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¿Por qué Rusia amenaza con excluir a Yábloko de las legislativas?

Yábloko se juega su presencia en las urnas de Rusia mientras aumenta la presión sobre la única fuerza legal que rechaza la guerra en Ucrania.

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Yábloko

Cientos de personas se han concentrado ante el Tribunal Supremo de Rusia para apoyar a Yábloko mientras la máxima instancia judicial estudia una demanda que podría borrar su lista de las elecciones legislativas de septiembre. El partido liberal llega a esta vista en una posición singular: es la única formación oficialmente registrada que se opone abiertamente a la guerra en Ucrania, aunque su peso electoral nacional sea reducido.

La amenaza no es retórica. Ródina, una pequeña formación nacionalista alineada con las grandes líneas políticas del Kremlin, reclama que se anule la inscripción de la candidatura federal de Yábloko. Entre las acusaciones aparecen supuestos llamamientos al extremismo, vulneraciones de la integridad territorial rusa, respaldo a las minorías sexuales y otras infracciones atribuidas a su campaña. Si el Supremo acepta la demanda, la principal voz electoral contra la continuación de la guerra desaparecería de la papeleta federal semanas antes de la votación.

Cientos de personas ante un tribunal y una oposición cada vez más estrecha

La escena frente al Supremo de Moscú resulta poco habitual en la Rusia política de los últimos años. Los asistentes corearon el nombre de Yábloko ante el edificio judicial, donde también se encontraba un furgón policial. La movilización había sido alentada por Nikolái Ribakov, presidente del partido.

No estamos ante una fuerza que amenace seriamente la mayoría parlamentaria del poder. Yábloko no tiene actualmente diputados en la Duma y conserva únicamente una presencia modesta en instituciones regionales. Su capacidad electoral nacional sigue siendo limitada. Precisamente por eso el episodio resulta políticamente revelador: el problema parece estar menos en cuántos votos reúne que en qué discurso mantiene dentro del sistema.

Y ese discurso se ha convertido en una rareza. Yábloko defiende un alto el fuego, negociaciones para terminar el conflicto con Ucrania y una política distinta de la mantenida desde la invasión rusa iniciada en 2022. El propio Ribakov ha insistido durante la campaña en que su formación representa una opción favorable al fin de las hostilidades.

En una democracia saludable eso sería una posición política, no una extravagancia jurídica. En la Rusia de 2026, sin embargo, el margen entre disentir y acabar ante un juez parece haberse vuelto bastante más fino.

¿De qué acusa Ródina a Yábloko?

La ofensiva judicial procede de Ródina, cuyo dirigente, Alexéi Zhuravliov, ha utilizado un lenguaje extraordinariamente duro contra sus adversarios. Al presentar la demanda describió a Yábloko como una fuerza vinculada a intereses occidentales y sostuvo que debía ser apartada de las elecciones.

El procedimiento reúne acusaciones de naturaleza muy distinta. Se invocan desde supuestas expresiones extremistas hasta cuestiones relacionadas con la integridad territorial, los derechos de autor empleados durante la campaña y el apoyo a colectivos sexuales minoritarios. Yábloko rechaza las acusaciones y considera que detrás de la ofensiva existe una voluntad política de silenciar su mensaje contra la guerra.

La Comisión Electoral Central había registrado el 29 de julio la lista federal de Yábloko para las elecciones a la novena legislatura de la Duma. Apenas una semana después, Ródina acudía al Supremo para intentar dejarla fuera. El 5 de agosto incluso se había sorteado la posición de los partidos en la papeleta: Yábloko obtuvo el número dos. La burocracia electoral rusa tiene estas ironías; primero concede un hueco en el papel y después puede convertirlo en papel mojado.

El precedente de Carelia pesa sobre el caso

La inquietud dentro del partido no nace únicamente de una hipótesis. A finales de julio, el Tribunal Supremo de Carelia aceptó otra demanda presentada por Ródina y anuló la inscripción de la candidatura de Yábloko para las elecciones al Parlamento regional.

El precedente convierte la vista de Moscú en algo bastante más serio que una escaramuza jurídica entre dos formaciones. Si una estrategia semejante funciona a escala federal, Yábloko podría perder de golpe su principal escaparate político en las elecciones de septiembre.

También en San Petersburgo la formación ha sufrido problemas para registrar candidatos. La Comisión Electoral Central rechazó posteriormente una reclamación presentada por el partido contra la negativa de la comisión local a admitir su lista para las elecciones legislativas de la ciudad. El terreno electoral se ha ido estrechando por varios flancos a la vez.

La presión sobre los candidatos de Yábloko viene de lejos

La demanda contra toda la candidatura federal llega después de meses de procedimientos contra dirigentes y aspirantes del partido. Maxim Kruglov, vicepresidente de Yábloko y antiguo diputado municipal de Moscú, fue condenado en junio a siete años de prisión por publicaciones en Telegram que las autoridades consideraron información falsa sobre las Fuerzas Armadas rusas. Kruglov negó los cargos y presentó el proceso como una criminalización de la discrepancia política.

