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¿Qué ver en el cine este finde? Estrenos 24-26 de abril

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Qué ver en el cine este finde

Los estrenos de cine del 24 al 26 de abril mezclan Michael Jackson, terror español, thriller, documental íntimo y autor europeo en cartelera.

La cartelera española del 24, 25 y 26 de abril llega con una respuesta bastante clara para quien solo quiera una película grande, reconocible y de conversación de lunes: Michael, el biopic de Michael Jackson dirigido por Antoine Fuqua y protagonizado por Jaafar Jackson, es el estreno que ocupa el centro del escaparate. Entra con músculo, con música conocida incluso por quien dice no escuchar música conocida —esa elegante mentira social— y con el atractivo de una vida que sigue siendo un campo de minas cultural. Pero el fin de semana no se agota ahí. Hay terror español con La ahorcada, comedia de ciencia ficción con Turno de noche, thriller criminal con Kraken: El libro negro de las horas, cine español adulto con Después de Kim, documental íntimo e incómodo con Sidosa, animación familiar con Maracuda y varias propuestas de autor que van a salas más concretas, más pequeñas, más de conversación al salir a la calle con la chaqueta medio puesta.

Para el espectador que busca una recomendación directa, el menú se puede leer así: Michael es la opción de gran sala y butaca llena; Turno de noche, la de evasión con monstruo biológico, humor y Liam Neeson en modo “otra vez salvando el mundo, qué remedio”; La ahorcada, la apuesta de terror nacional con fantasmas, venganza y mansión condenada; Kraken, el thriller para lectores de Eva García Sáenz de Urturi y amantes del crimen con pasado familiar; Sidosa, el documental que probablemente deje más poso humano; El sonido de la caída, el título para quien quiera cine europeo denso, sensorial, de esos que no se ven: se absorben. La semana trae, además, varios estrenos fechados en los días previos que funcionan ya como novedades del fin de semana, mientras el viernes 24 amplía el abanico con dramas, documentales y cine de autor.

Michael manda, pero no juega solo

Michael llega como la película-evento del fin de semana. No porque el cine biográfico musical sea una novedad —Hollywood lleva años ordeñando mitos con la delicadeza de una fábrica de souvenirs—, sino porque Michael Jackson no es un personaje cualquiera. Es infancia televisiva, industria musical, coreografía planetaria, genio pop, trauma familiar, acusaciones, legado, ruido y una discografía que todavía enciende una pista con cuatro golpes de bajo. La película se presenta como un retrato de su vida y de su herencia artística, desde el descubrimiento de su talento como líder de los Jackson Five hasta su conversión en una figura central de la música popular.

El atractivo comercial es evidente. Michael llega con vocación de ocupar las salas grandes, esas donde el sonido parece salir por debajo del suelo y los tráileres duran casi lo mismo que una merienda. El reparto tiene también su gancho: Jaafar Jackson, sobrino del artista, asume el papel principal, acompañado por nombres como Colman Domingo, Nia Long y Miles Teller. La dirección de Antoine Fuqua sugiere una puesta en escena robusta, más pendiente del pulso dramático que del museo de cera. Y el guion de John Logan apunta a una construcción clásica: ascenso, gloria, herida, mito. Lo conocido, sí, pero con un material humano tan inflamable que basta una chispa para que la película deje de ser simple biografía y se convierta en debate.

Lo más razonable es entrar en Michael sabiendo qué se va a ver: una superproducción de vocación popular, no un juicio histórico definitivo. Su promesa está en la recreación de los momentos musicales, en el magnetismo del personaje y en el tirón de una figura que, incluso muerta, sigue organizando conversaciones como si encendiera focos desde el más allá. Para una noche de cine con amigos, familia o pareja poco dispuesta a discutir durante diez minutos frente a la taquilla, es la elección más fácil. Para quien busque aristas, conviene llevar la mirada despierta. La película puede funcionar como espectáculo y, al mismo tiempo, dejar preguntas sin tocar. El cine comercial tiene esa costumbre: entra con zapatos brillantes y pisa charcos con mucho cuidado.

