Seca alcanzó velocidades máximas de 35 km/h. Es el comportamiento típico de una atmósfera convectiva: durante horas puede dominar el calor, casi inmóvil y pegajoso; aparece después una nube bien desarrollada y, en cuestión de minutos, llegan viento, agua, hielo y una brusca transformación del paisaje.

La estampa blanca, por tanto, fue espectacular pero meteorológicamente coherente. El detalle verdaderamente llamativo no es que pueda granizar en agosto, sino la cantidad de hielo acumulada en poco tiempo, suficiente para tapizar zonas de alta montaña y dar a Sierra Nevada una apariencia de enero en mitad de uno de los periodos más calurosos del año.

Cómo puede caer tanto hielo con casi 40 grados en Granada

Aquí está la aparente paradoja. La temperatura que sentimos junto al suelo y la temperatura existente a varios kilómetros de altura son dos mundos distintos. Una tarde puede alcanzar 39 o 40 grados en Granada mientras, dentro de un cumulonimbo gigantesco, las corrientes ascendentes transportan gotas de agua hacia niveles de la atmósfera donde reina un frío intenso. Allí se congelan.

Las fuertes corrientes verticales mantienen esas partículas de hielo dentro de la nube, donde siguen capturando pequeñas gotas de agua sobreenfriada. Crecen capa a capa —algo parecido a una diminuta cebolla helada— hasta que pesan demasiado para que la corriente ascendente pueda sostenerlas. Entonces caen. Eso es el granizo.

La montaña añade otro ingrediente. Sierra Nevada supera ampliamente los 3.000 metros de altitud y su relieve favorece los movimientos verticales del aire cuando existe suficiente humedad e inestabilidad. No significa que cualquier tarde calurosa vaya a terminar a granizadas, ni mucho menos, pero cuando la atmósfera está preparada la orografía puede ayudar a disparar y reforzar la convección. El resultado puede ser muy local: un lugar recibe una descarga violenta y apenas unos kilómetros más allá cae poca cosa.

El granizo de verano es menos extraño de lo que parece

La asociación automática entre hielo e invierno nos juega una pequeña trampa. Las tormentas de granizo son perfectamente posibles en primavera y verano, precisamente porque necesitan nubes de enorme desarrollo vertical y corrientes ascendentes vigorosas. En las zonas interiores de España, los episodios de pedrisco aparecen con frecuencia durante los meses cálidos cuando coinciden humedad, calor e inestabilidad.

El calor intenso cerca de la superficie puede contribuir a aumentar esa inestabilidad: el aire caliente asciende con fuerza y, si existe humedad suficiente y condiciones favorables en niveles superiores, aparecen grandes cumulonimbos. Dentro de ellos la temperatura sí cae muy por debajo de cero. Así que 40 ºC abajo y hielo cayendo de una nube no constituyen una contradicción meteorológica. Es más bien uno de esos contrastes que la atmósfera fabrica sin preocuparse demasiado por nuestra intuición.

Sierra Nevada mantiene el riesgo de tormentas este viernes

El episodio no queda completamente atrás. Para este viernes 14 de agosto, la previsión de montaña contempla una mañana poco nubosa o despejada, pero con crecimiento de nubosidad de evolución a partir del mediodía. Por la tarde son probables nuevos chubascos, que localmente pueden ser fuertes y acompañados de granizo, además de rachas muy fuertes de dirección variable durante las tormentas.

Nevada y Alpujarras permanecen bajo vigilancia meteorológica durante las horas centrales y primeras de la tarde, con posibilidad de precipitaciones intensas en poco tiempo. El principal riesgo vuelve a estar en tormentas, granizo y fuertes rachas de viento, un escenario muy distinto al de una nevada propiamente dicha.

Curiosamente, las temperaturas previstas vuelven a dejar claro por qué hablar de una nevada sería engañoso. En Pradollano, a 2.165 metros, los valores se mantienen claramente por encima de cero, igual que en Borreguiles, a 2.665 metros. La cota de cero grados se sitúa muy por encima de las cumbres, de modo que las condiciones térmicas de superficie no son las propias de un episodio de nieve.

Eso no impide el granizo. Se forma mucho más arriba, dentro de la propia nube, y puede sobrevivir durante su descenso durante el tiempo suficiente para alcanzar una montaña situada a dos o tres kilómetros de altitud. Una vez en el suelo, la acumulación hace el resto. Blanco puro durante unos minutos; después, agua.

Una postal de invierno nacida de una tormenta de agosto

La imagen de Sierra Nevada cubierta de blanco tiene todos los ingredientes para alimentar equívocos: agosto, Andalucía, temperaturas rozando los 40 grados y, al fondo, una montaña que parece recién nevada. La explicación es menos extravagante, aunque no menos vistosa. Fue una granizada intensa, acompañada de tormentas y viento, dentro de una jornada marcada por el calor y la inestabilidad.

El dato quizá resume mejor que ningún otro el contraste: mientras Granada-Cartuja alcanzaba los 40 ºC, unas horas después el hielo cubría sectores de Sierra Nevada. El verano seguía allí, desde luego. Solo que durante un rato se puso abrigo blanco.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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