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¿Qué DVD regrabable dura más? La prueba lo deja claro

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Qué DVD regrabable dura más

Una prueba de seis meses revela qué DVD regrabable aguanta más, qué marcas decepcionan y por qué varios discos antiguos arrasan con claridad.

Los DVD regrabables parecían un vestigio de otra época, una tecnología aparcada entre cajones, tarrinas de plástico y torres de sobremesa que ya casi nadie enciende. Pero una prueba de resistencia de seis meses ha devuelto el formato al centro de la conversación técnica con una pregunta muy concreta: qué disco aguanta de verdad cuando se le obliga a escribir, borrar y volver a escribir hasta el límite. La respuesta no favorece precisamente a la idea de progreso lineal. El gran vencedor del ensayo fue un TDK 2x DVD-RW antiguo, identificado como TDK502sakuM3, que superó los 1.000 ciclos sin sufrir un solo fallo de verificación. No fue el más rápido, no fue el más moderno y, para redondear la ironía, ya no se fabrica. Mientras tanto, varios discos bastante más recientes y en teoría más vistosos se quedaron muy lejos de la cifra mítica con la que este mercado convivió durante años.

La prueba la llevó a cabo Dr. Gough Lui, que no se limitó a grabar un par de discos y sacar una conclusión vistosa. Montó un procedimiento automatizado, lo sostuvo durante meses y empujó distintas unidades DVD±RW hasta su primer error real. El resultado dejó una fotografía nítida. Verbatim cayó muy pronto, Memorex tampoco resistió casi nada, Sony ofreció una durabilidad discreta y un Victor JVC fabricado en Japón se colocó muy arriba, aunque sin alcanzar al TDK campeón. Lo más incómodo para la industria no es solo que muchos modelos no lleguen ni de lejos a las 1.000 reescrituras prometidas como referencia habitual, sino que el mejor rendimiento aparezca precisamente en un soporte lento, veterano y descatalogado, como si el tiempo hubiera dejado una nota sarcástica sobre la mesa: en almacenamiento óptico, lo nuevo no siempre mejora lo anterior.

Seis meses para desmontar una promesa demasiado cómoda

El método importa mucho aquí, porque sin método esto sería simple nostalgia tecnológica. Gough Lui utilizó una grabadora Lite-On iHAS120 6, apoyada en automatización con Python, para repetir una secuencia fija: escritura del disco, verificación de datos, prueba de velocidad de lectura, escaneo de calidad con errores PI/PO y jitter, y después borrado o nueva sobrescritura según el tipo de soporte. El criterio de fallo fue claro: el primer error de verificación. No el primer susto visual, no una gráfica fea, no una intuición. El primer momento en que el disco dejó de devolver correctamente lo que acababa de grabarse. La precisión estimada del recuento quedó en ±3 ciclos, una cifra razonable para un ensayo tan largo y tan mecánico. Y sí, fue largo de verdad: el propio autor calcula unas 4.020 horas de trabajo acumulado en dos unidades y 5.248 grabaciones, con ambas grabadoras todavía operativas al terminar. Eso ya dice bastante sobre la escala del experimento.

Hay otra pieza importante que cambia la lectura de los resultados. En los DVD+RW la reescritura se hace por sobrescritura directa, mientras que en los DVD-RW el software usado en el ensayo ejecutó un borrado completo previo antes de volver a grabar. Traducido a algo más terrenal, varios discos del grupo “menos” pasaron por un castigo mayor del que refleja su cifra aparente. Cuando un DVD-RW marca 639 o 1.008 ciclos útiles, la superficie del soporte ha soportado en realidad mucho más trabajo. Por eso el triunfo del TDK 2x DVD-RW resulta todavía más llamativo, y por eso también el Victor JVC 6x DVD-RW gana peso dentro de la tabla final. No es un detalle menor ni una trampa estadística: cambia de forma muy seria la percepción de qué formato salió mejor parado.

La clasificación real deja mal a varios nombres conocidos

La parte más vistosa del estudio es, claro, la tabla de supervivencia. Pero bajo esa tabla hay una lección más áspera: la marca visible en la caja no basta para anticipar la fiabilidad. El mejor disco de toda la prueba fue el TDK 2x DVD-RW TDK502sakuM3, que llegó a 1.008 ciclos sin fallo de verificación porque el autor decidió detener ahí el ensayo. El segundo gran nombre fue el Victor JVC 6x DVD-RW, que alcanzó 639 ciclos antes del primer error. Después aparece un TDK 4x DVD+RW con código CMC MAG-W02-000, capaz de estirarse hasta 850 ciclos, muy cerca ya de la frontera simbólica de las mil reescrituras. Más abajo quedan otros TDK con trayectorias muy distintas: uno con código RICOHJPN-W11-001 logró 413 ciclos, mientras otro PHILIPS-041-000 se quedó en 218. Misma marca en portada, realidades industriales muy diferentes por dentro.