Terror, thriller y bichos: el lado oscuro de la cartelera

El fin de semana también trae una pequeña constelación de películas para quien prefiera sombra, sobresalto o intriga. La ahorcada, dirigida por Miguel Ángel Lamata, es una producción española de terror y thriller sobrenatural protagonizada por Amaia Salamanca, Eduardo Noriega, Cosette Silguero y Norma Ruiz. Su premisa tiene aroma de cuento gótico pasado por una España contemporánea: una cantautora se suicida en el jardín de su amante tras ser abandonada, pero su fantasma permanece en la mansión y convierte la vida de la familia en un infierno. Sí, suena a melodrama con velas negras. Y eso, bien llevado, puede ser una virtud. El terror español suele funcionar mejor cuando no intenta parecerse demasiado al terror estadounidense y abraza sus obsesiones: casas heredadas, culpas viejas, niños que ven demasiado, adultos que no quieren ver nada.

Turno de noche cambia de registro y se va hacia una mezcla de comedia, terror, acción y ciencia ficción. Su título original es Cold Storage, está dirigida por Jonny Campbell y parte de una idea muy de serie B musculada: dos empleados de un almacén deben sobrevivir cuando un hongo mutante escapa de una instalación sellada y amenaza con arrasar todo a su paso. Joe Keery, Georgina Campbell y Liam Neeson sostienen un reparto que ya avisa de su tono: juventud en apuros, amenaza biológica, veterano curtido y esa sensación de que el apocalipsis siempre empieza en el peor turno posible. La película se mueve en una tradición muy concreta, la de las criaturas que atacan cuando alguien ha sido demasiado listo para respetar una puerta cerrada. Pura mezcla de palomitas, baba viscosa y chiste lanzado antes del grito.

Kraken: El libro negro de las horas juega otra liga: la del thriller criminal con base literaria y paisaje reconocible. Adaptación del universo creado por Eva García Sáenz de Urturi, lleva al cine al exinspector y perfilador Unai López de Ayala, alias Kraken, interpretado por Alejo Sauras. La historia arranca con una llamada anónima que le obliga a encontrar un libro legendario en una semana para salvar a su madre, a quien creía muerta desde hace décadas. Dirigen Manuel Sanabria y Joaquín Llamas, con Maggie Civantos, Natalia Rodríguez y Natalia Millán en el reparto. Aquí la recomendación es clara para los lectores de la saga y para quien quiera un thriller español con investigación, pasado familiar y una ciudad que no aparece como simple postal, sino como territorio de misterio.

Entre estas tres opciones se dibuja una ruta bastante cómoda para el espectador que no quiere solemnidad. La ahorcada va hacia el terror emocional y fantasmagórico; Turno de noche, hacia la diversión mutante; Kraken, hacia el enigma criminal. No compiten exactamente por el mismo ánimo. Una pide oscuridad, otra pide reflejos y la tercera pide atención. Buen síntoma: la cartelera deja elegir sin obligar a fingir que todo es “una experiencia cinematográfica imprescindible”, esa frase que debería pagar peaje cada vez que aparece.

Cine español para mirar de cerca: Después de Kim, Sidosa y Casi todo bien

Más allá del ruido grande, el cine español ofrece este fin de semana varias películas con una escala distinta, más cercana al rostro que al decorado. Después de Kim, dirigida por Ángeles González-Sinde, reúne a Adriana Ozores y Darío Grandinetti en un drama con heridas familiares, distancia acumulada y búsqueda emocional. La película adapta una novela de la propia González-Sinde y parte de una pareja separada que debe afrontar la desaparición de su nieto tras la muerte de su hija, un material delicado que pide contención, no violines desbocados. La promesa está en los silencios, en los reproches que no necesitan gritarse, en esa clase de duelo que no cabe en una escena bonita porque se queda pegado a los muebles.

