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¿Cómo fue el robo de cuatro Renoir por 9 millones en la Costa Azul?

Dos ladrones robaron cuatro cuadros de Renoir en Cagnes-sur-Mer, valorados en 9 millones. Uno fue recuperado y tres seguían desaparecidos en Francia

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una pintura de renoir

Foto: Pierre-Auguste Renoir — Google Arts & Culture, dominio público — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Robaron cuatro cuadros de Renoir valorados en unos 9 millones de euros
  • Uno apareció abandonado durante la fuga y tres seguían desaparecidos
  • Las cámaras del Museo Renoir grabaron a los dos autores del asalto

Cuatro cuadros de Pierre-Auguste Renoir han sido sustraídos del museo dedicado al pintor en Cagnes-sur-Mer, en plena Costa Azul francesa, durante un robo cometido de madrugada por dos personas. Los ladrones lograron abandonar el edificio antes de que llegara la policía, aunque durante la huida tuvieron que dejar atrás una de las obras. La valoración conjunta de las piezas afectadas ronda los 9 millones de euros, según la primera estimación difundida por el alcalde de la localidad, Bryan Masson.

El golpe se produjo en las primeras horas del martes 8 de septiembre en el Museo Renoir, instalado en el Domaine des Collettes, la última residencia del maestro impresionista. La alarma saltó a las 5:48 horas y las cámaras de vigilancia captaron a dos individuos dentro del edificio. Los primeros datos de la investigación indican que cuatro pinturas fueron retiradas de su ubicación; una apareció posteriormente abandonada durante la fuga, por lo que tres continuaban fuera del museo en las primeras horas posteriores al robo.

Un robo de madrugada que duró apenas unos minutos

La secuencia conocida hasta el momento dibuja un asalto rápido. Muy rápido. Los dos autores entraron en el museo antes del amanecer y actuaron mientras el recinto estaba vacío. Las grabaciones de videovigilancia muestran a los sospechosos manipulando las obras y, según las informaciones conocidas en Francia, separando los cuadros de sus soportes para poder llevárselos.

La alarma movilizó tanto a la policía municipal como a la Policía Nacional francesa. Cuando los primeros agentes alcanzaron el recinto, pocos minutos después del aviso, los autores se habían marchado. Uno de los cuadros apareció abandonado durante esa salida precipitada. El detalle resulta importante: no estamos ante cuatro pinturas desaparecidas definitivamente, sino ante cuatro obras sustraídas inicialmente y una recuperada tras la fuga.

Las autoridades no habían divulgado durante las primeras horas los títulos de las piezas afectadas. Y ahí conviene frenar antes de convertir las conjeturas en catálogo razonado. El Museo Renoir conserva pinturas de enorme interés, pero todavía no se ha confirmado públicamente cuáles fueron seleccionadas por los ladrones.

La investigación debe determinar también cómo consiguieron superar las medidas de seguridad y qué recorrido siguieron después. Las imágenes de las cámaras ofrecen, al menos, un punto de partida bastante menos nebuloso de lo habitual en esta clase de robos: hay dos sospechosos grabados y una franja temporal muy concreta.

Los cuadros robados están valorados en unos 9 millones de euros

El alcalde de Cagnes-sur-Mer, Bryan Masson, cifró en aproximadamente 9 millones de euros el valor de las cuatro obras implicadas. Es una estimación económica considerable, aunque en arte el precio de mercado cuenta solo una parte de la historia.

Un Renoir perteneciente a una colección pública tiene un valor patrimonial que difícilmente cabe en una cifra. Su procedencia, su relación con el lugar donde se conserva y su incorporación a una colección histórica forman parte de la obra casi tanto como el lienzo. Un museo no es una caja fuerte con cuadros caros colgados dentro, aunque los ladrones, naturalmente, tiendan a verlo de una manera bastante más rudimentaria.

En este caso hay otro elemento: las pinturas se encontraban en la casa donde Renoir desarrolló la última etapa de su vida y de su obra. La pérdida temporal de una de ellas altera un conjunto concebido precisamente para explicar esa relación entre artista, familia, paisaje mediterráneo y creación.

El Museo Renoir no es un museo cualquiera

El escenario del robo tiene algo que un gran museo urbano difícilmente puede reproducir. El Domaine des Collettes está rodeado de olivos centenarios, naranjos e higueras, sobre una colina de Cagnes-sur-Mer desde la que la luz mediterránea entra casi como otro objeto de la colección.

Renoir compró la finca junto a su esposa, Aline Charigot, en 1907. Un año después encargó la construcción de la casa de estilo neoprovenzal en la que trabajaría durante sus últimos años. Allí instaló sus talleres, pintó paisajes, retratos y desnudos y también desarrolló su faceta escultórica junto a Richard Guino.

El pintor murió en Cagnes-sur-Mer en 1919. Sus hijos conservaron la propiedad hasta que el Ayuntamiento la adquirió en 1960 y la convirtió en museo. No se trataba simplemente de llenar una vivienda antigua con obras de un artista famoso: permanecieron muebles, objetos personales, fotografías, su caballete e incluso elementos vinculados a su vida cotidiana.

