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J Kbello gana la segunda gala de Tu cara me suena 13

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J Kbello

Foto: Spotify

J Kbello conquista la segunda gala de Tu cara me suena 13 en una noche vibrante, con emoción, sorpresas y actuaciones que mueven la edición.

J Kbello fue el nombre que se quedó con la noche del 17 de abril en Tu cara me suena 13. Lo hizo con una imitación de Alex Warren y su “Ordinary” que no se quedó en simple copia vocal: fue una actuación de atmósfera, de control, de tensión bien llevada, de esas que consiguen que el plató baje el ruido y mire. La segunda gala dejó esa imagen como postal principal de la velada y, con ella, la primera victoria del cantante gaditano en la edición.

Eso, que ya de por sí explica lo esencial, no resume del todo lo que ocurrió en esta segunda entrega. Porque la gala no giró solo alrededor de un ganador. También dejó otra certeza: la edición 13 ha arrancado con un reparto muy equilibrado entre perfiles veteranos, voces jóvenes y nombres capaces de moverse entre el homenaje clásico y la playlist del presente. María Parrado volvió a marcar territorio con Thalía, Cristina Castaño se lanzó al exceso pop de Chappell Roan, Jesulín de Ubrique tiró de nostalgia ochentera con Hombres G y Sole Giménez se apoyó en Roi Méndez para construir uno de los números más delicados de la noche. Todo eso ocurrió en una edición que ya había salido fuerte desde su estreno y que en este segundo viernes empezó a ordenar jerarquías sin dejar la sensación de que todo esté escrito.

Una gala menos ruidosa y bastante más reveladora

La primera gala ya había dejado un mapa inicial reconocible. María Parrado salió líder, Martín Savi arrancó muy cerca, Cristina Castaño y Sole Giménez quedaron bien posicionadas y J Kbello se colocó a una distancia corta de la cabeza, con la sensación de que todavía no había enseñado todas sus cartas. No era un mal punto de partida; era, más bien, la antesala de una embestida. La segunda gala confirmó justo eso: el concursante que había entrado con una actuación expansiva y festiva en el estreno podía ganar también cuando el formato le exigía quietud, precisión y una interpretación mucho más contenida.

El contexto del programa ayuda a entender por qué este movimiento importa. Tu cara me suena 13 reunió esta temporada a Jesulín de Ubrique, Sole Giménez, J Kbello, Cristina Castaño, Aníbal Gómez, Paula Koops, Martín Savi, María Parrado y Leonor Lavado. Es un casting pensado para que convivan varios mundos a la vez: la televisión popular, la música de distintas décadas, el humor, el oficio escénico y una generación de intérpretes que llega muy entrenada en la lógica del clip corto, la cámara cercana y la afinación casi quirúrgica. Cuando esa mezcla funciona, el programa gana vuelo. Y en la segunda gala empezó a funcionar de verdad.

El número de J Kbello que cambió la noche

La victoria de J Kbello no fue una sorpresa arbitraria ni un premio de consolación temprana, ese gesto de concurso que a veces reparte caramelos para animar la trama. Su imitación de Alex Warren se montó sobre un dispositivo escénico mucho más sobrio que el de su debut: centro del escenario, un amplio coro, una gran luna llena al fondo y una interpretación más apoyada en la voz y en el clima que en el movimiento. Esa decisión le sentó bien al número porque desplazó la atención hacia lo importante: el timbre, la respiración, la intención. El resultado fue una actuación que levantó al público, emocionó dentro del plató y acabó convertida en la gran referencia competitiva de la gala.

También fue importante cómo se produjo la victoria. No hablamos de un triunfo por arrastre ni de esos veredictos blandos que llegan porque el programa necesita repartir focos. Aquí hubo consenso. Jurado y público terminaron alineados con una claridad poco discutible. En un formato tan dado al matiz y a la comparación, ese detalle pesa. La sensación fue inmediata: J Kbello había firmado la actuación más redonda de la noche.

Hay además un pequeño giro simbólico que no conviene perder. En su estreno, J Kbello había llegado a Tu cara me suena 13 por la vía del impacto inmediato, con un arranque muy físico y muy de fiesta. En la gala del 17 de abril ganó por la vía contraria: quietud, emoción y una canción contemporánea que exige sostener el pulso sin esconderse detrás del artificio. En dos semanas dejó claro que puede competir en registros distintos. Y eso, en un programa así, vale más que una sola victoria. Vale cartel de candidato serio.

María Parrado confirma que no fue una flor de un viernes

La otra gran lectura de la noche la ofreció María Parrado. Después de ganar la primera gala con Ana Mena, la cantante gaditana llegó al segundo programa con un reto muy distinto: Thalía y “Por amor”, un terreno más luminoso, más juguetón, más de gesto y carisma que de desgarro solemne. Desde el primer acorde puso al público en pie y reprodujo con bastante naturalidad la energía de la artista mexicana. No hubo sensación de bajada tras el triunfo inicial, que es uno de los riesgos clásicos del favorito precoz. Al contrario: María volvió a estar en el centro de la conversación.

