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Economía

¿Qué gana Santander con Webster y su entrada en el top 10 de EEUU?

Santander culmina la compra de Webster por 12.200 millones y gana tamaño, depósitos y peso en EEUU con una operación decisiva para el grupo.

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Santander entra en el Top 100 mundial

Banco Santander ha completado la compra de Webster Financial Corporation, matriz de Webster Bank, y con ella cambia de tamaño —y, sobre todo, de perfil— en Estados Unidos. La operación, acordada por unos 12.200 millones de dólares, sitúa al grupo español entre las diez principales entidades de banca minorista y de empresas del país por activos, con un negocio combinado que ronda los 327.000 millones de dólares. No es una expansión cosmética: Santander incorpora una gran bolsa de depósitos, más banca comercial y una posición mucho más fuerte en el noreste estadounidense.

El salto se entiende mejor mirando las tripas del balance. Sobre cifras de cierre de 2025, Santander y Webster suman aproximadamente 185.000 millones de dólares en préstamos y 172.000 millones en depósitos en Estados Unidos. Webster aporta justo aquello que el negocio estadounidense del banco español necesitaba para equilibrarse: financiación estable y una franquicia potente entre empresas, mientras Santander ya era particularmente fuerte en crédito al consumo. La suma, al menos sobre el papel, encaja bastante mejor que dos logotipos colocados uno al lado del otro.

Una compra de 12.200 millones que cambia la escala de Santander

La adquisición se anunció el 3 de febrero y ha quedado completada el 20 de agosto de 2026, después de recorrer en poco más de seis meses el circuito regulatorio necesario a ambos lados del Atlántico. La Oficina del Contralor de la Moneda de Estados Unidos dio su visto bueno el 12 de junio, el Banco Central Europeo autorizó la operación el 21 de julio y la Reserva Federal estadounidense concedió su aprobación definitiva el 4 de agosto.

Santander paga aproximadamente el 65% de la contraprestación en efectivo y el 35% mediante acciones nuevas. Como consecuencia de la operación, el banco ha ejecutado una ampliación de capital vinculada específicamente a la compra de Webster. Se han emitido casi 330 millones de títulos nuevos, con un tipo efectivo de emisión de 10,7896 euros por acción, y el importe efectivo de la ampliación asciende a unos 3.558,9 millones de euros. Las nuevas acciones representan alrededor del 2,20% del capital del banco una vez realizado el aumento.

Para los antiguos accionistas de Webster, las condiciones pactadas contemplaban 48,75 dólares en efectivo y 2,0548 acciones de Santander por cada título de la entidad estadounidense. El acuerdo valoraba cada acción de Webster en torno a 75 dólares cuando se anunció.

Estar en el top 10 tiene una letra pequeña importante

Conviene afinar una expresión que fácilmente se presta a titulares demasiado entusiastas. Santander pasa a situarse entre los diez mayores bancos minoristas y comerciales de Estados Unidos por activos, según la clasificación utilizada por la propia entidad. Eso no significa que, de repente, sea uno de los diez mayores bancos estadounidenses en absolutamente cualquier ranking imaginable.

La referencia empleada por Santander compara entidades de banca minorista y comercial y, en sus cálculos publicados al anunciar Webster, excluye a las cooperativas de crédito. El balance conjunto de unos 327.000 millones de dólares es el que permite ese salto. Una diferencia metodológica pequeña sobre el papel, pero bastante relevante cuando empiezan a desfilar los superlativos.

Donde la posición resulta especialmente fuerte es en el noreste. Santander calcula que la combinación con Webster crea una de las cinco mayores franquicias de depósitos en sus mercados clave de esa región. Webster opera tradicionalmente desde Connecticut hacia Nueva York, Massachusetts y Rhode Island, precisamente un corredor de elevada renta, abundante actividad empresarial y fuerte competencia bancaria.

Por qué Webster era especialmente atractiva para Santander

Webster no es simplemente una red regional de oficinas. Fundada en 1935 y con sede en Stamford, Connecticut, había crecido hasta superar los 80.000 millones de dólares en activos antes de la operación y construyó un negocio dividido entre banca comercial, clientes particulares y servicios financieros relacionados con la sanidad.

Ahí aparece una pieza bastante singular: HSA Bank, división especializada en cuentas de ahorro sanitario, conocidas en Estados Unidos como Health Savings Accounts. Son productos ligados al peculiar sistema sanitario estadounidense que permiten reservar dinero para determinados gastos médicos con ventajas fiscales. Para un banco, tienen otro atractivo menos vistoso pero muy tangible: aportan depósitos y relaciones de cliente de larga duración.

Santander, por su parte, llevaba años construyendo una posición fuerte en financiación al consumo estadounidense, especialmente vinculada al automóvil. La complementariedad es evidente. Webster aporta depósitos y banca empresarial; Santander, crédito al consumo, tecnología global, banca de inversión y una plataforma internacional mucho mayor.

El equilibrio entre créditos y depósitos también mejora

Uno de los números que mejor explica la operación casi pasa inadvertido entre los miles de millones. Antes de integrar Webster, el negocio estadounidense de Santander tenía una relación neta entre préstamos y depósitos cercana al 109%. Con la combinación, el banco calcula que se aproximará al 100%.