Ese dato, el de la heterogeneidad interna de TDK, es casi tan interesante como la victoria final. Bajo una misma firma convivían soportes procedentes de fabricantes distintos, con códigos de medios distintos y con respuestas muy distintas al desgaste. El ensayo deja claro que hablar de “un TDK” o “un Sony” como si fueran entidades compactas es una simplificación demasiado grosera. En realidad, el comportamiento depende de una mezcla de fabricación real, estrategia de grabación de la unidad, velocidad efectiva y estado del material de cambio de fase. Ese es uno de los hallazgos más útiles de la prueba, porque desmonta la lógica de compra rápida basada solo en el logotipo. No vale con decir “esta marca me fue bien hace años”. Hay que saber qué disco era exactamente, de qué serie, con qué identificador y en qué grabadora.

El batacazo de Verbatim no es un detalle menor

Si un resultado llama la atención por encima del resto, aparte del TDK ganador, es el de Verbatim 4x DVD+RW MKM-A02-000. El disco aguantó solo 96 ciclos antes del primer fallo de verificación. La cifra es dura porque Verbatim arrastra desde hace años una reputación casi automática de fiabilidad dentro del soporte óptico. Aquí, sin embargo, el disco salió mal prácticamente desde el principio. El autor detectó jitter alto, una calidad de grabación pobre y pequeños síntomas de dificultad desde las primeras vueltas. En torno a los 60 ciclos la zona exterior comenzó a dar señales de fatiga y poco después el comportamiento se vino abajo. El tono del análisis original es elocuente: se esperaba bastante más de una marca importante y no parecía muy convincente culpar solo a la grabadora. Algo en ese soporte, por compatibilidad, envejecimiento invisible o degradación previa, no estaba bien.

Lo más llamativo es que Gough Lui intentó incluso una especie de resurrección técnica. Recurrió a una veterana Nu Tech DDW-082, una grabadora antigua que dispone de una función llamada DC Erase, diseñada para “reacondicionar” discos regrabables. Sobre el papel sonaba prometedor, casi como devolver brillo a una superficie gastada. En la práctica, el milagro no apareció. Tras ese tratamiento, el Verbatim MKM-A02-000 volvió a moverse en torno al centenar de ciclos, con lo que el diagnóstico de fondo siguió intacto. El problema no era una anécdota de un mal arranque, sino una debilidad estructural del conjunto tal como quedó probado en esta combinación de disco y unidad. Para una marca que todavía conserva peso comercial, el golpe reputacional de esta prueba es evidente.

Sony, Memorex y el espejismo de la velocidad

Tampoco salen bien librados otros nombres conocidos. El Memorex 8x DVD+RW, identificado como RITEK-008-000, apenas llegó a unas 100 reescrituras, una cifra muy pobre para un soporte vendido con aspiración de alto rendimiento. El comportamiento de la unidad ya dejaba ver que algo no cuadraba: aunque el disco arrancaba en 8x, la grabadora tendía a bajar a 6x en las repeticiones posteriores, como si el propio hardware desconfiara del medio. Esa especie de vacilación técnica encaja con el balance final del autor, que describió una calidad de escritura mala desde el principio. No fue el único caso en el que la velocidad comercial prometida acabó pareciendo más un eslogan que una ventaja real.

El caso de Sony 6x DVD-RW es algo menos catastrófico, pero tampoco ilusiona. El autor probó dos muestras, precisamente porque la primera se quedó corta. Una murió en 204 ciclos y la otra en 223. Los datos no son espantosos si se comparan con Verbatim o Memorex, pero siguen muy lejos de la referencia de 1.000 ciclos. Y, sobre todo, revelan una cierta inestabilidad de estrategia de grabación: el disco trabajaba a 6x en teoría, pero la unidad retrocedía a 4x en varias pasadas y el propio ensayo detecta que la calidad mejoraba cuando esa caída de velocidad ocurría. Hay aquí una lectura bastante directa: forzar 6x en algunos DVD-RW parece empujar demasiado el material, elevando errores y jitter. Más velocidad, sí; menos consistencia, también.

El disco japonés que rozó la frontera seria

En medio de esa tabla llena de tropiezos emerge un nombre con mucha menos fanfarria comercial, pero con un comportamiento mucho más serio: el Victor JVC 6x DVD-RW, fabricado en Japón. Alcanzó 639 ciclos antes del primer fallo de verificación y lo hizo, además, manteniendo una escritura a 6x bastante más consistente que la vista en los Sony. El propio autor subraya que la primera grabación ya tenía buen aspecto y que, aunque el trabajo a esa velocidad elevaba el jitter y bajaba algo la calidad respecto a discos más lentos, los valores de PIE y sobre todo de PIF eran buenos. Dicho de manera menos de laboratorio: el disco parecía construido con una base material mejor resuelta y aguantó mucho más. No ganó, pero quedó lo bastante arriba como para convertir su resultado en algo muy serio.

