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Rusia ataca Kiev, Mikoláiv y Odesa: ¿qué objetivos fueron alcanzados?

Rusia lanza otra ofensiva sobre Kiev, Mikoláiv y Odesa con drones y misiles, entre objetivos logísticos, daños urbanos y víctimas civiles en Ucrania.

Publicado

el

Shoigu con Putin en 2026

Foto: Kremlin.ru — CC BY 4.0 — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Rusia lanzó drones y misiles contra Kiev, Mikoláiv y Odesa
  • Ucrania denunció impactos en 23 puntos y víctimas civiles
  • Moscú afirma que atacó fábricas, puertos y centros logísticos

Rusia lanzó durante la noche del 8 al 9 de septiembre una nueva oleada combinada de misiles y drones contra Ucrania, con ataques sobre Kiev y las regiones meridionales de Mikoláiv y Odesa. Moscú sostiene que la operación tuvo como objetivo fábricas relacionadas con drones, puertos, depósitos de combustible y centros logísticos utilizados por las Fuerzas Armadas ucranianas. Las autoridades de Ucrania, mientras tanto, informaron de impactos en infraestructuras civiles y viviendas, además de víctimas entre la población.

La magnitud del ataque va más allá de una serie de golpes aislados. La Fuerza Aérea ucraniana aseguró que Rusia empleó desde la tarde del martes 196 drones de distintos tipos, además de misiles balísticos Iskander-M y municiones Banderol. Según Kiev, las defensas aéreas derribaron o neutralizaron 165 aparatos no tripulados y se registraron impactos de misiles o drones en 23 puntos. Son cifras proporcionadas por Ucrania y no verificables de manera independiente en tiempo real, del mismo modo que tampoco puede comprobarse de forma independiente el balance de objetivos militares destruidos difundido por Moscú.

Una nueva oleada sobre Kiev, Mikoláiv y Odesa

El Ministerio de Defensa ruso presentó la operación como la continuación de una campaña contra el complejo militar-industrial y la red logística ucraniana. En Kiev, Moscú afirmó haber atacado una instalación dedicada a fabricar drones aéreos y navales y componentes para estos sistemas. En ataques anteriores de esta misma secuencia, Rusia ya había señalado plantas y almacenes relacionados, según su versión, con la fabricación de drones de reconocimiento y ataque.

Pero el mapa de daños no se quedó dentro del perímetro que Rusia describe como militar. Durante la mañana, un dron alcanzó un edificio residencial de 24 plantas en el distrito Darnytskyi de Kiev, a la altura de las plantas superiores. Se declaró un incendio, quedaron dañadas varias paredes y el alcalde de la capital, Vitali Klichkó, elevó posteriormente a cinco el número de heridos, tres de ellos hospitalizados. Durante la noche también ardieron vehículos, un garaje y otras construcciones de la ciudad.

Esa convivencia entre objetivos que Moscú califica de militares y daños constatados en espacios civiles se ha convertido en una de las fotografías más repetidas de la guerra aérea: fábricas y almacenes, sí, pero también cristales rotos, fachadas abiertas y bomberos trabajando entre bloques de viviendas.

Moscú pone el foco en puertos, depósitos y fábricas de drones

La región de Mikoláiv concentró una parte importante de los ataques descritos por el Ministerio de Defensa ruso. Moscú asegura haber alcanzado la terminal de carga Nika Terra, donde afirma que se almacenaban combustible, lubricantes y equipamiento militar ucraniano. También sostiene que destruyó depósitos, almacenes y un taller empleado para fabricar drones.

Defensa rusa incluyó igualmente entre los objetivos varios centros logísticos que, según su versión, participaban en el almacenamiento y distribución de suministros militares. También comunicó daños en la subestación eléctrica de Trikati, vinculada al suministro del puerto de Mikoláiv, y ataques contra depósitos situados en el área portuaria.

Las autoridades ucranianas informaron, por su parte, de daños sobre infraestructura portuaria, de transporte y civil en Mikoláiv, así como en un centro comercial, una terminal postal, una cafetería, viviendas y camiones. Una mujer de 70 años murió y otras cuatro personas resultaron heridas, entre ellas un menor de 15 años, según la administración regional.

Odesa y el golpe al paso fronterizo con Moldavia

Uno de los episodios más graves de la noche se produjo en Starokozache, paso fronterizo situado en la región de Odesa junto a Moldavia. Un ataque con drones causó la muerte de dos civiles y dejó al menos tres heridos. El bombardeo provocó un incendio y obligó a suspender temporalmente el tránsito de personas y vehículos por el puesto fronterizo. Dieciséis pasajeros de un autobús pudieron ser evacuados de la zona.

Moscú sostiene que esas instalaciones fronterizas eran utilizadas para introducir armamento en Ucrania. La explicación rusa no cambia, sin embargo, el dato comunicado por las autoridades locales: las víctimas registradas allí eran civiles.

