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Historia

¿Qué santo se celebra hoy 23 de junio? Santoral completo y onomástica

San José Cafasso protagoniza el santoral del 23 de junio, una fecha que recuerda a Zacarías, Isabel y varios santos de la tradición católica.

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Qué santo se celebra hoy 23 de junio

Resumen

  • San José Cafasso es la figura principal del santoral del 23 de junio
  • Acompañó a 57 condenados a muerte en las cárceles de Turín
  • San Juan Bautista se celebra el 24, aunque su noche comienza el día 23

El santoral católico de este martes 23 de junio de 2026 tiene como figura principal a san José Cafasso, sacerdote italiano conocido por su trabajo con los presos y, sobre todo, por acompañar espiritualmente a condenados a muerte. La Iglesia recuerda también a los santos Zacarías e Isabel, padres de san Juan Bautista, cuya natividad se celebra el 24 de junio.

Junto a ellos aparecen otras figuras del Martirologio Romano, entre ellas santa Agripina de Roma, san Zenón, san Zenas de Filadelfia, santa Ediltrudis de Ely y santo Tomás Garnet. Es, por tanto, una jornada con varias onomásticas, aunque el nombre que ocupa el centro del calendario religioso es el de José Cafasso, un sacerdote que entraba en las cárceles cuando buena parte de la sociedad prefería mirar hacia otro lado.

San José Cafasso, el santo principal del 23 de junio

José Cafasso nació el 15 de enero de 1811 en Castelnuovo d’Asti, una localidad del Piamonte italiano que más tarde sería conocida como Castelnuovo Don Bosco. Procedía de una familia campesina y creció con una constitución física frágil, pero esa debilidad aparente no le impidió desarrollar una actividad pastoral poco común.

Fue ordenado sacerdote en 1833 y poco después ingresó en el Internado Eclesiástico de San Francisco de Asís, en Turín. Aquel centro preparaba a sacerdotes jóvenes para el trabajo pastoral, la predicación y la confesión. Cafasso empezó como alumno, pasó a ser profesor de teología moral y terminó dirigiendo la institución. Sin grandes gestos de escaparate —la santidad también suele trabajar sin gabinete de comunicación—, formó a varias generaciones de religiosos.

Su enseñanza se alejaba de una visión basada únicamente en el castigo. Defendía una pastoral firme, pero impregnada de misericordia, prudencia y conocimiento de las circunstancias personales. No trataba a quien acudía al confesionario como una ficha administrativa. Escuchaba. Y dedicaba tiempo, algo que escaseaba entonces y tampoco sobra demasiado ahora.

El sacerdote que cruzaba las puertas de las cárceles

La parte más conocida de su vida comenzó en las prisiones de Turín. Cafasso visitaba con frecuencia a los reclusos, hablaba con ellos, atendía sus necesidades espirituales y trataba de devolver alguna dignidad a personas que ya habían sido apartadas de la sociedad.

Su presencia resultaba especialmente intensa entre los condenados a muerte. Los acompañaba durante los últimos días, los confesaba, celebraba la comunión con ellos y caminaba a su lado hasta el lugar de la ejecución. De ahí nació el sobrenombre con el que todavía se le recuerda: el cura del patíbulo.

La tradición eclesial recoge que san José Cafasso acompañó a 57 condenados hasta el cadalso. No justificaba sus delitos ni convertía a los reclusos en héroes de una estampa sentimental. Su postura era otra: incluso después de una condena, la persona conservaba una dignidad que no podía ser ejecutada junto al cuerpo.

Aquellas visitas tenían lugar en un sistema penitenciario áspero, donde las penas públicas funcionaban también como espectáculo y advertencia. Cafasso se movía por ese escenario de hierro, humedad y miedo con una idea incómoda para su época: la justicia no debía borrar la compasión.

Por esta labor, el papa Pío XII lo proclamó en 1948 patrono de las cárceles italianas. También es considerado protector de los capellanes penitenciarios, de los presos y de quienes han sido condenados a muerte.

El maestro que ayudó a orientar a Don Bosco

La biografía de Cafasso está estrechamente relacionada con la de san Juan Bosco, una de las grandes figuras católicas del siglo XIX. Ambos habían nacido en la misma zona del Piamonte, aunque Cafasso era cuatro años mayor. Con el tiempo se convirtió en su director espiritual y en uno de sus principales consejeros.

No intentó fabricar un discípulo idéntico a él. Percibió el talento de Don Bosco para trabajar con jóvenes pobres y abandonados, y lo animó a seguir ese camino. También lo ayudó a entrar en contacto con la realidad de las cárceles juveniles de Turín, donde muchos muchachos vivían hacinados, sin formación y con escasas posibilidades de rehacer su vida.