Su actuación tuvo además uno de esos momentos que el programa sabe exprimir porque mezclan música y televisión pura. Durante el número bailó con Flo y terminó sentándose encima de Àngel Llàcer, un gesto travieso, calculado y eficaz, muy en la línea del personaje escénico que Thalía pide cuando se la imita bien. No fue solo una broma de plató. Fue una manera de recordar que Parrado no está compitiendo únicamente desde la voz. También compite desde el control de cámara, desde el desparpajo y desde esa facilidad para hacer parecer natural lo que en realidad requiere mucha sangre fría.

Aquí aparece uno de los puntos más interesantes de esta edición. La primera gala la había colocado como líder provisional. La segunda no la coronó otra vez, pero sí la dejó en una posición incómoda para sus rivales: la de concursante que ya ha ganado y que, aun sin rematar cada semana, sigue ofreciendo números muy reconocibles. En televisión eso es peligroso para los demás. Porque a veces el mejor no es el que más sorprende una noche, sino el que se vuelve costumbre de excelencia. María Parrado, de momento, va por ahí.

Del revival canario a la fiebre pop del presente

Más allá del cara a cara tácito entre J Kbello y María Parrado, la segunda gala tuvo la virtud de no encerrarse en un único tono. Martín Savi abrió la noche transformado en Tom Jones, un arranque de músculo clásico; Sole Giménez apareció acompañada por Roi Méndez para meterse en el universo compartido de Amaia y Alizzz con “El encuentro”; Aníbal Gómez viajó a los ochenta como Alaska; Paula Koops pasó por el filtro melancólico de Jeanette con “El muchacho de los ojos tristes”; Leonor Lavado convirtió el plató en una pequeña verbena con Nueva Línea y “Un beso”; Jesulín de Ubrique se atrevió con “Devuélveme a mi chica” de Hombres G; y Cristina Castaño se lanzó al brillo descarado de Chappell Roan con “Pink Pony Club”. El programa, dicho en castellano llano, metió en la misma coctelera varias décadas y no le explotó en la cara.

Ese repertorio explica bastante bien por qué Tu cara me suena sigue respirando mientras otros formatos de entretenimiento se quedan en mueble caro. La gala del 17 de abril pasó de Tom Jones a Alex Warren sin sonar a algoritmo roto. Saltó de Jeanette a Chappell Roan, de Alaska a Hombres G, de un dúo de sensibilidad indie-pop a una fiesta canaria, y aun así mantuvo una cierta coherencia interna: cada actuación parecía pensada para medir una faceta concreta del concursante, no solo para llenar minutos. A Martín Savi se le pedía aplomo de frontman. A Sole Giménez, delicadeza y compenetración. A Cristina Castaño, descaro escénico. A Jesulín, simpatía y entrega. A J Kbello, precisión emocional. El pulsador, caprichoso como siempre, esta vez tuvo bastante mala leche… pero de la buena.

Paula Koops, además, quedó colocada en una de esas zonas interesantes del concurso donde quizá no se gana la noche, pero sí se gana respeto. Su imitación de Jeanette llegaba con el añadido del Training VIP, es decir, con la propia artista vinculada al reto, y eso sube la temperatura porque el homenaje ya no se hace a distancia. Lo mismo puede decirse del número de Sole Giménez con Roi Méndez: no fue una actuación pensada para arrasar por volumen, sino para crear atmósfera, algo mucho más frágil. Y luego estuvo Leonor Lavado, que encontró en Nueva Línea un terreno perfecto para explotar lo festivo y lo popular sin complejos, algo que en este formato suele valer oro cuando está bien medido.

Un arranque con aire de gran formato

La noche ya venía con temperatura alta por cómo había arrancado la temporada. El estreno del 10 de abril salió fuerte y confirmó que el programa sigue teniendo peso propio en el viernes televisivo. No es un dato menor ni un adorno para la nota de prensa. En la televisión española actual, mantener esa potencia semanal convierte cualquier detalle interno del programa en noticia y multiplica el eco de cada gala, cada ganador y cada momento viral.

También ayuda que la edición 13 no haya arrancado como una simple reedición de la 12. Antena 3 ha vuelto a apoyarse en uno de sus motores más fiables, sí, pero no se ha limitado a repetir la fórmula sin tocar nada. El jurado formado por Florentino Fernández, Lolita Flores, Chenoa y Àngel Llàcer mantiene el tono reconocible del formato, mientras el casting le da margen para refrescarse con elecciones musicales actuales como Alex Warren o Chappell Roan. Dicho de otro modo: el programa sabe perfectamente que no puede vivir solo del museo de éxitos de los ochenta y los noventa.