Su caso deja además una imagen muy clara sobre cómo mueren estos soportes. No siempre se apagan de golpe. A veces empiezan con una serie de oscilaciones, pequeños cambios en la respuesta del material, errores que suben y bajan, una sensación de que el disco todavía sigue en pie aunque ya no pisa firme. En el JVC Victor el autor observa que, tras un arranque muy correcto, los errores empiezan a moverse con más brusquedad después de cierto número de ciclos, en parte por ese fenómeno de “una grabación buena, una mala” que aparece en varios modelos. El material no se derrumba como un vidrio; se desgasta como una bisagra, primero con un leve juego, luego con un ruido más claro, luego con un movimiento cada vez menos fiable. Esa vejez progresiva explica por qué algunas pasadas fallan y otras vuelven a salir bien antes del colapso definitivo.

Por qué los DVD-RW salen mejor parados que muchos DVD+RW

Una de las conclusiones más interesantes del experimento es que, dentro de su alcance limitado, los DVD-RW “menos” rindieron mejor que varios DVD+RW “plus”. No es una ley universal ni una sentencia definitiva, porque el propio autor insiste en que estos resultados solo valen para la combinación concreta de discos y grabadora utilizada. Pero la tendencia está ahí. El TDK 2x DVD-RW ganó. El Victor JVC 6x DVD-RW fue muy sólido. Incluso un TDK 4x DVD-RW alcanzó 237 ciclos, que doblados por el borrado completo previo ya cambian bastante la foto. En el lado “plus”, en cambio, hubo dos desastres en torno a 100 ciclos, uno muy buen TDK en 850 y otros resultados intermedios bastante desiguales. La inclinación de la balanza hacia el formato “menos” es evidente en esta prueba.

La explicación no está cerrada, pero las hipótesis son razonables. Puede que el firmware de la Lite-On se entienda mejor con los DVD-RW. Puede que el material de cambio de fase en ciertos discos “minus” resista mejor la degradación repetida. Puede que los problemas de algunos “plus” tengan más que ver con edad, almacenamiento o exposición ambiental que con el estándar en sí. El propio TDK CMC MAG-W02-000, que fue el mejor entre los “plus”, mostraba ya desde temprano pequeños problemas en la zona exterior, una pista que apunta a desgaste localizado o a una vulnerabilidad física en el borde del disco. Esa observación se repite en varios pasajes del análisis: el diámetro exterior suele ser el primer sitio donde aparecen las grietas del sistema, como una costura que empieza a abrirse por la parte más expuesta.

El verdadero enemigo está en la capa que cambia de estado

Más allá de la guerra entre “plus” y “minus”, el estudio deja una idea técnica muy útil: el desgaste real parece estar menos en la teoría del formato y más en la fatiga del material de grabación. Los DVD regrabables funcionan mediante una capa de cambio de fase que alterna estados para representar los datos. Repetir ese proceso una y otra vez no destruye el disco de forma limpia; más bien reduce poco a poco la diferencia entre estados, deteriora la señal y estrecha el margen con el que la grabadora puede calibrar bien la potencia del láser. El propio autor usa una comparación muy gráfica: escribir y borrar tantas veces se parece a usar un lápiz y una goma sobre el mismo papel hasta que la superficie deja de quedar limpia y todo empieza a verse gris. Esa imagen resume bastante bien lo que pasó en los discos que empezaron a fallar de forma intermitente.

Eso explica también por qué algunos discos presentaban un fenómeno muy desconcertante: fallaban en una pasada y acertaban en la siguiente. No es magia. Es desgaste al borde del precipicio, donde un poco de ruido, una calibración ligeramente distinta o una variación mínima en la lectura puede empujar el resultado hacia un lado u otro. A ese nivel, la fiabilidad ya no es una línea; es una cuerda floja. Y eso, en almacenamiento, importa mucho más que una cifra comercial bonita. Porque un soporte que da un error hoy y funciona mañana ya no es fiable, aunque todavía no esté completamente muerto. La prueba de Gough Lui tiene precisamente ese valor: no mide solo cuánto vive un disco, sino cómo envejece.