Aquella experiencia influyó en la futura obra salesiana. Cafasso apoyó a Don Bosco en decisiones esenciales, pero sin apoderarse de su proyecto. Su manera de enseñar consistía en orientar y después dejar espacio. Acompañar sin invadir, una virtud bastante menos frecuente de lo que sugieren los manuales.

San José Cafasso murió en Turín el 23 de junio de 1860, con 49 años. Don Bosco pronunció la oración fúnebre de quien había sido su maestro y guía durante décadas. Pío XII lo canonizó el 22 de junio de 1947, prácticamente en la víspera del aniversario de su muerte.

Qué otros santos aparecen en el santoral del 23 de junio

El calendario del 23 de junio no termina con Cafasso. La Iglesia recuerda también a santa Agripina de Roma, virgen y mártir de los primeros siglos del cristianismo; a san Zenón y san Zenas de Filadelfia, martirizados en la antigua Arabia romana; y a san Bilio de Dariórigo, obispo bretón asesinado durante un saqueo normando.

Figura igualmente santa Ediltrudis de Ely, también llamada Eteldreda, una princesa anglosajona que llegó a ser reina de Northumbria y terminó fundando una comunidad monástica. Su vida atravesó palacios, dos matrimonios y un retiro religioso, un recorrido poco lineal incluso para los agitados estándares de la Europa medieval.

El santoral ampliado incorpora al beato Lanfranco de Pavía, obispo conocido por sus esfuerzos de reconciliación; a la beata María de Oignies, vinculada al movimiento de las beguinas; a la beata María Rafaela Cimatti, religiosa dedicada al cuidado de enfermos pobres; y al beato Pedro Jacobo de Pésaro, sacerdote agustino.

También se conmemora a santo Tomás Garnet, jesuita inglés formado en Valladolid y ejecutado en Londres durante el reinado de Jacobo I, así como a san Walhero, sacerdote venerado en la región histórica de Hainaut.

Zacarías e Isabel, antes de la fiesta de su hijo

El calendario católico recuerda este 23 de junio a Zacarías e Isabel, padres de san Juan Bautista. Según el relato evangélico, ambos eran de edad avanzada cuando recibieron el anuncio de que tendrían un hijo. Zacarías era sacerdote e Isabel pertenecía a una familia de tradición sacerdotal y estaba emparentada con María.

Su memoria aparece justo antes de la fiesta dedicada a su hijo. No es una colocación casual: el 23 funciona como pórtico litúrgico de la Natividad de san Juan Bautista, una de las celebraciones más antiguas y singulares del calendario cristiano.

Por qué la noche de San Juan es el 23, pero el santo es el 24

La coincidencia de fechas suele provocar cierta confusión. La noche de San Juan se celebra durante la tarde y la madrugada que unen el 23 y el 24 de junio, pero la festividad religiosa de la Natividad de san Juan Bautista corresponde oficialmente al 24 de junio.

Las hogueras, los baños nocturnos, los saltos sobre el fuego y otros rituales populares comienzan la víspera, como ocurre con numerosas fiestas tradicionales. El calendario civil y el religioso se cruzan aquí con antiguas costumbres relacionadas con el solsticio de verano. El resultado es una noche ruidosa, luminosa y cargada de símbolos; mientras tanto, el santoral del día 23 continúa perteneciendo principalmente a san José Cafasso.

Quienes se llaman Juan suelen celebrar su onomástica el 24 de junio. En cambio, este día pueden hacerlo quienes llevan nombres como Agripina, Ediltrudis, Zenón, Zenas o alguno de los correspondientes a los santos y beatos conmemorados. En el caso de José, la fecha más extendida para la onomástica sigue siendo el 19 de marzo, aunque el calendario contiene numerosos santos con ese nombre.

Una fecha marcada por la dignidad de los olvidados

El 23 de junio queda inevitablemente eclipsado por las hogueras que empiezan a encenderse al caer la tarde. Sin embargo, su figura religiosa principal pertenece a un escenario muy distinto: pasillos de prisión, celdas cerradas y hombres que aguardaban una sentencia irreversible.

San José Cafasso no fue célebre por levantar grandes edificios ni por fundar una congregación. Su legado nació de una tarea menos visible: formar sacerdotes, orientar a Don Bosco y permanecer junto a quienes afrontaban sus últimas horas. No abandonó a los culpables, que no es lo mismo que negar su culpa.

Esa distinción, sencilla sobre el papel y bastante difícil cuando llega la hora de aplicarla, explica por qué su memoria continúa viva cada 23 de junio. Entre el ruido de los preparativos de San Juan y el olor anticipado de las hogueras, el santoral recuerda algo menos vistoso, pero quizá más exigente: la dignidad humana no desaparece cuando alguien deja de resultarnos cómodo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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