Otros nombres vinculados a la oposición liberal han sufrido exclusiones electorales, procesos administrativos o la consideración de «agente extranjero». El propio Ribakov perdió una batalla judicial relacionada con la exhibición de símbolos considerados extremistas, una circunstancia que también ha afectado a candidatos por publicaciones donde aparecía Alexéi Navalni, fallecido en prisión en 2024.

El efecto acumulativo es evidente. No hace falta ilegalizar formalmente una organización de una sola tacada cuando se pueden ir cerrando pequeñas puertas: un candidato eliminado aquí, una lista rechazada allá, una condena penal, una etiqueta administrativa. Al final queda el partido, sí, pero con la habitación cada vez más pequeña.

El juez y la sombra de Memorial

La vista del Supremo está presidida por Viacheslav Kirílov. Su nombre tiene además una carga simbólica particular: fue el juez que intervino en la ilegalización de Memorial, histórica organización rusa dedicada a documentar la represión soviética y los abusos contemporáneos de derechos humanos, galardonada con el Nobel de la Paz en 2022.

El paralelismo no permite anticipar jurídicamente la sentencia contra Yábloko, pero explica parte de la inquietud que rodea el proceso. En un sistema político donde muchas organizaciones independientes han desaparecido, han sido prohibidas o funcionan desde el extranjero, la permanencia de una candidatura crítica dentro de las estructuras legales adquiere un significado que supera ampliamente sus expectativas electorales.

Las elecciones rusas de septiembre y el valor de una voz minoritaria

Rusia elegirá los 450 escaños de la Duma Estatal entre el 18 y el 20 de septiembre, con el día 20 como jornada principal. La mitad de los diputados se escogerá mediante listas de partidos y la otra mitad en circunscripciones uninominales.

Rusia Unida parte nuevamente como la gran fuerza dominante. Yábloko, por contra, llega con una implantación muchísimo menor y sin representación en el Parlamento federal. Desde un punto de vista puramente aritmético, sacar al partido de la competición probablemente no alteraría quién controla la Duma. Lo que alteraría es el abanico político permitido dentro de las propias elecciones.

Ahí está la parte más incómoda del asunto. Un partido no necesita estar cerca de gobernar para resultar políticamente relevante. Puede servir de urna para el malestar, de altavoz para una minoría o simplemente de recordatorio de que existe una posición distinta.

Yábloko aspira precisamente a recoger parte del voto contrario a la prolongación del conflicto. Sus dirigentes han situado el cese de los combates en el centro de su campaña, aunque los sondeos no permiten trasladar automáticamente el deseo de negociar a una intención de voto por el partido. Esa diferencia importa: querer negociaciones no significa necesariamente votar a la oposición.

Dos tercios quieren negociar, pero el apoyo al Ejército sigue alto

Los datos del Centro Levada dibujan una sociedad rusa más contradictoria de lo que sugieren los eslóganes. Sus mediciones vienen mostrando que alrededor de dos tercios de los encuestados prefieren avanzar hacia negociaciones de paz, mientras continúa siendo elevado el respaldo declarado a las fuerzas militares rusas. Ambas opiniones conviven.

Ese aparente choque explica parte del terreno que intenta ocupar Yábloko. El cansancio ante una guerra larga puede crecer sin convertirse necesariamente en rechazo frontal al Kremlin. Hay ciudadanos que apoyan al Ejército y, al mismo tiempo, quieren que la lucha termine. Política rusa en estado puro: varias verdades incómodas viviendo en la misma habitación.

Para las autoridades, una candidatura capaz de concentrar siquiera una fracción de ese sentimiento puede adquirir una importancia superior a su porcentaje histórico. No significa que Yábloko esté cerca de convertirse en alternativa de gobierno; los datos disponibles no sostienen semejante conclusión. Significa que una papeleta permite medir un desacuerdo que fuera de las elecciones resulta bastante más difícil de cuantificar.

Una papeleta pequeña con un significado enorme

El proceso contra Yábloko llega así cargado de una paradoja. Se trata de un partido débil en términos parlamentarios, pero cuya posible exclusión está movilizando a cientos de personas frente al principal tribunal del país. El Supremo no decide únicamente sobre una lista de candidatos: su resolución determinará si en las elecciones federales permanece una formación registrada que pide explícitamente detener la guerra y negociar.

La diferencia puede parecer pequeña en una papeleta dominada por partidos mucho mayores. Políticamente no lo es. Las elecciones no miden únicamente quién gana; también muestran qué opiniones tienen permiso para perder.

Y cuando incluso perder empieza a resultar difícil, el dato verdaderamente interesante deja de estar en el porcentaje de votos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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