La misma marca no significa el mismo disco

Uno de los golpes más útiles del ensayo va dirigido a una costumbre muy extendida en la era dorada del soporte óptico: comprar por marca como quien compra por fe. TDK, Sony, Verbatim o Memorex no fabricaban siempre el mismo producto real. En muchas ocasiones comercializaban discos procedentes de fabricantes distintos, con códigos de medio distintos, materiales distintos y, por tanto, durabilidades muy distintas. El ejemplo de TDK es casi pedagógico. Un modelo con PHILIPS-041-000 murió en 218 ciclos. Otro con RICOHJPN-W11-001 subió a 413. El CMC MAG-W02-000 rozó los 850. Y el TDK502sakuM3 directamente se escapó por encima de los 1.000. Hablar de “los TDK” en general, visto eso, no tiene demasiado sentido. Habría que hablar de qué TDK, de qué serie, de qué código y de qué época.

Ese matiz explica por qué la nostalgia tecnológica a veces acierta sin tener del todo claro el motivo. No se trata solo de que “antes se hicieran las cosas mejor” —frase cómoda, algo perezosa—, sino de que en etapas en las que el soporte óptico era un negocio central había más control, más competencia real y en algunos segmentos más cuidado industrial. Cuando el DVD regrabable dejó de ser estratégico, el mercado se estrechó y la prioridad ya no fue la excelencia sino la supervivencia comercial de una categoría en retirada. La prueba no demuestra una ley eterna, pero sí sugiere algo muy concreto: en este nicho, la decadencia del mercado coincidió con una caída de calidad en varios productos. Y eso encaja demasiado bien con los números como para fingir sorpresa.

Lo que realmente cambia esta prueba en 2026

No conviene leer este ensayo como una guía absoluta de compra, porque el propio autor marca sus límites con bastante honestidad. El número de muestras es reducido, algunas series se probaron con una sola unidad, y el resultado solo puede darse por válido para la pareja disco-grabadora usada en el experimento. Aun así, la utilidad práctica es grande. Primero, porque destroza la idea cómoda de que todos los DVD±RW resisten “más o menos igual”. No. Hay diferencias abismales. Segundo, porque obliga a mirar con sospecha la promesa comercial de las 1.000 reescrituras. Y tercero, porque confirma que compatibilidad y fabricación real pesan tanto como la marca visible. En un mercado donde el soporte regrabable sigue existiendo pero con mucha menos presencia, eso no es una nota a pie de página: es casi todo el asunto.

Además, la actualidad de esta prueba llega en un momento extraño para el formato físico. Los Blu-ray apenas sobreviven fuera de algunos usos muy concretos y el DVD regrabable ya es casi material de nicho. La disponibilidad comercial actual de este tipo de soportes es bastante más estrecha y gira en torno a pocas marcas todavía visibles en tienda. Esa escasez vuelve el hallazgo todavía más incómodo: el mejor disco probado ya no está en producción. Es decir, el campeón existe como evidencia técnica, pero no como solución fácil de mercado. La noticia, por tanto, no es que haya aparecido un producto milagroso para comprar en masa, sino que la mejor referencia hallada pertenece al pasado. Y esa es, precisamente, la parte más valiosa y más punzante del experimento.

Cuando un disco viejo humilla a la modernidad

Lo que deja esta historia, al final, es un dato muy simple y bastante demoledor. Un TDK 2x DVD-RW antiguo ha resistido más de 1.000 reescrituras en una prueba larga, rigurosa y agotadora, mientras varios discos posteriores, más rápidos y aparentemente más sofisticados han quedado a media altura o directamente se han desplomado cerca del centenar. El Victor JVC 6x DVD-RW se defendió con mucha dignidad. Un TDK 4x DVD+RW concreto, el CMC MAG-W02-000, rozó el sobresaliente. Sony se quedó en una zona tibia. Verbatim y Memorex salieron muy mal retratados. Y entre todos esos nombres aparece una conclusión incómoda, material, verificable: en DVD regrabable, la durabilidad real no la dicta el prestigio de la marca ni la velocidad impresa en la carátula, sino la calidad concreta del soporte y su compatibilidad con la unidad.

Hay algo casi cruel, y bastante hermoso, en ese desenlace. Durante años se vendió la velocidad como una forma de avance y la renovación constante como una mejora natural. Luego llega una prueba seria, paciente, desprovista de marketing, y enseña otra cosa: que un soporte lento, descatalogado y casi olvidado puede salir del cajón para darle una lección a media industria. No es romanticismo. No es coleccionismo. No es la épica del trasto viejo. Son ciclos de escritura, errores de verificación, jitter, horas de máquina y una tabla de resultados que no se molesta en quedar bien con nadie. En eso consiste el interés de esta noticia. No en que el DVD vuelva a ponerse de moda, sino en que una prueba muy concreta ha dejado una verdad muy incómoda sobre la mesa: lo antiguo, en este caso, era mejor de verdad.

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