Traducido del dialecto bancario: una proporción mayor de los créditos podrá financiarse con depósitos de clientes, en lugar de depender en mayor medida de otras fuentes de financiación que pueden resultar más caras o más volátiles. Webster no sólo añade tamaño; cambia la calidad de la financiación del negocio estadounidense.

Los 800 millones que Santander espera ahorrar

El segundo gran argumento de la operación son las sinergias. Santander estima alrededor de 800 millones de dólares de ahorro de costes, aproximadamente un 19% de la base de costes combinada utilizada cuando se presentó la adquisición. El plan incluye simplificación de estructuras corporativas, tecnología, operaciones y optimización de la red.

El banco quiere llevar la ratio de eficiencia por debajo del 40% en 2028 en su negocio estadounidense. Dicho de manera sencilla, pretende gastar menos de 40 dólares para generar cada 100 dólares de ingresos. La dirección también proyecta un RoTE cercano al 18% en Estados Unidos para ese ejercicio; el RoTE mide la rentabilidad obtenida sobre el capital tangible que soporta el negocio.

Santander calcula asimismo que la adquisición puede elevar su beneficio por acción entre un 7% y un 8% y generar alrededor de un 15% de rentabilidad sobre el capital invertido en 2028. Son objetivos, no cheques cobrados de antemano. Y ahí comienza precisamente la parte menos fotogénica de cualquier gran fusión bancaria: integrar sistemas, equipos, oficinas, productos y culturas corporativas sin perder clientes por el camino.

Webster entra en una estrategia estadounidense mucho más ambiciosa

Estados Unidos llevaba tiempo dejando de ser un mercado secundario para Santander. La entidad asegura que durante los tres años anteriores al anuncio de Webster su beneficio después de impuestos en el país creció a una tasa media anual del 31%. Al mismo tiempo, el grupo ha extendido allí actividades de banca corporativa y de inversión y ha utilizado Openbank para captar depósitos digitales.

El contexto financiero del grupo permite entender por qué puede asumir una operación de esta dimensión. Santander llegó a junio de 2026 con más de 182 millones de clientes en el mundo y unos 1,5 billones de euros en fondos totales. En el primer semestre, su beneficio atribuible subyacente alcanzó 7.328 millones de euros, un 15% más interanual.

La compra de Webster tampoco aparece aislada. El grupo ha estado reorganizando su mapa internacional, vendiendo activos donde consideraba que el capital podía rendir más en otros lugares y reforzándose en mercados considerados estratégicos. Tras la venta de una participación mayoritaria en Santander Bank Polska, la entidad obtuvo capital para reasignar y ganar escala en mercados maduros como Estados Unidos y Reino Unido.

Qué ocurrirá con Webster y sus clientes

La mayor parte de los negocios de Webster está destinada a integrarse en Santander Bank, N.A., la franquicia bancaria del grupo en Estados Unidos. El proceso, sin embargo, no implica que cada cuenta, tarjeta o aplicación cambie de aspecto de un día para otro. Santander había dejado claro antes del cierre que cualquier modificación operativa para los clientes se comunicaría previamente.

La continuidad directiva también forma parte del diseño. Christiana Riley se mantiene al frente de Santander en Estados Unidos, mientras John Ciulla, hasta ahora presidente y consejero delegado de Webster, está llamado a dirigir Santander Bank. Luis Massiani, presidente y director de operaciones de Webster, asume responsabilidades operativas e integradoras. Stamford seguirá siendo una oficina corporativa importante junto con Boston, Nueva York, Miami y Dallas.

No es un detalle menor. En una operación bancaria, comprar activos es sencillo comparado con trasladar millones de relaciones comerciales a una estructura nueva sin que el cliente note demasiado las tuberías. Santander necesita conservar la base de depósitos de Webster, precisamente uno de los grandes motivos por los que ha pagado 12.200 millones de dólares.

La apuesta estadounidense entra en su fase difícil

El 20 de agosto termina la compra y empieza la integración. Santander ha conseguido algo que perseguía desde hace años: una escala mucho mayor en Estados Unidos, una posición particularmente potente en el noreste y un negocio menos dependiente del crédito al consumo. Los 327.000 millones de dólares en activos, 172.000 millones en depósitos y 185.000 millones en préstamos convierten esa presencia en algo bastante distinto de una filial periférica.

Pero los grandes números sólo cuentan media historia. Para que Webster resulte una buena compra, tendrán que materializarse los ahorros previstos, mantenerse los depósitos, funcionar la integración tecnológica y acercarse la rentabilidad al 18% de RoTE previsto para 2028. En banca, comprar tamaño es posible con dinero y acciones; conseguir que ese tamaño produzca más dinero durante años requiere algo menos espectacular: ejecución.

Santander ha colocado una pieza de gran calibre sobre el tablero estadounidense. Webster le proporciona clientes, depósitos, banca comercial y territorio. El banco español, a cambio, pone capital, tecnología y escala internacional. El resultado puede convertir Estados Unidos en uno de los pilares más rentables del grupo. Desde el 20 de agosto, esa posibilidad deja de ser una presentación para inversores y comienza a medirse en balances.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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