La segunda gala fue, en ese sentido, un pequeño manifiesto sin necesidad de ponerse solemne. Metió nostalgia, sí, pero también presente digital. Le dio espacio a la carcajada, pero no convirtió todo en chiste. Y permitió que un concursante como J Kbello, vinculado por parte del público más reciente a circuitos musicales contemporáneos, ganara con una canción viral y sentimental en lugar de hacerlo con el número más explosivo del repertorio. Parece un matiz; no lo es. Indica que la edición quiere jugar a más de una cosa y que el espectador no tiene por qué elegir entre homenaje y actualidad. Puede llevárselo todo.

La mezcla que sostiene el concurso

Hay una razón por la que este formato sigue funcionando después de tantas temporadas y no tiene tanto que ver con la mecánica del pulsador como con su capacidad para fabricar relatos semanales. Una gala buena no solo deja una clasificación. Deja una pequeña novela popular de viernes por la noche: el favorito que aguanta, el que pega un salto inesperado, la veterana que resiste con oficio, el concursante que parecía menor y de pronto se mete en la pelea. Tu cara me suena 13 empezó a construir eso el 17 de abril.

En esa construcción pesa también la forma en que cada concursante ocupa su sitio. Jesulín de Ubrique juega con la nostalgia de un rostro muy reconocible y con la simpatía inmediata. Cristina Castaño entra mejor cuando tiene margen para exagerar sin miedo. Aníbal Gómez aporta el punto raro, el quiebro de humor, la sensación de que cualquier cosa puede pasar. Sole Giménez trabaja desde un lugar opuesto: la elegancia, la contención, la técnica. Leonor Lavado conecta con ese lado festivo y popular que siempre encuentra audiencia. Martín Savi sigue siendo el perfil sólido, poco estridente, bien armado. Y luego están María Parrado y J Kbello, que de momento parecen los dos nombres más preparados para convertir cada gala en una noticia dentro del concurso.

Lo que deja este viernes para el resto de la edición

A estas alturas, y con solo dos galas emitidas, sería prematuro vender campeón donde todavía solo hay síntomas. Pero algunos síntomas son bastante elocuentes. María Parrado confirmó que su triunfo inicial no fue un destello aislado. J Kbello demostró que puede ganar cuando el foco cae sobre la voz y no solo sobre la energía. Cristina Castaño y Sole Giménez siguen perfilándose como concursantes de recorrido porque poseen oficio, mientras Martín Savi mantiene ese aire de aspirante sólido que casi nunca se descompone del todo. La pelea se ha apretado y el tablero ya no gira solo alrededor de María Parrado.

Y luego está lo intangible, que en televisión pesa tanto como una nota. La segunda gala dejó imagen, dejó meme, dejó emoción, dejó variedad. María jugando con el jurado. J Kbello callando el plató. Sole y Roi montando una escena de delicadeza rara en un prime time de viernes. Jesulín abrazando sin ironía una canción que media España conoce de memoria. Leonor entrando por la puerta de la fiesta. Son detalles, sí, pero de esos detalles está hecha la conversación televisiva de la semana.

Si el estreno había servido para presentar las piezas, la gala del 17 de abril hizo algo más serio: empezó a ordenar jerarquías sin volverlas definitivas. Y eso, para un concurso de imitaciones, es casi el punto ideal. El espectador ya tiene nombres a los que mirar con lupa, pero todavía no siente que todo esté escrito. De momento, el dato firme es este: J Kbello ganó la segunda gala de Tu cara me suena 13 con una imitación de Alex Warren que le dio el primer gran golpe competitivo de la temporada. Lo demás —la persecución de María Parrado, la resistencia de los veteranos, la evolución de los perfiles más imprevisibles— pertenece ya a ese territorio que el programa administra tan bien desde hace años: el de dejar la puerta abierta para que el siguiente viernes vuelva a parecer importante.

Una edición que ya encuentra su pulso

La segunda gala no fue solo una noche de actuaciones encadenadas. Fue una prueba de tono. Sirvió para comprobar que esta edición tiene recambio, variedad y un punto de tensión real entre los concursantes que mejor han arrancado. El programa todavía está en esa fase en la que puede cambiar casi todo, pero ya no parece un arranque en frío. Empieza a parecer una temporada con relato.

Y eso, en un formato veterano, tiene mucho mérito. Porque lo fácil era repetir la liturgia, encender las luces, soltar un par de transformaciones vistosas y confiar en la costumbre. Tu cara me suena 13 ha preferido otra cosa: combinar nostalgia y presente, dejar que el casting se explique poco a poco y permitir que los favoritos se ganen el foco. De momento, el gran titular lo firma J Kbello. Pero la edición, la de verdad, acaba de empezar.

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