Sidosa es probablemente la novedad española más singular de la semana. Dirigida por Lluís Galter y Màrius Sánchez, con Jordi Évole en el guion junto a los directores, coloca a Eduardo Casanova en el centro de una revelación íntima: su convivencia con el VIH desde los 17 años. El documental incluye el acompañamiento de Évole y testimonios de personas cercanas al actor, entre ellas profesionales sanitarios y amigos. La importancia de la película no está solo en “contar un caso”. Está en cambiar el volumen de una conversación. Durante décadas, el VIH fue tratado por la cultura popular con miedo, morbo, compasión mal colocada o silencio. Que una figura conocida hable desde la primera persona altera la escena. No convierte el documental automáticamente en una gran película —eso lo dirá la obra, no la intención—, pero sí lo sitúa como una pieza relevante en el fin de semana.

Casi todo bien, codirigida por Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet, propone otro tono: comedia dramática sobre Hilario, un escritor frustrado que vive atrapado entre la nostalgia literaria y el cinismo del mundo editorial contemporáneo. El personaje trabaja en una librería, imparte un taller de escritura en línea y arrastra una novela rechazada por editoriales, hasta que una noche de fiesta conoce a una mujer que identifica como posible musa. Suena a crisis de los 40 con olor a librería, whisky malo y autoengaño. Puede ser una opción pequeña pero agradecida para quienes prefieren el malestar cotidiano al gran espectáculo. No todo el cine tiene que llegar con explosiones. A veces basta un hombre convencido de que su fracaso tiene estilo, que ya es bastante material.

Autor, ciencia ficción y rarezas necesarias

La parte más interesante para cinéfilos inquietos está en los márgenes, donde la cartelera respira de otra manera. El sonido de la caída, de Mascha Schilinski, es una de las propuestas europeas más potentes del fin de semana. La película sigue a cuatro jóvenes de distintas épocas —Alma, Erika, Angelika y Lenka— unidas por una misma granja del norte de Alemania, con un relato que atraviesa memoria, trauma, infancia y ecos familiares. No parece una película para entrar con prisa ni para mirar el móvil a escondidas, ese pequeño crimen de sala que debería castigarse con asiento junto al altavoz. Es cine de atmósfera, de capas, de heridas que no siempre se explican porque la vida tampoco lo hace con notas al pie.

Zona 3, del francés Cédric Jimenez, ofrece una ciencia ficción con cuerpo de thriller y nervio político. Sitúa la acción en París en 2045, una ciudad dividida en tres zonas sociales y controlada por una inteligencia artificial llamada Alma. El asesinato del creador de esa IA activa una investigación que obliga a colaborar a personajes de distintos estratos. Con Adèle Exarchopoulos, Gilles Lellouche, Louis Garrel, Romain Duris y Valeria Bruni Tedeschi, la película utiliza un futuro cercano para hablar de algo bastante presente: la promesa tecnológica como coartada para ordenar desigualdades con apariencia de eficiencia. La distopía, ya se sabe, suele ser el presente con una iluminación más fría.

La risa y la navaja, de Pedro Pinho, llega para un público más minoritario, con duración larga y vocación de inmersión. La historia sigue a Sergio, un ingeniero ambiental que viaja a una metrópolis de África Occidental para trabajar en la construcción de una carretera, mientras se adentra en una realidad social y cultural compleja. Tres horas y media no son una película: son una mudanza temporal. Pero precisamente por eso puede atraer a quienes buscan cine que no venga triturado en formato tráiler, ni domesticado por el algoritmo de la comodidad. Hay películas que piden paciencia y luego pagan con una textura que no se olvida. O no pagan, claro. También existe ese riesgo. El cine de autor no siempre acaricia; a veces se sienta enfrente y te mira hasta que parpadeas.

Aisha no puede volar, de Morad Mostafa, dirige la mirada hacia la sociedad migrante africana en El Cairo a través de Aisha, una cuidadora atrapada entre comunidades, tensiones urbanas y formas de supervivencia que rara vez ocupan el centro de la cartelera. Es otra de esas películas que probablemente no domine marquesinas, pero sí puede abrir una ventana a realidades poco frecuentes en el circuito comercial. Y eso también importa: el cine no solo está para confirmar lo que ya sabemos, sino para colocar una silla en una habitación ajena y obligarnos a mirar alrededor antes de opinar.