El Ministerio de Defensa ruso afirmó también haber alcanzado en el mar un buque granelero que navegaba hacia Odesa y que, según Moscú, transportaba material bélico. No se han presentado hasta el momento elementos independientes suficientes para verificar públicamente el contenido de la carga ni el alcance exacto de ese ataque.

Ucrania habla de 23 puntos alcanzados

La defensa aérea ucraniana describió una noche especialmente intensa. Además de los 196 aparatos no tripulados, Kiev denunció el empleo de Iskander-M, armas Banderol y otros medios de ataque. La Fuerza Aérea indicó que sus unidades de aviación, defensa antiaérea, guerra electrónica, sistemas no tripulados y grupos móviles participaron simultáneamente en la respuesta.

A las 8:30, las autoridades militares ucranianas daban por neutralizados 165 drones. El dato más revelador, sin embargo, está en lo que atravesó ese paraguas defensivo: se notificaron impactos en 23 localizaciones y caída de restos de aparatos interceptados en otras cuatro. A esa hora todavía permanecían drones rusos dentro del espacio aéreo ucraniano.

La presión sobre la defensa aérea vuelve a ser un asunto central. Ucrania lleva semanas reclamando más interceptores, particularmente para los sistemas Patriot, indispensables frente a determinados misiles balísticos. Alemania anunció esta semana un nuevo envío de interceptores Patriot PAC-2 ante la previsión de que los ataques rusos sobre infraestructuras ucranianas aumenten conforme se acerca el invierno.

La logística se convierte en otro frente de la guerra

La selección de objetivos que Rusia declara haber atacado dibuja una estrategia reconocible: fábricas de drones, terminales portuarias, almacenes, combustible, electricidad y transporte. No hace falta que una instalación sea una trinchera para que resulte militarmente valiosa. En una guerra dominada cada vez más por drones y ataques a larga distancia, llevar combustible, componentes electrónicos o munición desde un almacén hasta el frente puede resultar tan importante como disponer del arma.

El problema es que las redes logísticas modernas rara vez viven aisladas de las ciudades. Terminales, carreteras, ferrocarriles, empresas de reparto y sistemas eléctricos sirven tanto a estructuras militares como a millones de civiles. Ahí aparece esa frontera turbia entre la retaguardia y la vida cotidiana, y es una frontera peligrosa.

Los ataques rusos de las últimas semanas también han alcanzado almacenes de alimentos, instalaciones sanitarias y cadenas de suministro, aumentando la preocupación por el abastecimiento en determinadas zonas de Ucrania. Un almacén con suministros médicos de la Organización Mundial de la Salud en la región de Kiev fue alcanzado a comienzos de septiembre, mientras empresas de distribución han sufrido repetidos daños.

Los ataques vuelven tras la breve pausa diplomática

La nueva ofensiva llega inmediatamente después de una corta pausa en los ataques contra Kiev y Moscú coincidiendo con la visita de los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner. Las conversaciones celebradas con Vladímir Putin y Volodímir Zelenski no produjeron un acuerdo capaz de frenar la guerra y, terminada aquella tregua de apenas 72 horas, los bombardeos regresaron con rapidez.

Ya el 8 de septiembre, Kiev sufrió otro ataque masivo ruso con misiles y drones que dejó cinco muertos y más de 30 heridos, según los balances difundidos, además de daños en edificios residenciales y otras infraestructuras. La ofensiva de este miércoles confirma que la pausa fue eso: una pausa, no un cambio de dinámica.

Al mismo tiempo, Ucrania continúa realizando ataques de largo alcance contra instalaciones situadas en Rusia y en territorios ocupados. Ambos ejércitos han trasladado buena parte de la presión militar mucho más allá de la línea física del frente. La guerra ya no termina donde acaban las trincheras.

Una batalla por desgastar la retaguardia ucraniana

Lo ocurrido durante la noche del 9 de septiembre muestra con bastante claridad hacia dónde está desplazándose parte de la campaña rusa. Kiev, Mikoláiv y Odesa no fueron elegidas al azar: concentran industria, rutas de suministro, puertos, almacenes y conexiones esenciales para sostener al Ejército ucraniano y, al mismo tiempo, para mantener funcionando la economía del país.

Moscú afirma que golpeó esa maquinaria logística y militar. Ucrania confirma una ofensiva de gran escala, pero también documenta edificios residenciales dañados y civiles muertos o heridos. Entre ambas versiones queda el rastro físico de una noche larga: incendios, depósitos destruidos, un paso fronterizo detenido, viviendas alcanzadas y defensas aéreas trabajando contra casi dos centenares de drones.

La diplomacia sigue circulando por despachos y llamadas telefónicas; sobre Ucrania, entretanto, continúa circulando otra cosa. Misiles, drones y fuego antiaéreo. Y esa es, por el momento, la realidad más concreta de la guerra.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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