El resultado tiene algo de cápsula temporal. La sensación para el visitante es menos la de entrar en una pinacoteca que la de cruzar, con bastante discreción, la puerta de una casa cuyos habitantes acaban de salir.

Una colección pequeña y especialmente sensible

El tamaño de la colección ayuda a entender la magnitud del golpe. El museo reúne 13 lienzos originales, además de alrededor de 40 esculturas, mobiliario, fotografías, documentos y recuerdos familiares. No hablamos, por tanto, de cuatro piezas perdidas dentro de un almacén con miles de cuadros.

La colección incluye obras de diferentes etapas de Renoir y piezas relacionadas directamente con los años de Cagnes-sur-Mer. Algunas pinturas son propiedad municipal y otras proceden de depósitos de importantes instituciones francesas, entre ellas el Museo de Orsay y el Museo de Bellas Artes de Lyon.

Entre las obras asociadas habitualmente al museo figuran La ferme des Collettes, Les grandes Baigneuses, Coco lisant, Nu assis o Promenade, sous bois. Que estén presentes en el catálogo del museo, sin embargo, no significa que sean las robadas. Hasta que las autoridades francesas comuniquen las identificaciones, atribuir alguno de esos títulos al robo sería adelantarse a los hechos.

Por qué es tan difícil vender un Renoir robado

Aquí aparece la paradoja habitual de los grandes robos de arte: cuanto más valiosa y reconocible es una obra, más complicado resulta convertirla en dinero.

Un cuadro importante posee fotografías, documentación de procedencia, registros de exposición y una historia conocida por conservadores, galeristas, casas de subastas y especialistas. Después de un robo público, esa información circula internacionalmente. Intentar colocar legalmente una pieza de estas características en una subasta sería parecido a intentar vender un coche robado con el número de bastidor escrito en letras de dos metros.

Eso no hace inútil el robo desde el punto de vista criminal. Las obras pueden ocultarse durante años, utilizarse como garantía en operaciones clandestinas, pasar por intermediarios o terminar en manos de coleccionistas dispuestos a convivir con un objeto que nunca podrán exhibir ni vender con normalidad.

Pero el mito cinematográfico del multimillonario que encarga un Renoir para contemplarlo en una habitación secreta explica peor estos delitos que la realidad, bastante más gris: redes criminales, intermediarios y mercados ilegales donde el valor teórico de una obra se reduce drásticamente.

El estado de los cuadros también preocupa

Hay una cuestión menos vistosa y quizá más delicada. Mover una pintura antigua deprisa, fuera de las condiciones previstas por los conservadores, puede dañarla incluso aunque los ladrones no pretendan hacerlo.

Una tela puede sufrir cortes, deformaciones, pérdidas de pigmento o daños por humedad y cambios bruscos de temperatura. Si, como apuntan las primeras informaciones, las obras fueron separadas rápidamente de sus soportes, los expertos tendrán que comprobar su estado de conservación cuando sean recuperadas.

La pintura abandonada durante la huida será especialmente relevante. Su estado material no se conocía inicialmente, y cualquier golpe o manipulación brusca obliga a una inspección minuciosa. Recuperar una obra no significa necesariamente que haya regresado intacta.

La investigación se concentra en los dos autores grabados

La Fiscalía de Grasse abrió una investigación tras el robo y las fuerzas policiales trabajan con las grabaciones del museo y del entorno de Cagnes-sur-Mer. La identificación de los dos autores, sus movimientos antes del asalto y la ruta utilizada para escapar pueden resultar decisivos para localizar las tres pinturas que seguían desaparecidas en las primeras informaciones.

También habrá que establecer si los dos hombres actuaron solos. Entrar, seleccionar varias obras, retirarlas y organizar una salida rápida exige cierta preparación, aunque el abandono de uno de los cuadros durante la fuga sugiere que el plan tuvo sus grietas. El crimen perfecto, una vez más, parece funcionar mucho mejor en los guiones.

El hecho de que el robo se cometiera un martes, jornada en la que el museo permanece habitualmente cerrado al público, también forma parte del contexto que estudiarán los investigadores. No prueba por sí solo una planificación sofisticada, pero reduce la posibilidad de encuentros inesperados y facilita actuar en un recinto vacío.

Un golpe contra una casa que conserva la memoria de Renoir

El valor de las obras desaparecidas explica el titular: 9 millones de euros llaman la atención en cualquier idioma. Lo importante, sin embargo, está unos centímetros detrás de la cifra.

Los Collettes fueron el lugar donde Renoir encontró la luz y el paisaje de sus últimos años, cuando las dificultades físicas habían hecho de la pintura un trabajo cada vez más duro. Allí siguió creando entre olivos, familiares, visitantes y talleres. Más de un siglo después, la casa permite reconstruir esa intimidad con una proximidad poco frecuente.

El robo rompe temporalmente esa unidad. Cuatro cuadros fueron retirados del museo; uno quedó abandonado durante la fuga y tres permanecían desaparecidos según el balance inicial. Los dos autores habían sido captados por las cámaras y seguían siendo buscados.

Hay robos que se cuentan en dinero y otros que dejan un hueco rectangular en una pared. En Cagnes-sur-Mer han ocurrido las dos cosas.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.