Niños, documentales y salas pequeñas: el otro fin de semana

Para público familiar, Maracuda aparece como la opción de animación más clara entre los estrenos. La película sigue a Maracuda, hijo de un líder tribal que intenta estar a la altura de las expectativas de su padre y termina envuelto en una aventura prehistórica. No compite con los gigantes de animación de los grandes estudios, pero puede cubrir ese hueco de cine infantil cuando la familia busca una sesión amable, sin demasiadas vueltas, con criaturas, humor físico y viaje de aprendizaje. A veces el plan es ese: una película que no exija justificar la civilización occidental en la sobremesa.

El documental también ocupa un espacio relevante. Además de Sidosa, aparecen Esperanza viva y Quién vio los templos caer. Esperanza viva, dirigida por Marcel Montealegre, reúne historias de personas en Madrid que encuentran sentido desde la fe y la adversidad, con un enfoque claramente espiritual. Quién vio los templos caer, de Lucía Selva, se mueve por Granada a partir de Chorrojumo, antiguo “Rey de los gitanos”, y Anas, un joven que busca el hogar perdido de sus antepasados moriscos. Es un título pequeño, de recorrido limitado, pero con un punto muy valioso: mirar la ciudad no como decorado turístico, sino como depósito de memoria, ruina, mezcla y desplazamiento.

A la hora de elegir, conviene tener en cuenta algo tan prosaico como decisivo: no todos los estrenos están igual de disponibles. Michael tendrá una presencia muy superior en salas; Kraken y Turno de noche también cuentan con un despliegue notable; La ahorcada se mueve en una zona intermedia; mientras que títulos como La risa y la navaja, Aisha no puede volar o Quién vio los templos caer dependen mucho más de salas especializadas, cines urbanos y programación cultural. La recomendación, por tanto, cambia según la ciudad. En Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao o Málaga suele haber más margen. En plazas medianas, el biopic, el thriller y el terror tendrán más opciones que el cine de autor portugués o el documental granadino.

También siguen respirando títulos de semanas anteriores, y ahí el fin de semana no empieza desde cero. La momia, estrenada el 17 de abril, continúa con una presencia fuerte en salas, al igual que La familia Benetón +2, comedia española con Leo Harlem. Para quien no haya pasado por taquilla la semana anterior, esos dos nombres completan la oferta comercial: terror de gran formato por un lado, comedia familiar española por otro. La cartelera, vista en conjunto, queda bastante equilibrada: una gran película musical, terror nacional, thriller de novela, ciencia ficción europea, documental social, drama íntimo, animación y autor. No es poco. Hay fines de semana que parecen una nevera de domingo por la noche; este, al menos, tiene varias baldas llenas.

La butaca depende del ánimo

Este fin de semana del 24 al 26 de abril en los cines de España tiene una virtud sencilla: no obliga a todos los espectadores a entrar por la misma puerta. Quien quiera conversación masiva tiene Michael. Quien quiera tensión española tiene La ahorcada o Kraken. Quien busque pasar un rato salvaje, con hongo mutante y energía de película gamberra, tiene Turno de noche. Quien prefiera cine adulto, con duelo y relaciones rotas, puede mirar hacia Después de Kim. Quien quiera una pieza con peso social encontrará en Sidosa una de las apuestas más comentables. Y quien no tenga miedo a las películas menos domesticadas puede probar con El sonido de la caída, Zona 3, La risa y la navaja o Aisha no puede volar.

La mejor recomendación no es una sola película, sino ajustar la butaca al estado de ánimo. Para una salida fácil y popular, Michael. Para noche de susto español, La ahorcada. Para entretenimiento raro y ligero, Turno de noche. Para thriller con raíz literaria, Kraken. Para cine que deja conversación seria después, Sidosa o Después de Kim. Para quien busca algo más arriesgado, El sonido de la caída. Abril se despide con una cartelera menos plana de lo habitual, con títulos grandes y rincones pequeños. Y eso, en tiempos de pantallas infinitas en casa, ya es casi una cortesía: salir, apagar el móvil, sentarse en la oscuridad y dejar que otra vida ocupe la sala durante dos horas. O tres y media, si uno se atreve con Pedro Pinho. Ahí ya hablamos de fe, resistencia y una vejiga preparada para el cine de autor.

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